Testigo y víctima: Notre Dame de París

24 enero 2012

Catedral de Notre Dame de París

Por: Patricia Díaz Terés

“La arquitectura es el testigo insobornable de la historia, por que no se puede hablar de un gran edificio sin reconocer en él el testigo de una época, su cultura, su sociedad, sus intenciones…”

Octavio Paz

Cuando admiramos las grandes maravillas arquitectónicas construidas por el hombre a lo largo de los siglos, complicado le resulta a nuestra mente imaginarse el arduo proceso que, habiendo involucrado la participación de cientos y a veces miles de personas durante décadas o centurias completas, dio como resultado edificaciones que en ocasiones parecen haber podido ser logradas únicamente gracias a la intervención de sobrenaturales poderes.

Pero obras como las pirámides de Egipto o de Teotihuacan, la ciudad inca de Machu Pichu, la Gran Muralla China, el Taj Mahal, el palacio de Westminster o el palacio de Versalles, atestiguan que el potencial humano muchas veces va más allá de los límites de su propia imaginación.

Durante la Edad Media, una época en la que la línea entre la Iglesia y el Estado era difícilmente perceptible, el ser humano se avocó a elaborar construcciones cuyo propósito era acercar a Dios y al hombre, creándose gran cantidad de portentosas iglesias, destacando entre ellas la catedral de Nuestra Señora de París o Notre Dame.

Habiendo sido su ubicación previamente utilizada para realizar ceremonias celtas en la antigua Lutecia, cuando Julio César conquistó el territorio en el año 52 a.C., también decidió emplear el sitio con fines contemplativos, construyendo un templo dedicado a Júpiter; continuando después los cristianos con los propósitos espirituales al edificar ahí mismo la primera iglesia cristiana de París, la basílica de Saint-Etienne, un proyecto llevado a cabo por el rey franco Childeberto I aproximadamente en 528 d.C.

Sin embargo fue hasta seiscientos años después (1160 d.C.) cuando el obispo de París, Maurice de Sully destinó a la isla de la Cité para albergar la más grande catedral jamás construida –hasta entonces-. Siendo la idea entusiastamente apoyada por el rey Luis VII, el eclesiástico procedió a ordenar el derribamiento de las iglesias de Santa María y San Esteban, así como de varias casas que ocupaban el terreno.

Fue entonces en el mes de junio de 1163 cuando el papa Alejandro III presidió la ceremonia correspondiente a la colocación de la primera piedra de la catedral, identificándose como arquitectos principales a Pierre de Montreuil y Jean de Chelles. Ahora bien, la obra se terminó hasta 1345, hecho que fue posible gracias a la participación de diversos equipos de expertos en las distintas partes del levantamiento –en aquella época estos grupos se trasladaban hacia los pueblos y ciudades conforme la construcción de sacrosantos recintos requería de su pericia-; obteniendo la materia prima en los alrededores de París, donde podía encontrarse piedra de calidad con diversas características. 

De esta manera con magníficos esfuerzos se erigió una imponente y maravillosa estructura cuyas torres de la fachada principal llegaban a los 69 metros de altura, mientras todo el edificio rebosaba de espléndidos detalles entre los que destacan esculturas de santos –cabe mencionar que las puertas se emplearon para retratar imágenes bíblicas cuya finalidad era hacer llegar algunos de los principales episodios de las Sagradas Escrituras a quienes no sabían leer-, gárgolas y los famosos rosetones –sobreviviendo hasta ahora, principalmente, el central cuyo diámetro es de 10 metros-.

Pero el trabajo de Maurice y Eudes de Sully –sin parentesco alguno, pero provenientes de la misma ciudad, quienes supervisaron eficientemente la construcción- fue “devaluado” cuatrocientos años después de su conclusión, cuando el estilo Gótico característico de la catedral de Notre Dame cayó en desuso –y casi en desgracia- al serle adjudicadas connotaciones negativas durante el reinado de Luis XIV, siendo el recinto bárbaramente ultrajado al removerse tumbas y vitrales, construyéndose a la vez un nuevo altar mayor. Tal era la obsesión de los franceses del siglo XVII por deshacerse de aquello que consideraban como crudo y retrógrada, que acabaron por modificar todo el interior de la iglesia, remodelación que les tomó quince años.

No obstante, lo peor estaba aún por venir. Cuando en 1789 estalló la Revolución Francesa, la ferocidad de sus anticlericales y antimonárquicos ideales llevó a los agitadores a emprenderla de forma inmisericorde contra Notre Dame, de manera que destruyeron las veintiocho estatuas de la galería de los reyes de Judá e Israel, pensando equívocamente que se trataba de los reyes de Francia (!); de este modo, arrojaron furiosamente frente a la catedral los rocosos cuerpos decapitados, llevándose este hato de ignaros las cabezas de las esculturas como botín de guerra.

Por supuesto los líderes del movimiento no se quedaron atrás. Impugnando el carácter espiritual del recinto, Maximilien Robespierre “invistió” a Notre Dame como templo para el culto de la diosa Razón; al mismo tiempo que otros elementos fundamentales de la iglesia fueron destruidos como las campanas conocidas como Angélique-Françoise, Antoinette-Charlotte, Hyacinthe-Jeanne y Denise DavidEmmanuel, la más grande (con un peso de 13 toneladas) y localizada en la torre sur fue la única respetada-, las cuales se fundieron para hacer cañones.

Tras la Revolución la majestuosa Notre Dame había perdido su dignidad, pero se alzaba aún incólume como corazón de París en la Place du Parvis, siéndole restituido su honor por Napoleón Bonaparte quien en 1801 le devolvió la catedral a la Santa Sede, procediéndose de inmediato a su restauración para que el dictador pudiese coronarse a sí mismo como emperador en 1804.

En 1831 Notre Dame de París recibió gustosa un nuevo aire proporcionado por la publicación de la novela Notre Dame de París de Víctor Hugo, quien hizo al templo protagonista del famoso relato de las aventuras del jorobado Quasimodo y la gitana Esmeralda. La atención captada entonces por el santuario llevó a su completa remodelación entre 1845 y 1865, la cual estuvo a cargo del arquitecto parisino Eugène Viollet-Le-Duc quien le retornó su justa gloria –aunque hay quienes afirman que el experto realizó las reparaciones y añadiduras de manera arbitraria, no completamente adecuada-, regresando incluso el hermoso sonido de sus cuatro campanas perdidas al ser estas donadas por Napoleón III en 1856 para celebrar el bautismo de su hijo.

A partir de entonces Emmanuel –reservada para eventos especiales como celebraciones litúrgicas relevantes, funerales presidenciales o visitas papales- ha celebrado grandes acontecimientos como la beatificación de Juana de Arco (1909), el fin de la Primera Guerra Mundial (1918) y la liberación de París tras la ocupación nazi (1944); habiendo recordado también solemnemente a las víctimas del fatídico 11 de septiembre de 2001 y anunciado la muerte de Juan Pablo II (2005) con 84 repiques.

Este año 2012 Notre Dame de París vuelve a tomar especial relevancia, ya que el próximo 21 de diciembre cumplirá 850 años, hecho que ha llevado a su actual rector el Rev. Patrick Jacquin a iniciar varias acciones para hacer ciertas remodelaciones, siendo la mayor de ellas la refundición de las cuatro campanas donadas por Napoleón III, ya que de acuerdo con expertos en campanas como Hervé Goirou los instrumentos han perdido ya su sonoridad original repicando en tonos poco armónicos.

Dejando de lado los presuntos significados ocultos que Notre Dame de París pudiese albergar –de acuerdo con Fulcanelli[1]- lo cierto es que esta monumental construcción se erige como un magnífico testigo de la intrincada historia europea, habiendo presenciado algunos de los episodios tanto reales como ficticios más memorables para el hombre, ya que como dijo el propio Víctor Hugo: “La arquitectura es el gran libro de la humanidad”.

 

FUENTES:

 “Notre Dame de París: La majestuosidad del Gótico”. Aut. D. Fuentes. Revista Arqueología, historia y viajes sobre el mundo medieval. No. 19. España, abril 2007.

“Notre Dame de Paris”. Aut. José Luis Corral Lafuente. Revista Historia National Geographic. No. 49.

“A Melodic Emblem Falls Out of Tune”. Aut. Maïa de la Baume. The New York Times. 18 de oct. 2011. www.nytimes.com

“Notre Dame de Paris”. Aut. Rhey Cedron y Nicole March. www.elore.com


[1]  Autor de identidad no corroborada quien publicase en 1929 (aunque hay fuentes que afirman que fue en 1922 y otras en 1926) el libro El misterio de las catedrales.


Un genial artífice: Orson Welles II

16 enero 2012

Orson Welles

Parte II

Por: Patricia Díaz Terés

“Lo que más vale en el hombre es su capacidad de insatisfacción”.

José Ortega y Gasset

Ambicioso, brillante, activo y con una insaciable necesidad de crear, así era el joven Orson Welles cuando en la década de los 30 comenzó a dejar sus huellas en la historia de las artes. Había para entonces formado ya el Mercury Theatre of the Air, en alianza con la CBS Radio, cuando en su programa transmitido el 31 de octubre de 1938 realizó la más escalofriante adaptación de la novela de ciencia ficción La guerra de los mundos de H.G. Wells, que se haya escuchado jamás.

La imaginación de Welles – junto con Howard Koch y John Houseman- lo llevó a elaborar una dramatización a manera de noticiario en la cual un aterrorizado locutor narraba paso a paso la llegada de naves espaciales que transportaban alienígenas cuya intención era acabar con la humanidad y tomar posesión del planeta Tierra. Por supuesto que Orson incluyó la presentación de su programa, pero muchos de sus oyentes se perdieron ese vital segmento que les refería el contenido como ficción, por lo que un gran número de personas se lanzó a las calles gritando que el fin del mundo había arribado.

Este curioso hecho le ganó la estima de los empresarios, ya que a pesar de que se consideraba anteriormente que el programa tenía una audiencia escasa, la conmoción causada por aquella transmisión de la Noche de Brujas fue contundente, de manera que Campbell’s Soup se convirtió en patrocinador de Welles surgiendo Campbell’s Playhouse cuya esencia era la misma que la del Mercury pero con un presupuesto mucho más holgado que permitió al director invitar a las más grandes estrellas del momento para compartir sus micrófonos, apareciendo entonces en las transmisiones íconos como Katherine Hepburn o Sir Laurence Olivier.

Al año siguiente el panorama mundial se transformó al estallar la Segunda Guerra Mundial. Con un notable sentido patriótico Orson trató de enrolarse en el ejército, siendo rechazado a causa de su pie plano; no obstante, nuestro tenaz genio decidió que era el momento para dedicar un tiempo a una pasión largamente reprimida: la magia, de manera que realizó una gira con la European Theater of Operation montando un acto en el que lograba partir por la mitad a la legendaria Marlene Dietrich.

Pero la radio y el teatro no le proporcionaban al genio todas las herramientas que su imaginación requería para manifestarse, de manera que decidió probar suerte en el séptimo arte, cuyas herramientas le vinieron como “anillo al dedo”. Así, en 1941 dirigió y protagonizó su primer filme, Citizen Kane con RKO Pictures, resultando en un rotundo fracaso en taquilla –el estudio perdió 150 mil dólares en la aventura- pero con tal éxito con la crítica que le valió después el título de la mejor película jamás filmada, según los expertos.

Experimentando de manera magistral con perspectivas innovadoras, claroscuros y otros elementos cinematográficos Welles captó la atención de sus colegas realizadores; sin embargo también provocó la ira del magnate William Randolph Hearst, quien vio su persona reflejada en el personaje de Charles Foster Kane, tratando entonces el millonario de frenar al director –llegó a ofrecer un millón de dólares para que se quemasen los negativos- sin lograr amedrentarlo ni siquiera con amenazas legales.

Continuando la exploración de diversos caminos para dar rienda suelta a sus propuestas, realizó un viaje por México y Brasil en 1942 por expreso encargo del entonces presidente Franklin D. Roosevelt para que elaborar un filme que pusiera en evidencia la “política de buena vecindad” que Estados Unidos estaba estructurando con aquellas naciones –en este mismo proyecto participó después Walt Disney produciendo Saludos amigos (1942) y Los tres caballeros (1944)-. Esta travesía no resultó como había planeado el mandatario norteamericano ya que el documental It’s all true quedó inconcluso, hecho que los detractores del cineasta aprovecharon para acusarlo de haber malgastado el tiempo y el presupuesto en fiestas y chicas, en la cautivadora ciudad de Río de Janeiro.

Ahora bien, los trabajos inconclusos no son precisamente ajenos a la historia de nuestro protagonista –en 1955 comenzó el rodaje de Don Quixote en México y París, tomando el director también el papel de protagonista haciéndose acompañar por el actor Akim Tamiroff, pero sin llegar a concluir la obra, misma que logró ver la luz gracias al trabajo llevado a cabo décadas después (1992) por Jesús Franco y Patxi Irigoyen, con la finalidad de estrenar el filme en la Exposición Universal de Sevilla ’92-, sin haber tenido esto nada que ver con desidia o ineptitud, sino con un afán de perfección extralimitado que llevaba a Orson a querer controlar –al igual que su colega Alfred Hitchcock- cada uno de los aspectos de los filmes que dirigía, tornándose entonces el proceso sumamente largo y costoso. En este sentido se puede ubicar de igual manera a Welles escribiendo el guión, modificando las luces, guiando a los actores, trabajando codo a codo con los intérpretes en escena o en la sala de edición supervisando cada uno de los cuadros que aparecerían en la gran pantalla.

Ni qué decir se tiene que este proceder le retribuyó con obras maestras que lo han entronizado como uno de los mejores directores cinematográficos de toda la historia, pero que en su momento le llevaron literalmente años en el rodaje como su Othello (1956) que fue filmado entre 1949 y 1952 logrando después la Palma de Oro en el Festival de Cannes.

Y es así como podemos afirmar que las películas con el toque Welles eran oro para la crítica y los festivales pero repelentes en taquilla. Aun cuando películas como A Touch of Evil (1958) obtuvo un premio en la Feria Mundial de Bruselas en 1958 sus ingresos fueron deplorables, mismo caso de otras producciones como The Magnificent Ambersons (1942) o Chimes at Midnight (1965).

Por otro lado Orson Welles no era una persona precisamente equilibrada ya que toda la constancia y disciplina que tenía para la elaboración de sus cintas, parecía perderla a la hora de cuidar de su persona –tanto en el sentido físico como emocional-. Así, tras haberse divorciado de Virginia Nicholson, en 1943 contrajo matrimonio con la despampanante Rita Hayworth a quien había conocido durante la filmación de The Lady from Shanghai (1947) –con quien procreó a su hija Rebecca- separándose cinco años después, para volver a contraer nupcias en sus andares por Europa –tras haber sufrido la persecución del Comité de Actividades Antiamericanas, decidió viajar a lo largo y ancho del mundo filmando en donde y como se lo permitiesen- con la actriz italiana Paola Mori con quien tuvo a su hija Beatrice.

Habiendo luchado toda su vida por conseguir el dinero que eventualmente le permitiese realizar sus sueños, Orson Welles se ha erigido como una figura controvertida, misteriosa y a la vez magnífica ya que resultó casi una broma del destino cómo aquel a quien un osado crítico del periódico The New York Herald Tribune llamado Walter Kerr tildó de bufón –después de que Welles actuase en silla de ruedas durante una presentación de King Lear debido a un tobillo fracturado-, recibió en 1971 un Óscar por los logros de una vida, siendo reconocido después tanto por la American Film Institute como por la Directors Guild of America –otorgándole esta última su máxima presea, el premio D.W. Griffith-.

Pero a pesar de todos sus logros un ser humano debe responder finalmente a su naturaleza, por lo que siendo Orson un hombre grande –medía 1.90 m- y grueso que tendía a excederse en el trabajo y despreciar el cuidado de su alimentación, el día 10 de octubre de 1985 mientras trabajaba en un guión que filmaría más tarde, sufrió un infarto que lo mató al instante, concluyendo así una vida que sigue marcado aún hoy la existencia de miles de cineastas alrededor del orbe, descansando pacíficamente las cenizas de sus restos mortales en una hacienda en la provincia de Málaga (España).

 

FUENTES:

“Orson Welles is Dead at 70, Innovator of Film and Stage”. Obituario www.nytimes.com. Octubre, 1985.

 “El genio de la lámpara”. Aut. José María Aresté. www.decine21.com Octubre, 2002.

“Condenados a la eternidad: George Orson Welles”. Aut. Gustavo Rubén Giorgi. Revista Letralia No. 231. Mayo, 2010.

“Orson Welles: El ilusionista”. Aut. Federico Lisica. www.almamagazine.com. Febrero, 2011.

“Cuestiones teóricas sobre el cine de Orson Welles”. Aut. Pedro García Cueto. www.cinecritic.biz Septiembre, 2011.

“Orson Welles”.  Aut. Enrique Martínez-Salanova Sánchez. www.uhu.es

www.thebiographychannel.co.uk

http://www.mercurytheatre.info/history


Un genial artífice: Orson Welles I

9 enero 2012

Orson Welles

Parte I

Por: Patricia Díaz Terés

“Nunca vayas por el camino trazado, porque conduce hacia donde otros han ido ya”.

Alexandre Graham Bell

Hombre de mirada penetrante e imponente presencia, con la capacidad de despertar fervorosos halagos o ácidas críticas, así ubicamos a uno de los más grandes cineastas de todos los tiempos, quien causó revuelo con sus propuestas visuales e impactantes guiones transformándose así en un punto de referencia casi obligado para las futuras generaciones de creadores cinematográficos, me refiero al inigualable Orson Welles.

George Orson nació un 6 de mayo de 1915 en Kenosha, Wisconsin (E.U.A.), dentro de una singular familia conformada por el empresario –tesorero y secretario general de la firma Badger Brass- e inventor Richard Head Welles y la pianista –y activista política que luchó para conseguir el voto de las mujeres- Beatrice Ives. Siendo el segundo hijo, fue relegado a un segundo plano hasta que sus progenitores detectaron que su hijo mayor, Dickie, tenía problemas mentales hecho que los llevó a internarlo en una institución especializada.

Recayendo todas las expectativas en el hermano menor, a muy corta edad George demostró tener una inclinación artística poco común –gracias a que su madre se dedicaba al teatro, pisó por primera vez un escenario a los dos años, en una producción de la ópera Madame Butterfly; pero menos usual aún era su habilidad para dominar distintas disciplinas como la música, la pintura y el teatro, mostrando una afición particular por la magia, catalogándosele así como un niño prodigio. Cuenta una anécdota que un buen día su tutor el Dr. Maurice Bernstein, asistió con su pupilo de cinco años a un concierto en donde se interpretaba música de Igor Stravinsky, sucediendo que al concluir la presentación el pequeño Orson disertó sobre lo escuchado con un discernimiento muy superior al de su edad.

Pero cuando cumplió el pequeño genio los 7 años su familia comenzó a desmoronarse, ocurriendo entonces el divorcio de sus padres y al poco tiempo el fallecimiento de su madre a causa de la ictericia. De espíritu aventurero, su padre lo llevó consigo a un viaje alrededor del mundo, pero Richard se dio entonces a la bebida. Esta situación provocó que el chiquillo buscase la figura paterna en Bernstein, hasta que entró en la Todd School –institución especial para muchachos superdotados ubicada en Woodstock (Il.)- a los 10 años, donde se encontró con Roger Hill, quien a la sazón dirigía el lugar y que lo impulsó en el quehacer teatral, llegando ambos a escribir el librillo Everybody’s Shakespeare, el cual tuvo un buen índice de ventas en los años subsiguientes. Cabe mencionar también que a tan corta edad el pequeño adaptó, dirigió y protagonizó su primera obra de teatro, eligiendo como base el texto de Robert Louis Stevenson, El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde.

Ahora bien, ciertamente Welles tenía un carácter un tanto similar al de otro genio cinematográfico, Alfred Hitchcock, compartiendo ambos personajes tanto su enérgica personalidad como su gusto por las bromas pesadas, aunque ciertamente nuestro protagonista en este momento gustaba de las chanzas macabras, llegando a fingir en cierta ocasión su suicidio por ahorcamiento. Tal fue el susto que sufrió su pobre profesor de historia, quien lo encontró pálido –gracias al maquillaje, por supuesto- y colgando de una cuerda, que casi sufrió un infarto.

No obstante, esta habilidad histriónica le ayudó cuando intervino en obras escolares como Finesse the Queen (1926), The Physician in spite of himself (1928) o Androcles and the Lion (1930). Con el inquieto espíritu que le caracterizaba, después de concluir con éxito los cinco años de educación en Todd School, decidió declinar la opción de la universidad para estudiar pintura durante breve periodo en el Chicago Art Institute, para posteriormente partir hacia Irlanda en donde disimulaba su escasa edad apareciendo en público fumando un puro.

En Dublín, participó en varias producciones del Gate Theatre como The Death Ride Fast o Hamlet –algunos dicen que en este sitio él afirmaba ser una estrella de Broadway-. Si bien Orson era un tipo explosivo, también poseía una personalidad atrayente y hasta cierto punto carismática, hecho que le granjeó la amistad del dramaturgo Thornton Wilder y del crítico Alexander Woolcott, quienes lo recomendaron con Katharine Cornell, quien dirigía una compañía de teatro e inmediatamente lo incluyó en el elenco de sus obras, llegándose a presentar entonces nuestro aventurero jovencito en montajes como Romeo y Julieta con el personaje de Teobaldo, ya sobre escenarios neoyorkinos.

Siendo su talento evidente para cuanta persona lo conocía, se fue colocando en la industria del entretenimiento, de modo que fue contratado para colaborar en programas radiofónicos interpretando por ejemplo a The Shadow, un misterioso mago de profunda voz que perseguía criminales. Por estas fechas llegó a su vida la actriz y socialité Virginia Nicholson, con quien contrajo matrimonio y tuvo una hija, Christopher -que con el tiempo fue conocida como Chris Welles Feder, autora de materiales educativos-. La unión no duró mucho separándose el matrimonio en 1939.

Por otra parte, para estas fechas Welles había encontrado ya a John Houseman, con quien colaboró en el proyecto gubernamental Works Progress Administration, siendo uno de sus programas el Federal Theater, el cual era administrado por John y dirigido por Orson. Ambos lograron poner en escena, en 1936, La Escocesa –nombre con el que se conoce a Macbeth- con un reparto conformado por actores afroamericanos y ambientada en Haití; además llevaron al escenario The Tragic History of Doctor Faustus de Christopher Marlowe (1937) y el musical The Craddle Will Rock –basada a su vez en obras de Bertolt Brecht y Kurt Weill- de Marc Blitztein, montaje que no fue bien visto por el gobierno debido a los tintes izquierdistas del guión. Tal fue el disgusto de los altos mandos que se prohibió el estreno, rebelándose entonces todo el equipo de producción el 16 de junio de 1937, encaminándose todos los involucrados y simpatizantes –en total unas dos mil personas- en una marcha hacia el Venice Theatre, donde se llevó a cabo una puesta en escena improvisada.

Dos meses después Welles y Houseman decidieron crear una compañía independiente a la que nombraron The Mercury Theatre, con un capital de cien dólares y con la cual llevaron a cabo la puesta en escena de la tragedia Julio César escrita por William Shakespeare. Controversial –y exitoso- resultó el espectáculo, debido a que la mente de Orson trasladó la historia a la Italia fascista causando gran revuelo en una sociedad que ya comenzaba a mirar temerosa hacia la tensa Europa, generando como siempre opiniones enfrentadas de quienes lo alabaron y quienes lo vituperaron.

Habiendo aparecido en 1938 en la portada de la revista Time con el sobrenombre de Wonder Boy[1] -del teatro-, Orson Welles, era para entonces un joven atractivo, enérgico, ambicioso y decidido, que aún no había cumplido los 25 años cuando ya era famoso en Estados Unidos; sin embargo aún no había logrado ganarse su lugar en la historia, mismo que le fue concedido gracias a que asustó a medio país con una invasión extraterrestre, exhibió a un poderoso magnate del ámbito periodístico y “transgredió” las pautas de la estética cinematográfica, entre otras cosas, todo lo cual será tratado con detalle en la próxima entrega.

FUENTES:

“Orson Welles is Dead at 70, Innovator of Film and Stage”. Obituario www.nytimes.com. Octubre, 1985.

 “El genio de la lámpara”. Aut. José María Aresté. www.decine21.com Octubre, 2002.

“Condenados a la eternidad: George Orson Welles”. Aut. Gustavo Rubén Giorgi. Revista Letralia No. 231. Mayo, 2010.

“Orson Welles: El ilusionista”. Aut. Federico Lisica. www.almamagazine.com. Febrero, 2011.

“Cuestiones teóricas sobre el cine de Orson Welles”. Aut. Pedro García Cueto. www.cinecritic.biz Septiembre, 2011.

“Orson Welles”.  Aut. Enrique Martínez-Salanova Sánchez. www.uhu.es

www.thebiographychannel.co.uk

http://www.mercurytheatre.info/history


[1] Chico Maravilla.


¡Feliz Navidad!

19 diciembre 2011

Columna Pensando En… se toma unas pequeñas vacaciones, pero estaré de regreso el próximo 9 de enero de 2012. Gracias querido lector por leerme, por tu apoyo y tus comentarios, te deseo una muy feliz Navidad y un 2012 lleno de dicha. Atte. Patricia Díaz Terés.


Una estrella velada: Fanny Mendelssohn II

11 diciembre 2011

Fanny y Wilhelm

Parte II

Por: Patricia Díaz Terés

“Luchar contra nuestro destino sería un combate como el del manojo de espigas que quisiera resistirse a la hoz”.

Lord Byron

Las artes fueron durante muchas centurias un mundo vedado para el común de los mortales, reservándose las musas el derecho de admisión, cediendo el paso únicamente a seres casi sobrehumanos -o al menos eso es lo que parecen revelar las páginas de la historia-; no obstante, resulta que las protectoras de las artes han sido mucho menos selectivas de lo que a algunos humanos les hubiese gustado, de modo que han arrastrado a su fascinante entorno a todo tipo de personas, sin importar su sexo, religión, ideología o posición económica.

Ahora bien, el urgente llamado que el artista siente en el corazón –en caso de que este no contase con la protección de acaudalados o poderosos mecenas-, se ha visto amenazado por criterios estrechos cuyo afán de imponer roles específicos a cuanto sujeto habita el planeta, imponiéndosele el castigo de la marginación y la condena a una vida plagada de carencias, a cualquiera que optase por seguir su ineludible vocación;  asimismo si el sujeto en cuestión era una mujer debía, además, vencer a todos aquellos canallas que se atrevían a espetarle que debido a su sexo su inteligencia estaba atrofiada (!), y por tanto no podía demostrar verdadero talento ni habilidad técnica.

Así, en una Alemania decimonónica donde las señoritas únicamente empleaban las artes para anexarlas a la gama de mediocres habilidades ornamentales que podían “ofrecerle” a su marido, vivió la extraordinaria Fanny Mendelssohn, quien aparece como la mezcla perfecta de la dama correcta y la artista virtuosa. Habiendo tenido el apoyo de sus padres para conseguir una excelente formación musical, un buen día, su padre “se dio cuenta” de que su hija era una jovencita en edad casadera, por lo que de manera cruel y tajante le negó oportunidad de desempeñarse profesionalmente en aquella arte en la cual se había desarrollado desde niña: la música.

Con el corazón acongojado, Fanny decidió obedecer a su padre, eligiendo como prospecto a otro artista, Wilhelm Hensel –once años mayor que ella e hijo de un ministro protestante de humilde origen-, quien trabajaba a la sazón como pintor de la corte –Hofmaler- para horror de la madre de la chica. Surgiendo así un nuevo obstáculo para nuestra talentosa protagonista, se le rehusó el permiso para contraer matrimonio con su amado, por lo que Hensel partió en 1821 hacia Roma para perfeccionar su disciplina –y trabajar- en la Academia de Bellas Artes en Roma, continuando entre ellos una comunicación a través de cartas que eran estrictamente supervisadas por la señora Mendelssohn.

Mientras tanto, Fanny continuó con sus tareas de composición y ensayos de piano, siendo incondicionalmente apoyada por su hermano, a la vez que logró tomar lecciones con el maestro Ignaz Moscheles. Para 1825 Félix partió hacia París, desde donde escribía constantemente a su hermana, incluyéndose en estas misivas un interesante juego creativo en el cual ambos se enviaban piezas inconclusas que el otro debía terminar; esta dinámica favoreció el crecimiento de los jóvenes como compositores. Pero mientras el caballero podía ver en cualquier momento sus obras publicadas, la señorita debía permanecer en el anonimato para evitar las críticas de la sociedad.

En 1828 Wilhelm regresó por Fanny, habiendo madurado tanto en su arte como en su carácter, consiguió el beneplácito de los Mendelssohn para contraer matrimonio con su novia, pero para este entonces ella ya no estaba tan segura de que él fuese el hombre de su vida. Habiendo modificado la madre su actitud y considerando que su hija estaba ya llegando al límite de edad aceptable para casarse –tenía entonces 23 años-, la convenció de aceptar al joven pintor.

De este modo el enlace se llevó a cabo el 3 de octubre de 1829, mismo año en el que Félix viajó a Londres, cambiando así radicalmente la vida de Fanny –cabe mencionar que para este momento había conseguido publicar algunas obras bajo el nombre de su hermano-, quien además tuvo un hijo –Sebastian Ludwig Félix- al año siguiente, sucediéndose después una serie de embarazos malogrados y un ataque de cólera que deprimieron terriblemente a la muchacha.

Por otra parte, Hensel era un hombre enamorado y sensato, que comprendía perfectamente el amor por la música que sentía su esposa, en este sentido decidió apoyarla para reanudar en su propio domicilio los Sonnstagmusiken que tanto agradaban a Fanny y en los cuales se interpretaba música de Bach, Mozart, Beethoven, Weber y por supuesto de Félix Mendelssohn, incluyéndose a la vez en los programas piezas escritas por ella misma, como solos para piano, duetos y canciones corales; incluso una de sus obras -overtura orquestal- fue estrenada por la orquesta del Königstädter Theater, evento al que acudieron renombrados personajes de la época como los hermanos Humboldt, Franz Liszt, Clara Wieck-Shcumann, Johanna Kinkel y Heinrich Heine, entre muchos otros.

Todos reconocían su talento –se cuenta de hecho que cuando Félix visitó a la reina Victoria en Inglaterra (1846), ella le solicitó que interpretase una canción titulada “Italien”, sin saber que era obra de su hermana, hecho que el compositor sí aclaró al final-, pero ella era una compositora insegura y dudaba de sus capacidades, buscando en todo momento la aprobación de su hermano, quien a veces tuvo a bien recriminarle su actividad artística, recordándole que ella gozaba de la dicha inigualable de tener un hijo a quien debía dedicarse en cuerpo y alma. Félix no la entendía. Fanny amaba por supuesto a Sebastian y a Wilhelm, pero su persona estaba incompleta sin la música. Sufriendo por la indiferencia y los regaños de su hermano, la fémina no se amilanó y estructuró sus tertulias de manera que se convirtieron en las más famosas y prestigiadas de Berlín.

A los 32 años por fin consiguió tocar en público, en un concierto de beneficencia perfectamente aprobado por sus familiares y amigos, en el cual decidió interpretar no su obra sino la de Félix; y en 1839 vio cumplido otro sueño al viajar con su esposo a Italia –lo cual significó un respiro de los reproches de su cuñada, Louise Hensel, una católica que desaprobaba la forma de vivir de Wilhelm y Fanny-, en donde conoció a grandes músicos y compositores –sobre todo el francés Charles Gounod-, quienes elogiaron y criticaron constructivamente su trabajo, ayudándola a mejorar; parte de esta retroalimentación se realizaba en las reuniones ubicadas en la villa del pintor francés Jean-August-Dominique Ingres, director de la Académie Française. Poco a poco la felicidad retornaba a los Hensel.

De regreso a Berlín, Fanny escribió su mejor obra a la que tituló Das Jahr (1841) –cuya edición impresa fue ilustrada por Wilhelm-, un trabajo lleno de texturas en el que describió musicalmente cada uno de los meses del año; al mismo tiempo su amigo Robert von Keudell la persuadió para publicar sus obras. Ella ya no consultó con su hermano, sino le informó –con un temor rayano en el pánico- su decisión; esta actitud seguramente impresionó a Félix, quien después de un mes, decidió expresar su aprobación. Así en 1846 aparecieron las primeras obras de Fanny Mendelssohn Hensel: piezas para piano con los opus numerados del 1 al 7 –completando esta tarea su esposo en 1850-.

Poco tiempo le duró esta satisfacción, ya que la muerte la sorprendió repentinamente el 14 de mayo de 1847, mientras ensayaba una obra compuesta por su hermano –Walpurgisnacht- que se interpretaría en el siguiente Sonnstagsmusiken, sufriendo un repentino ataque.  Artista, madre, esposa y dama, Fanny Mendelssohn fue una mujer asombrosa que logró sortear grácilmente todas las dificultades, demostrando que Friedrich von Shciller tenía razón cuando dijo: “Los frutos del destino caen por su propio peso, cuando están maduros”.  

FUENTES:

“Fanny Mendelssohn: Her Life and Music”. Aut. Dr. Jill Halstead. Programa de concierto de la Royal Philharmonic Hall. Liverpool, marzo 1998. www.musicforpianos.com

“Portraits of Anomaly: Nannerl Mozart, Fanny Mendelssohn, Clara Schumann”.  Aut. C.M. Sunday. http://beststudentviolins.com. 2010.

 “Como prueba de mi talento”. Aut. Lucas Carbonell Cerezo. Revista Siglo XIX. Universidad de Rioja. www.campusvirtual.unirioja.es Marzo, 2005.

“Fanny Mendelssohn Was Audacious Too”. Aut. Allan Kazinn. www.nytimes.com. Marzo, 1996.

“The Roman Holiday of Fanny Mendelssohn Hensel”. Aut. Michael Bar-Shany www.biu.ac.il

“Los hermanos Mendelssohn”. Aut. Beatriz C. Montes. www.orfeoed.com

“Se celebrant los 200 años del natalicio de Fanny Mendelssohn”. El Siglo de Durango. 28 feb. 2005.

“Fanny Hensel born Mendelssohn”. www.fannyhensel.de. 14 de nov. 2005.


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