Un Imperio de mítico pasado: Los Incas

8 febrero 2011

Representación de Manco Capac

Por: Patricia Díaz Terés

“La fantasía no es otra cosa que un modo de memoria emancipado del orden del tiempo”.

Samuel Taylor Coleridge

Egipcios, aztecas, mongoles… Muchos han sido los pueblos que a través de los siglos han logrado consolidarse en vastos y poderosos imperios; sin embargo de pocos de ellos se tiene tan ínfima información sobre sus orígenes como del gran Tahuantinsuyo.

El Tahuantinsuyo –cuyo significado algunos autores lo establecen como “los estados unidos” o bien “la unión de las cuatro regiones”, pero que para el investigador Francisco Morales de la Universidad de Sevilla en realidad se refiere a los cuatro puntos cardinales- fue la región sudamericana dominada por los organizados Incas, a la cual llegó Francisco Pizarro en 1531 y cuyo legendario tesoro fue buscado con ahínco por muchos aventureros europeos.

Inexistentes como son los registros –escritos u orales- fidedignos sobre el surgimiento de tan extraordinario pueblo, los mitos han tomado el lugar de la historia, en el afán de encontrar un punto de partida para el que fuese uno de los más grandes imperios de la América Prehispánica.

De este modo, el cronista español Pedro Sarmiento de Gamboa, en el siglo XVI explicó cómo fue Pacaritambo –ubicado a 25 kilómetros de Cuzco- fue el sitio elegido por el dios Viracocha para hacer salir de una cueva a los hermanos Ayar -4 hermanos y 4 hermanas, casados entre sí-, surgiendo de grutas aledañas los diez ayllus o clanes fundamentales de los incas.

Así, liderados por Manco Capac, estos personajes partieron en busca de un lugar apropiado para establecerse, habiendo sido el jefe instruido para elegir como tal aquel suelo donde lograse hundir una barra de oro que le había sido otorgada por su padre, el Sol.

Una segunda versión, recopilada por Garcilaso de la Vega, el Inca, indica que este pueblo prehispánico surgió en realidad en la región del lago Titicaca, donde Inti, dios del Sol, encargara a los hermanos –y cónyuges- Manco Capac y Mama Ocllo –nombre que también se encuentra con la ortografía Ocyo- la misión de llevar la civilización a aquel conjunto de salvajes, que poco a poco se conformaría en uno de los imperios mejor estructurados de la época precolombina.

Coincidiendo ambos pasajes en que la ubicación de Cuzco coincide con el emplazamiento donde Manco Capac logró enterrar la vara sagrada –los vestigios arqueológicos indican que esto ocurrió entre el año 1100 y 1350 d.C-, su propio nombre denomina al espacio como “ombligo” u “ombligo del mundo” en lengua quechua, pudiéndose entonces establecer una capital para el naciente Tahuantinsuyo –que también fuera conocido como Antiguo Perú, nombre que parece haber derivado de una provincia, Birú, que se hallaba en los límites del istmo de Panamá-.

De esta forma, observamos cómo la leyenda de Manco Capac y Mama Ocllo sentó las bases para el sistema de gobierno empleado por los incas durante cientos de años; de esta manera el máximo gobernante era llamado Sapa Inca o Único Inca –cuyo emblema fue la Mascapaicha, una flecadura de finos hilos color carmesí que colgaban, unidos con finos canutillos de oro, de una diadema trenzada multicolor-, que era descendiente directo de Inti –a semejanza de los faraones egipcios en su situación como hijos de Ra-, quien entre otras cosas debía casarse –con su hermana, con el objetivo de preservar la nobleza de la sangre- para poder fungir como líder supremo, conociéndose a esta esposa principal como Colla –cuya madre era la Luna (Quilla)-.

Teniendo un belicoso inicio, en sus primeros centenarios los incas sólo lograron un radio de influencia de aproximadamente 40 kilómetros, modificándose esta situación con la llegada al trono de Cusi Yupanqui, también conocido como Pachacuti, a quien se considera como verdadero forjador del Imperio encontrado por los españoles en la primera mitad del siglo XVI, llegando en 1530 a abarcar una superficie de cinco mil kilómetros que se encontraba limitada al norte por el río Patía y en el sur por el río Maule.

Muchos méritos tuvo así Pachacuti, siendo tal vez el más importante la derrota de los acérrimos enemigos del Imperio de los Cuatro Rumbos del Mundo, los chancas; hecho que le valió al guerrero ser coronado como rey de los incas en 1438.

La ayuda necesaria para las conquistas la consiguió de su hijo Tupac Inca Yupanqui, quien llegó al reino de Quito y dominó todos los señoríos costeros hasta Pachacamac, cerca de la actual ciudad capital peruana. Para lograr la unión de los distintos pueblos en un solo Tahuantinsuyu, los incas recurrieron al establecimiento de un “doble gobierno”, en el cual se incluía tanto a los curacas –gobernante autóctono- como a los tucuiricuc –designados por el Sapa Inca-; de igual manera, una vez constituido el señorío se designaba un Inca Hanan y un Inca Urin, enfocándose el primero en el orden y las actividades bélicas; mientras que el segundo velaba por la preservación del equilibrio entre los hombres y las divinidades.

Por otra parte, teniendo como base de su sociedad no a la familia sino al ayllu –una especie de clan que iba agrandándose conforme se obtenía un mayor número de parentescos-; los incas se erigieron sobre una severa estructura jerárquica, estableciéndose perfectamente los límites entre la nobleza y el pueblo. En el caso de los campesinos, por ejemplo, se les prohibía cambiar de residencia o modificar el color de su vestimenta, ya que con esto expresaban su posición y lugar de procedencia. Asimismo, el Sapa Inca se apoyaba en las mitimaes, familias “nómadas” a quienes hacía migrar de un lado a otro conforme las necesidades de la producción o la política –incluyéndose en esta última categoría la función de “incaizar” los territorios conquistados-.

De igual modo, la estructura descrita se encontraba reforzada por los enlaces matrimoniales, los cuales permitían a los ayllu –o al propio imperio dependiendo el caso- su expansión, ya que se contaba con dos tipos de enlace: el normal en el cual se establecía una familia como tal; y el ritual, mismo que tenía fines puramente políticos y no se exigía a los involucrados que sostuvieran relación alguna. Además, las mujeres servían como enlaces en los nuevos territorios, ya que aquellas a quienes se enviaba –en intercambio- a las tierras conquistadas, gozaban de una posición privilegiada en tanto su rol como garantía de las alianzas.

Así observamos cómo los Incas, un Imperio que ha servido como ejemplo en la elaboración de estadísticas –llevaban a cabo censos en los cuales registraban distintos aspectos de la población, a través de quipus (cuerdas anudadas de distintos colores)- y cuyo sistema de gobierno fue tan eficiente como ordenado; constituye a la vez una extraordinaria paradoja al no haber dejado registros sobre su propio origen, aunque hay quien dice que los libros –presuntamente escritos en Quellca- que contienen esta información permanecieron ocultos –y bien resguardados- en la ciudad de Paititi (también referida, aunque no con demasiada exactitud, como El Dorado) –descubierta en 2002 por una expedición encabezada por el periodista y explorador polaco-italiano Jacek Palkiewicz- acompañando al fantástico tesoro de los incas, que durante siglos ha cautivado la imaginación de aventureros e historiadores.

 

FUENTES:

“Señores de los Andes”. Aut. Concepción Bravo Guerreira y “La Mujer”. Aut. Francisco Hernández Astete. Aventuras de la Historia. No. 67. 1998

“Descubren la mítica ciudad de El Dorado”. Periódico La Nueva Provincia.  Buenos Aires, Arg. Julio 2002.

“Incas: Los hijos del Sol”. Aut. Meritxell Tous Mata. Historia, National Geographic No. 47. Enero, 2008.

“Un Imperio en las alturas”. Aut. Rafael Bladé. Revista Historia y Vida No. 424.

“Quipus y Quellca”.  Aut. Yuri Leveratto. http://www.yurileveratto.com/  2009  


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