¡El Rey ha muerto! 2 – Historia del Ajedrez – Batalla por el Reino

Estrategia en el Ajedrez

 

Por: Patricia Díaz Terés

“Ayudad a vuestras piezas para que os ayuden”.

Paul Charles Morphy (Gran Maestro)

La tensión se percibe ineludible en el ambiente, los generales enemigos se miran a los ojos, analizan el campo de batalla, calculan sus posibilidades, intentan leer la mente del adversario, preparan a sus combatientes, inicia la lucha. Su objetivo primordial: proteger y defender a su rey o morir en el intento.

Cuando dos personas se sientan ante un tablero de ajedrez, están a punto de entablar un duelo de intelectos que concluirá cuando uno de los dos ejércitos se encuentre completamente aniquilado. El vencedor habrá logrado entonces acorralar al huidizo monarca, haciéndolo capitular  obteniendo así la tan ansiada victoria.

Al hablar del intelectual y complejo juego de los escaques, tenemos que reconocer que tiene elementos esenciales sin los cuales simplemente deja de existir: Los jugadores, las piezas y el tablero, siendo los primeros quienes conducen a las segundas para dominar al tercero.

A lo largo de la historia del ajedrez, como repasamos en el primer episodio de esta serie, las piezas que participan en el juego, así como su comportamiento básico han ido variando de acuerdo a la época y lugar en los que se practica, y son sustancialmente diferentes en los estilos oriental y occidental.

Haciendo un análisis un poco más detenido de ambos, observamos que en el primer caso, si bien las piezas se van debilitando y perdiendo su habilidad defensiva conforme avanza la partida, se vuelven más agresivas; mientras que en el segundo las piezas van fortaleciéndose en la medida en que se acerca el final.

Asimismo, la apariencia de las piezas empleadas es distinta; mientras que en oriente se utilizaban fichas planas con diversas formas geométricas, los ajedrecistas occidentales prefirieron las figuras en volumen; así este último “tipo” de ajedrez se vio enriquecido con la versatilidad en la apariencia de los combatientes incluyendo en ocasiones seres fantásticos como grifos o unicornios, entre otros.

Dos de las figuras que surgieron con el ajedrez –presumiblemente en oriente-, pero que hoy han desaparecido son el elefante y el cañón. El primero fue sustituido por el alfil, palabra que deriva precisamente del vocablo árabe al-fil cuyo significado literal es el nombre por el que conocemos actualmente al paquidermo. Por su parte, el cañón o carro fue posteriormente reemplazado por la torre; en ambos casos las nuevas efigies conservaron movimientos similares a los de sus antecesores.

Pruebas de lo anterior resultan las piezas que en el año de 1972 el Profr. Talin Pugachenkov de la Academia de Ciencias de Uzbekistan, encontró en el territorio de Dalverzin-Tepe –la actual provincia afgana de Balkh–  y que representaban un cebú y un elefante que perduraron escondidas desde el segundo o tercer siglo antes de Cristo.

Además de haber experimentado muchas transformaciones tanto en su forma estética como estratégica, a lo largo de sus muchas centurias de existencia, el ajedrez también tiene la particularidad de reflejar en ocasiones algunos aspectos políticos, sociales o morales de la sociedad en la cual se ha introducido.

De este modo, por ejemplo en el tratado sobre ajedrez elaborado por el monje francés Jacobo de Cessolis en el siglo XII, se especifica que a la reina no le era permitido desplazarse por todo el tablero ya que su deber como fiel y sumisa compañera del monarca, era permanecer en todo momento junto a él; así no se le permitían a la figura jugadas arriesgadas o importantes debido a “la debilidad y modestia propias de una mujer” (I. Linder en M. Piñeyro). Con esto el religioso mostró claramente el papel que generalmente desempeñaron las féminas durante la Edad Media.

Sin embargo, la forma y movimientos de las piezas del ajedrez que conocemos hoy en día no datan del Medioevo, sino de la Época Moderna específicamente del Renacimiento entre los años 1475 y 1497 D.C, momento en el que adquirió una gran popularidad en todo el continente europeo.

En este momento se modificaron los comportamientos de dos de las figuras principales del juego: la Dama y el Alfil, las cuales obtuvieron su importancia al dárseles mayor libertad en su desplazamiento dentro del tablero, convirtiéndose así en elementos de largo alcance.

Ahora bien, como en todo ejército a lo largo de la historia, las piezas del ajedrez tienen una jerarquía particular, misma que determina su valor en cuanto a puntaje se refiere; sin embargo cada jugador otorga a las figuras el mérito que considera adecuado de acuerdo a su estilo, siendo siempre la principal el Rey por ser el que determina al vencedor.

Así sobre una misma figura como el peón podemos encontrar opiniones contrarias como la del ajedrecista austriaco Wilhelm Steinitz quien, en el siglo XIX expresaba que “el peón es la causa más frecuente de la derrota” contraponiéndose así al músico-ajedrecista francés François-André Danican, también conocido como Philidor, quien en el siglo XVIII defendió a la pieza de rango más humilde con la frase “los peones son el alma del ajedrez”.

Pero un hecho dentro de la batalla ajedrecística es que todas las piezas deben cumplir con su función y combinarse en sus movimientos para lograr estructurar tácticas y estrategias capaces de vencer al enemigo; en muchas ocasiones, el desprecio hacia las reglas mostrado por los genios intelectuales que dirigen la escaramuza, ha tenido como resultado el surgimiento de nuevas e impresionantes jugadas en las partidas.

Como muchas cosas en la vida, el valor de cada pieza colocada en el tablero depende de quien la manipula –elemento que protagonizará el siguiente episodio de esta serie-, ya que de forma independiente no es más que una figurilla de cerámica o plástico con mayor o menor detalle en el acabado, pero que a final de cuentas nunca logrará avanzar una sola casilla por sí misma.

FUENTES:

Artículo: “La verdadera historia sobre el origen del Ajedrez”. Aut. Mariano Víctor Piñeyro. Buenos Aires, Arg.

Artículo: “Sub Specie Ludi”. Aut. Dr. José María Carballo Fernández. Revista Verbo, serie XII No. 111-112. Madrid, España. Enero-febrero, 1973.

Artículo: “El origen del Ajedrez”. Aut. Samuel Sloan. Berkeley, 1985.

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