¡El Rey ha muerto! 3 – Historia del Ajedrez – El poder tras el trono

 

 

Gary Kasparov

Gari Kasparov

  

 

 

Por: Patricia Díaz Terés

“En el tablero de Ajedrez luchan personas y no figuras”.

Emanuel Lasker (ajedrecista, matemático y filósofo alemán)

Cuando en el tablero de ajedrez los ejércitos comienzan a moverse para tratar de atrapar al soberano enemigo, en realidad estamos observando a dos personas que enfrentan sus intelectos en un duelo inmisericorde, del cual sólo uno podrá alzarse como vencedor indiscutible.  

Muchos son los factores que intervienen cuando las figuras en el tablero van tomando su lugar para dar forma a las tácticas y estrategias ideadas por  los contrincantes; algunos como el jugador checoslovaco Richard Réti (1889-1929) opinaron que se trataba de elementos puramente racionales, excluyendo por completo el azar, mientras que otros como el gran maestro ruso Ksawery –Savielly- Tartakower (1887-1956) expresó por el contrario: “del ajedrez, ese juego de cálculo por excelencia, forman parte la suerte, la suerte y la suerte”.

En lo que todos los analistas, expertos y ajedrecistas coinciden es en que este juego constituye uno de los retos intelectuales más satisfactorios para los participantes, ya que como lo expresó el filósofo Gottfried W. Leibnitz  sirve para ejercitar la capacidad mental y las dotes de la inventiva, debido a que una de las características del buen ajedrecista es en cierto modo adivinar lo que hará el contrincante, pudiendo imaginar las jugadas próximas por adelantado.

Ahora bien, según nos refiere el experto chileno en ajedrez Javier Vargas Pereira, este juego puede ser calificado como complejo, desde el punto de vista de la teoría de la complejidad, la cual  explica la dificultad de predecir algunos fenómenos debido a su indeterminación, lo cual quiere decir que un elemento cualquiera de un sistema dado puede ser previsible; sin embargo “al unir varios de ellos se tendrán eventos impredecibles”, de ahí la dificultad de esta práctica y por lo tanto el mérito del ajedrecista experto.

A lo largo de la historia muchos han sido los personajes ilustres que se han acercado al juego del ajedrez, pero pocos son a quienes podemos catalogar como los genios que han logrado romper paradigmas y hacer innovaciones significativas en el desarrollo de las partidas.

Así, desde el tiempo de los vikingos cuando el rey Canuto II el Grande (995-1035) a principios del siglo XI practicaba este ancestral reto, podemos contar entre los ilustres e históricos aficionados a varios soberanos como Isabel I de Inglaterra (1533-1603), de España Felipe II (1527-1598), de Rusia Iván IV motejado el Terrible (1530-1584) y Pedro I  llamado el Grande (1672-1725), o la reina francesa Catalina de Médici (1519-1589); además de los pensadores de la Revolución Francesa Jean-Jaques Rousseau (1712-1778) y François Marie Arouet  (1694-1778)mejor conocido como Voltaire, entre otros.

Pero si bien la capacidad estratégica del jugador, pertenezca o no a la clase dominante en determinada época, es de suma importancia en los momentos decisivos de la partida, no todos los grandes estrategas han sido ajedrecistas ejemplares, como es el caso de Napoleón Bonaparte, quien durante el siglo XIX logró dominar gran parte de Europa, pero al momento de querer hacer lo propio con el tablero, no lograba desplegar sus dotes militares en forma tan precisa como él hubiese querido, optando mejor por tumbar accidentalmente una pieza fundamental como la reina y volviéndola a colocar en el lugar que consideraba más conveniente, sin que el contrincante en cuestión se atreviera a discutir sobre el ejercicio de este “derecho”.

De esta forma es posible concluir que no es la importancia histórica del jugador la que ha dictado su injerencia en el campo de la práctica ajedrecística, como lo hemos constatado con el conquistador francés; sino que los genios del juego intelectual surgen en momentos inesperados, contando así el siglo XX con varios maestros que ya han grabado su nombre en el registro de los mejores jugadores de ajedrez desde el surgimiento de la práctica

De esta manera tenemos a los maestros rusos Anatoli Yevgénevich Kárpov quien detentó el título de Campeón Mundial durante una década – 1975 a 1985- siendo destituido por el gran Gari Kimovich Kasparov, catalogado como uno de los mejores jugadores conservando el máximo escalafón en el mundo del ajedrez desde 1985 hasta el año 2000 y quien en alguna ocasión llegó a decir “en ajedrez mi palabra es cercana a la de Dios”.

También podemos nombrar al cubano José Raúl Capablanca y Graupera campeón de 1923 a 1927 y a quien por su genio se le llamó el Mozart del ajedrez ya que a la edad de 13 años venció al campeón nacional de Cuba Juan Corzo. En los Estados Unidos también han surgido algunos jugadores de gran renombre como Robert “Bobby” James Fischer  Campeón Mundial de 1973 a 1975 o Paul Morphy quien a sus 20 años desafió y derrotó a todos los campeones europeos.

Cada uno de estos grandes maestros ha tenido su propio estilo de juego, entendido éste como “el conjunto de caracteres que distinguen una determinada forma de resolver los problemas de la lucha” (Vargas Pereira 2006) y en el que intervienen numerosos factores como el modo de pensar, el grado de emotividad y las cualidades personales del ajedrecista en cuestión.

Aquí hemos llegado a un punto en el que nos es posible decir que el Ajedrez como la vida, será conceptualizado por cada simpatizante “dependiendo del cristal con que lo mire” como reza la frase popular, ya que lo que para algunos constituye un simple pasatiempo, para otros como el escritor Johan Wolfgang von Goethe es “una prueba de inteligencia” o un “esgrima del intelecto” como dijo el músico y escritor Jacques Sagot.

Aún cuando literatos como Lord Byron han expresado que “la vida es demasiado corta para jugar al ajedrez”,  sólo los genios y gigantes de esta práctica intelectual pueden contradecirlo, como el autor de numerosos textos sobre el juego de los escaques Irving Chernev quien aseguró “del ajedrez se ha dicho que la vida no es lo suficientemente larga para él. Pero eso es culpa de la vida, no del ajedrez”.

Así únicamente aquél que logra la combinación perfecta entre el raciocinio y la pasión en la práctica ajedrecística puede como Anatoli Kárpov decir  “el ajedrez es mi vida, pero mi vida no es sólo el ajedrez” o como Bobby Fischer afirmar “el ajedrez no es como la vida, es la vida misma”.

 

FUENTES:

Artículo: “La verdadera historia sobre el origen del Ajedrez”. Aut. Mariano Víctor Piñeyro. Buenos Aires, Arg.

Artículo: “El ajedrez y la dialéctica de la vida”. Aut. Javier Vargas Pereira. Diario Monitor. México,1 de enero de 2006.

Artículo: “El ajedrez y las teorías complejas”. Aut. Javier Vargas Pereira. Diario Monitor. México 29 de enero de 2007.

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