Sir Arthur Conan Doyle: Autor vs. Personaje

Sir Arthur Conan Doyle

Sir Arthur Conan Doyle

 

Por: Patricia Díaz Terés

“El corazón del hombre necesita creer algo, y cree mentiras cuando no encuentra verdades que creer”.

Mariano José de Larra.

Paradójico y fascinante, es una manera bastante acertada de describir a uno de los grandes literatos cuya obra floreció en la misma tierra que pisaron hace varios siglos genios como William Shakespeare o Geoffrey Chaucer; me refiero a Sir Arthur Conan Doyle, mejor conocido por su más famoso personaje, el detective por excelencia: Sherlock Holmes.

Pocos son los autores que pueden contar entre sus hazañas literarias el haberse fusionado con sus personajes de tal manera que, tanto para los lectores ávidos como para los fortuitos, no existiese ya una división entre la realidad y la ficción haciendo propias del creador las cualidades de la creación.

Sir Arthur Conan Doyle nació un 22 de mayo de 1859 en la ciudad de Edimburgo (Escocia), formando parte de una familia de ocho hermanos cuyos padres eran un arquitecto y dibujante de nombre Charles Doyle; y una dama experta en heráldica llamada Mary Foley.

A pesar de que el respeto que Conan Doyle sentía por sus padres era igual, se refiere con especial deferencia a su madre en su obra autobiográfica The Stark Munro Letters (1895), en donde destaca un insaciable gusto por la lectura, una aguda inteligencia y una dulzura que era a la vez acompañada por un alto sentido del honor.

La situación económica de los Doyle distaba de ser holgada; sin embargo los progenitores se empeñaron siempre en dar una educación adecuada y católica a sus vástagos.

Arthur, habiéndose destacado en la escuela jesuita de Stonyhurst en Lancashire, por su despierta inteligencia y su habilidad en los deportes, pero también por una obstinada rebeldía –características todas admiradas por sus profesores- consiguió una beca para estudiar Humanidades en el colegio de Feldkirch (Austria). Fue ahí donde conoció tres de las obras que lo marcarían como escritor: Ivanhoe (1819) de Sir Walter Scott, Las Baladas de la Roma Antigua de Lord Thomas Macaulay (1842) y El Escarabajo de Oro (1843) de Edgar Allan Poe.

Tiempo después ingresó en la Facultad de Medicina de Edimburgo donde tuvo profesores de quienes, tiempo después, utilizó características para moldear a los personajes de sus cuentos y novelas; de este modo Joseph Bell sirvió como modelo para Holmes, mientras que las cualidades profesionales del zoólogo Charles Wiville Thomson y los rasgos físicos del Dr. Rutherford sirvieron para dar forma al Profr. Challenger, protagonista de novelas como El Mundo Perdido (1912).  

Al terminar la facultad ejerció durante algún tiempo la Medicina, lo mismo en alguna población menor de la Gran Bretaña que en barcos con ruta hacia el Ártico o las costas africanas; mientras lograba hacerse un lugar en el difícil mundo de los literatos de la Inglaterra victoriana. Así, su primer logro en este ámbito fue la venta por tres guineas de la novela corta El Misterio del Valle de Sasassa (1879).

En el año de 1885 conoció y desposó a una jovencita llamada Louise Hawkins, con quien tuvo dos hijos, Kingsley y Mary Louise. Su matrimonio fue estable y durante un tiempo feliz –Louise falleció de tuberculosis en 1906-, en esta etapa Conan Doyle alcanzó el pináculo de su fama gracias –irónicamente- al personaje que él más detestaba: Sherlock Holmes.

Las novelas sobre el brillante detective y su inseparable compañero el Dr. Watson, conquistaron rápidamente al público situado en ambos lados del Atlántico a finales del siglo XIX. Para lograr esto Sir Arthur contó con la constante ayuda del dueño del Magazine Strand, George Newnes, así como del agente literario A.P. Watt. Estos últimos tuvieron la visión suficiente para impulsar al personaje favorito de los lectores que buscaban escapar de las complicaciones propias de los escritos de índole filosófica, política y académica.

De este modo Sherlock Holmes fue catapultado hacia la fama y la gloria por la novela corta Escándalo en Bohemia (1891), subiendo exponencialmente los honorarios del escritor hasta llegar a cobrar 10 chelines por cada palabra de su novela El Valle del Terror (1915). Pero el escritor no estaba satisfecho, deseaba dedicar su tiempo y esfuerzo a su verdadera pasión: la novela histórica.

Y este reclamo que privadamente hacía el novelista tenía sobrada justificación, ya que contaba con una  extraordinaria capacidad para prever el futuro, que reflejó en relatos como Danger! (1914) en el cual describía certeramente un plan casi idéntico al que Alemania utilizó posteriormente para atacar a los británicos, hecho que fue destacado incluso por el Ministro de Marina del Reich: “¡Fue Sir Arthur Conan Doyle el único que vio lo que iba a ocurrir!”.

Pero al tiempo que demostraba esta impresionante capacidad de prognosis y después de abandonar la fe católica pasando después un largo periodo como agnóstico, al contemplar los horrores de la Primera Guerra Mundial, el autor cayó en la más grande de las credulidades volviéndose así hacia el espiritismo.

Este hecho lo llevó a penosos episodios como el dar por verdadera la aparición de unas hadas supuestamente avistadas y fotografiadas por dos jovencitas llamadas Elsie Wright y Frances Griffiths, siendo luego demostrado como un fraude y dejando así en ridículo a Sir Arthur Conan Doyle quien llegó incluso a escribir el ensayo titulado El Misterio de las Hadas (1922). También parte de estas experiencias sobrenaturales era su segunda esposa, Jean Leckie, quien tenía en este terreno creencias tan firmes como las de su esposo.

Evento similar fue el protagonizado por el escritor y el famoso mago escapista Harry Houdini, siendo el segundo un escéptico empedernido que durante algún tiempo trató de ayudar a Conan Doyle – por quien sentía un sincero afecto- para que aceptara la verdad de algunos hechos que daba por ciertos y que sin embargo Houdini podía refutar con pruebas y testimonios. Esta situación concluyó con artículos publicados por ambas partes criticando – y en ocasiones desacreditando abiertamente- al contrario. Al poco tiempo de esta disputa Sir Arthur Conan Doyle falleció en 1930 en la ciudad de Crowborough, Inglaterra, dejando como legado una gran cantidad de novelas, cuentos, poesías, ensayos y obras de teatro.

Así, Conan Doyle se erige como un extraordinario escritor que pasó del racional agnosticismo a la más absoluta de las credulidades; y el hecho de cómo un hombre de tan aguda inteligencia, vasta visión e indudables ingenio y creatividad pudo dejarse llevar por las ilusiones y espectáculos montados por supuestas médiums como Lily Loder-Symonds, Eva Carrière -Marthe Béraud- o la atractiva “Margerie” -Mina Crandon-, es un misterio que tal vez ni siquiera el gran Sherlock Holmes lograría resolver, pero de este ilustre personaje hablaremos más detenidamente en la próxima entrega. 

FUENTES:

“Hitos en la vida ejemplar de Sir Arthur Conan Doyle”.  Obras Completas de Sir Arthur Conan Doyle Tomo II. Traducción y prólogo: Amando Lázaro Ros. Ed. Aguilar. Madrid 1961.

Artículo: “Houdini and Conan Doyle: The Story of a Strange Friendship”. Aut. Massimo Polidoro. CICAP. Italia, 2000.

Artículo: “El misterio de las hadas”. Aut. Ana Garralón. Cuatrogatos, revista de literatura Infantil. Frankfurt, Alemania,  2001.

 

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