Sherlock Holmes: Personaje vs. Autor

Sherlock Holmes

Sherlock Holmes

Por: Patricia Díaz Terés

“No existe la casualidad, y lo que se nos presenta como azar surge de las fuentes más profundas”.

Johann Christoph Friedrich von Schiller

“Mi nombre es Sherlock Holmes y mi negocio es saber lo que otras personas no saben”.

Sherlock Holmes en la Aventura del Carbunclo Azul (1892)

Muchos son los personajes que han logrado crear a su alrededor una serie de mitos y leyendas que les otorgan la inmortalidad y garantizan su trascendencia.

Pero de entre todos ellos hay uno que destaca por haber logrado rebasar los límites impuestos por las cubiertas de un libro, Sherlock Holmes, a quien más que un personaje de ficción se le ha considerado como un genuino y real héroe de carne y hueso.

Sin haber nunca mencionado en los relatos originales “su” conocida frase “elemental mi querido Watson” – la cual es adjudicada al escritor Sir P.G. Wodehouse, por haberla incluido en su libro “Psmith, Journalist” (1909)- el gran detective, ícono de la literatura de misterio, fue descrito por Sir Arthur Conan Doyle en las primeras páginas de la novela corta “Un Estudio en Escarlata” (1887) como un hombre de estatura superior a 1.80 m, muy delgado, con una mirada aguda y penetrante, cuya nariz aguileña daba a sus facciones un “aire de viveza y de resolución”; este peculiar físico encerraba además, la más grande inteligencia que jamás ha existido –al menos desde la perspectiva de Holmes– ya que en los relatos siempre se caracterizó por hacer extraordinarias deducciones partiendo de los elementos más insignificantes.

Así es como Conan Doyle, a través de la voz del Dr. James Watson el inseparable compañero de Holmes, describe al más famoso cazador de criminales de todos los tiempos. También podemos saber por estas primeras páginas de la novela que Sherlock era un personajes con gustos e intereses perfectamente delimitados. De esta manera, mientras conocía hasta el último y más nimio detalle de todos los casos criminales ocurridos en el Reino Unido, ignoraba por ejemplo el hecho de que la Tierra gira alrededor del Sol.

Así, siendo totalmente ajeno a temas de filosofía o literatura pero caracterizado siempre con una notable pero atractiva arrogancia, Conan Doyle hizo que su personaje protagónico se basara en las mismas pautas que su madre, Mary Foley, había trazado para él: “Ser osado frente al fuerte y humilde con el débil; acude con tu ayuda al desvalido que te la pide, sea quien sea; sé caballero con todas las mujeres, con las humildes lo mismo que con las de rango elevado”. De tal suerte que el famoso detective podía pararse con soltura y altivez ante reyes y aristócratas, a la vez que trataba con la mayor amabilidad y condescendencia a sus clientes de origen humilde.

Además de su siempre presente gusto por el violín, otra característica clásica de Holmes es su desinterés por el sexo femenino, habiendo sólo una, causado a lo largo de sus numerosas aventuras una impresión –por su extraordinaria astucia e inteligencia- digna de mencionarse, se trata de Irene Adler, personaje surgido en uno de los relatos que pueden considerarse como parteaguas dentro de los relatos del autor escocés, “Escándalo en Bohemia” (1891).

Así el personaje que Conan Doyle basó en su respetado profesor el Dr. Joseph Bell –quien también fuera tutor de otros literatos como Robert Louis Stevenson – “La Isla del Tesoro” (1883)- y James M. Barrie –“Peter Pan” (1902-1906)-, ha logrado a través de su “trayectoria” obtener incluso reconocimientos destinados a notables académicos o empresarios como el Nombramiento de Miembro Honorario que le otorgó la Royal Society of Chemistry en el año 2002 debido al centenario de su aparición en el caso de “El Sabueso de los Baskerville” (1902).

Pero a pesar de que Holmes fue capaz a lo largo de 4 novelas cortas y 56 relatos de vencer a las mentes criminales más perversas – siendo su archienemigo de papel el Profr. James Moriarty – por muy poco escapó de su verdadero adversario: el propio Sir Arthur Conan Doyle.

Esta situación es tan paradójica como excepcional, ya que generalmente el creador le toma cierto aprecio a su creación – especialmente si ha sido tan redituable como Holmes– sin embargo Conan Doyle percibía al detective como un lastre, de manera que intentó eliminarlo arrojándolo, al final de una grandiosa pelea con Moriarty –sin testigos presenciales-, a la catarata de  Reichenbach en Suiza (“El Problema Final”, 1897), dándolo así por muerto. Lo que el autor no había tomado en cuenta era el afecto sus lectores hacia el personaje, de manera que se vio literalmente abrumado por una monumental cantidad de cartas cuyo contenido variaba desde mensajes llenos de asombro, hasta el vituperio franco lanzado por el público traicionado al “parricida” del único e irrepetible Sherlock Holmes.

Viéndose obligado por las circunstancias, de la pluma del novelista surgió un increíble – y conveniente- milagro: Holmes revive en “La aventura de la casa deshabitada” (1903), con lo que los lectores truncaron súbitamente el aciago luto y recuperaron a su añorado amigo. En ese momento de frustración, el literato estaba muy lejos de imaginar que Holmes sería llevado todavía un siglo después a tablados de teatro, sets de cine y televisión e incluso a las caricaturas.

De este modo, el detective mantiene el Record Guiness como el ente ficticio que ha sido personificado en mayor número de ocasiones, contando entre sus 70 representantes actores como Michael Caine o Rupert Everett, siendo uno de los más figurativos Basil Rathbone quien junto con Nigel Bruce en el papel de Watson dieron vida a este aventurero dúo de 1939 a 1946.

Entre las curiosas apariciones que ha tenido Sherlock Holmes en los escenarios se encuentran tres obras de teatro musical, siendo posible catalogar una de ellas, la de 1989 realizada por Leslie Bricusse, como una verdadera catástrofe, pasando por el aceptable montaje hecho en 1993 por la Bristol Old Vic y finalmente logrando conciliar el carácter del musical con el del petulante investigador en la obra “Holmes!” (2003) escrita por Brett Nicholson. Incluso el músico Richard Arnell escribió la partitura para el ballet titulado “The Great Detective” (1953).

Así, habiendo servido incluso como base para personajes infantiles con el estilo de Basil de la Calle Baker“Policìas y Ratones” de Walt Disney (1986)-,  o de Baby Bunsen –Basilio en México-  en “The Muppet Broadcasting Company” (1966), Sherlock Holmes se alza como un pilar grandioso e indiscutible de la literatura policiaca, un ícono reconocido por chicos y grandes, de quien su controversial artífice se despidió, en el comentario previo a “El Archivo de Sherlock Holmes” (1921-1927), con estas palabras: “¡Adiós, pues, a Sherlock Holmes, lector!”

FUENTES:

Prólogo “Nacimiento e inmortalidad de Sherlock Holmes”. Aut. Armando Lázaro Ros. Madrid 1953. Obras Completas Sir Arthur Conan Doyle. Tomo I. Sherlock Holmes. Ed. Aguilar. Madrid, 1960.

Artículo “The Incredible Dr. Bell”. The Saturday Review of Literature 31, No. 18. Aut. Irving Wallace. 1948.

Las Hazañas de Sherlock Holmes”. Aut. Adrian Conan Doyle y John Dickson Carr. Ed. Cumbre. México, 1957.

Elizabeth Knowles. “Elementary, my dear Watson.” The Oxford Dictionary of Phrase and Fable. Oxford University Press. 2006.

Psmith, Journalist” Aut. P.G. Wodehouse. Project Gutemberg, E.U.A. 2005. 

www.icons.org.uk 

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