La asombrosa historia de un patito de hule en la partitura y la orquesta silenciosa

 

John Cage

John Cage

 

Por: Patricia Díaz Terés

“El destino del genio es ser un incomprendido, pero no todo incomprendido es un genio”.

Ralph Waldo Emerson 

Portentosa, magnífica, asombrosa, compleja y a veces absurda, son algunos de los calificativos que se han adjudicado a la música a través de su vasta y sorprendente historia.

Siendo por definición “el arte de combinar los sonidos conforme a las normas de la melodía, armonía y ritmo”, la música ha atravesado por numerosas etapas con características propias como el barroco, el clasicismo o el romanticismo, en las que grandes maestros como Johan Sebastian Bach, Amadeus Mozart, L. V. Beethoven, Frederic Chopin o Niccoló Paganini han regalado a la humanidad parte de su genio a través de sus inmortales composiciones.

Sin embargo, durante el siglo XX, una centuria en la que se generaron cambios espectaculares en ámbitos como la tecnología, la política o el arte, surgió un tipo de música que asombró o incomodó tanto a expertos como aficionados en el terreno de la composición.

De esta manera, corría el año de 1957 cuando la creación del Klavierstück XI del músico alemán Karlheinz Stockhausen y de la Sonata III de Pierre Boulez quebrantaron todos los paradigmas establecidos en los pentagramas para dar lugar a la muy singular música aleatoria.

Este nuevo género musical buscó a la vez incorporar al intérprete en el proceso creativo, convertir al compositor en planeador de procesos musicales y combatir la excesiva complejidad de las partituras, misma que fue heredada de compositores como Anton Webern u Oliver Messiaen.

Así surge la figura de un extravagante músico llamado John Cage. Nacido en la ciudad de los Ángeles en el año de 1912, optó siempre por seguir las rutas menos transitadas dando así rienda suelta a todas sus estrafalarias ideas.

Al escuchar las piezas compuestas por Cage el receptor no puede dejar de preguntarse si lo que percibe puede realmente calificarse como “música” en el sentido estricto de la palabra, ya que carece en su mayoría de estructura y los instrumentos que utiliza o bien evaden por completo el sentido convencional o son los tradicionales pero modificados con elementos ajenos.

Es así como uno de los “inventos” que diseñó en los años 30 el también llamado Excéntrico del Silencio, fue el piano preparado que consiste en colocar diversos objetos como gomas o tornillos entre las cuerdas en el arpa del instrumento, con lo cual se consiguen sonidos peculiares, como se escucha en la Sonata V 1 de Sonatas e Interludios (1948).

Otro ejemplo de su insólito afán  es su estrambótica composición Water Music2, presentada en el programa de televisión I’ve Got a Secret de la cadena WFMU en 1960, en donde los “instrumentos” utilizados son un patito de hule, una bañera, una jarra para agua, un florero, varios aparatos de radio, tres silbatos y un palo de madera. La combinación de sonidos resulta tan extraña que el público asistente lo tomó a broma estallando en carcajadas cuando Cage comenzó a moverse de un lado al otro del escenario, combinando los ruidos producidos por cada uno de los objetos para dar vida a su obra.

Sin embargo, para el Filósofo del Silencio estas ideas que pueden considerarse como disparatadas, distaban de ser cosa de risa y por el contrario, constituyeron el sentido de su vida.

También llegó a considerar al silencio como la más grata forma musical existente, ya que según él, prefería esta ausencia de sonidos premeditados a cualquier tipo de música, incluyendo la propia. Para demostrar esta convicción compuso una de sus piezas más famosas: 4’33”4 (4 minutos, 33 segundos) en la cual se puede observar cómo el pianista -en su momento fue David Tudor– o el director de orquesta toman su lugar para permanecer estáticos durante los cuatro minutos y medio que dura la “partitura”, haciendo únicamente tres movimientos para cambiar la página, constituyendo así el cuerpo musical los sonidos generados por el público y los músicos.

Toda una experiencia resulta contemplar el espectáculo, ya que se observa –o mejor dicho se escucha- cómo los asistentes, ante una silente orquesta, casi contienen la respiración entre cada cambio de cuartilla, aprovechando ese instante para toser o acomodarse, generando así, precisamente, los ruidos con los que Cage pretendió elaborar su excéntrica composición.

Aún teniendo en su haber “partituras” como Imaginary Landscape No. 4 (1951) –en la que se utilizan 12 radios manipulados por 24 ejecutantes-  Variaciones III 3(1962-63), preparada para que cualquier número de personas realice cualquier actividad –musical o no-, o The Wonderful Window of Eithteen Springs, la cual habiéndose basado en el libro Finnegan’s Wake del escritor irlandés James Joyce, implica el golpeteo del piano con los nudillos; sin duda una de las más extrañas creaciones de Cage es As Slow As Possible (1981), la cual se convirtió gracias a la cooperación del organista Gerd Zarcher y el musicólogo Heinz-Klauz Metzger, en la nueva Organ2/ASLP5 que consiste en un “concierto” de nada más y nada menos que 639 años.

Este extraordinario evento se lleva a cabo en la iglesia de San Buchardi, en la ciudad de Halberstadt (Alemania), desde el 5 de septiembre del 2000, habiéndose tocado hasta la fecha la cantidad de tres notas, estando la siguiente programada para el año 2013 habiéndose programado su hipotético final – después de la ejecución de 8 movimientos de 71 años cada uno – en el 2640.

Sin dejar a un lado la premisa popular “en gustos se rompen géneros”, en esta ocasión creo que es posible decir que a veces la búsqueda del arte lleva a los seres humanos a caer en absurdos, como el gasto de energía que requiere un concierto que durará más de medio milenio o llevar a un escenario a una orquesta completa para que sus talentosos integrantes permanezcan estáticos durante más de cuatro minutos, para después recibir un ensordecedor aplauso.

Una de las muchas preguntas que nos deja la experiencia de John Cage es ¿a qué se le puede o no considerar como verdadera música? En cuanto a composiciones como 4’33” u Organ2/ASLP, es posible que al público no le atraiga en sí la música, sino las insólitas ideas del compositor, ya que si tomamos en cuenta sólo el concepto, en realidad parece atractivo.

Sin embargo y sin duda alguna la definición de este término –música- depende mucho de quién la sustente, de modo que Bach y Cage, aún cuando pudieran sentir la misma pasión por su arte, no compartirían el mismo concepto; y tal vez a ciertos compositores les gustaría gritar a los cuatro vientos la frase de George Bernard Shaw en la que dice “el infierno está lleno de músicos aficionados” o la de Noel Coward que reza “es extraordinario lo potente que es la mala música”.

***Esta columna la dedico a un músico que quiero, respeto y admiro mucho, seguidor de Bach y quien recientemente estrenó, con la Orquesta Filarmónica del Estado de México,  su composición “Las Veredas de Chicontla”, Manuel Escutia Díaz.

FUENTES:

“John Cage, promotor de la conciencia revolucionaria”. Aut. Richard Kostelanetz. USA ¿Revolución Cultural? Ed. Rodolfo Alonso. Buenos Aires 1972. .

“John Cage”. Aut. Daniel Antonio Miraglia.

“Las Formas del Silencio”. Aut. Carmen Pardo Salgado.

“El finito concierto de 639 años de… John Cage”. Nuevo Mundo Radio. Abril 2009.

“Música Aleatoria”. Aut. Tomás Marco. 2008

PARA ESCUCHAR MÚSICA DE JOHN CAGE Y UNA COPARACIÓN CON J.S. BACH:

1. Sonata V (1948)

2. Water Walk (1960) Reproducir video desde minuto 5:38

3. Variations III (1962-63)

4. 4’33” (1952)

5. Org2/ASLP (1987)

Rostropovich plays the Prelude from Bach’s Cello Suite No. 1 (1721)  

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One Response to La asombrosa historia de un patito de hule en la partitura y la orquesta silenciosa

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