Casanova: El amor rechazado. Primera Parte

Casanova

Casanova

Por: Patricia Díaz Terés

“Te amo para amarte y no para ser amado, puesto que nada me place tanto como verte a ti feliz”.

George Sand

Cínico, hereje, rebelde, atractivo, seductor, conquistador, estafador… La lista de apelativos con los cuales se ha designado a Casanova es prácticamente interminable; ídolo para algunos, libertino reprobable para otros, lo cierto es que este controversial personaje hizo de las primeras etapas de su vida un compendio de aventuras y con éstas nació una leyenda.

Giovanni Giacomo Girolamo Casanova nació en el año de 1725 en la ciudad de Venecia, Italia. Primogénito de una pareja de actores, su madre quedó viuda teniendo poco más de veinte años y seis hijos que mantener. Esta situación orilló a la desesperada Zanetta a embarcar a su hijo mayor rumbo a Padua, para posteriormente desentenderse por completo de su existencia.

Este hecho marcó profundamente al pequeño Giacomo, por lo que decidió buscar a toda costa y en cualquier, lugar el cariño y la aceptación que le fueron negados en el seno familiar. De esta manera aquél chiquillo desolado, se vio obligado a desarrollar su instinto de supervivencia y a ejercitar su ingenio con el simple objetivo de sobrevivir, habilidades que en su vida adulta le permitieron entrar en círculos sociales vedados para aquellos que no provenían de noble linaje.

Pero algo innegable en la personalidad de Casanova fue su gusto por las mujeres. Ya en la adolescencia se enamoró apasionadamente de una jovencita de nombre Bettina quien, cabe mencionar, también constituyó la primera decepción amorosa del inquieto muchacho debido a que la damisela, lejos de corresponder a tan fervorosa devoción, optó por otorgar sus favores a otro pretendiente.

Sin embargo Giacomo no se dejó abatir por esta primera experiencia, sino que por el contrario, decidió explorar los dominios Afrodita y en esta incursión consiguió su primer encuentro con el mal llamado sexo débil, a través de dos mozuelas de costumbres poco conservadoras.

Y así inició el joven galán una larga lista de conquistas, cuyo número varía de acuerdo con el autor que la menciona, estableciendo la cantidad entre 100 y 200 féminas que se rindieron a sus arteras habilidades.

Aún siendo un experto en el complejo arte de la seducción, Casanova no aprovechaba esta ventaja para hacer sufrir a sus amantes; por el contrario, de acuerdo con varios de sus biógrafos, su principal preocupación fue siempre hacerlas felices, de una forma o de otra, por lo que trataba de complacer hasta la más mínima de sus exigencias y satisfacer hasta el más nimio deseo de la dama en cuestión, haciendo finalmente que ellas mismas se convencieran de terminar la fugaz relación.

Mostrando siempre una máscara de autoconfianza y seguridad, cuando se leen las memorias de este singular personaje, se llega a la conclusión de que estas cualidades eran mecanismos de defensa que él colocaba al ser consciente de una excesiva vulnerabilidad, especialmente ante las mujeres que realmente le impresionaban.

Así el gran conquistador fue víctima de tres mujeres cuyo único propósito, al parecer, fue hacer sufrir al hombre que podía tener prácticamente a cualquier doncella de la Europa del siglo XVIII. Así encontramos la historia de “Henriette” – cuyo verdadero nombre fue probablemente Adèlaïde de Gueidan – hija de un noble de Aix-en-Provence, y a quien su padre había conseguido un ventajoso pero poco satisfactorio matrimonio. Tratándose de un espíritu inquieto, Henriette decidió abandonar a su esposo y emprender el camino de regreso al hogar paterno.

Durante esta travesía conoció a un oficial húngaro, a quien concedió sus favores a cambio de que la escoltara hasta la ciudad de Parma; sin embargo en una posada vio a Casanova y éste se enamoró instantáneamente de Henriette a quien, durante los siguientes tres meses, dedicó todo su tiempo y dinero, para ser final y cruelmente abandonado.

La segunda mujer que se aprovechó de su debilidad fue una fémina –a quien la historia registra como M. M,- que había sido recluida en un convento en contra de su voluntad. Sin poseer la más mínima vocación, la dama se dedicó a buscar en la compañía masculina un consuelo por las frustraciones que le generaba el encierro, encontrando así a un embajador francés y en el camino a un Giacomo de 28 años, a quien explotó y torturó por diversión.

Pero aún cuando estos dos casos no resultan nada halagüeños para quien tiene la fama de haber sido el mejor amante de la historia, el tercero resultó verdaderamente atroz para la salud física, mental y emocional del caballero.

De esta forma, y después de haber tenido que huir de varios países debido a que era perseguido por muy diversas razones por la Inquisición, Casanova llegó a Londres. Mostrando una absoluta ignorancia de la sociedad y el idioma de aquél país, el intrépido aventurero fue presa fácil de una sagaz cortesana de nombre Marianne de Charpillon.

Por alguna razón, no del todo comprensible en un hombre con las características del autonombrado Caballero de Seingalt, éste cayó sin remedio en las redes de la ambiciosa adolescente de 16 años. Ella, consciente del control absoluto que ejercía sobre el atontado conquistador, aprovechó la situación para sacar una gran ventaja, especialmente de tipo financiero. Así, nuevamente Giacomo invirtió en ella no sólo hasta la última moneda de que disponía, sino también toda la capacidad de amar que poseía.

Sin quedar aún claro si se trataba de un genuino sentimiento o bien de una monumental obsesión, el hecho es que Casanova estuvo a punto de perder la razón y la vida en esta relación, debido a que por más recursos que él empleaba, la joven seguía negándose a corresponder “apropiadamente” las atenciones que recibía, lo cual sumió al conquistador en un estado de depresión y frustración que lo llevaron incluso, en primera instancia, a intentar asesinarla en un parque y, en segundo lugar, a llevar a cabo un intento de suicidio.

De esta manera, y aún cuando continuaremos hablando de este curioso personaje en la siguiente entrega, por el momento podemos decir que Casanova era más que un cínico insensible y veleidoso al enfrentarse con un verdadero sentimiento de amor por una mujer, probablemente haciendo honor a la frase del autor francés Marcel Proust que reza “sólo se ama lo que no se posee totalmente” y también, sin haber aprendido de sus errores pasados, con Marianne parece materializar la frase del escritor Constancio C. Vigil que dice “amar es cambiar de casa el alma”. 

FUENTES:

Casanova. El Veneciano de las mil máscaras”. Aut. Daniel Vázquez. Clío No. 54. Abril 2006.

“Casanova. The victim of women”. Aut. Judith Summers. Daily Mail. Londres, 13 de sept. 2006.

“Casanova: El amor como una de las bellas artes”. Aut. Eugenia Rico. El Mundo. 26 de abr. 2006.

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