Del desenfreno a la virtud sólo hay una Revolución: María Antonieta

María Antonieta

María Antonieta

Por: Patricia Díaz Terés

“Quien vive entre los deleites y los vicios ha de expiarlos luego con la humillación y la miseria”.

Johann Christoph Friedrich von Schiller

Sobriedad, templanza, fidelidad, recato y prudencia, eran algunas de las virtudes que una soberana ejemplar del siglo XVIII debía presentar en todo momento; sin embargo, estas cualidades fueron totalmente ignoradas por una de las más famosas mujeres de la historia: la controversial y legendaria María Antonieta.

María Antonieta Josefa Juana fue la penúltima de los 16 hijos de los emperadores Francisco I y María Teresa de Austria. Nacida el Día de Difuntos de 1755, a la pequeña archiduquesa nunca le fue proyectado un gran futuro y, desde luego, sus padres nunca imaginaron que esa traviesa rubiecita de ojos claros y nariz aquilina se transformaría tiempo después, en una de las mujeres controversiales de la historia de la monarquía francesa.

Viviendo su niñez entre juegos y risas, la infantil María Antonieta nunca tuvo que preocuparse por amoldarse a una estricta educación, como correspondía a las damitas que se convertirían en reinas y emperatrices de la Europa del Siglo de las Luces; sin embargo, el Destino jugó a María Teresa de Austria una mala pasada cuando su inocente aunque voluntariosa hija, carente de toda cultura general, conciencia política o sensibilidad social, fue escogida por el entonces Duque de Berry – futuro Luis XVI- para hacerla su esposa.

Así, después de haber recibido la propuesta, la Emperatriz de Austria trató de remediar sin éxito las deficiencias intelectuales y temperamentales de una María Antonieta adolescente, colocando como su tutor personal al Abad Vermond, quien tan sólo –y con bastante esfuerzo- logró que la muchachita aprendiera a chapurrear el idioma del reino galo.

De este modo, llena de temor, nostalgia, curiosidad y emoción, la archiduquesa abandonó Viena para casarse con el futuro rey de Francia, Luis XVI; para salvaguardar a la real novia, fue designado el duque de Chaiseul, quien acompañó a la joven hasta el Palacio de Versalles en donde contrajo matrimonio con un robusto y severo muchachito tan sólo un año mayor que ella, el día 16 de mayo de 1770 teniendo ella la escasa edad de 14 años.

Con la sagrada alianza comenzaron también las tribulaciones de “la austriaca”, como fuera llamada por muchos miembros xenófobos de la Corte francesa; esto se debió principalmente, al carácter francamente incompatible de los cónyuges: él era un temeroso y pusilánime chiquillo, olvidado por sus padres, que había crecido a la sombra de su hermano mayor y heredero de la Corona, el Duque de Borgoña, quien murió trágicamente a la edad de 10 años; ella una jovencita decidida, vivaz y alegre, aunque también inexperta y veleidosa.

Enfermizo, tímido, indeciso, débil de carácter y totalmente ignorante del trato con las mujeres, el Delfín comenzó un matrimonio que después de la primera noche y durante siete años, debió ser calificado como “matrimonium non consummatum est”, hecho que provocó todo tipo de habladurías, rumores y críticas en los pasillos de Versalles, a la vez que fue causa de atormentadoras presiones hacia la real pareja por parte de la familia de María Antonieta, quienes veían en la unión sin consumar, un gran peligro para la seguridad política del Sacro Imperio Romano Germánico, dirigido por el hermano de la Dauphine, José II de Habsburgo.

De esta forma, durante largo tiempo la culpa recayó intermitentemente en alguno de los dos esposos, a él se le atribuyeron ciertos defectos físicos que no le permitían cumplir sus íntimos y a la vez políticos deberes; mientras que a ella se le adjudicaron gran cantidad de carencias, deficiencias e imperfecciones de tipo moral, físico y emocional.

Lo cierto es que en ese periodo tanto Luis como María Antonieta sufrieron tanto los embates de parientes y cortesanos, como de la opinión pública que se expresaba a través de viperinos pasquines, que mostraban ofensivas imágenes o textos protagonizados por los reyes.

Presa en un desgraciado y frustrante matrimonio, y teniendo un carácter demasiado inquieto, María Antonieta encontró su refugio en las diversiones nocturnas de la deslumbrante París; así, después de haber sido coronada reina tras la muerte de Luis XV en 1774, la joven se entregó a los más desenfrenados entretenimientos y dio rienda suelta a su vanidad, de manera que se dedicó al juego, el baile, la actividad social y a una incontrolada adquisición de suntuosos y extravagantes vestidos, que iban acompañados de las más exquisitas joyas.

Estas conductas, sumadas a un evidente desprecio hacia algunas de las familias más poderosas de Francia como los Rohan o los Noailles, la hicieron blanco de envidias de importantes y taimados cortesanos, quienes a su vez aprovechaban la animadversión que por María Antonieta sentían sus cuñados los duques de Provenza y Artois, hermanos de Luis XVI.

De este modo, uno de los escándalos más importantes en los que la reputación de la reina se vio afectada en mayor medida, fue el de cierto collar elaborado con 647 diamantes, que tenía un valor de 1 millón 600 mil libras, diseñado por los joyeros Boehmer y Bassenge.

Imaginemos por un momento, la indignación que un hambriento y exhausto pueblo francés sintió al enterarse de que su derrochadora monarca había gastado tan exorbitante suma en un simple adorno. Poco importó el hecho de que esta compra fuera una virulenta maquinación planeada por Jeanne de Saint-Rémy (La Motte), el Cardenal de Rohan y una mujerzuela de nombre Nicole d’Oliva, quien personificó a la Dama en la truculenta maniobra.

Los crímenes y excesos de la reina, verídicos o imaginarios se fueron acumulando. Asimismo, la realeza gala no veía con buenos ojos los continuos escapes de María Antonieta a su villa privada –Petit Trianon– en donde haciendo de lado todo protocolo, vestía ropas de campesina mientras compartía con sus más cercanos amigos –entre ellos la princesa Ma. Teresa Lamballe, la condesa Julia de Polignac, así como un apuesto, joven y ambicioso conde sueco de nombre Fersen (verdadero amor de la soberana)- placeres y alimentos naturales.

Así, mientras Luis XVI consintió todas estas actitudes para evitar que su esposa se inmiscuyera en asuntos políticamente relevantes, los franceses encontraron en María Antonieta el chivo expiatorio para la Revolución de 1789, sentenciando finalmente a Luis y María Capeto, padres ya de cuatro hijos, a conocer personalmente a Madame la Guillotine en 1793; hecho permitió a la depuesta reina cultivar en poco tiempo numerosas virtudes como la dignidad, la elocuencia o el amor hacia la familia que durante tantos años había relegado.

Heroína para sus defensores, en especial del periodo de la Restauración (1814-1815), o la libertina más descarada y malvada para sus detractores, María Antonieta es una figura que ha cautivado e intrigado a hombres y mujeres durante más de dos siglos; por lo que sólo resta decir que ella fue víctima de su propia ignorancia, frivolidad e inconciencia, lo que nos remite a las palabras del dramaturgo español Jacinto Benavente: “La vanidad hace siempre traición a nuestra prudencia y aún a nuestro interés”.

 

FUENTES:

Un amor discapacitado”. Aut. Guadalupe Loaeza. Gaceta del Ángel. 20  de julio 2003.

María Antonieta: Una reina entre la leyenda negra y el glamour”. Aut. Jesús Villanueva. Clío año 5 No. 51. Enero 2006.

“Amantes y Reinas”. Aut. Benedetta Craveri. Ed. Fondo de Cultura Económica. Ediciones Siruela. México, 2008.

María Antonieta: De la calumnia a la guillotina”. Aut. Carlos Martínez Shaw. La Aventura de la Historia No. 99.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: