La Torre de Hércules, una luz milenaria

Torre de Hércules

Torre de Hércules

Por: Patricia Díaz Terés

“La ciencia rivaliza con la mitología en milagros”.

Ralph Waldo Emerson

Símbolos de seguridad, guía y permanencia, los faros han evolucionado a lo largo de la historia a la par de la actividad principalmente económica y política de los distintos pueblos alrededor del mundo y, principalmente, en Europa y Asia.

Desde las almenaras utilizadas en la Antigüedad, pasando por el Faro de Alejandría, el Old Head en Irlanda o el Faro de Salvatore en Trieste, hasta el Faro de Eddystone en el Reino Unido, estas versátiles construcciones, que sirvieron en su momento para rendir tributo a los dioses a la vez que cumplían con su cometido de guiar a las embarcaciones con rumbo a los puertos comerciales, han contribuido en gran medida al progreso de las civilizaciones; a la vez que su actividad ha sido definida por la importancia que cada una de las sociedades ha dado al intercambio por vías marítimas.

Así, por ejemplo, la relevancia de la navegación en el Imperio Romano hizo necesaria para éste la construcción de faros a lo largo y ancho de sus costas con la finalidad de que sus embarcaciones no se perdieran en trágicos naufragios; más tarde en la Edad Media, muchos de los faros romanos fueron abandonados y muy pocos construidos; mientras que para la Época Moderna el notable incremento en la actividad comercial y los numerosos conflictos bélicos, volvieron a hacer de los faros un instrumento de navegación imprescindible.

 Pero si bien estos edificios han sido erigidos y posteriormente destruidos, ya sea por los embates de la naturaleza o por guerreras acciones del ser humano, sólo uno ha perdurado por cerca de dos mil años, cumpliendo hasta el día de hoy la tarea para la cual fue destinado.

De cara hacia el Océano Atlántico, en un elevado punto de la costa de A Coruña (Galicia, España), se alza imponente –con poco más de cien metros de altura- un monumento que ha guiado, a lo largo de muchos siglos, a miles embarcaciones hacia puerto seguro: La Torre de Hércules.

Tan antigua como el propio faro, la primera referencia escrita que se puede localizar sobre él, se encuentra registrada en la Geografía Grecolatina de Ptolomeo que data del siglo I o II d.C.; en ella se puede leer sobre el Flavium Brigantium o Pharum Brigantium; de la misma manera, se le concede una trascendencia equiparable a la del Faro de Alejandría en el Mapamundi elaborado por el Beato de Burgo de Osma (1086 d.C.).

Sin embargo, tan monumental atalaya no ha perdurado intacta a través del tiempo, habiendo sido objeto de varias modificaciones y reconstrucciones. La primera de ellas –o al menos la primera digna de mención- fue realizada en 1682 por el Duque de Uceda, Capitán General, quien respondiendo a las exigencias de los cónsules de Flandes, Inglaterra y Holanda, construyó en la cima del faro dos torreones que después de algún tiempo se desmoronaron por falta de mantenimiento.

Posteriormente, en el siglo XVIII, el Rey Carlos III creó el Real Consulado Marítimo de Galicia, delegando la restauración de la torre al teniente Eustaquio Giannini, quien se dio a la tarea de rodear el núcleo original con una pared de granito de 60 cm de espesor.

Por otra parte, si bien la consecuencia histórica del faro ha permitido tan minucioso registro de sus numerosas remodelaciones, no ha posibilitado de igual forma determinar con exactitud la fecha de su levantamiento o incluso en nombre de su creador.

Así, mientras todas las fuentes coinciden en que su construcción tuvo lugar en el siglo II d.C., algunos indican como autor a Gaio Servio Lupo, y otros como el experto de la Real Academia de la Historia, D. José Córnide, nombran como artífice al emperador romano Trajano (52-117 d.C.).

También existe la leyenda que explica cómo el gran Hércules, después de perseguir sobre una endeble embarcación al rey Gerión –procedente de Troya- a lo largo de una peligrosa travesía por el mar, finalmente le dio caza en las costas de A Coruña, donde al finalizar una encarnizada lucha de tres días, el mitológico héroe alcanzó el triunfo enterrando posteriormente el cráneo de su enemigo en el sitio de la derrota, para posteriormente erigir una impresionante columna con su nombre. Asimismo, al igual que en el caso del Faro de Alejandría, se dice que en la cima de este monumento se encontraba un espejo cuya especial cualidad permitía descubrir a los navíos enemigos a una distancia de cien leguas.

Actualmente tan magnífico edificio tiene numerosos protectores, el más importante es el Centro de Estudios Torre de Hércules, que lleva ya varios años presentando ante la UNESCO una petición para que el faro sea catalogado como Patrimonio de la Humanidad.

De igual forma, la injerencia que la edificación tiene en la localidad donde se encuentra ubicado, está reflejada nada menos que en el escudo de A Coruña, cuyo motivo principal es la Torre de Hércules desde 1448.

A pesar de que para algunos tan enfática defensa de un edificio puede resultar un poco turbadora, para entenderla, sería necesario vivir la impactante experiencia de subir cada uno de los más de 300 peldaños que tiene la escalera en espiral del interior de la Torre de Hércules, para después en la cima, sentir el viento en el rostro mientras se contempla la grandeza del Océano Atlántico y la belleza del puerto, o desde ese mismo punto al bajar la vista, encontrar una extraordinaria y simbólica Rosa de los Vientos justo al pie del faro. 

De este modo, el rescate e incluso recreación de los monumentos históricos y en especial de los faros no ha sido tarea exclusiva de la nación ibérica. Actualmente, por ejemplo, los gobiernos de Alemania, Francia, Grecia e Italia tienen un plan para reconstruir el Faro de Alejandría; este proyecto se encuentra aún en sus primeras fases, debido a que representa una considerable inversión para el levantamiento y mantenimiento del edificio.

Por otro lado, tan apasionante resulta la historia de los faros, como intrigante es la vida de aquellos que han decidido dedicarse a su cuidado, ya que ser torrero no es sólo un oficio sino un modo peculiar de existencia, que exige de aquel que lo vive numerosos sacrificios que incluyen en ocasiones el total aislamiento y una labor de 24 horas.

 Así, los faros han constituido desde hace muchas centurias un objeto de extraña fascinación para el hombre, que ha creado un infinito número de leyendas entorno a ellos, sin importar si se trata de una de las Siete Maravillas del Mundo Antiguo, del “último faro de la Antigüedad que hoy nos queda” como se refiere el arquitecto alemán S. Hutter a la Torre de Hércules, o de uno de los numerosos “faros embrujados” que podemos encontrar en las costas de Norteamérica o Inglaterra.

*Este artículo lo dedico a un excelente amigo, Carlos Bautista, quien me acompañó hace varios años en mis andares por su tierra natal, la hermosa Galicia.

FUENTES:

 “Faros con Historia”. Aut. José Ma. Rodríguez Montoya. Historia de la Iberia Vieja No. 36.

“El Faro de Alejandría”. Aut. Filippo Coarelli. La Aventura de la Historia Año 9 No. 102.

Grandes Maravillas del Mundo” Aut. Russell Ash. Ed. Planeta Infantil. México, D.F., 2001.

Los Faros (IV): La Torre de Hércules” Aut. El Faro de Vigo. 29 de sept. 2004.

T. de H.  Patrimonio de la Humanidad” Instituto de Estudios Torre de Hércules. 2004.

Historia de los Faros” Aut. Carlos Olmos Bosco. www.farosdelmundo.com. Marzo 2008.

www.torredehercules.org

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