Dalí: Del genio real al ídolo juzgado

Salvador Dalí

Salvador Dalí

Por: Patricia Díaz Terés

“Sólo en las regiones de la fantasía es dado crear; crear es la misión del genio”.

José María Vargas Vila

Cuando el autor británico George Orwell escribió “hay personas que no aceptan que lo moralmente degradado pueda ser estéticamente correcto”, se estaba refiriendo a uno de los personajes más controversiales en la historia del arte: Salvador Dalí.

Genio indiscutible y sujeto de adoración para muchos, persona desagradable y desquiciada para otros, la figura del gran pintor y escritor surrealista ha provocado durante varias décadas los más airados ataques y las más enérgicas defensas. Así se cumpliría lo que alguna vez el propio creador expresó, “el que quiere interesar a los demás, tiene que provocarlos”.

Como extraordinaria podemos calificar la vida de este artista, y para hacer su retrato fiel debemos remontarnos a la época de sus primeros años. Imaginemos por un momento a un pequeño Salvador, nacido en una familia burguesa de la ciudad catalana de Alto Ampurdán –Gerona, España- quien desde su más tierna edad conoció las artes a través de su padre, sintiendo además una inquieta curiosidad por los problemas del mundo.

Este niño era feliz, amado por Felipa Doménech y Salvador Dalí Cusí, sus padres; pero una sombra lo cubrió en el año de 1905, cuando su hermano Salvador Gallo Anselmo Dalí murió a la edad de dos años a causa de una meningitis. Visualicemos por un instante la impresión sufrida por la criatura sobreviviente, Salvador Domingo Felipe Jacinto Dalí, al tener que dejar una ofrenda floral ante una lápida grabada con su propio nombre.

Este hecho marcó a Dalí por el resto de su existencia, él escribiría que siempre sintió cómo debía luchar ya que, como él afirmaba, “siempre quise probarme que yo existía y no era mi hermano muerto”, él peleaba por ganar su “derecho a morir”.

Felipa y Salvador intentaron criar a su hijo de la mejor manera posible, sin embargo, la muerte de su otro vástago también les dejó una marca indeleble. El padre creía a pie juntillas que la enfermedad asesina había sido provocada por sus amoríos juveniles, por lo que trató por todos los medios de alejar a Dalí de las mujeres. Para tal efecto, tuvo la poco atinada idea de dejar sobre el piano un tomo sobre enfermedades venéreas, con horribles imágenes que impresionaron profundamente a su hijo.

Pero también es cierto Salvador Dalí también vivió en una familia que lo adoraba, su disfraz favorito era el de emperador y creció así sabiéndose privilegiado, característica que se desarrolló hasta convertirse en megalomanía, -a los 16 años se veía ya como un genio-.

Con un padre republicano y una madre católica, el artista asistió al Colegio Hispano-Francés de la Inmaculada Concepción y ahí fue objeto de muchas burlas y ataques. Una de las bromas favoritas de sus condiscípulos consistía en arrojarle insectos, en particular saltamontes –elemento que en su obra pictórica resaltaría como símbolo de horror-.

Siempre buscando la originalidad en todos los aspectos –aborrecía por ejemplo la ortografía y la gramática-, decidió estudiar arte de manera formal, siendo apoyado por su padre con la condición de que asistiera a la Escuela de Bellas Artes en Madrid. En este lugar mostró a sus maestros técnicas como el puntillismo, el divisionismo y el cubismo –para esta época conocía ya el impresionismo, aprendido en casa de Ramón Pichot-; no obstante su complicado carácter provocó su expulsión de la academia al considerársele como líder de una protesta contra la expulsión de un profesor.

Durante esta época Dalí descubrió a grandes artistas a quienes admiraría durante toda su vida, y en quienes se inspiraría posteriormente: Durero, Velázquez, El Greco, Goya, Da Vinci y Miguel Ángel. Además, en la escuela conoció al poeta García Lorca –quien se enamoraría posteriormente de él-, al escritor José Bello y al cineasta Luis Buñuel entre otros.

En 1924 volvió a la Escuela de Bellas Artes, sólo para ser echado nuevamente y de forma definitiva, al negarse a ser examinado sobre Rafael de Urbino, ya que alegaba que ninguno de sus profesores podía juzgar sus vastos conocimientos sobre el artista.

Complicado en carácter, extravagante en vestimenta, Dalí cultivó dos artes simultáneamente: literatura y pintura; pero también en este descubrimiento y desenvolvimiento de sus habilidades, tuvo la fortuna de encontrarse con una mujer que le serviría como ancla en el mundo real, su esposa GalaHelena Diakonoff-, a quien consideraba como su complemento.

Estableciendo su residencia en España, Francia y Estados Unidos, cambios propiciados por los conflictos bélicos de la época, su filosofía fue mutando tanto como los paisajes que lo rodeaban. Así, pasó de ser un ferviente republicano de izquierda a gran defensor de la derecha, representada por el dictador Franco; a la vez que mostró un apego singular a la religión católica.

Tan diversos sus intereses como maravillosas sus dotes de pintor, Dalí no se limitó a este último ámbito en las artes plásticas y visuales, llamándole la atención especialmente la fotografía y el cine, en los cuales pudo incursionar gracias a su amigo Luis Buñuel, con quien después se disputaría la autoría de la afamada película Un Perro Andaluz (1929), acusando incluso al cineasta de plagio; y también en menor escala con sus aportaciones a la película Spellbound (1945) de Hitchcock y el cortometraje Destino (1946) de Walt Disney.

Acusado por algunos como George Orwell de vivir permanentemente en un mundo de perversas y retorcidas fantasías, nadie –incluyendo a sus más acérrimos detractores- ha discutido jamás sus dotes artísticas y es que, en cuanto a técnica, pocos se pueden igualar a este hombre.

Teniendo por fuerza que separar al individuo del artista cuando de Dalí se trata, puede decirse que como persona podía llegar a ser realmente insoportable y soberbio; sin embargo, su talento sin igual provocaba que la sociedad tuviera para con él licencias especiales, omitiendo muchas veces sus defectos. Pero si algo tenía Salvador era que no toleraba la crítica –no sin algo de razón-, ya que cuando sus amigos surrealistas trataron de exiliarlo del movimiento por cuestiones políticas, él simplemente aseguró “no podéis expulsarme del surrealismo porque YO SOY el surrealismo”.

Siendo lo más extraño de su obra sus escritos –Vida Secreta y Confesiones Inconfesables entre otros- en ellos volcó sus fantasías, anhelos y fobias; estos documentos han sido ampliamente criticados, pero también tan alabados por otros que en 2004 –el Año Dalí– se publicaron sus Obras Completas en ocho volúmenes.

De este modo es posible decir que la figura de Salvador Dalí ha sido objeto de interminables críticas, pero para emitir un juicio sobre su personalidad y comportamientos, habría que comprender al hombre y al artista por igual –tarea prácticamente imposible-; pero también, tal vez, nos ayudaría analizarlo con base en una aguda frase de George Orwell que reza: “Pronúnciese simplemente la palabra mágica Arte y todo estará bien”.

*Al Dr. Peter Cooley, un muy buen amigo quien me pidió se tratara a tan singular personaje en esta columna.  

FUENTES:

“Dickens, Dali and Others”. Aut. George Orwell. A Harvest HBJ Book. 1973

“Dalí el rostro oculto de un gran escritor”. Aut. Antonio Astorga. www.abc.com Madrid, 2003.

“Creador de sí mismo: Salvador Dalí”. Aut. Javier Tusell. Revista Letras Libres. Diciembre 2004.

“Salvador Dalí i Domènech”. www.salvador-dali.org  Fundació Gala Salvador Dali 2006.

“Dalí y el cine una relación prolífica pero frustrante”. Aut. Patricia Baelo. www.hoycinema.com Madrid, 2008

“Salvador Dalí”. Aut. G.P. Ibarra. http://www.monografias.com.

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