Freddy Krueger vs. El Noticiero de la Noche

Cine de Terror

Por: Patricia Díaz Terés

“¿Es usted un demonio? Soy un hombre. Y por lo tanto tengo dentro de mí todos los demonios”.

Gilbert Keith Chesterton

Provocando pánico o risa, con muchos e incondicionales seguidores y otros tantos opositores, el género cinematográfico denominado como horror, ha atravesado por muchas transformaciones desde su aparición en las primeras décadas del siglo XX.

Compartiendo esencia con la literatura de horror –término acuñado en 1764 por el escritor Horace Walpole en su novela El Castillo de Otranto-, el cine de terror busca generar en el espectador un sentimiento de temor, colocando a víctimas débiles a expensas de un enemigo que goza de muchas ventajas como pueden ser una apariencia horripilante, una habilidad sorprendente para ocultarse o bien poderes sobrenaturales.

En la década de los años 20 por ejemplo, se vio por primera vez en las pantallas la imagen del Drácula creado por Bram Stoker en 1897, sólo que se le llamó Nosferatu (Max Schreck), en la película homónima dirigida por F.W. Murnau; pero los monstruos tuvieron su apogeo en la tercera década del siglo, cuando los estudios Universal lograron realizar una serie de filmes que con el tiempo se convirtieron en cintas obligadas para todos los amantes del género.

Y fue así como los emblemáticos actores Boris KarloffFrankenstein (1931) y La Momia (1932)- o Bela LugosiDrácula (1931) y White Zombie (1932)- saltaron a la fama interpretando ambos, numerosos y escalofriantes –al menos para su época- personajes.

Pero el cine debe evolucionar con el hombre. De este modo, mientras que en los años anteriores a la Segunda Guerra Mundial el celuloide reflejaba inocentes historias sobre vampiros, monstruos y momias, después de 1945 resultaba más complicado causar temor en la audiencia, ya que se habían visto demasiados horrores auténticos y espeluznantes durante el conflicto bélico.

Así, una sociedad que durante seis años se había enfrentado a las más terribles acciones de las que es capaz el ser humano, buscaba en el séptimo arte un solaz para su torturado espíritu, refugiándose en el humor de las comedias sencillas; sin embargo los creativos del género de terror idearon una forma para adaptarse a la nueva situación.

Si bien asustar con los personajes tradicionales no era ya opción, los guionistas aprovecharon entonces el temor latente que, durante toda la Guerra Fría, tuvo en el corazón todo individuo: la ineludible y sobrecogedora presencia de la bomba atómica.

De esta manera, los escritores utilizaron la ansiedad reflejándola en una severa crítica hacia los científicos con poca o nula conciencia de las consecuencias de sus peligrosos inventos; así aparecieron creaturas originadas por la acción de las radiaciones como Godzilla (1954), o un pulpo gigante que ataca la ciudad de San Francisco en It Came From Beneath the Sea (1955).

También en la misma época, se vio por primera vez el cruce del género de horror con el de ciencia ficción, haciendo que los extraterrestres y los platillos voladores suplieran a los engendros anteriormente empleados; es así como se realizaron películas como The Thing from Another World (1951) o The Day the Earth Stood Still (1951).

Otra vertiente de estos híbridos de terror y ciencia ficción dieron como resultado el surgimiento de los invasores de cuerpos, cuya primera cinta fue Invasion of the Bodysnatchers (1956), en donde se utilizó el terror psicológico ya que, al tratarse de alienígenas con apariencia humana, lograban generar una sensación de paranoia bastante incómoda.

Algunos analistas y críticos de cine han comparado este argumento con la presencia en la sociedad capitalista norteamericana, de los comunistas quienes, si recordamos el panorama de la Guerra Fría, en Estados Unidos constituían el enemigo a descubrir y vencer.

Pero muy pronto mutantes y extraterrestres no dieron ya resultado con el público, y el género cayó en un breve pero significativo letargo, siendo relegado a lo que se denomina películas de serie B; esta terminología está basada en un criterio según el cual sólo aquellas que alcanzaban la categoría A obtenían presupuesto; mientras las otras debían conformarse con reducidas cantidades de dinero, lo cual no permitía a productores y directores permitía poner demasiada atención o esmero en la calidad del guión, actuación, efectos especiales o incluso el propio argumento.

Sin embargo, durante la década de los sesenta hubo un magnífico director que rescató y dio al género de terror un giro que dejaría su huella durante varios lustros, se trata de Alfred Hitchcock, el maestro del suspenso, quien con Psicosis (1960) introdujo la figura del psicópata asesino.

Esta fórmula evolucionó poco a poco, teniendo una suerte de clímax con The Texas Chain Saw Masacre (1974) del director Tobe Hooper, en donde un maniático deforme tortura y asesina a un grupo de jóvenes –la cinta está basada en hechos reales y tuvo un bien logrado remake en 2003-.

A finales de los 60 también se retoma el interés por las cuestiones satánicas gracias a la cinta Rosemary’s Baby (1968) de Roman Polanski; tras ella unos años después vendría la polémica e icónica El Exorcista  (1973) de William Friedkin.

Pero los demonios o fantasmas de Amityville (1979) y Poltergeist (1982) no eran ya suficiente para la –aún entonces- poco impresionable imaginación del público, por lo que fue necesario crear nuevos monstruos, y es así como surge el gran Freddy Krueger, de la imaginación de Wes Craven (Scream), en A Nightmare on Elm Street (1984), en donde podemos ver a un aterrorizado y jovencísimo Johnny Depp (Jack Sparrow) antes de que saltara al estrellato.

Y así, a partir de la década de los ochenta, pero sobre todo en el nuevo milenio, el horror se ha visto en serios problemas para poder “asustar” a la ya prácticamente inmune audiencia, de manera que se han creado subgéneros que han sido objeto de crítica y censura. Teniendo al “gore” puro por un lado, es decir aquellas cintas –como las dirigidas por Dario Argento– de las cuales ya se sabe que en pantalla, no se verá nada más que grotescas escenas llenas de sangre; se tiene por el otro una mezcla en la que no se sabe a ciencia cierta si se trata de terror, gore o ya en caso extremo de lo que el periodista del diario New Yorker, David Edelstein, denominó “torture porn”.

Así en este 2009, han surgido cintas como Saw VI –clasificada como X en España- o Final Destination 4, que se encuentran –al menos la primera- en el límite del horror y el gore; sin mencionar las películas de Hostel (2005 y 2007), las cuales dirigidas por Eli Roth, se incluyen definitivamente en la clasificación de Edelstein.

Grandes retos tienen los guionistas y directores del género de horror para los años venideros, y si bien han encontrado inspiración en mitologías orientales –The Ring o The Grudge-, o rescatado personajes legendarios como Freddy –el remake de la cinta se estrenará en 2010-, aún deben vencer a su principal adversario: los noticieros de T.V. ya que, desgraciadamente, lo que vemos en los informativos espanta más que cualquier monstruo o diabólica entidad. Así, le tendremos que dar -en parte- la razón al escritor Joseph Conrad quien dijo: “La creencia en algún tipo de maldad sobrenatural no es necesaria. Los hombres por sí solos ya son capaces de cualquier maldad”. 

FUENTES:

“Monsters as Metaphors”. Aut. Steven Schneider. Other Voices V.1 N.3 Enero, 1999.

“El Cine”. Aut. Jordi Induráin Pons. Ed. Larousse. España, 2002.

“Los géneros cinematográficos”. Aut. Pedro Cano. Universidad Autónoma de Barcelona. 2006

“¿Qué tan insano es el cine de terror sádico?”. Aut. Gregorio Belinchón y Carmen Pérez. Vanguardia. Madrid, 2009.

“Brief History of Horror Fiction”. Aut. Karina Wilson. www.horrorfilmhistory.com

“Los géneros cinematográficos”.  Aut. Pablo Santiago Argañarás.

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