Un poeta entre el arte y la política: García Lorca

Federico García Lorca

Federico García Lorca

Por: Patricia Díaz Terés

“La muerte es el comienzo de la inmortalidad”.

Maximilian Robespierre

Debatiéndose entre el mito y la realidad, de la tercera década del siglo XX, surge la figura de un hombre cuyo recuerdo se ha transformado en una leyenda, que ha sido blandida por grupos con marcados rasgos ideológicos.

Cuando en la ciudad Fuente Vaqueros –Andalucía, España- un cinco de junio de 1898, nació en el seno de una familia ordinaria y amorosa, un niño  de nombre Federico, su madre Vicenta nunca imaginó el complejo destino que a su hijo aguardaba.

Familia unida y afectuosa era la encabezada por el matrimonio de Federico García Rodríguez y Vicenta Lorca Romero; con cuatro vástagos en su haber, y dando por terminadas las labores de agricultura que hasta 1909 desempeñara Don Federico, trasladáronse los García Lorca a la ciudad de Granada, con el objetivo de probar fortuna en otras tierras.

Pocos años tenía Federico García Lorca cuando, destacando de entre sus hermanos –Francisco, Isabel y Conchita– demostró un gran interés por el arte y la música; de hecho, durante varios años cultivó esta última afición, llegando a tener cierta habilidad con el piano y siendo conocido por sus condiscípulos más por su destreza con las notas musicales que con las letras.

Pero el llamado de la verdadera vocación es desmesurado e incontestable; así, Federico se matriculó –en 1914- en los cursos preparatorios para estudiar las carreras de Filosofía y Letras  y Derecho, en la Universidad de Granada.

En esta experiencia estudiantil, encontró el futuro escritor un “Rinconcillo” muy particular en el café Alameda, donde dialogaba con jóvenes intelectuales que serían los literatos, políticos y diplomáticos de las décadas posteriores; asimismo, se encontró con dos profesores que dejarían huella en su alma, el primero de ellos fue Martín Domínguez Berrueta, quien ayudó al poeta a expandir sus horizontes.

De esta forma visitaron lugares como Córdoba, Galicia, Castilla o Burgos,  descubriendo Federico a lo largo de las travesías el encanto del ambiente pueblerino, así como la importancia de las costumbres, tradiciones y en general de la cultura rural española; todo esto dio pie a su primera publicación en prosa –financiada por su padre-, a la cual tituló Impresiones y Paisajes.

Algún tiempo después, otro de sus maestros Fernando de los Ríos, lo llevó a vivir a la Residencia de Estudiantes de Madrid, y fue ahí donde conoció a los artistas e intelectuales que conformarían ese mítico grupo conocido como Generación del 27.

Cultivando amistades tan destacadas como la de Juan Ramón Jiménez –quien ayudó al joven escritor a publicar en revistas como La Pluma o Índice-, o la del músico Manuel de Falla, la más importante –y también la más caótica- fue sin duda alguna, la de Salvador Dalí.

Con un extraño matiz –transformado después por García Lorca en una tormentosa pasión amorosa-, la amistad de Salvador y Federico se plasmó en su expresión artística; de hecho, se ha hablado tanto de una etapa lorquiana del pintor como de una daliana del escritor. Pero con el exagerado ego de Dalí y los intensos sentimientos del literato, la “relación” estaba destinada al desastre; así cuando el autor escribió Oda a Salvador Dalí, fue recibida por el excéntrico surrealista con desprecio.

Pero el destino decidió que no sería España en donde el poeta conquistaría la fama; haciendo honor al refrán popular que reza “nadie es profeta en su tierra”, después de recibir crueles críticas por parte del cineasta Buñuel y Dalí tras la publicación de Romancero Gitano, Federico decidió acompañar a Fernando de los Ríos a la ciudad de Nueva York, en donde pasó 9 meses y escribió Poeta en Nueva York; pasando posteriormente algunas semanas en Cuba.

De regreso a patria en 1931 –año en que se proclamó la II República-, García Lorca empezó a tomar conciencia del papel del escritor en la sociedad, de modo que habló de las responsabilidades de los literatos, a la vez que intentó fomentar un intercambio cultural entre las grandes ciudades y los pueblos, sitios que tan intensamente había explorado en el pasado.

Así, Federico decidió organizar la compañía de teatro universitario La Barraca, la cual dirigió junto a Eduardo Ugarte, con el objetivo de rescatar las obras del teatro clásico español como las escritas por Lope de Vega, Miguel de Cervantes o Calderón de la Barca, entre otros.

Para 1933, un acontecimiento lo sorprendió gratamente ya que su obra Bodas de Sangre fue estrenada con gran éxito en Buenos Aires; poco después el propio autor fue invitado para dirigir un buen número de funciones, tras lo cual logró su tan ansiada independencia económica.

Lleno de nuevo vigor y entusiasmo, pisó de nuevo tierras españolas en 1934, dedicando su tiempo a revisar obras como Poeta en Nueva York y escribir otras como La Casa de Bernarda Alba; sin embargo, durante esta fructífera etapa el poeta recibía constantes ataques por parte de la prensa de derecha, la cual calificaba sus escritos –en especial Yerma– como inmoral.

La situación se complicaba día con día y para 1936, año en el que estalló la Guerra Civil Española, y después de que su cuñado –alcalde de Granada- fuese apresado y fusilado, decidió llevar a su familia a “terreno seguro” a casa de la familia del poeta Luis Rosales, cuyos hermanos eran distinguidos falangistas.

Pero falsa resultó tal seguridad. Al poco tiempo de haber llegado al hogar de sus amigos, el poeta fue apresado por Ramón Ruiz Alonso, bajo los cargos de espionaje y homosexualidad; tras breve juicio, García Lorca fue trasladado misteriosamente a un lugar entre Víznar y Alfacar para ser fusilado, hecho que tuvo lugar posiblemente el 18 de agosto de 1936 –se tiene como dato seguro sólo el mes-.

Estandarte ocasional para la izquierda -sin haber pertenecido nunca al partido comunista-, frecuente blanco de la derecha –habiendo sido hombre respetuoso a su manera de las tradiciones religiosas-, García Lorca es una figura tan controversial como mítica; su propia muerte –debido a que sus restos hasta el momento no han sido encontrados- está rodeada de un halo de misterio. Numerosas son las versiones que existen al respecto, desde una que ubica el motivo de su asesinato en rencillas familiares ancestrales; hasta aquella que asegura que el poeta sobrevivió y terminó sus días felizmente recluido y protegido en un convento de religiosas.

Leyendas extraordinarias, poesías exquisitas y obras de teatro memorables, más diverso legado no pudo haber imaginado jamás Federico García Lorca; sin embargo, aunque la Historia ha sido dura con él, su presencia es tan real y perdurable que no resultan aplicables las palabras del filósofo griego Epicuro de Samos: “La muerte es una quimera (…) cuando existe la muerte, ya no existo yo”. 

FUENTES:

“Biografía”. Fundación Federico García Lorca. www.garcia-lorca.org. 1984.

“García Lorca: El cuerpo del delito”. Aut. Manuel Ballagas. The Americano. Diciembre 2009.

“¿Y ahora dónde estás, Federico?”. Aut. Natalia Junquera. El País. Madrid, diciembre 2009.

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