Lienzos de vida y dolor: Frida Kahlo

Frida Kahlo

Por: Patricia Díaz Terés

“El dolor, cuando no se convierte en verdugo, es un gran maestro”.

Concepción Arenal

Tan icónica como controversial, la figura de Frida Kahlo se alza hasta nuestros días en un pilar exclusivo dentro del mundo de las artes plásticas del siglo XX.

“Pelada, móndriga y jija de la chifosca” como ella misma se describía, Frida llamó siempre la atención de amigos, familiares y admiradores con su eterna carcajada, hablar franco y extraordinaria generosidad.

Nacida en Coyoacán en la gran Ciudad de México a principios del siglo pasado (1907), Kahlo perteneció a una familia que, hasta el comienzo de la Revolución en 1910, vivió de forma económicamente desahogada.  

Mostrando gran inteligencia y extraordinario talento desde muy pequeña, Frida tuvo la intención de entrar en la Facultad de Medicina, para lo cual formó parte del reducido grupo de 35 mujeres que fueron aceptadas en la renombrada Escuela Preparatoria Nacional.

Con un futuro brillante y muchos sueños por cumplir, la vida le interpuso a esta vivaracha jovencita una dura prueba. Viajaba ella en un autobús, con su novio Alejandro Gómez Arias –quien era el líder del grupo rebelde Los Cachuchas– cuando un trolebús se impactó contra el vehículo en el que se trasladaban los dos jóvenes (1925).

De esta traumática experiencia Frida salió con vida a duras penas, con la espina dorsal quebrada en tres fragmentos, dos costillas rotas y la pelvis totalmente destrozada; la pintora fue entonces trasladada al hospital, lugar que visitaría con gran frecuencia en los años venideros.

Acostumbrada desde muy niña a soportar dolores y confinamientos, ya que a la escasa edad de 6 años padeció poliomielitis –lo cual dejó como secuela una cojera permanente-, que la obligó a permanecer durante 9 meses encerrada en su habitación; después del accidente, la artista sufrió lo indecible con los numerosos aparatos ortopédicos que los médicos utilizaron para tratar de remediar su situación, llegando incluso a permanecer en posición totalmente vertical durante tres meses, colgada de anillos de acero y con sacos de arena amarrados a los pies, en un desesperado intento para estirar su columna vertebral.

Durante todo este tiempo en el cual le eran intercambiados los corsés metálicos por otros de yeso o cuero, permaneciendo en cama e imposibilitada para llevar una vida como la del resto de las jovencitas de su edad, Kahlo encontró el escape a su terrible realidad en la práctica de la pintura; de este modo, en el sanatorio se le podía ver dedicada a sus lienzos en los que plasmaba todo el dolor que sentía, y que sólo en esporádicas ocasiones expresaba a otras personas.

Sufriendo además de osteomielitis, es decir una inflamación de la médula ósea que produce degeneración en los huesos, la artista tuvo que lidiar también con la incompetencia de algunos galenos ya que, tras ser operada para fusionar su quebrada espina y pasar 2 semanas en agónico dolor, más 8 meses apresada en corsés de acero, los médicos se dieron cuenta de que había un error y se debía remover el metal colocado en la primera intervención. Tal fue la magnitud del suplicio, que Frida se hizo adicta a la morfina.

Pero a pesar de todo lo que le acontecía corporalmente, el espíritu de esta mujer era inquebrantable. Despreciando por completo la autocompasión, ella prefería reírse y burlarse de sus desdichas, enfrentaba su posible muerte con humor y no se dio jamás por vencida.

Habiendo sido abandonada por Alejandro tras sospechar éste que ella lo había engañado con otro hombre antes del accidente, después de descubrir su talento para el arte pictórico y de haberse afiliado a la Liga de Jóvenes Comunistas, Frida conoció gracias a la fotógrafa Tina Modotti al individuo que se transformaría en el amor de su vida y con quien comparte un lugar especial en la historia del arte mexicano: Diego Rivera.

Hombre de más de 1.80 m de estatura y que pesaba más de cien kilos, Diego era ya un famoso muralista cuando Kahlo lo vio por primera vez, quedando fascinada al instante. Permaneciendo aún en el misterio las cualidades de Rivera que atrajeron a muchacha a un matrimonio plagado de infidelidades, los artistas contrajeron nupcias el 21 de agosto de 1929 y desde entonces ella se dedicó a apoyar a su esposo en el arduo camino del crecimiento artístico, mismo que los llevó a los Estados Unidos.

Pero las correrías de Diego eran demasiadas y el amor de Kahlo inagotable –no así su paciencia- ya que no fue el carácter del hombre o las dificultades que pudieron atravesar los que decidieron a Frida a tomar también algunos amantes, sino la desfachatez de su esposo quien incluso llegó a tener una aventura con su cuñada –la hermana menor de Frida-.

Ante la desesperación de ver a su amado en brazos de otras varias mujeres, la postrer leyenda del arte decidió nuevamente apartar el sufrimiento, por lo que se dedicó a cultivar tanto su personalidad como su arte; esto le permitió ser reconocida de manera independiente a Diego, logrando colocar exposiciones, ganar premios y becas, además de tener el honor de haber sido la primera artista plástica mexicana en ser reclamada por el museo parisino de Louvre.

Al mismo tiempo esta mujer de profundos ojos, ronca voz y maravillosa sensualidad, no se apartó de sus ideales políticos. Después de haber dejado el Partido Comunista de México cuando Rivera fue de él expulsado en 1922, apoyó sin embargo a los republicanos que peleaban contra Franco en España, a la vez que reunió ayuda para las Brigadas Internacionales; de igual manera, entre ambos artistas ayudaron a conseguir el asilo político de León Trotsky –a quien Kahlo tomó como amante en una serie que incluyó artistas, fotógrafos y otras tantas personalidades-.

Así esta incansable mujer que poseía alas en lugar de pies, a quien siempre se veía con atuendo de tehuana, que afirmó haber intentado ahogar en alcohol unas penas que habían aprendido a nadar y que tomaba la tragedia como algo verdaderamente ridículo, sucumbió finalmente a la temprana edad de 47 años, en 1954, en la famosa Casa Azul de la Cd. De México. Y de este modo, la a veces extravagante Frida Kahlo vivió en carne propia las palabras de Buda que dicen “el dolor es inevitable pero el sufrimiento es opcional”. 

FUENTES:

“Kahlomanía”. Aut. Joy Press. Argentina, 2002.

“Biografía: Frida Kahlo”.  Latin Art Museum. Rep. Dominicana, 2006.

“Frida Kahlo, cien años”. Aut. Marta Lamas. El País. España, 2007.

Frida Kahlo y Tolouse Lautrec: La Mujer, el Dolor, la Muerte y  Joie de Vivre”. Aut. Carmen Vascones. Ecuador, 2009.

“Biografía de Frida Kahlo”. Aut. Anicia Muñoz A. América Viva. Colombia.

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