Espejismos de esplendor: Los Jardines Colgantes de Babilonia

Jardines Colgantes de Babilonia

Por: Patricia Díaz Terés

“Historia es, desde luego exactamente lo que se escribió, pero ignoramos si es lo que sucedió”.

Enrique Jardiel Poncela

A partir del momento en que el hombre logra satisfacer todas sus necesidades básicas, surge en él un interés por su entorno, por el progreso tanto social como cultural, y tiene origen además una preocupación por dejar una huella en el planeta que conoce como su hogar.

De este modo, mientras el ser humano postmoderno construye museos, rascacielos, estadios y otras monumentales estructuras que pretenden demostrar el avance tecnológico y cultural de su tiempo, en la Antigüedad los poderosos reyes y emperadores de culturas como la griega, persa o egipcia, luchaban también por mostrar al mundo su gloria y conquistar su propio escalafón en la Historia.

Así, encontraron muchas maneras en las cuales podían demostrar supremacía. En Mesopotamia (entre ríos) –región que abarcó el territorio que actualmente alberga a Irak, parte de Siria, el sureste de Turquía y el suroeste de Irán-, como capital del imperio neo-babilonio se alzó así, imponente, la gran ciudad de Babilonia.

Tan legendaria como importante, esta metrópoli tuvo una azarosa historia que se desarrolla entre guerras, conquistas y derrotas por parte de los más fuertes ejércitos de la época.

Entorno a una urbe que, como Alejandría, albergó temporalmente al temible Alejandro Magno, se han creado a través de los siglos numerosas leyendas que han tratado de convertirse en hechos históricos, siendo tal vez los más importantes la existencia de una maravilla mundial, los Jardines Colgantes de Babilonia, y la de una bíblica construcción, la Torre de Babel.

Alrededor de los Jardines Colgantes de Babilonia se ha mantenido entre arqueólogos e investigadores un acalorado debate, ya que siendo estrictos al momento de exigir pruebas en los registros de la Historia, en el caso específico de este paradisíaco portento, no se ha conservado ninguna fuente de primera mano que describa la percepción de testigos oculares.

Es así como se ha situado a los Jardines tanto en Asiria como en Babilonia. La más conocida es la segunda versión, ésta nos cuenta cómo el rey caldeo Nabucodonosor II (605 – 562 a.C.) sentía un tierno amor por su esposa Amytis, quien proviniendo de una región con abundante vegetación –se ha situado su origen en Kurdistán o en Media, en esta última como hija del rey Ciaxares-, sentía gran nostalgia por su hogar, experimentando lo el gran Homero escribiría: “Nada hay tan dulce como la patria y los padres propios, aunque uno tenga en tierra extraña y lejana la mansión más opulenta”; por lo que el poderoso marido decidió consolar a su melancólica mujer, ideando lo que posiblemente fueran una serie de galerías en las cuales se sembraron todo tipo de plantas y árboles, todo con tal de regresar a la dama su sonrisa.

De esta manera, el enamorado monarca pudo haber ordenado la construcción de cinco terrazas superpuestas, que sostenidas por arcos, se alzaban 15 metros una por encima de la otra, y en las cuales era posible encontrar todo tipo de flores, así como cipreses, ébanos, cedros, robles, fresnos y sauces; irrigándose toda esta vegetación con un complejo sistema de riego, consistente en numerosos canales que transportaban el agua desde el caudaloso río Éufrates.

Un verdadero oasis en medio del desierto constituirían entonces los Jardines, alegrando la vista a los pobladores de una ciudad que, fuera de los terrenos del rey, estaba bastante descuidada, rondando por sus calles una cantidad inimaginable de escorpiones, serpientes o cucarachas y cuyo olor resultaba considerablemente desagradable.

Sin embargo, esta descripción de los Jardines puede también ser aplicada a una estructura descrita en los anales asirios, ya que de acuerdo con los estudios de Stephanie Dalley, investigadora de la Universidad de Oxford, estos míticos vergeles se ubicaron en realidad dentro de la ciudad de Nínive, localizada cerca del actual Mosul, y fueron creados por el gobernante Sennacherib, cerca del 700 a.C.

Con gran discrepancia entre los datos, muchos fueron los antiguos historiadores que describieron los Jardines, tal fue el caso del escritor babilonio Berosus en el siglo III a.C., el geógrafo heleno Strabo, el greco siciliano Diódoro Sículo en la primera centuria antes de la Era Cristiana o el romano Quintus Curtius Rufus.

Sean o no los Jardines Colgantes de Babilonia una excelsa fantasía, lo cierto es que hace más de 2600 años, Babilonia se convirtió en una de las metrópolis más hermosas de su tiempo, a la que Herodoto describió como adornada por monumentos de oro sólido, teniendo dentro de su portentosa muralla –cuyos muros tenían 90 km de largo, 90 m de alto y 7 metros de espesor- el grandioso templo conocido como ziggurat –del que posiblemente se tomó referencia para la Torre de Babel-, el cual dedicado al dios Marduk, tenía 7 niveles que alcanzaban 91 metros de altura.

Muchos han sido los arqueólogos quienes, ansiosos por descubrir la verdad sobre esta importante ciudad, se han dedicado durante años a realizar excavaciones. Así encontramos al alemán Robert Koldewey quien, tras una década y media de trabajo, logró ubicar las tan buscadas ruinas; desenterrando una construcción consistente en una bóveda, 14 cámaras y una fuente, convenciéndose entonces de que había descubierto, por fin, evidencias sobre la existencia de los Jardines Colgantes.

A pesar de ello, estudios posteriores mostraron que este emplazamiento no correspondía por entero a las vagas descripciones que sobre la maravilla se registran, por lo que la imagen que tenía el germano sobre las terrazas adornadas con pinturas y ladrillos barnizados, ha sido cuestionada.

Pero ciertas o no las historias sobre los Jardines Colgantes de Babilonia, lo que no se puede negar es que esta ciudad tuvo gran repercusión en el acontecer de su tiempo, ya que se trató de un lugar de belleza sin igual, siendo sólo una muestra la gran Puerta de Ishtar, la cual estaba adornada con 13 hileras de ladrillos barnizados en las que se representaban 575 imágenes de dragones y toros; al mismo tiempo constituyó un centro de comercio de gran relevancia, ya que por el Éufrates llegaban mercancías de la India, Asia Menor e incluso de los lejanos desiertos de Egipto.

Mito o realidad, actualmente tal vez unos jardines colgantes como los de Babilonia no nos resultarían impresionantes en gran medida; sin embargo si evaluamos el logro que representó en su época mantener una porción de vegetación viva en medio del desierto formado entre los ríos Tigris y Éufrates, bien podemos equiparar su imagen a la de la Gran Pirámide de Giza, el Coloso de Rodas o el Faro de Alejandría. Tan controversial como dudosa su existencia, dejemos que sea Jean Paul Sartre quien describa esta confusa situación por medio de su afirmación: “Incluso el pasado puede modificarse; los historiadores no paran de demostrarlo.” 

FUENTES:

“Ciudades Sepultadas”. Aut. Herman y Georg Schreiber. Ed. Luis de Caralt. Barcelona, 1961.

“Gardens outsider Babylon”. Aut. David Keys. The Independent. Inglaterra, 1992.

“Grandes Maravillas del Mundo”. Aut. Russell Ash. Ed. Planeta Infantil. México, 2001.

“Los Jardines Colgantes de Babilonia”. Aut. Fermín Bocos. Historia y Vida No. 403. Mayo, 2002.

“Hanging Gardens were a living carpet”. New Scientist Magazine No. 2483. Surrey, Ing. 2005.

“Hanging Garden and Tower of Babel”. Aut. Maev Kennedy. The Guardian. Inglaterra, 2005.

“The most questionable wonder of the Ancient World”.  Aut. Isaac McPhee. Suite1010.com. 2008

“Mesopotamia y el Antiguo Oriente Medio Vol. 2”. Aut. Julián Viñuales. Ed. Folio Barcelona.

Una respuesta a Espejismos de esplendor: Los Jardines Colgantes de Babilonia

  1. […] Más información en: artehistoria (sobre Babilonia), sobrehistoria, wikipedia,  sietemaravillas, paty3008 […]

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