De cómo un pastor se convirtió en amo de la estepa: Gengis Khan

El actor Tadanobu Asano interpreta a Gengis Khan en la película "Mongol" (2007)

Por: Patricia Díaz Terés

“Casi todos podemos soportar la adversidad, pero si queréis probar el carácter de un hombre, dadle poder”.

Abraham Lincoln

Más de ochocientos años han pasado desde que, en medio de las vastas estepas de Mongolia, un ensordecedor trueno anunció la llegada de un extraordinario hombre quien, gracias a sus hazañas y con el paso de los años, se convirtió para muchos en un ser sobrenatural, dios o demonio, magnánimo aliado o implacable verdugo: Gengis Khan.

Hijo del príncipe del clan mongol de los borchiguines, Yesuguei Bahadur y de la hermosa Holeum de la tribu de los olqunugutes, Temujin –que significa hombre de hierro- nació en una Mongolia segmentada, poblada por comunidades nómadas, dedicadas tanto al pastoreo de caballos, yaks, cabras, camellos y ovejas; como a la caza de animales pequeños como las marmotas y los conejos.

Ignorante de su legendario porvenir, el pequeño Temujin creció aprendiendo a recolectar estiércol, pastorear el ganado, cepillar caballos y utilizar el arco para cazar zorros; sin embargo, su destino dio un giro cuando durante una travesía su padre fue asesinado por los tártaros, temida tribu de bárbaras costumbres cuyo gentilicio equivalía –al menos en Europa- a la palabra latina Tártaro, es decir, el infierno.

Tras la muerte de su progenitor, Temujin de tan sólo 9 años se hizo cargo de su familia –formada por su madre, una segunda esposa de su padre, cuatro hermanitos, dos hermanastros y una sierva anciana- quedando abandonados a su suerte. Teniendo que huir para evitar los constantes ataques de los clanes formados por los parientes que ambicionaban el poder “vacante” de Yesuguei, el perseguido grupo tuvo que enfrentarse con el terrible clima que se vive en las estepas asiáticas, en donde las extremas temperaturas, las violentas tormentas eléctricas, las tempestades y los inesperados vendavales de arena, hacen que la supervivencia humana sea un verdadero reto.

Pero los mongoles no son una raza que se deje vencer fácilmente; así Temujin y su familia lograron superar los obstáculos de su entorno, sin tener tanta suerte esquivando a sus adversarios, de manera que el joven jefe de familia fue hecho prisionero por los tayichigudes, con quienes sufrió un brutal cautiverio sometido a una canga –especie de cepo que inmovilizaba al prisionero-, del cual escapó con ayuda de Sorqan-Chira durante la fiesta del Disco Rojo.

Así el futuro Khan se convirtió en un hombre fuerte y decidido; y como tal tuvo anhelo de formar una familia, para lo cual eligió a la bella doncella Börte, del clan de los xonggigar. Entonces el destino decidió ponerle otra prueba al naciente guerrero, cuando su esposa fue raptada por el jefe merkita Tchilger-boko.

Tan infame crimen sólo podía ser castigado con la muerte; así Temujin pidió ayuda a Toghril –jefe keraita– y a su postrer hermano de sangre Jamuka, líder de los jajirat. Estos dos ejércitos, sumados a los combatientes que habían ya jurado lealtad al Hombre de Hierro, tras 9 meses de intensos preparativos, derrotaron a los delincuentes y rescataron a Börte quien sostenía en sus brazos a su primogénito, Joshi –que significa el Aceptado-.

Este tipo de acciones le ganó al guerrero numerosas simpatías, por lo que su ejército fue nutriéndose poco a poco, lo cual a su vez permitió que las ambiciones de Temujin crecieran. Audaz, carismático, inteligente y prudente, este joven de 20 años, anchas espaldas, ojos fríos y grises como el acero, y cabello de un rojo tan intenso como el fuego, fue nombrado en el año 1182 Gengis Khan –señor universal- por la asamblea de nobles conocida como xuriltai.

Fue entonces cuando Jamuka, llevado por los celos decidió desafiar al nuevo Líder, a quien muchos creían que el propio dios Koko Mongko Tengri otorgaba especiales gracias, permitiendo que sus hombres robaran de entre su ganado, acción que requería mucho valor pero aún más estupidez.

Teniendo la ley de los mongoles únicamente tres delitos  castigados con la muerte, y siendo robo uno de ellos –los otros son el homicidio y la violación de una mujer virgen o el adulterio-, Gengis Khan no dudó en matar al ladrón; como venganza, Jamuka hizo prisioneros a varios hombres del caudillo y, cociéndolos vivos en agua hirviente, los devoró en una “espléndida” cena en compañía de sus oficiales.

Tan espantoso proceder únicamente causó la deserción de una buena parte de los hombres de Jamuka, quienes buscaron refugio en los ejércitos del gran Khan. Finalmente, después de varios sucesos similares, Temujin logró capturar a su hermano de sangre; haciendo honor a la buena relación que los había unido trató de perdonarle la vida, pero el jajirat clamó por la pena capital, deseo que le fue concedido.

Y así, tras varios años de intensas batallas, el invencible ejército de Gengis Khan logró unificar a todas las tribus de Mongolia a la vez que conquistó nuevos territorios. De este modo, se creó el más grande imperio jamás conocido, extendiéndose a lo largo y ancho de 12 millones de kilómetros cuadrados, desde el Mar de China hasta el Mar Caspio y desde los bosques de Siberia hasta el desierto del Gobi.

En este momento, cuando la mayor parte del continente asiático estaba bajo su mando, Temujin demostró sus maravillosas cualidades como gobernante. Consciente de la increíble dimensión de su imperio, se rodeó de sabios consejeros y prudentes generales, a la vez que hizo uso de confiables lugartenientes para mantener en orden sus dominios; de igual forma, habiendo aprendido que la diversidad de pensamientos es una fuente de riqueza, lejos de masacrar los territorios conquistados –salvo que éstos hubiesen ofrecido franca resistencia ante los mongoles- aprovechó a los funcionarios eficientes de cada uno de los gobiernos anteriores, llegando a tener dignatarios árabes, cristianos o judíos, permitiendo la libertad de culto –el propio emperador estudió los principios del budismo y el Islam-.

Asimismo, el Gran Conquistador tuvo en cuenta que para poder gobernar él mismo las tierras que había sometido exigía rápidas comunicaciones, para lo cual creó el Yam, un sistema de postas situadas a 40 km. aproximadamente una de otra, en las cuales el mensajero encontraba caballos de repuesto, provisiones y forraje, siendo estos puestos responsabilidad de los militares; este sistema favoreció también el comercio, asegurando la importante Ruta de la Seda, por la que se transportaban numerosos productos.

Un código penal, conocido como Jassa, fue dictado con la finalidad de mantener el orden; en estos preceptos se encontraban sancionadas cuestiones que habían sido comunes como el matrimonio entre miembros del mismo clan; y otras tan ilógicas como el castigo aplicado a quien se apoyase sobre un látigo.

Pero el poder y la vida no son eternos, incluso para Gengis Khan. En el año de 1227, mientras sitiaba la ciudad de Ningxia -capital del reino Xi Xia-, cayó inesperadamente del caballo lo cual ocasionó una lesión que poco después provocó un segundo accidente, en el cual el caballo se precipitó sobre el mongol, quedándole únicamente el tiempo de vida suficiente para designar a su hijo Ogodei como sucesor.

Y fue así como, gracias a un férreo carácter e inteligentes decisiones, un niño que pastoreaba ovejas en la estepa, se convirtió en un emperador más grande que el propio Alejandro Magno, que fue temido y reverenciado por dos terceras partes de la población mundial de su época gracias a que siguió el sabio consejo que un día le diera el anciano Tata Tonga: “El mundo se puede conquistar a caballo, pero hay que bajarse para gobernarlo”.  

FUENTES:

“El Conquistador de las Estepas: Gengis Khan”. Aut. José Luis Corral. Historia, National Geographic No. 68. España, 2009.

“Imperio Mongol”. Aut. Santiago Tarín. Historia y Vida No. 420.

“Un nuevo Atila”. Aut. Julio Valdeón Baruque.

“El Diablo en persona” y “Después de la tormenta”. Aut. Vito Bianchi.

La Aventura de la Historia No. 92

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