Como vencer con un paraguas a un hipopótamo: Mary Kingsley – Parte I

Mary Kingsley

Por: Patricia Díaz Terés

“El mundo entero se aparta cuando ve pasar a un hombre que sabe adónde va”.

Antoine de Saint-Exupery

Época represiva  y llena de estereotipos fue aquella en la que el trono de Inglaterra fue ocupado por la Reina Victoria quien, en su afán por defender todo lo que su sentido de la moral indicaba como correcto, llevó a la sociedad británica a llenarse de prejuicios y al colmo de la intolerancia.

Sin embargo, como en toda etapa de la historia en la cual se ha querido encasillar al ser humano en estándares generalizados, olvidando los principios básicos de su individualidad y libertad, en el siglo XIX surgieron algunos de los personajes más apasionantes de los cuales se tiene registro, y cuya vida no sólo hace competencia sino que supera a la novela de aventuras más emocionante de Rudyard Kipling, Emilio Salgari o Sir Henry Rider Haggard.

Cuando el llamado Continente Negro ejercía una fascinante atracción sobre los aburridos ciudadanos londinenses y todos ellos soñaban con lanzarse hacia la aventura en las selvas africanas, algunos individuos tuvieron el coraje suficiente para llevar a cabo sus anhelos, convirtiéndose así en exploradores pioneros, cuyos nombres quedaron para siempre grabados en la memoria del hombre.

Pero mientras Samuel Baker o Henry Morton Stanley eran vistos como grandiosos aventureros, las damas que seguían el mismo camino eran vistas como mujeres francamente anormales, llegándose a dudar incluso de su estabilidad mental.

Imaginemos en este contexto, a una delgada y severa dama vestida a la más estricta usanza decimonónica: falda negra hasta los tobillos y estorbosas enaguas, blusa blanca de algodón de manga larga y cuello alto, recios botines de cuero negro, el cabello recogido en un sobrio moño y por supuesto un indispensable paraguas; pero cuya adusta imagen nada tenía que ver con el indómito espíritu que durante toda su vida, arrastró a una siempre alegre, franca y burlona Mary Kingsley por los lugares más salvajes y olvidados del hasta entonces poco explorado continente africano.

Nacida en la zona de Islington, ubicada al norte de Londres, en el año de 1862 y registrada bajo el nombre de Mary Henrietta Kingsley, esta mujer aprendió desde niña a valerse por sí misma y a lograr sus objetivos por medios propios. Habiéndosele negado la educación formal en una escuela o internado, debido a que su madre enferma –Mary Bailey– requería de especial y constante atención, Mary absorbió tanto los conocimientos científicos como la cultura general de los libros que guardaba su padre George Kingsley –un renombrado médico y explorador- en su vasta biblioteca.

De manera independiente, y en los ratos libres que encontraba tras atender a su madre y cuidar a su pequeño hermano Charles, la pequeña aprendió materias como física, química o biología, a la vez que dominó idiomas como el latín o el alemán; asimismo devoró libros que narraban las historia de los primeros exploradores de las tierras vírgenes, siendo siempre el más admirado por ella Sir Richard Francis Burton.

Durante sus primeros años los roles que jugó en su vida Mary Kingsley fueron los esperados y pertinentes, hija obediente, hermana leal y mujer sumisa, su existencia transcurrió durante treinta años de manera aburrida y poco relevante, abandonando en escasas oportunidades la casa de sus padres –un pequeño viaje a Gales y otro a París- por  muy breves periodos y con una vida social prácticamente nula, la mayoría de sus conocidos la percibían ya como la típica solterona victoriana, cuya única finalidad en la vida sería seguir sirviendo prácticamente como ama de llaves a su hermano escritor.

Pero la suerte quiso llevarla por un camino muy diferente y mucho más adecuado al férreo e ingobernable carácter de Mary. En el año de 1891, al regresar de una muy larga expedición, su padre mostró signos de una extraña y agresiva enfermedad que acabaría con su vida en pocas semanas; después de tan sólo seis semanas, su madre falleció también dejando huérfanos a los hermanos Kingsley.

Consternada por la tragedia familiar, Mary decidió tomarse unas vacaciones en las Islas Canarias con el objetivo de pensar cuál sería el rumbo que tomaría su vida ahora que se veía libre de los deberes domésticos; poco tiempo tardó en sentir ese extraño llamado que describen todos los exploradores decimonónicos, el cual implacable los arrastraba hacia peligrosos terrenos poblados por fieras salvajes e “incivilizados” nativos.

Su situación terminó por resolverse cuando Charles decidió viajar a China, dejándola absolutamente dueña de su tiempo. De este modo, lo primero que Mary buscó fueron algunos recursos para poder emprender el que sería su primer viaje al África, mismo que inició en 1893 a bordo del carguero Lagos, dirigido por el Capitán Murray con quien trabó una entrañable amistad que duraría muchos años.

Mujer práctica por naturaleza –y a diferencia de algunas contemporáneas como Alexine Tinne que viajaba incluso con una vajilla completa de porcelana china- Kingsley optó por el equipaje ligero, consintiéndose únicamente con un peine, un cepillo de dientes y una almohada; sin embargo, intercambió la comodidad personal por el interés científico, ya que cargaba con un pesado equipo fotográfico con el cual registraría todos sus descubrimientos, además de ciertos adminículos de laboratorio que le servirían para conservar las especies de insectos y animales que en su camino encontrase.

Siendo testigo en este primer viaje de la manera como los agentes coloniales y los misioneros trataban por todos los medios de intervenir en sociedades abismalmente diferentes a las europeas, transgrediendo de esta forma los principios y costumbres propios de los nativos, lo único que ella sintió fue indignación, misma que aumentó al ver el grado de explotación al cual sometía el rey Leopoldo II de Bélgica a los habitantes de sus colonias, ya que el soberano exigía el trabajo de los indígenas –a quienes incluso secuestraba-, amenazando a los potenciales rebeldes con el asesinato de un familiar cercano o la amputación de las manos; mucho trabajo le costó a la viajera atravesar estos terrenos, lográndolo únicamente al prometer que jamás escribiría sobre los hechos atestiguados –hábilmente Mary cumplió su promesa pero denunció las atrocidades a través de un periodista amigo de nombre Edmund D. Morel-.

Durante un año la científica se dedicó a explorar territorios más o menos conocidos, entre los que se encontraron las regiones de Sao Paulo de Loanda, Cabinda y Gabón, llevando a cabo diversos estudios científicos con los animales que en su camino encontraba; el resultado de esta última actividad, que entregó al Museo Británico, le valió un patrocinio de la institución la cual le solicitaba su pronto regreso a las tierras africanas, con el objetivo de que reuniese otros especímenes en los ríos Congo y Níger.

Habiendo financiado su primer viaje a través del comercio de distintos productos con los nativos africanos, Mary poco tardó en embarcarse nuevamente hacia la aventura, en esta ocasión acompañada por la esposa del Gobernador de Calabar, lady MacDonald –quien se dirigía a Nigeria para reunirse con su esposo-; dando inicio al que sea tal vez el viaje más emocionante emprendido jamás por una severa y “amargada” dama victoriana, en el cual la acompañaremos en la siguiente entrega de esta columna.

 FUENTES:

“Travel, gender and imperialism”. Aut. Alison Blunt. Ed,. Guilford Press. Nueva York, E.U., 1994.

“Ideals of womanhood in Victorian Britain”. Aut. Lynn Abrams. www.bbc.co.uk Londres, U.K., 2001.

 “Las reinas de África: viajeras y exploradoras por el continente negro”. Aut. Cristina Morató. Ed. Plaza y Janés. 2003

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: