Para bailar la Bamba se necesita… ¿un ataque pirata?

 

Fuerte de San Juan de Ulúa

 

Por: Patricia Díaz Terés

“La fatalidad no pesa sobre el hombre cada vez que hace algo; pero pesa sobre él, a menos que haga algo”.

Gilbert Keith Chesterton

Al momento de sintonizar la radio, encender nuestro reproductor preferido de mp3 o escuchar un cd, en la mayor parte de los casos el objetivo es recrearnos, de tal suerte en pocas ocasiones prestamos atención a las letras de nuestras composiciones musicales favoritas; pero si escuchásemos con mayor detenimiento, encontraríamos por ejemplo que varias de las piezas populares que se bailan en eventos sociales, tienen en realidad poco que ver con la alegre música que las acompaña, siendo una muestra de ello algunas pertenecientes al género de la salsa o la bachata, como La Rebelión de Joe Arroyo, famosa por la frase “no le pegue a la negra”, en la cual se denuncia la brutalidad con que los terratenientes coloniales trataban a los esclavos negros en América del Sur, por mencionar una.

De este modo, cuando a mediados del siglo XX el joven cantante y guitarrista de rock Ritchie Valens –Ricardo Valenzuela- hizo famoso el tema La Bamba, pocos oyentes tenían idea de que lo que escuchaban en bailes y fiestas no era precisamente una canción alegre, sino que muy por el contrario, refería aterradores hechos acontecidos en el siglo XVII en el puerto de Veracruz (México) en la entonces Nueva España.

Se sabe que durante muchos años, las costas del Caribe albergaron los puertos comerciales más importantes de las potencias coloniales, a los cuales llegaban enormes navíos cargados de inimaginables riquezas; esta situación atraía  bestiales criminales quienes, al izar la ondeante bandera negra –con algún dibujo de una calavera- aterrorizaba hasta al capitán más experimentado y ahuyentaba a los inocentes residentes de ciudades como Veracruz, Campeche o Tampico.

Pero al parecer el gobierno del Virrey Antonio de la Cerda y Aragón, y específicamente el del Gobernador de Veracruz, Don Luis Fernández de Córdoba, no dieron la debida importancia a la amenaza presentada por los filibusteros que rondaban cerca de las costas novohispanas; así, en una apacible tarde del día 17 de mayo de 1683, cuando un preocupado capitán Mateo Alonso Huidobro pidió licencia a Fernández de Córdoba para investigar la sospechosa presencia de un par de embarcaciones que se avistaban ya cerca de la playa, el gobernante, teniendo conocimiento de la próxima llegada de la Flota de Nueva España, desestimó las angustias del militar negándole así el permiso solicitado.

Teniendo una excesiva confianza en la “suficiente” guardia apostada en el castillo de San Juan de Ulúa –que en realidad era nimia ante un ataque pirata-, los habitantes del puerto se retiraron a descansar mientras resguardaban cuidadosamente todas las mercancías, joyas, monedas, plata labrada y regalos que se embarcarían rumbo a España en cuanto la Flota arribara.

Mientras tanto, un inteligente malhechor de nombre Laurent -o Laurens- Graff “Lorencillo” –también referido como Laurens de Graaf y confundido con un malandrín mexicano de poca monta llamado Lorenzo Jácome-, que capitaneaba una escuadra filibustera que constaba de 13 barcos grandes, una fragata y un balandro –estas últimas de menor tamaño-, desembarcó junto con 180 de sus secuaces con la misión de rodear el puerto, mientras que sus terratenientes Agramont y Van Hoorn –existe aquí una discusión sobre si estos dos nombres se refieren a una sola persona y era en realidad un tal Caballero Grammont el tercer oficial de los piratas- ocupaban las bocacalles y atacaban a la guardia de la plaza.

De esta manera, al amanecer del 18 de mayo, cayeron sobre el Puerto de Veracruz cerca de un millar de brutales ladrones y asesinos quienes, a punta de espada, sacaron a los asustados veracruzanos de sus camas para posteriormente encerrarlos en la iglesia, asesinando a quien por su camino atravesara.

Durante tres días y medio hombres, mujeres y niños sufrieron torturas indecibles, fueron privados de alimento y agua, amenazados con ser masivamente aniquilados por medio de incendios o explosiones, a la vez que las jovencitas más hermosas del lugar –sin importar su posición social- fueron separadas de sus familias y gravemente ultrajadas por los bandidos.

Tras conseguir un jugoso botín que constaba de 800 mil pesos en monedas, 400 mil en monedas de plata y 200 mil en joyas y 3000 rehenes -entre los que iban gran cantidad de niños de entre 8 y 9 años de edad, damiselas, algunos ciudadanos importantes y muchos esclavos-, los bandoleros pusieron rumbo a la Isla de Sacrificios que se encuentra a pocos kilómetros de las playas veracruzanas.

Ahí, los pobres prisioneros conocieron el verdadero significado del nombre de aquél lugar. Sin agua para beber o alguna clase de comida, los piratas dejaron a sus cautivos expuestos al pleno rayo del sol del trópico, el cual abrasaba sin piedad a los asustados y ya de por sí exhaustos individuos; tal crueldad se dice que fue obra de Agramont, quien fue posiblemente recriminado por Graff. Este enfrentamiento habría tenido como consecuencia –estando el primero en presunto estado de ebriedad-, el vencimiento del lugarteniente bajo la espada del capitán y su posterior encarcelamiento.

Cansados de la situación, y tras haber recibido un buen rescate de 150 mil pesos por algunos de los ciudadanos, Lorencillo y sus hombres partieron nuevamente, abandonando a su suerte a gran cantidad de los presos y llevando consigo a otros con fines comerciales –se sabe que Laurent quiso vender a los esclavos negros en Coatzacoalcos, sin que se tenga registro sobre el éxito o fracaso de tal empresa-.

No fue sino hasta el día 23 de mayo que la Flota de Nueva España pudo por fin rescatar a las víctimas, mientras la Armada de Barlovento intentaba perseguir a los piratas.

Encontramos entonces, el origen de La Bamba –palabra derivada del vocablo bambarria que define una acción preventiva llevada a cabo después de una catástrofe-, aunque sobre éste hay dos hipótesis –sin que sean necesariamente excluyentes-. La primera indica que tras las vejaciones sufridas a manos de los filibusteros, un nutrido grupo de furiosos padres, novios y esposos, se hicieron a la mar -ya fuera para rescatar o vengar a sus amadas-, entonando durante el viaje el corillo “Yo no soy marinero, por ti seré, por ti seré, por ti seré”, para darse ánimos.

Una segunda versión explica cómo la letra de la canción es una sátira de la incompetencia mostrada por las autoridades para evitar el desastre del 18 de mayo. De esta manera, se critica en primer lugar la arrogancia de los gobernantes en el verso “para bailar la bamba se necesita una poca de gracia (…) y otra cosita”, a continuación, narra la intención de suicidarse de algunos desesperados prisioneros en la iglesia, considerando esto mejor opción, para tal efecto debían primero alcanzar el campanario necesitando “una escalera grande y otra chiquita” para “llegar al cielo”; finalmente una versión menos romántica de las palabras citadas en el párrafo anterior, indica que el verso “Yo no soy marinero, soy capitán… por ti seré…” se refiere en realidad a la discusión suscitada entre los oficiales del Ejército y los soldados quienes eran obligados a embarcarse –en viaje seguramente sin retorno- para perseguir a los piratas.

Y así, ya sea que se prefiera la versión romántica o la narrativa, lo cierto es que La Bamba, pieza de son jarocho, sigue siendo hasta el día de hoy por muchos conocida, aunque vale la pena recordar los hechos que le dieron origen y tener presente la advertencia que en su letra conlleva, ya que de lo contrario, podrían hacerse ciertas las palabras del escritor español Baltasar Gracián: “La confianza es madre del descuido”.  

Y si no conoces La Bamba escúchala aquí: http://www.youtube.com/watch?v=Jp6j5HJ-Cok

FUENTES:

“Piratas y Corsarios en los Mares de México y el Mundo”. Aut. Juan de Dios Pérez Galaz. Ed. Panorama. México, 1992.

 “Piratas en el Caribe”. Aut. Cruz Apestegui. Ed. Lunwerg. España, 2000.

“El Tesoro de Laurens de Graaf”. Aut. Ricardo Homs. Ed. Planeta. México, 2007.

“La Bamba, Canción de Veracruz”. Aut. John Todd Jr.

“Historia del Son Latino”. Aut. Eliana Pantoja. www.calidoscopio.com.ve

“¿Quién fue Lorencillo?”. Aut. Renato Gutiérrez Zamora. Colegio de México.

2 respuestas a Para bailar la Bamba se necesita… ¿un ataque pirata?

  1. Alber dice:

    No es tɑn fcil ver textos bien redɑctados, de forma qԛue dеbo
    reconocertelo.Saludos.

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