Jazz: Más allá de las notas

Louis Armstrong

Por: Patricia Díaz Terés

“Error funesto es decir que hay que comprender la música para gozar de ella. La música no se hace, ni debe jamás hacerse para que se comprenda, sino para que se sienta”.

Manuel De Falla

¿Qué tienen en común el alemán Johann Sebastian Bach (1685), el mexicano Silvestre Revueltas (1899), el norteamericano Louis Armstrong (1901) y la británica Jacqueline Du Pré (1945)? A simple vista, nos estamos refiriendo a cuatro personas tan separadas en el tiempo y el espacio que la respuesta bien podría ser “nada”; sin embargo, a pesar de sus distintas épocas y estilos, ninguno de estos extraordinarios personajes podría haber imaginado jamás su vida sin el indispensable y maravilloso ingrediente de la música.

Al igual que las formas de pensar, los tipos de música podrían ser tan variados como personas existen en el mundo, ya que cada músico se introduce en este arte cargado tanto de su propia personalidad como de sus experiencias e influencias ejercidas por su entorno, de manera que sus composiciones e interpretaciones son únicas e irrepetibles.

Siendo en esta arte de gran relevancia el método, lo cierto es que el sentimiento es el ingrediente clave que hace que un músico pase de la pureza técnica a lo sublime, momento en el cual logra hacer captar a cuantos lo escuchan, aquello que él siente cuando compone, ejecuta un instrumento o canta.

Pero la música no es exclusiva ni excluyente. Si bien no cualquier mortal tiene el genio de los grandiosos Paganinni o Rachmaninoff, lo que sí posee es la capacidad –y el derecho- de encontrar en la música –aún como mero receptor- un desahogo para sus pesares, ya que como dijo el escritor Miguel de Cervantes “la música compone los ánimos descompuestos y alivia los trabajos que nacen del espíritu”.

Así, en una situación injusta como la esclavitud, las personas que la sufrían encontraron en cantos y melodías una forma para expresar los sentimientos y pensamientos que se les ordenaba callar.

De esta forma, el colonialismo ejercido por los grandes imperios como Inglaterra, Francia o España entre los siglos XVI y XIX provocó que en los territorios conquistados, la cultura dominante se conjuntara irremediablemente con la cultura dominada, teniendo así un mestizaje que se observó no sólo en la combinación de las diferentes razas, sino en la mezcla, por ejemplo, de las expresiones artísticas.

Y es esta la base del contexto en el cual surgió el Jazz, estableciéndose su origen en la unión de los estilos musicales africanos y europeos, sin que se haya llegado, aún actualmente, a un acuerdo sobre cuál de ellos tuvo sobre aquél una mayor influencia.

Así, los esclavos llevados a las colonias norteamericanas desde África cargaban consigo los ritmos y cantos propios de sus ceremonias rituales; sin embargo, siéndoles prohibido –aún tras la Independencia de E.U.A. en 1776– en casi todo el territorio cualquier expresión artística, la evolución de su estilo musical tuvo que encontrar en la mayoría de los casos vías alternativas. Esta situación sólo cambió en la ciudad de Nueva Orleáns que estableció una zona -1817- conocida como Congo Square, donde los trabajadores podían acudir a bailar, escuchar o interpretar su propia música.

De esta manera, Nueva Orleáns es por muchos considerada como la cuna del Jazz, pero lo cierto es que ya desde las primeras décadas del siglo XIX se tienen registros de estilos musicales muy similares a dicho género, por lo que se puede estimar a esta ciudad del estado de Luisiana sólo como el sitio donde su desarrollo y difusión fueron impulsados en mayor medida.

Debido a la situación social de los Estados Unidos antes y después de la Guerra de Secesión (1861-1865), las comunidades de los africanos o de sus descendientes fueron durante mucho tiempo –y hasta bien entrado el siglo XX- segregadas y menospreciadas, por lo que los miembros de los grupos musicales solían pertenecer a una sola raza.

Pero los blancos de finales del siglo XIX y principios del XX se sintieron fuertemente atraído por los nuevos ritmos de los grupos que tocaban en el Congo Square, quienes habían logrado tomar elementos de géneros como el ragtime, el espiritual, el blues, el folk e incluso de las marching bands europeas para crear el llamado Jazz Temprano, en el cual de acuerdo con el saxofonista Sidney Bechet se pueden escuchar superpuestos, todos los ritmos al mismo tiempo.

De este modo, con base en la improvisación y empleando el sustento de la música ceremonial africana, unida a las armonías europeas, y mezclando ambas instrumentaciones, se comenzaron a ver grupos en los que se tenía una línea frontal conformada por cuatro instrumentos principales que eran la corneta, el clarinete y el trombón, mientras la sección rítmica era compuesta por tambores y tuba.

La industria disquera viendo en este género una fuente potencial de ingresos comenzó a dar oportunidades a distintos artistas, pero fue la Original Dixieland Jazz Band (ODJB) de Nick LaRocca la que en 1917 realizó las primeras grabaciones de Jazz en la historia, con los temas “Livery Stable Blues” y “Dixieland Jazz Band One Step”; y mientras las grandes empresas sólo se interesaban en bandas con cualidades comerciales, las compañías independientes dieron oportunidad a artistas menos conocidos que eventualmente se convertirían en verdaderas leyendas.

No obstante, poca libertad se daba entonces a los artistas, prefiriendo las disqueras grabar únicamente temas populares en el gusto de la gente, siendo el gran músico Louis Armstrong a quien, por su extraordinaria calidad, a partir de finales de los años 20’s se le dio mayor libertad para elegir sus canciones, grabando títulos como “Body and Soul”, “Stardust” o “I Got a Rhythm”.

Y es aquí donde, además de sus virtudes de índole meramente musical, encontramos otra cualidad en el Jazz: se trata de un tipo de música en el que la raza y otros factores irrelevantes en lo que al talento se refiere, son excluidos. En el Jazz al músico se le juzga y reconoce sólo por su habilidad, por lo que muchos de los jazzistas aprovecharon su celebridad para luchar por la igualdad racial y la justicia social.

Entre los músicos comprometidos con la causa se encuentra el propio Armstrong, quien sirvió como embajador cultural para Estados Unidos durante parte de la Guerra Fría hasta que en 1957 la Guardia Nacional impidió que 9 estudiantes de color ingresaran en una preparatoria en Little Rock (Arkansas), momento en que Louis decidió interrumpir su labor en el extranjero para manifestar su desacuerdo con el gobierno; Billie Holiday, quien en su canción “Strange Fruit” (1939) adaptó el poema escrito por un profesor de preparatoria neoyorquino, que denunciaba el linchamiento sufrido por Thomas Shipp y Abram Smith en 1930; Benny Goodman quien fue el primer líder de una banda que incorporó a un miembro de color en su grupo o incluso John Coltrane, quien en 1964 dio varios conciertos para apoyar a Martin Luther King.

Con una evolución tan atropellada, cuestionada y discutida, habiendo a la vez generado leyendas como Ella Fitzgerald, Cole Porter o Lester Young –por mencionar algunos-, lo cierto es que el Jazz ha logrado posicionarse en el gusto del público, siendo actualmente un género musical que contiene muchas tendencias como el swing, el bebop, el latin jazz, el jazz funk o el acid jazz entre muchos otros, pero compartiendo todos los compositores e intérpretes del mismo aquello que fue expresado por el legendario Louis Armstrong cuando dijo: “Los músicos no se retiran: paran cuando no hay más música en su interior”

Para conocer:

Louis Armstrong interpreta “Cabaret”: http://www.youtube.com/watch?v=_IdAqhKe1so&feature=related

Billie Holiday interpreta “Strange Fruit”: http://www.youtube.com/watch?v=h4ZyuULy9zs

Ella Fitzgerald interpreta “Mack the Knife”: http://www.youtube.com/watch?v=h4ZyuULy9zs

 FUENTES:

“Jazz history in standard time”. Aut. Chris Tyle. www.jazzstandards.com Oregon, E.U.A., 2005.

“Por los caminos de Dixieland”. Aut. Alfredo Rodríguez. Revista Alen Arte. Octubre 2008.

“Jazz and the civil Rights movement”. Aut. Jacob Teichroew. About.com Guide.

“The Origins of Jazz”. Aut. Cory McKay. University of Guelph. Ontario, Canadá.

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