Catalina la Grande: Una déspota de ojo alegre I

Catalina II La Grande

Parte I

Por: Patricia Díaz Terés

“La ambición jamás se detiene, ni siquiera en la cima de la grandeza”.

Napoleón I

Cuando en una misma persona convergen la ambición, la inteligencia y el poder, combinados con cierta falta de escrúpulos, por lo regular nos encontramos ante un personaje que seguramente logrará su lugar en las páginas de la Historia; tal es el caso de una mujer cuya habilidad como estadista pudo eclipsar a su tormentosa –y muy conocida- vida privada, nos referimos a Catalina II de Rusia, “La Grande”.

A finales de la tercera década –mayo de 1729- del siglo XVIII nació en la región de Stettin en Prusia (actual Szczecin, Polonia), una princesa de nombre Sofía Augusta Federica von Anhalt-Zerbst, hija de Cristian Augusto de Anhalt-Zerbst y Juana Elisabeth de Holstein, a quien la vida depararía un brillante porvenir como Emperatriz de Rusia, bajo el nombre de Catalina II.

Si bien los progenitores de la niña no ostentaban gran importancia dentro de la sociedad de la época, lo que sí poseían eran grandes ambiciones para su hija –aunque la decepción que recibieron inicialmente al enterarse de que no había nacido un varón, la reflejaron siempre en una falta de cariño hacia la pequeña- ya que Juana Elisabeth tenía como objetivo colocar a Sofía en la corte de San Petersburgo.

La idea de un futuro para la joven princesa en la corte surgió en su madre en 1744, cuando Isabel I –quien había tomado el trono en 1740 derrocando a Iván VI, un bebé de un año de edad, y a su madre la regenta Ana– nombró como sucesor a su sobrino Carlos Pedro Ulrico de Holstein-Gottorop; fue entonces cuando las dos damas vieron en sus protegidos la oportunidad para realizar una conveniente alianza.

De este modo, unos adolescentes Pedro y Sofía –quienes sólo se habían visto una vez en casa de algún pariente de ella- contrajeron matrimonio el 21 de agosto de 1745, celebrándose el acontecimiento con diez días de fiestas, banquetes, óperas, obras de teatro y por supuesto fuegos artificiales.

Pero los fuegos artificiales se quedaron únicamente en el cielo de San Petersburgo, ya que entre los muchachos no existía chispa alguna de atracción. Siendo Ulrico un chico de poco carácter, enfermizo, sin ambiciones políticas y no demasiado perspicaz; sólo se sentía pleno entre los regimientos de la Guardia Real, por lo que estar al lado de su esposa no le apetecía en absoluto.

Por su parte, Sofía eludía la compañía de su marido debido a que éste despedía un “apestoso” olor, pues nunca se bañaba; además, tampoco le era posible entablar una conversación con él ya que ella, teniendo plena conciencia de su futuro como soberana de Rusia, estudió ruso, se convirtió a la religión griego-ortodoxa –por educación era luterana- tomando el nombre de Catalina en honor a la madre de Isabel I y pasaba largas horas estudiando filosofía, historia, política o geografía.

Sin embargo, la falta de un heredero Romanov legítimo constituía un grave problema para la soberana, de manera que trató de colocar toda la culpa sobre los hombros de su sobrina política, recriminándole su supuesta “incapacidad” para despertar el deseo del cónyuge, pasando así por alto los numerosos y relevantes defectos de su sobrino, quien entre otras cosas era neurótico.

Tales incompatibilidades y dificultades provocaron que el matrimonio no se consumara durante muchos años, esta situación orilló a la Gran Duquesa –convertida ya en una joven mujer de gran belleza- a posar sus ojos en otros hombres jóvenes y atractivos –aunque no siempre inteligentes-, siendo el primero Andrés Chernyshev, seguido de su primo Zakhar Chernyshev; terminando ambos por ser enviados lejos de la capital por órdenes de la zarina.

Ahora bien, la verdadera lista de sus amantes reconocidos comenzó con Sergei Saltikov, con quien tuvo un turbulento y apasionado romance, destacándose este personaje por ser un mujeriego empedernido, hecho que generó constantes y violentas escenas de celos por parte de Catalina, quien durante sus arrebatos gustaba de dar numerosos apelativos a su amante como: distraído, pretencioso, arrogante, desatento e incluso “intrigador ladino”, entre otros muchos.

Sobre el romance con Saltikov existe una importante discusión, ya que algunos autores lo mencionan como el verdadero padre de Pablo Petróvich, primer hijo de sus Altezas; mientras que otros como Susana Castellanos indican que Pedro Ulrico fue operado por Abraham Kaan-Boerhaave, hecho que permitió la consumación de su relación conyugal, siendo así capaz de engendrar –eso sí, después de tomar un buen baño- al futuro zar entre 1753 y 1754. Esta confusión ha tenido lugar debido a que Catalina, en sus memorias, menciona a Sergei como progenitor del infante, aunque posiblemente dicha afirmación tenía por objetivo negar la legitimidad de su vástago como sucesor, siéndole por tanto acceder al trono por completo –no como regente- cuando fuera el momento adecuado.

Los instintos maternales de Catalina nunca quedaron muy en claro, ya que no protestó cuando Isabel I tomó bajo su custodia a su sobrino-nieto; dedicando mejor su atención en Stanislas Poniatowski -sobrino y secretario del embajador inglés Sir Charles Hanbury Williams-, quien cubría el perfil que la atraía siendo un juerguista jugador que frecuentaba los burdeles de la capital rusa.

La relación de Poniatowski con Catalina era un secreto a voces en el invierno de 1755. Sin embargo, Pedro no se había quedado de brazos cruzados, consiguiendo en la condesa Elisabeth Vorontsova –quien curiosamente no podía siquiera competir con su rival en belleza o inteligencia- a la amante con quien compartiría el resto de sus días; fue esta taimada mujer quien convenció al futuro monarca para desenmascarar a su esposa y de esta forma deshacerse de ella. Para tal efecto ambos urdieron un plan según el cual, el duque esperó afuera de las habitaciones de Catalina hasta que “descubrió” a Stanislas saliendo de ellas furtivamente.

Pero ni Vorontsova ni Ulrico contaban con la astucia del extranjero. Tan hábil como era el joven galán, pronto inventó una historia según la cual eran los secretos de Estado más confidenciales –que consistían en mensajes secretos emitidos por el rey Federico II de Prusia- los que habían dirigido sus pasos, a inapropiadas horas, hacia la habitación de la Gran Duquesa; borracho como estaba y teniendo gran admiración por el monarca prusiano, el marido aceptó la explicación exentando al sospechoso de cualquier castigo e invitándolo, por el contrario, a beber con él una copa mientras discutían sobre política.

No obstante, aunque de momento Pedro creyó el cuento de Stanislas, no era lo suficientemente tonto como para negar lo evidente, por lo que hizo patente la duda que tenía sobre su paternidad de la princesa Ana –nacida el 9 de diciembre de 1757-; osando incluso burlarse públicamente de Catalina, hecho para ella intolerable, por lo que la resuelta dama solicitó a su sorprendido cónyuge que firmara un juramento en el cual asegurara que no era padre de su hija. Temeroso como era de la opinión pública seria, el futuro zar se negó a signar tal documento.

Y así, en la próxima entrega continuaremos con el relato de otras y más importantes experiencias en la vida de Catalina II, una mujer que encarnó en toda su extensión las palabras de Óscar Wilde:“no hay nada como el amor de una mujer casada. Es una cosa de la que ningún marido tiene la menor idea”. 

FUENTES:

“La zarina ilustrada”. Aut. Antonio Fernández Luzón. Historia, Nat. Geographic No. 35.  España, enero 2007.

“Una extranjera en el trono ruso”. Aut. F. Álvarez. Historia y Vida No. 407. España, octubre 2002.

“Mujeres Perversas de la Historia”. Aut. Susana Castellanos de Zubiría. Gpo. Ed. Norma. Bogotá, Col. 2008.

“Las Zarinas: Poderosas y depravadas”. Aut. Henri Troyat. Ed. Vergara. Barcelona, España, 2003.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: