El bohemio diplomático de las letras: Rubén Darío

Rubén Darío

Por: Patricia Díaz Terés

“El destino no reina sin la complicidad secreta del instinto y de la voluntad”.

Giovanni Papini

 “Persona que escribe”, según la Real Academia de la Lengua Española; “seres heridos”, para el autor Paul Auster; “insensatos” para el filósofo Montesquieu; “hombres sorprendidos” de acuerdo al peruano Alfredo Bryce… Todos ellos hacen referencia a una de las vocaciones más intrincadas, difíciles y fascinantes a las que el ser humano puede estar destinado: la de escritor.

Y así, dentro de esta profesión –aunque más bien yo diría pasión- existe tal variedad de estilos como personas en el mundo, pudiendo ser elocuentes, parcos, sabios o charlatanes; con un ultrajante dominio de la lengua materna o bien con un manejo de las palabras tal, que éstas pueden equipararse en su pluma, al mármol blanco con que el maestro Miguel Ángel Buonarroti elaboró el “David”.

Justamente a esta última categoría pertenece uno de los poetas americanos más celebrados del último siglo, el nicaragüense Rubén Darío, gran impulsor –fundador- del modernismo latinoamericano.

Nacido el 18 de enero de 1867 en Metapa, Nicaragua (hoy Ciudad Darío), fue el primogénito del fracasado matrimonio conformado por Manuel García Darío y Rosa Sarmiento Alemán, quienes lo bautizaron con el nombre de Félix Rubén García Sarmiento -en la ciudad de Santiago de los Caballeros de León- siendo apadrinado por el Coronel Félix Ramírez Madregil. Tras la ruptura definitiva del enlace conyugal (1869) –debido a que Manuel era un esposo desobligado-, Rosa decidió huir –vivía con una estricta y conservadora tía de nombre Bernarda Sarmiento– con su hijo y un joven hondureño, Juan Benito Soriano –con quien procreó a Dolores Soriano de Turcios– a San Marcos de Colón en Honduras.

Pero Doña Bernarda y su estricto marido, el padrino de Félix Rubén, no se quedaron conformes con la decisión de la joven pareja, por lo que el militar partió con el mismo rumbo para “solicitar” a Rosa que dejara a su hijo educarse con ellos en León. Haya o no sido una decisión voluntaria, lo cierto es que la madre accedió, hecho que abrió las puertas al inteligente infante –a la edad de tres años ya sabía leer- a un mundo en donde intelectuales y políticos se codeaban con él de manera cotidiana en las tertulias de su tía.

Curiosa personita era entonces Rubén –quien tomó su nombre literario de la tradición de designar a todos los integrantes de una familia con el nombre de su jefe, siendo entonces Darío por Darío Mayorga-, de nariz chata y piel cetrina, por el legado de la sangre chorotega que le corría en las venas, pasaba el tiempo inventando versos y leyendo libros no precisamente infantiles como El Quijote, Las Mil y Una Noches o Los Oficios de Cicerón, entre muchos otros.

Sin embargo, Darío tuvo que abrirse paso en la vida, ya que tras la muerte del Coronel Ramírez, la viuda y el pequeño quedaron en difícil situación; no obstante el genio que se gestaba ya desde entonces comenzó su producción literaria seria a la edad de 13 años con “La Fe” (1879), colocando sus primeros escritos en el diario “El Termómetro”, dirigido por el historiador José Dolores Gómez.

En una turbulenta adolescencia, comenzó su interminable serie de viajes gracias a la intervención de sus amigos, quienes en 1882 consideraron necesario alejar a Rubén de Rosario Murillo “la garza morena”, con quien el jovenzuelo tenía intenciones de casarse. De esta manera partió hacia El Salvador, donde conoció al poeta Ramón Mayorga Rivas, colaborando con él en un poema.

Así, tras haber leído su poema “Al Libertador Bolívar” en el I Centenario del nacimiento del caudillo venezolano, regresó a su patria para reanudar la relación con Rosario. Por otra parte, trabajó en la Secretaría Privada de la Presidencia nicaragüense, desempeñó un puesto en la Biblioteca Nacional y colaboró en periódicos como el Diario de Nicaragua, El Ferrocarril y en El Porvenir de Nicaragua; de esta manera, Darío encontró la manera de reinventar los géneros periodísticos por encima de la actividad mecánica, creando verdaderas obras maestras con las crónicas que publicaba -el ejercicio del periodismo le dio al poeta una perspectiva sobre este oficio, por lo que nunca menospreció a sus colegas llegando a expresar “el periodista que escriba con amor lo que escribe, no es sino un escritor como otro cualquiera”-; esta calidad le fue legada por sus lecturas de Le Parnasse Contemporaine[i] y los clásicos griegos.

En 1888 publicó su obra más conocida, “Azul”, con el cual mostró al pueblo latinoamericano cómo emplear de manera correcta su hermoso idioma, enriqueciendo el vocabulario cotidiano con palabras nuevas y brillantes; por este tiempo hizo un corto viaje –con escasos recursos- a España, donde fue menospreciado por su ascendencia indígena. Durante el trayecto de regreso, hizo una parada en Cartagena de Indias, donde visitó al presidente colombiano, Rafael Núñez –hombre culto y ensayista que había leído Azul-, quien a la sazón se encontraba en la casa El Cabrero.

De regreso a su natal Nicaragua recibió una carta del gobierno colombiano designándole como Cónsul General de Colombia en Buenos Aires; asimismo dentro de la actividad diplomática varios años después, fungió como Cónsul de Nicaragua en París, lo cual le redituó más en relaciones y contactos que en materia monetaria, ya que varias veces se vio obligado a sufragar los gastos con su propio dinero.

En cuanto a su vida personal, en 1891 se casó con Rafaela Contreras, con quien tuvo a su hijo Rubén Darío Contreras, nacido en San José de Costa Rica en 1891; tan solo dos años después ella murió y el aclamado autor contrajo segundas nupcias con Rosario Murillo, unión forzada que tuvo como consecuencia la frustración y postrer huída de Rubén hacia Europa, donde conoció a la que posiblemente fue el amor de su vida, Francisca Sánchez una sencilla y analfabeta campesina, que cautivó al letrado, quien no tardó en enseñarle a leer y escribir. En esta relación procreó dos hijos de nombre Rubén Darío Sánchez, -el primero (fallecido a la edad de un año) llamado con cariño “Phocás”, el campesino; el segundo conocido como “Güicho”, su heredero universal- pero sin haberse divorciado de Rosario.

Para 1910 entró en una etapa de depresiones y excesos –sobre todo de los etílicos elíxires- hecho que provocó un severo deterioro en su salud, lo cual sumado a su trabajo excesivo –jamás cesaba de publicar poemas, ensayos, crónicas y reportajes- y viajes continuos le provocaron una terrible neumonía durante su estancia en Nueva York en una gira pacífica (1913). En 1915, huyendo de la Primera Guerra Mundial que azotaba Europa, parte con rumbo a Guatemala, pasando las Navidades con Rosario Murillo; a pesar de sus esfuerzos sus enfermedades se agravan, siendo trasladado a León en 1916 por su amigo y médico Luis Debayle. Tras someterse a dos cirugías fallece el 6 de febrero, siéndole rendidos una gran cantidad de homenajes póstumos por el Gobierno, la Universidad y la Iglesia; sus restos fueron enterrados al pie de la estatua de San Pablo en la Catedral de León.

Artífice de las letras, hábil diplomático y amante de su tierra, Rubén Darío enseñó a Latinoamérica cómo apropiarse de los avances sociales, tecnológicos y artísticos que sucedían a su alrededor; con un estilo preciso y a la vez de inigualable belleza, este Escritor se ha erigido como uno de los más grandes poetas de todos los tiempos, no sólo por su genio literario sino por su humanidad, demostrando que Rabindranath Tagore tenía razón al decir “La poesía es el eco de la melodía del universo en el corazón de los humanos”.

**Este artículo lo dedico con todo cariño a mi familia adoptiva: Doña Thelma, Jeca y Adolfo. Amiga, buen viaje y llévate estas palabras del Maestro Rubén Darío: “Ya que lejos de mí vas a estar / guarda, niña, un gentil pensamiento / al que un día te quiso contar / un cuento”. (“A Margarita Debayle”, fragmento)

 

FUENTES:

“Rubén Darío: Maestro de la Crónica”. Aut. Carlos Tünnerman Bomheim. Managua, 2001. www.elnuevodiario.com.ni

“Rubén Darío: El nicaragüense embajador de Colombia en Argentina”. Aut. Sebastián Pineda. 15 de diciembre 2007. http://www.eltiempo.com.

“Orígenes de Rubén Darío: Un abanico de versiones”. www.7dias.com.ni. No. 565. Mayo 2010.

“Miradas críticas sobre Rubén Darío”. Aut. Nicasio Urbina. www.laprensa.com.ni

 “Biografía de Rubén Darío”. Enciclopedia Encarta.

“Breve Biografía”. Secretaría de Relaciones Exteriores de Nicaragua.

www.mined.gob.ni


[i] Colección dispuesta por entregas en 1866, la cual legó su nombre a una escuela poética cuya estética se caracteriza por su forma impecable. (Souriau, Etienne. Diccionario Akal de Estética. Madrid 1998).

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