Entre las olas y el más allá: Barcos fantasma

Ilustración de "El Holandés Errante"

Por: Patricia Díaz Terés

“Vagarás sin cesar por todas las latitudes y jamás hallarás el reposo o buen tiempo. La sola visión de tu barco, que rondará hasta el fin del mundo, traerá desgracia a quien lo divise”.

Heinrich Heine. De las memorias del Sr. Schnabelewopski (fragmento)

Admiración, curiosidad, temor… Durante muchos siglos los mares y océanos que rodean a las tierras donde habita el ser humano, han generado en éste toda clase de sentimientos. Reto y barrera a la vez las temperamentales aguas siempre representan un obscuro misterio para el hombre ya que tanto su intranquila superficie como sus profundos y fríos abismos albergan hechos extraños e inexplicables.

Seguramente a lo largo de nuestra vida hemos escuchado historias fantásticas sobre espectrales seres que circundan ancestrales castillos o viejas casonas; sin embargo tradiciones y leyendas de distintos rincones del planeta también presentan como escenario de estos acontecimientos a los siete mares, surgiendo así nombres de siniestras embarcaciones como el Holandés Errante o el Palatine.

Se cuenta en cierta parte del imaginario popular –según explica Alex Muniente- que tales relatos tuvieron su origen en el sitio más improbable para situar un galeón o una fragata: el desierto. De esta manera la idea de un alma condenada a vagar eternamente por el mundo se remonta a los tiempos bíblicos de Moisés, ya que al regresar éste con las Tablas de la Ley y encontrar a su pueblo adorando al Becerro de Oro, tuvo la intención de castigar con la muerte a los responsables de tal atrocidad, comenzando con el infortunado artesano que fundió la escultura, quien respondía al nombre de Al Samiri.

Deteniendo en el último instante la mano del verdugo, el Todopoderoso decidió condenar al culpable a vagar sin descanso por el desierto, sin que pudiese jamás establecer contacto con persona alguna o encontrar sitio de reposo; parecida es la historia del zapatero Ashaver quien se negó a prestar su ayuda a Cristo mientras Él era dirigido hacia el Gólgota, por lo que aquél vagará sin destino hasta el final de los tiempos, caminando por toda la eternidad.

Así el punto de unión de casi todas estas leyendas de errabundos espíritus es precisamente el hecho de que, en vida, cometieron algún gravísimo crimen o bien tuvieron el desatino de retar a su Creador.

Tomemos como primeros ejemplos dos casos tan parecidos como famosos: El Holandés Errante y El Caleuche; situadas las narraciones en el Cabo de Buena Esperanza (Sudáfrica) y el Cabo de Hornos (Chile) respectivamente, las embarcaciones estaban a cargo de magníficos capitanes que adolecían tanto de una terrible soberbia como de una infranqueable terquedad. De este modo los marinos al querer navegar por las violentas aguas de los cabos, se atrevieron a desafiar a Dios gritando que lograrían su cometido, así tuvieran que pagar como precio su propia alma. Al parecer el diablo les tomó la palabra.

Ahora bien, al capitán del navío originalmente denominado Flying Dutchman[i] se le han encontrado varias identidades –reales- posibles. Una de ellas es un hombre del siglo XVII de apellido Vanderdecken, otra lo ubica como Bernard Fokke –aunque bajo este nombre la leyenda indica que el marinero hizo voluntariamente un trato con Satanás, ofreciéndole su alma a cambio de que le permitiese llegar a las Indias en un plazo de 90 días-; la tercera historia nombra al protagonista como Van Falkenberg, quien al quedarse atrapado en un mar sin viento decidiendo invocar a los moradores del Averno a cambio de que gestionaran en su nombre la ayuda de Eolo[ii], sin tomar en cuenta que el infernal aire llenaría el velamen eternamente.

Pero el nombre Falkenberg curiosamente aparece tanto en esta versión de El Holandés Errante como en la “leyenda del castillo de Falkenberg”, en la cual se cuenta cómo dos hermanos pelearon hace varias centurias por el amor de una dama, quedando el rechazado tan ofendido que en venganza asesinó a los amantes. Arrepentido por su acción y siguiendo el consejo de su confesor, el joven partió con rumbo al mar, donde el sacerdote le había indicado que recibiría una señal; poco tiempo pasó antes de que llegara por él un fantasmal bergantín, donde fue condenado a residir hasta el fin de los tiempos. Siendo al parecer el relato de El Caleuche una adaptación de la tradición del barco europeo, en la versión chilena el capitán Van Demien parece haber sido dejado en el transporte sudamericano por el líder del Holandés Errante; mientras que otras fuentes señalan al dios de los mares, Millalobo –de la mitología chilota- como genuino capitán de este buque maldito.

 Por otro lado, no sólo el folklore es fuente de las historias de los barcos fantasmas, sino que en algunas ocasiones la maldad de hombres comunes y corrientes parece empatarse con el mismísimo Lucifer.

Cerca de las costas de Rhode Island (E.U.A.) se encuentra la Isla de Block, testigo de un terrible suceso que provocó el surgimiento de la leyenda del buque fantasma Palatine. Cuenta la leyenda que este barco zarpó de Holanda en 1752 para transportar al Nuevo Mundo a una gran cantidad de inmigrantes; sin embargo, habiéndose amotinado la tripulación se dio muerte al capitán, tras lo cual los marinos comenzaron a pedir a los pasajeros exorbitantes cantidades a cambio de los más básicos elementos de supervivencia. Para rematar la situación, el barco comenzó a hundirse hecho que llevó a los malandrines a robar el único bote salvavidas. Ya fuera por azares del destino o a causa de provocadores de naufragios, la embarcación llegó a la Isla de Block, lugar donde los nuevos maleantes asesinaron a todos los pasajeros procediendo después a incendiar el transporte. Tan terribles crímenes provocaron la ira divina, por lo que Dios decidió que sería el destino del Palatine navegar sin descanso, recordando así a todos la maldad de los homicidas.

No obstante la realidad de una tragedia, mucho dista ésta de la historia descrita -misma que ha provocado la indignación de los habitantes de la Isla de Block-. De esta manera, la historiadora de la isla, Elizabeth Dickens, tras una profunda investigación encontró que el origen del relato está en el destino sufrido por el Princess Augusta, barco que naufragó en su isla el 27 de diciembre de 1738. Habiendo partido el navío de Rotterdam en agosto del mismo año, con rumbo a Filadelfia y llevando a bordo 350 refugiados palatinos[iii] y 14 tripulantes, 144 personas fallecieron en el trayecto –entre ellos el capitán George Long– a causa de agua envenenada –el líquido se había almacenado en barricas de vino contaminadas-.

Tras la muerte de Long quedó al mando Andrew Brook, primer contramaestre, quien tuvo a bien cobrar a los pasajeros por agua y alimento. Al llegar frente a las costas de Rhode Island alzaron sin éxito las señales de auxilio, tras este nuevo fracaso continuaron el viaje esperando llegar a su destino, lo cual fue imposible al ser la embarcación azotada por una tormenta de nieve que provocó un choque en la costa de Block Island. Una vez ahí el capitán hizo que los pasajeros abandonaran el barco dejando atrás sus pertenencias, ya que era su propósito robar cuanto le fuera posible. Por su parte los isleños, dirigidos por el predicador laico Simon Ray, ayudaron a los sobrevivientes. Tras escuchar testimonios de los sobrevivientes, se trató de proceder judicialmente contra los maleantes, pero éstos huyeron. Algunos de los náufragos permanecieron en la isla, entre ellos una mujer conocida como Long Kattern, quien convertida en supuesta hechicera –y verdadera estafadora- se asoció con un hombre llamado Mark Dodge, desequilibrado mental quien seguramente le prestó su ayuda para inventar la historia del Palatine.

Así trágicas historias fantasmagóricas abundan a lo largo y ancho de los siete mares; con parte de terrible verdad y mucho de imaginación, los barcos fantasma han sido protagonistas por igual de óperas de Richard Wagner o poemas de Pablo Neruda, cautivando a chicos y grandes, mientras nos recuerdan que tristemente el mal existe no sólo en los demonios de los infiernos o los villanos que aparecen en los cuentos, sino también en el corazón de muchos humanos que caminan por la calle y navegan por el mar.

FUENTES:

“Horizontes invisibles”. Aut. Vincent Gaddis. Ed. Diana. México, 1996

“Aventuras en los mares de Chile”. Aut. Diego Muñoz. Editorial Universitaria. Santiago de Chile, 1980.

 “Rumbo a lo desconocido”. Varios autores. Reader’s Digest. México, 1996.

“Enciclopedia de las cosas que nunca existieron”. Aut. Michael Page y Robert Ingpen. Ed. Anaya. España, 2002.

“La leyenda de los barcos malditos”. Aut. Alex Muniente. Akasico.com. Julio 2002.


[i] Nombre del Holandés Errante en inglés.

[ii] Señor de los Vientos según la mitología griega, hijo de Hípotes.

[iii] De religión protestante, eran habitantes de los distritos alemanes de los Palatinados Alto y Bajo. Fueron perseguidos por su fe en el siglo XVIII por lo que buscaron refugio en América.

5 respuestas a Entre las olas y el más allá: Barcos fantasma

  1. No puedo ver el Rss de su blog….

    Está haciendo un buen trabajo….

    • Paty Díaz dice:

      Gracias, en este momento lo verifico.
      Saludos

      • agustin dice:

        Oye paty me puedes pasar el libro “rumbo a lo desconlcido” si lo tienes te lo agradeceria que me lo pasaras pues creo que me vendria bien para mis deadoblamientos astrales . En fin gracias 🙂

      • Paty Díaz dice:

        Hola Agustín espero que te encuentres muy bien. Lamentablemente no me encuentro en posibilidad de atender a tu solicitud, debido a que el libro que usé como referencia lo tengo en físico no en electrónico, mil disculpas. Saludos.

  2. agustin dice:

    Pasenme el libro Rumbo a lo
    desconocido Relatos sobrenaturales de todos
    los tiempos. es de Reader’s digest. Por favor se lonagradecere infinitamente a quien tenga la bondad de pasarmelo por pdf o un link

    Gracias

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