Vagando hacia la perfección: Charles Chaplin (1a parte)

Charles Chaplin

Por: Patricia Díaz Terés

“Nadie podrá decir que un nido calentito y dichoso dará de sí muy grandes personas. La inadaptación a lo imperfecto es lo que mejora al hombre”.

Antonio Gala

Genio, definido por la Real Academia Española como “capacidad mental extraordinaria para crear o inventar cosas nuevas y admirables”, personificado en la realidad por un reducido número de individuos entre los cuales sin duda, dentro de muchos años todavía, aparecerá el nombre del gran Charles Chaplin.

Aunque ciertamente el cine mudo ha quedado relegado en nuestros tiempos, cuando al entrar en una sala de cine observamos en la pantalla seres representados ya no con actores de carne y hueso, sino con abstracciones virtuales con las cuales se puede transformar a la actriz Sigourney Weaver en una impresionante na’vi[1]; no se puede negar que fue en aquellos filmes en blanco y negro, protagonizados por actores como Rodolfo Valentino o Joan Crawford que no tenían a su alcance más recurso que su propia expresión corporal para transmitir al público las emociones dictadas por el guión, donde se forjaron algunas de las más grandes leyendas del séptimo arte.

Ahora, viajemos un instante hacia el pasado e imaginemos los barrios bajos del Londres de finales del siglo XIX, donde individuos comunes luchaban por sobrevivir un día más en su miserable existencia, en la que un par de peniques comprarían tal vez la única comida del día, y donde la risa y la alegría se encontraban prácticamente exiliadas.

Imaginemos también cómo el caprichoso destino situó en este extraño escenario -el 16 de abril de 1889– el nacimiento de un pequeño al que se dio el nombre de Charles Spencer Jr., hijo de un vocalista del Canterbury Music Hall, Charles Spencer Chaplin y su esposa la actriz Hannah Harriet Hill, también conocida como Lily Harley,; y cuyo talento se puso al descubierto a la muy temprana edad de 5 años cuando salió al rescate de su madre, quien durante una presentación en el Aldershot Canteen de pronto se descubrió sin voz ante un furibundo público.

La simpatía y talento del chiquitín –a Charles le llamó la atención el teatro desde el momento en que su mamá representó en su casa, para entretenerlo, escenas de la vida diaria de las calles londinenses de la que él se veía privado al tener que permanecer en cama, debido a una enfermedad- conquistaron inmediatamente a los asistentes, quienes lejos de abuchearlo –como anteriormente le había sucedido a su progenitora- comenzaron a lanzarle monedas al escenario, entusiasmados por el espectáculo.

Sin embargo la fama no es una dama de rápido cortejo, ya que Chaplin tuvo que comenzar su camino desde el más bajo escalafón, haciendo algunas representaciones con su hermano Sydney –nacido en 1888 de padre desconocido- a la salida de los bares; a la vez que ambos luchaban férreamente contra la enfermedad mental de su madre –algunas fuentes indican que probablemente fuese provocada por un avanzado estado de sífilis[2], otros mencionan la esquizofrenia[3]-, quien además había tenido otro hijo en 1892George Wheeler Dryden– fruto de un amorío sostenido con el actor Leo Dryden, mientras su marido se encontraba en una gira por Estados Unidos, hecho que llevó a la separación del matrimonio.

No obstante, los Chaplin distaban de ser una pareja feliz antes de la infidelidad de Hannah, ya que el padre era un alcohólico que solía tener violentos arranques, razón por la cual nunca fue demasiado cercano a sus hijos; incluso, después de que su ex esposa fuese internada en un sanatorio –circunstancia que se repetía con frecuencia- toda la familia vio como un suplicio –tal vez mayor que el orfanato de Hanwell School– la sentencia del juez, según la cual Sydney y Charlie debían ir a vivir con su padre durante un tiempo, ya que el hombre dado a los etílicos placeres compartía ya su vida con una mujer de gustos similares y tenía otro vástago.

Tan terribles condiciones hubiesen servido para convencer a cualquiera de que su destino sería poco menos que funesto, pero ciertamente Charles Chaplin no era cualquiera.

Así, lejos de dejarse vencer los hermanos fueron abriéndose camino por el mundo de los salones de música y los vodeviles de Londres haciendo de payasos, acróbatas o titiriteros, de tal forma que Charles llegó a formar parte a los 9 años de un grupo de bailarines conocido como “The Eight Lancashire Lads”; poco después, cuando era un adolescente de 14 años actuó como personaje secundario junto a William Gillette en la obra “Sherlock Holmes”, consiguiendo luego gracias a su hermano un sitio como cómico en la Fred Karno Repertoire Company, con quienes logró ir de gira a los Estados Unidos en 1910, regresando nuevamente a tierras americanas en 1912 –algunas fuentes aseguran que fue en 1913- esta vez al grito de “¡América, voy a conquistarte!”… y así lo hizo.

Fue en el año que comenzó la Primera Gran Guerra[4] cuando el productor y director de cine Mack Sennett fijó su atención en ese perfeccionista muchachito inglés, a quien decidió fichar para la casa productora Keystone, donde Chaplin iniciaría su extraordinaria carrera –actuó en 82 filmes, dirigió 76, escribió 62 y produjo 36-.

Ahora bien, tan impresionante producción fue posible gracias a la brillante idea que tuvo el actor en el momento que, al pedirle Sennett que improvisase un personaje aquel 2 de febrero de 1914, se le ocurrió tomar del cuarto de vestuario unos pantalones demasiado anchos y largos, unos grandes zapatos, un sombrero de bombín y un bastón para crear a uno de los íconos más representativos del cine mudo: Charlot; cuya primera aparición fue en la película Carreras Sofocantes dirigida por Henry Lehrman.

En 1915 deseando librarse del control de Mack, decidió cambiarse a la casa productora Essanay Studios, con la cual realizó las dos películas que lo catapultaron a la cima: Charlot el Vagabundo (1915) y El Chico (1921) –actuando en esta última con Jackie Coegan de 8 años, quien interpreta al entrañable personaje de un niño al que Charlot rescata cuando está a punto de ser enviado al reformatorio-; el éxito alcanzado se debió sin duda a que los estudios tomaron la acertada decisión de confiar en la capacidad de Chaplin, concediéndole así gran libertad para producir y dirigir sus cintas, hecho que a su vez le permitió al británico sentar las bases del conocido “cine de autor”, encargándose de todos los aspectos de la película que iban desde el guión hasta la dirección de arte y la edición.

Así, el perfeccionista carácter de Chaplin comenzó a demandar cada vez mayor control sobre sus creaciones –ya que no se encontraba satisfecho hasta no ver en pantalla exactamente aquello que su prodigiosa imaginación le mostraba-, esto le llevó a reunirse con algunos de los actores más famosos de la época con el fin de emprender una aventura cinematográfica que, eventualmente, lo llevaría a obtener el máximo galardón del cine norteamericano de la época, el Premio de la Academia (Óscar); esto mientras sorteaba los conflictos legales y publicitarios ocasionados por una tormentosa vida sentimental, temas que trataremos con el debido detenimiento en la siguiente entrega de esta columna, no sin antes recordar una frase de Napoleón Bonaparte que bien puede aplicarse al caso del cineasta: “Si la perfección no fuese quimérica, no tendría tanto éxito”.

Para conocer:

The Kid (1921): http://www.youtube.com/watch?v=qNseEVlaCl4

Kid Auto Races at Venice -Carreras  (1914): http://www.youtube.com/watch?v=pQH0j2Ofqkg&feature=related

FUENTES:

“El Cine”. Ed. Larousse. Barcelona 2002.

 “Películas Míticas: El Chico”. Revista Acción No. 42. España, 1992.

“Chaplin”. Aut. Eva Melús. Historia y Vida No. 481. España, 2008.

“Amor en silencio”. Editor Ruy Xoconostle Waye. Historia del Cine, Conozca más. México, mayo 2008.

“Carlitos Escritor”. Aut. Jorge Farías. www.lamaquinadeltiempo.com

“Chaplin & Music”. www.charliechaplin.com

“Overview of his life”.  www.charliechaplin.com

www.imdb.com/  


[1] En la película “Avatar” dirigida por James Cameron (2009)

[2] Weissman, Stephen M. M.D. “Charlie Chaplin’s film heroines”. Film History, Vol. 8 No. 4 (1996).

[3] Melús, Eva. “Chaplin”. Revista Historia y Vida No. 481. (2008)

[4] Primera Guerra Mundial (1914 – 1918)

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