Madame Pompadour: La gracia de la inteligencia (Parte II)

Madame Pompadour

 

Por: Patricia Díaz Terés

“La envidia es causada por ver a otro gozar de lo que deseamos; los celos, por ver a otro poseer lo que quisiéramos poseer nosotros”.

Diógenes Laercio

Cuando el rey de Francia Luis XV posó sus ojos en Jeanne-Antoinette d’Étiolles aquella fría noche de febrero de 1745, posiblemente pensó que efectivamente se encontraba ante la personificación de la diosa Diana, como el disfraz de la dama indicaba. Graciosa, inteligente y elocuente, la que sería marquesa de Pompadour conquistó no sólo el corazón de un rey sino también su pensamiento.

Acostumbrado a una vida licenciosa, Luis XV frecuentaba desde joven a varias damas con quienes compartía el lecho pero no su persona; así fueron varias señoritas las que ostentaron el título de “Favorita”, pero sin duda ninguna tuvo la habilidad de Madame d’Etiolles para retener la atención del soberano.

Habiendo conseguido ser acogida en la corte gala por su real amante, la señora fue colocada en unos pequeños aposentos situados precisamente arriba de la habitación de Luis, de esta manera, los enamorados podían disfrutar de una intimidad prácticamente imposible en el Palacio de Versalles.

Pero hemos de recordar que las damiselas hermosas no escaseaban en los palaciegos pasillos, por lo que Jeanne debió trabajar duramente en su refinamiento ya que, aunque tenía una vasta cultura general, desconocía por completo los protocolos y maneras empleados por los cortesanos; para llevar a cabo tal empresa le fue designado como “tutor” el duque de Gontaut, elegante caballero y amigo íntimo del soberano, para que la instruyera en las ceremonias y modales versallescos. De esta forma, la nueva maîtresse en titre[1] tuvo que aprender en 5 meses –tiempo que Luis XV pasó en el frente de batalla en Flandes– los pormenores de un comportamiento que a otras mujeres les había tomado una vida adoptar.

Gracias a ciertas características destacables de la fémina como su férrea disciplina, tenacidad y autocontrol, así como su fuerte tendencia a la reflexión y a la prudencia, Pompadour salió airosa de semejante reto –aunque en algunas ocasiones el protocolo se rindiese ante su natural y candorosa espontaneidad, siendo la mayor parte de las veces disculpada por los reyes-.

La separación geográfica hizo que la llama entre los amantes se convirtiera en un fuego constante, mismo que era prestamente alimentado por las misivas enviadas por Le Bien-Aimé[2] -las cuales eran redactadas por orden de éste bajo la pluma del abate de Fernis-.

No obstante, como toda pasión que surge cual sorpresiva llamarada, todos preveían para ésta un rápido y rotundo final, mismo que Madame de Pompadour no estaba dispuesta a tolerar –si bien siempre estuvo temerosa por este posible desenlace-; por tal motivo y debido a que el gobierno del reino agobiaba pesadamente a Luis XV, era la misión de Reinette luchar contra el terrible ennui –tedio- que constantemente asediaba al monarca. Se dice que este aburrimiento era asociado por su majestad con el fallecimiento de su familia –en una sola semana sus padres y hermano habían muerto víctimas de la difteria, de la cual fue salvado por su niñera, quien se negó terminantemente a que el infante fuese tratado por los médicos-, y por lo tanto le causaba una terrible nostalgia.

Este taciturno estado de ánimo debía ser creativamente combatido por Jeanne, quien inventaba toda clase de diversiones y distracciones para su voluble amante –una de las actividades favoritas de Luis era contemplar la construcción de las obras arquitectónicas-; sin embargo una de las estratagemas más exitosas fueron los petits appartaments, cenas de carácter exclusivo en las cuales participaban únicamente aquellos que eran cuidadosamente elegidos por la Favorita, entre quienes se encontraron el duque de Croÿ y Voltaire –quien fue nombrado historiógrafo real-, entre otros.

De esta forma, poco a poco la dama fue introduciendo al rey en la mentalidad de la Ilustración, mostrándole las ideas de filósofos como Rosseau, Diderot o D’Alembert, logrando incluso que se publicara la Enciclopedia, misma que había sido amenazada por la censura del llamado “partido devoto” –dirigido por el Delfín-, debido a que en ella se cuestionaba el origen divino de la monarquía absoluta.

Y es así como se muestra el verdadero talento de la ingeniosa Madame Pompadour, ya que mientras organizaba con diligencia las exclusivas representaciones teatrales conocidas como théâtre des cabinets, en las que empleaba piezas de escritores como Moliére y otros que permanecieron anónimos hasta que la joven los tomaba bajo su protección; sin embargo el verdadero escenario en el cual tenía que desempeñarse Jeanne-Antoinette era el propio Versalles, donde diariamente debía luchar –de manera muy discreta- contra los ataques de la familia real, ya que tanto el príncipe heredero como sus hermanas la detestaban, llamándola despectivamente “madame putain”, teniendo ella que soportar los insultos y sonreír.

A los hijos del rey se unían numerosos ministros y cortesanos que odiaban fervientemente a la dama del gobernante, ya que ella había demostrado tal habilidad que poco a poco consolidó su poder sobre las decisiones de Luis XV, trascendiendo así al papel regular de maîtresse en titre para ejercer influencia en todo tipo de asuntos –teniendo tristes resultados estas acciones tanto en la Guerra de Sucesión Austriaca como en la Guerra de los Siete Años[3]-.

Por otro lado, tal vez lo más destacable en la persona de Madame de Pompadour fuese que el dominio que tenía sobre el corazón y la mente del rey no estaban fundamentados en la cama –de hecho se sabe que Jeanne nunca fue ni muy hábil ni muy cooperativa en dichos menesteres-; muy por el contrario, cuando las relaciones íntimas entre los amantes concluyeron en 1751 –hecho provocado por la débil salud de la señora, debida al padecimiento de tuberculosis– fue cuando el lazo de amistad se reforzó de una manera que asombró a los cortesanos, quienes vieron estupefactos cómo era la propia Favorita quien elegía cuidadosamente a las compañeras esporádicas de Luis XV, a quienes emplazaba en una casa conocida como Parc-aux-cerfs, para trasladarlas en oportunas ocasiones a las habitaciones –conocidas por los allegados como trébuchet (trampa para pájaros)- de un leal sirviente del monarca de nombre Le Bel,

Sin embargo, a pesar de que la ex Madame d’Étiolles sabía perfectamente el grado y naturaleza del afecto que por ella profesaba el rey, después de que éste sufriera un atentado en 1757 de manos de un antiguo soldado de su ejército, sufrió un miedo terrible de ser desterrada de la Corte, ya que su antiguo amante era presa de crueles remordimientos; pero tan volubles como eran sus reales emociones, muy pronto volvió el Bien Amado a los brazos de su confidente.

Fallecida el 15 de abril de 1764 –cuando era una hermosa mujer de 43 años-, el que había sido amante, confidente y amigo de tan notable fémina sólo pudo decirle adiós a la distancia, desde un balcón, ya que el protocolo que tanto lo había agobiado durante toda su relación, ahora le impedía acudir al funeral de su bien amada. Generosa, dulce, graciosa, elegante, ingeniosa e inteligente, una mujer que fue calificada también como astuta, fría y calculadora por sus detractores, Madame Pompadour supo conservar el cambiante corazón de Luis XV, pudiendo tal vez ambos encarnar de cierta forma las palabras del escritor español Gregorio Marañon: “Cada hombre lleva un fantasma de mujer, no en la imaginación que entonces sería más fácil de expulsarle; sino circulando en su sangre (…).” 

FUENTES:

“Las Cortesanas”. Aut. Susan Griffin. Ed. Vergara. Barcelona, 2003. 

“Amantes y Reinas”. Aut. Benedetta Craveri. Fondo de Cultura Económica. Ediciones Siruela. México, 2008. 

“La mujer más encantadora de Francia”. Aut. Jesús Villanueva. Revista Clío No. 20. Junio 2003.  

“Madame de Pompadour”. Aut. Ana Echeverría. Revista Historia y Vida No. 482. 2008 

“Madame de Pompadour”. Aut. Ana Echeverría. Revista Historia y Vida No. 420. 

“Mujer Iluminada”. Aut. Guadalupe Loaeza. Periódico Reforma, México, 29 de febrero 2004. 


[1] Título que se le daba a la Favorita.

[2] El Bien Amado, sobrenombre que se le dio a Luis XV.

[3] Conflicto bélico en el cual Francia y Austria se aliaron para combatir a los prusianos e ingleses, terminando la guerra en total derrota para los galos, quienes perdieron todas sus colonias en África, India y América del Norte.

5 respuestas a Madame Pompadour: La gracia de la inteligencia (Parte II)

  1. Ana Echeverría dice:

    Muchas gracias por citar mis artículos como fuente🙂. ¡Un abrazo!

    • Paty Díaz dice:

      Hola Ana, gracias a ti, tu trabajo es extraordinario y ha sido un honor para mí el que hayas comentado en este espacio. Un abrazo también para ti. =)

  2. […] Actualizados : Madame Pompadour: La gracia de la inteligencia (Parte II) Madame Pompadour: La gracia de la inteligencia (Parte I) Cuando las musas confabulan: Jorge Negrete […]

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