Virginia Woolf: Una inestable literata incomprendida

Nicole Kidman interpreta a Virginia Woolf en la película "Las Horas" (2002)

Por: Patricia Díaz

“Los seres más sensibles no son siempre los seres más sensatos”.

Honoré de Balzac

Una de las características del genio es una mente diferente a la del común de los mortales. Así, los grandes músicos, pintores, literatos, científicos y demás han soportado en su interior tanto los problemas de la vida cotidiana, como aquellos generados por esa vocación inexcusable que los lleva por caminos nuevos o muy poco transitados.

Ahora bien, han existido algunos quienes además de estas cualidades han presentado algún tipo de desorden mental, como fue el caso de Adeline Virginia Stephen, quien actualmente es conocida a lo largo y ancho del mundo como Virginia Woolf.

Dama polémica e independiente, su vida fue una existencia atribulada, cuyos problemas no residieron, como en el caso de muchos otros hombres y mujeres que dejaron su huella en la vasta historia de la literatura, en asuntos de índole monetario; sino más bien en su propia personalidad.

Habiendo nacido en una familia de buena posición, formada por el matrimonio conformado por Sir Leslie Stephen y Julia Prinsep Jackson –quien llevaba al momento del enlace con el distinguido señor Stephen el apellido Ducksworth, de su primer marido-, aquella a quienes sus hermanos apodaban “la cabra”, nació un 25 de enero de 1882 en Londres siendo la tercera de cuatro hermanos.

De este modo Virginia creció en compañía de Vanessa, Thoby y Adrian, siendo todos ellos educados en casa por renombrados tutores, siendo numerosas las residencias de los Stephen, la favorita de la novelista fue la casa de verano Tallant House en St. Ives, Cornwall –que utilizó como inspiración para obras como Jacob’s Room (1922), To the Lighthouse (1927) y The Waves (1931)-.

La señorita Stephen sintió así el llamado de las letras a muy corta edad, de modo que editaba un periodiquito llamado “The Hyde Park Gate News”, en el cual trabajó hasta que cumplió 13 años, momento en que al morir su madre sufrió la primera de sus graves crisis nerviosas que la empujaban sin piedad a terribles periodos de depresión.

Siendo parte de un núcleo familiar sumamente conservador, dirigido por Sir Leslie, dogmático caballero inglés, Adeline no pudo ver aplacados sus deseos de entrar en la universidad para continuar su educación, tal y como habían hecho sus hermanos varones al entrar a Cambridge; ni siquiera tuvo la posibilidad de emprender camino en la instrucción alternativa como su hermana Vanessa, quien se inscribió en una academia de Arte para estudiar pintura, con el expreso desacuerdo de sus progenitores.

De esta manera, la escritora optó por ser autodidacta, explotando a su antojo la extraordinaria biblioteca que poseía su padre –quien fue un destacado crítico e historiador de la literatura y primer editor de The Dictionary of National Biography-, leyendo sin descanso todo tipo de obras que iban desde ensayos hasta ricas novelas.

Encontrando solaz en las páginas, su vida real era bastante dolorosa, ya que al vacío dejado por su madre se unió muy pronto la amenaza que representaba su hermanastro George Ducksworth, quien optó por incluirse en la familia Stephen y hacer la vida miserable a la jovencita, ya que requería de ella incestuosas actividades que ella por supuesto aborrecía –esta situación continuó hasta que ella cumplió 20 años-.

Para 1904 falleció su padre, sumiéndose ella en un estado que su sobrino y biógrafo Quentin Bell describió como “locura de todo un verano”; en diciembre del mismo año comenzó a publicar críticas literarias en el diario The Guardian, siendo la primera de ellas acerca de The Son of Loyal Langbrigh de William Dean Howells, estas piezas estaban realizadas con la sapiencia y frescura que caracterizaron su estilo temprano.

Tras las tragedias familiares, los hermanos se reubicaron en Gordon Square en Bloomsbury, donde Thoby tenía por costumbre invitar a sus antiguos compañeros de Cambridge, quienes eran a la sazón un grupo de intelectuales con ideas revolucionarias que pronto fascinaron a la joven Virginia –quien escribía entonces para The Times Literary Supplement-, entre los que se encontraban Duncan Grant, Roger Fry, J.M. Keynes y por supuesto Leonard Woolf.

Con tanta avidez por la diversión como por las ideas, se cuenta que hubo una ocasión en que el Grupo de Bloomsbury –nombre que se dio a Thoby y sus amigos- tuvo a bien llamar al Ministerio de Relaciones Exteriores para dar aviso de una supuesta visita por parte de un sheik de un emirato árabe inventado; cayendo por entero en la broma, los agentes del ministerio invitaron al supuesto sabio a un gran almuerzo al cual se presentaron los amigos disfrazados con túnicas, babuchas y kefihyes, teniendo el honor de interpretar al distinguido y ficticio sheik la propia Virginia quien para la ocasión usaba unos grandes bigotes de utilería –el Ministerio se dio cuenta por supuesto de la farsa…días después-.

Por otra parte el destino tuvo a bien dar otro revés a la familia Stephen, cuando Thoby falleció en 1906 al concluir un viaje por Grecia; la impresión que sufrió entonces la literata fue agravada por la perspectiva de alejarse de su amada hermana Vanessa, quien por esos días anunció su compromiso con Clive Bell, hecho que llevó a Virginia y a Adrian a trasladarse a Fitzroy Square.

Ya en este momento, el corazón del brillante Leonard Woolf había quedado capturado por la inestable Virginia, atreviéndose él a pedir su mano en enero de 1912, aceptando ella hasta mayo, debido a que tenía considerables dudas sobre el matrimonio –se le relacionó luego sentimentalmente con algunas mujeres, siendo la principal Vita Sackville-West-.

No obstante, en poco tiempo Leonard se mostró como un marido comprensivo, devoto y afectuoso, dedicando a su esposa una gran cantidad de tiempo y ayuda. Habiendo Mrs. Woolf realizado su primera incursión en el mundo literario serio en 1908 con una obra de teatro titulada Melymbrosia –que se transformó en la novela The Voyage Out, su esposo decidió montar una imprenta –Hogarth’s Press, que él dirigió hasta su muerte en 1969- para evitar a su mujer la presión de las casas editoriales.

Poco a poco y con una gran constancia, Virginia Woolf le dio forma a varias grandes obras –solía sentarse a solas en su habitación para escribir-, siendo la principal –para la mayoría de los críticos- To The Light House, sin que deban dejarse de lado algunas otras como Mrs. Dalloway (1925) –considerada como una de las novelas más atrevidas sobre los efectos de la Primera Guerra Mundial-; en las cuales uno de los rasgos principales es la manera como logró hacer que situaciones cotidianas se reflejaran en un amplio espectro de emociones y sentimientos albergados por los distintos personajes.

En este sentido, fue junto con James Joyce (Ulises, 1922) y Thomas Stearns Elliot (Murder in the Cathedral, 1935), víctima de severas críticas –las cuales eran sufridas con agonía por la autora, ya que consideraba a sus escritos como parte de sí misma, como si fueran sus hijos-, llegando a ser calificados como ineptos; sin embargo tales oprobios no encontraron eco en la sociedad, transformándose los tres en los precursores de un nuevo estilo de escritura en Gran Bretaña.

Terminando su vida triste y dramáticamente, sumida en profunda depresión Virginia abandonó a Leonard y a su amada literatura un 28 de marzo de 1941, terminando su agobiada existencia en el río Ouse al cual entró, para morir, con piedras en los bolsillos, demostrando que Leonardo Da Vinci tuvo razón cuando dijo: “Donde hay más sensibilidad, allí es más fuerte el martirio”. 

FUENTES:

“Three dramas of emocional conflict”. Aut. Edna O’Brien. The New York Times. 3 de marzo 1985.

“Virginia Woolf: Del laberinto a la luz”. Aut. Sergio Pitol.  Periódico La Nación. México, 16 de febrero 1993.

“The voyage in”. Aut. Claudia Roth Pierpont. The New York Times Magazine. 1996.

“Virginia Woolf y la multitude: Ese lobo feroz”. Aut. Marta Blanco. El Periodista No. 33. 31 marzo 2003.

“Virginia Woolf, ¿bipolar?” Periódico El Universal. México. 26 de enero 2010.

“Virginia Woolf”. Aut. Traducción de Teresa López Rodríguez. Universitat de València Press. Adaptada de la información de H.W. Wilson Company Inc.

“Virginia Woolf, una víctima de su tiempo”. Aut. Fernando V. Espinosa. www.ciudadanas.org

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