Las vicisitudes del águila: Charles Lindbergh I

Charles Lindbergh y su avión "Spirit of St. Louis"

Por: Patricia Díaz Terés

“Una aventura es, por naturaleza, algo que nos sucede. Es algo que nos escoge a nosotros, no algo que nosotros escogemos”.

Gilbert Keith Chesterton

En su afán por conquistar su entorno, algunos destacados individuos a lo largo de la historia de la humanidad se han lanzado a la aventura para atravesar los continentes, cruzar los siete mares e incluso llegar al espacio; en estos logros, muchos han sido los valientes que han sentido tan peculiar llamado, pero pocos los elegidos para ser los primeros en llevar a cabo las hazañas imaginada; tal es el caso del piloto norteamericano Charles Lindbergh, el primero en atravesar el Océano Atlántico a bordo de una aeronave.

Apenas comenzaba el siglo XX cuando en 1902 en la ciudad de Detroit, Michigan, nacía Charles Augustus Lindbergh Jr., hijo de un par de inmigrantes suecos que respondían a los nombres de Charles Augustus Lindbergh Sr. y Evangeline Lodge Land, quienes observando a su pequeño bebé tan sólo unos meses después en su residencia en Minnesota, jamás pensaron que su vida entera estaría irremediablemente dictada por un suceso acontecido el 17 de diciembre de 1903, momento en que los hermanos Wilbur y Orville Wright lograron emprender el vuelo, por primera vez en la historia de la humanidad, sobre una rústica aeronave de nombre “Flyer”,.

De este modo, Charles creció en estrecho contacto con la naturaleza en la propiedad que poseían sus padres al sur de Little Falls, MN[i]; pero no dentro de un ambiente familiar estable, ya que poco tiempo después de que su progenitor fuese elegido como Congresista por el estado de Minnesota en 1907, el matrimonio Lindbergh decidió separarse el mismo año en que su pequeño hijo ingresó a la escuela –el niño tenía entonces ya casi 8 años-.

Así, el espíritu libre y aventurero que desde pequeño caracterizó a Lindbergh, provocó que su estancia en las aulas fuera para él un auténtico tormento, del cual únicamente encontró algún alivio en la lectura de una historieta publicada en la Everybody’s Magazine llamada Tom el Veloz, cuyo protagonista era un osado y atractivo piloto; de igual manera, durante la Primera Guerra Mundial leyó con frecuencia los diarios con la única intención de actualizarse sobre las maniobras de los primeros ases de la aviación como Rene Fonck, Manfred von Richthofen –el Barón Rojo– o Eddie Rickenbacker.

Interesado también en el aspecto mecánico de los aparatos voladores decidió inscribirse a sus 18 años en la Universidad de Wisconsin, con el objetivo de convertirse en un ingeniero, hecho que no se concretó debido a su deserción tan sólo un par de años después, antes de que lo expulsaran.

En 1922 la familia Lindbergh se trasladó a la ciudad de Lincoln en Nebraska, donde ingresó en la Ray Page’s Flying School donde el 9 de abril de tal año subió por primera vez a un aeroplano, teniendo que sortear varios obstáculos como el hecho de que su instructor de vuelo, llamado Ira Biffle “Biff”, tenía un terror irremediable a encontrarse lejos del suelo -ya que su mejor amigo se había matado recientemente en un accidente aéreo- además de que el avión en el que entrenaba fue vendido en poco tiempo a Erold Bahl, un aviador con intenciones de convertir el pilotaje de aeronaves en una profesión respetable.

Convirtiéndose en el asistente de Bahl ingresó en el mundo del espectáculo aéreo, de manera que mientras averiguaba cada vez más sobre el funcionamiento de los aviones, se entrenaba para las más arriesgadas acrobacias, llegando a trepar por una de las alas del avión en pleno vuelo para saludar a la atónita multitud y aprendiendo a saltar en paracaídas con gran pericia.

Al tiempo que realizaba todas estas increíbles actividades, Charles ahorraba para comprarse su propia aeronave, invirtiendo de esta manera todo su capital en “Jenny”, un biplano modelo Curtiss JN4-D que tenía una dudosa reputación por ser un aparato lento, poco potente y, para rematar, sin frenos.

En 1924 nuestro intrépido protagonista decidió que la mejor manera de adentrarse más en el apasionante mundo de la aviación era ingresando en el Ejército, por lo que en 1924 se unió a la escuela de entrenamiento del Servicio Aéreo de la Armada en San Antonio, TX[ii], donde aprendió navegación, meteorología y aerodinámica.

Tras terminar su instrucción un año después, se trasladó a St. Louis, MO[iii], en donde ingresó a la Robinson Aircraft Corporation, cuyos dueños William B. y Frank Robinson –ambos aviadores veteranos de la Primera Guerra Mundial-, contrataron a Lindbergh como Piloto en Jefe para la compañía de servicio postal aéreo –este trabajo estaba considerado de muy alto riesgo, tras la muerte de 31 pilotos en terribles accidentes-, ya que había desarrollado de manera tal sus habilidades que se había convertido en un piloto verdaderamente admirable y seguro.

Fue así como esta misma seguridad lo empujó a competir por el premio que ofrecía el empresario hotelero Raymond Orteig –dueño de los hoteles Brevoort y Lafayette en Nueva York-, el cual consistía en 25 mil dólares que serían entregados al primer individuo que cruzara el Océano Atlántico sobre una aeronave sin hacer escala alguna; de esta forma, mientras que el valor requerido para tal empresa no era problema para Lindbergh, no sucedía lo mismo con los recursos económicos, hecho que lo llevó a visitar numerosas compañías en las cuales buscaba un avión adecuado tanto mecánica como monetariamente, siendo su meta conseguir el Wright Bellanca que estaba en posesión de la Wright Aeronautical Corporation.

De esta manera, para conquistar el espacio aéreo del Atlántico, Charles encontró ayuda en el Director de la Cámara de Comercio de St. Louis, Harold Bixby, quien contribuyó con 15 mil dólares para la compra del aeroplano –el cual desde el punto de vista del experto piloto debía tener un solo motor y no tres como “todo el mundo” decía-.

Varios intentos –a veces catastróficos, ya que aviadores como Noel Davis, François Coli, Stanton H. Wooster y Charles Nongesser perdieron la vida- habíanse hecho ya para lograr tal hazaña –de hecho poco antes del inicio de la primera Gran Guerra el propietario del diario británico Daily Mail, Lord Northcliffe, había ofrecido 10 mil libras esterlinas como recompensa del reto- antes de que Charles Lindbergh Jr. despegara sobre el “Spirit of St. Louis” –un monoplaza construido finalmente por la Ryan Airlines Corporation de San Diego, CA[iv], que tenía un motor Wright Whirlwind J-5C- del aeródromo Roosevelt de Nueva York a las 07:52 hrs. del 20 de mayo de 1927.

Sin embargo, donde los otros fracasaron el minucioso norteamericano triunfó. Habiendo empleado infinidad de horas en la selección de las rutas de vuelo, la distribución del combustible y el equipaje, e incluso en el diseño de su propia indumentaria –llevaba ropas abrigadoras, impermeables y a la vez ligeras-, Charles logró hacer los cálculos perfectos, de manera que cual héroe triunfante, aterrizó en el aeródromo de Le Bourget al norte de París a las 22:24 hrs. del día 21 de mayo, siendo recibido por una ruidosa multitud conformada por 150 mil almas que lo aclamaban sin cesar en un idioma que a los oídos del temerario piloto sonaba tan melodioso como indescifrable.

Así hemos llegado a la cúspide de la fama en la vida de un valiente piloto, cuya existencia estuvo llena en lo sucesivo de pesares y lecciones, mismas que repasaremos en la próxima entrega.

FUENTES:

“El Águila Solitaria”. Aut. Charles Lindbergh. Ed. Cumbres S.A. México, 1954.  

“Charles Lindbergh: Pilot”. Aut. Lucia Raatma. Ed. Ferguson Publishing Comany. E.U.A, 2000. 

 “Charles Lindbergh: El Señor del Aire”. Aut. Carles Padró Sancho. Revista Historia y Vida No. 486. 2008 

“Historia de los aviones y pilotos que cruzaron el Atlántico”. Aut. Miguel Ángel Cuevas Guinto. http://www.suite101.net  Junio 2010. 

“The Spirit of St. Louis”, “Air Mail Maverik”, “Daredevil Lindbergh and his Barnstorming Days”. www.pbs.org


[i] Minnesota.

[ii] Texas.

[iii] Missouri.

[iv] California.

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