Las vicisitudes del águila: Charles Lindbergh II

James Stewart interpreta a Charles Lindbergh en "The Spìrit of St. Louis" (1957)

Por: Patricia Díaz Terés

“Quizá haya enemigos de mis opiniones, pero yo mismo, si espero un rato, puedo ser también enemigo de mis opiniones”.

Jorge Luis Borges

33 horas, 30 minutos y 30 segundos fue el tiempo que le tomó al piloto norteamericano Charles Lindbergh atravesar el Océano Atlántico sobre el “Spirit of St. Louis”, logrando así por fin llevar a cabo el primer vuelo trasatlántico de la historia, hazaña que había sido retrasada por diversos “contratiempos” entre los que estaban los decesos de valientes pilotos y una Guerra Mundial.

Así, aquel 21 de mayo de 1927 Lindbergh ganó el Premio Orteig, pero también logró su lugar en la historia como héroe, hecho que en la posteridad no lo hizo demasiado feliz. Habiendo sido recibido con honores por el presidente francés Gaston Doumergue en París, a su regreso a los Estados Unidos se encontró con una flota de barcos y aviones de guerra que escoltaron hasta su arribo al puerto; recibiendo posteriormente del presidente Calvin Coolidge la Cruz de Vuelo.

Su logro sin precedentes tuvo como consecuencia una cascada de propuestas de trabajo de diversa índole, siendo empleado por el Gobierno en varias misiones, realizando en una de ellas una travesía aérea a través de varios países de América Latina a manera de “embajador de buena voluntad”.

En diciembre de 1927 otro hecho significativo marcó su vida, al recibir una invitación del embajador norteamericano en México, Dwight Morrow para visitarlo. El pueblo mexicano lo recibió con honores, asistiendo al evento cerca de 150 mil personas –durante su estancia pilotó el primer vuelo en la historia de Mexicana de Aviación, teniendo entre sus pasajeros a Plutarco Elías Calles[1] y a Álvaro Obregón[2]-, entre las cuales se encontraba una encantadora jovencita de 21 años de nombre Anne Spencer Morrow.

Lindbergh se había caracterizado hasta el momento por haberse entregado en cuerpo y alma a su aérea aventura, motivo por el cual el contacto con las damas no había sido para él demasiado importante; sin embargo, pocos hombres atraen tanto a las féminas como los valientes y arrojados pilotos que se lanzan hacia lo desconocido. De este modo, tras el vuelo a París, recibió miles de cartas y telegramas en las que cautivadas mujeres le otorgaban su mano en matrimonio, en caso de que él estuviese interesado.

Habiendo hecho caso omiso de su espontánea popularidad entre señoras y señoritas de la época, no pudo hacer lo propio cuando conoció a la hija del embajador Morrow. Hermosa e inteligente, Anne conquistó al instante el corazón y el pensamiento de Charles, ya que se trataba de una de esas escasas personas que tienen un espíritu tan calmo como temerario, siendo por tanto el complemento perfecto para el aviador. Compartiendo gustos y expectativas, ella se propuso apoyar en todo a su enamorado e involucrarse tanto como le fuera posible en sus actividades, incluso recibiendo de él lecciones de vuelo.

De esta manera la pareja contrajo matrimonio en una sencilla ceremonia que se llevó a cabo el 27 de mayo de 1929 en la propiedad que tenían los Morrow en Englewood, Nueva Jersey, engendrando su primer hijo sólo un año después, naciendo así Charles Lindbergh III –tuvieron en total seis vástagos-.

No obstante, la vida no es un cuento de hadas y en el caso de los Lindbergh se transformó en una terrible pesadilla cuando en 1932 el pequeño Charles fue secuestrado de su cuna. El piloto y su esposa cumplieron con todas las demandas de los criminales; sin embargo el pequeño fue asesinado, supuestamente por un tal Bruno Hauptmann, carpintero de origen alemán quien fue sentenciado a muerte.

Huyendo de la prensa y el escándalo el matrimonio se trasladó a Europa –vivieron en Inglaterra y Francia-, yendo a parar en Alemania durante el pleno apogeo del gobierno Nazi. Seducidos por la falacia montada por este partido, Lindbergh llegó a asesorar a los pilotos de la Luftwaffe y fue condecorado con la Cruz de Servicio del Águila Germana por el mismísimo Adolph Hitler mientras Anne publicó en 1940 un libro titulado “The Wave to the Future”, que contenía inequívocas opiniones pronazis. Tal fue la fascinación que el régimen ejerció sobre que llegaron a planear su asentamiento definitivo en la nación germana, proyecto que se vino abajo tras la Kristallnacht[3] de 1938.

De regreso a los Estados Unidos, Lindbergh difundió la fuerza del ejército alemán y emprendió una campaña en contra de la intervención norteamericana en la Segunda Guerra Mundial. Esta opinión le acarreó la antipatía de sus compatriotas, siendo así eclipsada la fama que había adquirido con sus logros aéreos –en 1934 recibió la Medalla de Oro Hubbard de la National Geographic Society por haber recorrido 40 mil millas de vuelos de exploración por los cinco continentes, viajes en los que había llevado como copiloto de confianza a su mujer- y acarreándole también una prohibición por parte del presidente Franklin D. Roosevelt para participar como piloto de la Fuerza Aérea Norteamericana.

Pero el valor del aviador y su conciencia patriótica no lo habían abandonado, de modo que encontró la forma de tomar parte en misiones civiles, además de trabajar hombro con hombro con Henry Ford en la fabricación del bombardero B-24, logrando además convencer a la Aviación Americana para que lo enviara como observador al frente del Pacífico, donde voló en más de 50 misiones de combate, logrando derribar un caza enemigo en una de ellas.

En 1945 la guerra terminó. Habiendo fungido como aventurero y piloto de guerra, y habiendo también recuperado algo de su anterior prestigio al reconocer que su eventual apoyo a Hitler se basaba en su esperanza de que este y Joseph Stalin se eliminaran mutuamente, borrándose dos inminentes amenazas para el mundo occidental; aceptó el trabajo ofrecido por la Pan American World Airways y la Fuerza Aérea Norteamericana para ejercer como consultor independiente. Para  1954 el presidente Dwight Eisenhower lo restituyó como General Brigadier de la Reserva de la Fuerza Aérea y trabajó con Robert H. Goddard, el inventor del cohete moderno, colaborando con el programa espacial.

A pesar de todos estos triunfos, terminó por desencantarse de la aviación, hecho que lo llevó a retomar su amor por la naturaleza y enfocarse por completo en la conservación del medio ambiente. Advirtió con vehemencia sobre el “materialismo científico”, es decir el efecto que los avances tecnológicos desmedidos tendrían eventualmente en la Tierra; de igual manera colaboró en organizaciones como World Wildlife Fund, The Nature Conservancy y la International Union for the Conservation of Nature. Estos esfuerzos dieron como resultado la creación del Parque Estatal Lindbergh en Minnesota y el Parque Nacional de los Viajeros en la frontera canadiense.

Para 1973 su cuerpo estaba ya agotado y desgastado, por lo que enfermó gravemente pasando en 1974 todo un mes en el Columbia Presbyterian Hospital en Nueva York. Consciente de que se enfrentaba a sus últimos días pidió a su esposa que se trasladaran a su propiedad en Maui, Hawai, para poder morir rodeado de su tan amada naturaleza.

Nuestro ilustre personaje falleció el 26 de agosto de 1974, rodeado de su familia –aunque todavía con secretos pues en 2003 se descubrió su aventura con Brigitte Hesshaimer, con quien tuvo tres hijos: Astrid, Dyrk y David-, dejando como legado también su libro The Spirit of St. Louis (1953), que le ganó un Pulitzer y habiendo experimentado las palabras del poeta griego Hesiodo de Ascra: “La fama es peligrosa, su peso es ligero al principio, pero se hace cada vez más pesado el soportarlo y difícil de descargar”. 

FUENTES:

“Charles Lindbergh: El Señor del Aire”. Aut. Carles Padró Sancho. Revista Historia y Vida No. 486. 2008 

“Historia de los aviones y pilotos que cruzaron el Atlántico”. Aut. Miguel Ángel Cuevas Guinto. http://www.suite101.net  Junio 2010. 

“Anne Morrow Lindbergh”, “Fallen Hero”, “New Concerns, “Final Days” www.pbs.org

 


[1] Conocido como Jefe Máximo de la Revolución Mexicana, presidente de México de 1924 a 1928.

[2] Presidente de México de 1920 a 1924.

[3] Así se conoce a la noche del 9 de noviembre de 1938, momento en que las S.S. alemanas destruyeron comercios, arrestaron a muchos judíos, y asesinaron a  varios de ellos.

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