Cuando Ares coquetea con Euterpe : Partituras de guerra

Leonard Bernstein, director de orquesta

Por: Patricia Díaz Terés

“En la tierra nada se presta tanto para alegrar al melancólico, para entristecer al alegre, para difundir coraje a los que desesperan, para enorgullecer al humilde y debilitar la envidia y el odio, como la Música”.

Martín Lutero

Complicado resulta, al leer las palabras del músico y compositor austriaco Franz Liszt, “la música es el corazón de la vida. Por ella habla el amor; sin ella no hay bien posible y con ella todo es hermoso”, establecer una relación entre esta y el “arte de destruir a los hombres”, como describió el filósofo y matemático francés Jean Le Rond D’Alembert a la guerra.

Sin embargo, pueden descubrirse al revisar la historia gran cantidad de formas que ha tomado esta unión al pasar del tiempo, de manera que encontramos desde aquellos compositores que en ocasiones emplearon como inspiración épicas batallas –o bélicos sucesos- hasta aquellos políticos que utilizaron a la música para transmitir sus mensajes en tiempos de guerra.

De este modo en el primer caso podemos situar a Johannes Brahms, quien tuvo la intención de conmemorar la victoria de Prusia sobre Francia en 1871 con su obra Triumphlied y a Ludwig van Beethoven con su pieza Wellington’s Victory (1813), con la cual celebró el triunfo de Arturo Wellesley, duque de Wellington, sobre José Bonaparte –hermano de Napoleón– en la Batalla de Vitoria, España.

Pero las intenciones de los autores originales no siempre son respetadas. En este sentido la Sinfonía No. 9 (1823) de Beethoven –escrita por encargo de la Sociedad Filarmónica de Londres- ha sido adaptada a diversas y contrastantes circunstancias. Así mientras que durante el régimen Nazi en Alemania, el director de orquesta Wilhelm Furtwängler la empleó para celebrar en 1942 el cumpleaños de Hitler; en 1989 tras la caída del Muro de Berlín, fue montada por Leonard Bernstein para solemnizar el acontecimiento, haciendo énfasis en el texto –adaptación de An die Freude (1785) u “Oda a la Alegría” escrita por Friedich Schiller–  “todos los hombres serán hermanos” –situación parecida se vivió también en Alemania cuando las obras de Johann Sebastian Bach quisieron ser utilizadas tanto por la República Federal Alemana como por la Democrática con fines políticos, proponiendo los segundos una “nueva visión” del compositor, acusando a Occidente de haber hecho una mala interpretación de las piezas del germano, ya que en realidad este había tenido la intención de romper las cadenas del “feudalismo y el clericalismo”[1], mientras los imperialistas habían ostentado las burguesas intenciones de negar el lazo que existía entre el músico y el pueblo (?)-.

Caso curioso resulta por su parte el de la Missa in Angustiis (1798) escrita por Franz Joseph Haydn, quien realizó la composición para expresar su sentimiento de angustia ante el desarrollo de la guerra contra Napoleón; sin embargo, la publicación de la Misa coincidió con el triunfo del almirante Lord Nelson sobre las tropas francesas en la batalla naval de Abukir en Egipto, por lo que la partitura se conoció como “Misa Nelson” –cuando la pieza fue presentada al militar durante su visita a Austria en 1800, este solicitó a Haydn un presente obsequiándole entonces el músico la pluma con la que escribía sus obras, mientras que en agradecimiento el almirante le regaló el reloj que llevaba consigo durante su gran triunfo-.

Ahora bien, cabe destacar en este punto que cada compositor inserta en sus creaciones sus propios sentimientos e ideas, mismos que pueden ser respetados o desviados en épocas posteriores a su muerte. Así, mientras el alemán Felix Mendelssohn (1809-1847) trató de difundir a través de sus partituras un mensaje de paz, armonía y tolerancia; Richard Wagner (1813-1883) por su lado quiso transmitir un mensaje según el cual los germanos debían tener un sentimiento de exclusividad y superioridad con respecto al resto de los seres humanos.

Para el siglo XX la música jugó un importante papel en las Grandes Guerras, ya fuera como medio para manifestar la desolación que sentía la humanidad en general o bien con finalidades más prácticas como enaltecer a las respectivas naciones o desacreditar al enemigo. En el primer punto podemos nombrar la pieza Cuarteto para el Final de los Tiempos (1941) de Olivier Messiaen, la cual fue ideada por el francés mientras era prisionero de guerra y en la que quiso plasmar un sentimiento de esperanza y dignidad, más que retratar la devastación que vivía; ubicando en la segunda categoría al británico Charles Dibdin a quien el gobierno de Su Majestad el rey Jorge III encargó escribir varias piezas para conservar el sentir patriótico que necesitaban vivo para continuar su lucha contra Francia.

Por otra parte, la música se ha erigido como un medio eficaz para infundir un sentido de pertenencia en los ciudadanos, lo cual ha sido logrado gracias a la creación de los himnos nacionales, siendo el primero de ellos el británico God Save the King, compuesto por Thomas Augustine Arne y empleado inicialmente en 1745; siguiéndole La Marseillaise –La Marsellesa- escrita por Rouget de Lisle en 1792 –y empleada como patriótico emblema desde 1795-, continuando la Marcha Real Española.

Un poco menos obvias pero tal vez más agresivas resultan las canciones patrióticas que han surgido a lo largo y ancho del mundo durante los conflictos bélicos –o políticos-. Así en la Guerra de Secesión Norteamericana el presidente Abraham Lincoln alabó la composición titulada The Battle Cry of Freedom de George Frederick Root diciendo que con ella había logrado más que las acciones de cien generales y las palabras de mil oradores[2]; Adolph Hitler y Franklin Delano Roosevelt también emplearon la música para su conveniencia, de manera que el dictador optó por modificar la letra de canciones populares británicas con la finalidad de difundir sus propuestas y opiniones. Por su parte Roosevelt propició la emisión de canciones en las cuales se establecía claramente la inferioridad de los japoneses ante los norteamericanos tras el ataque a Pearl Harbor.

No obstante, aquellos músicos a favor de la paz también han utilizado su arte para propagar mensajes antibélicos o en pro de la tolerancia, como es el caso de infinidad de bandas y solistas surgidos en los años 60s y 70s, como por ejemplo Bob Dylan, quien denunciaba el racismo y promovía la acción en contra de dicha actitud; o Joan Baez que en sus canciones se manifestaba claramente en contra de la Guerra de Vietnam y otras injusticias ocurridas en aquellas atribuladas épocas.

También durante la Guerra Fría podemos ubicar gran cantidad de canciones que denotaban tanto la lucha entre E.U.A y la U.R.S.S. por dominar el planeta, como el terror que prevalecía en el ambiente a que ocurriera una guerra nuclear y tras ella la destrucción del mundo. Como ejemplos de ello mencionaremos Everybody Wants to Rule the World (1985) del grupo Tears for Fears o Russians (1985) del cantante Sting –existe una controversia sobre la canción Every Breath You Take (1983) de este mismo autor, ya que mientras la mayor parte de las fuentes aseguran que se trata de una pieza escrita durante el colapso del primer matrimonio del cantante, hay sutiles referencias a que podría hacer alusión a las dos potencias en conflicto ya que el texto “every breath you take, every move you make, I’ll be watching you”[3] se acopla a la terrible tensión que se vivía entre los dos bloques en el año de su estreno-.

“La Guerra es una invención de la mente humana; y la mente humana también puede inventar la paz” dijo alguna vez Winston Churchill, pudiéndose decir otro tanto sobre la música, ya que siendo también una creación del hombre, es posible emplearla para fines bélicos o pacíficos, para el bien o para el mal; pero sin que se vea afectada en sí misma, como fueron los casos de los genios Beethoven y Bach.

Para conocer:

Wellington’s Victory (1813): http://www.youtube.com/watch?v=6sysOrCTTgo

Triumphlied (1871): http://www.youtube.com/watch?v=g5vmGopfAzI

Sinfonía No. 9, mov. 4 (Oda a la Alegría) (1823): http://www.youtube.com/watch?v=UfotZmpyYzU

Cuarteto para el Final de los Tiempos (1941): http://www.youtube.com/watch?v=UFdUZ0HT90Y

Everybody Wants to Rule the World (1985): http://www.youtube.com/watch?v=ydnQmzXqPCQ

Russians (1985): http://www.youtube.com/watch?v=8Yt8OkAyCjM

Every Breath you Take (1985): http://www.youtube.com/watch?v=qa9B7ryenGY 

FUENTES:

“Why Music in a Time of War”. Aut.  Leon Botstein. New York Times. Marzo 1991.

“La Misa Nelson en la Avenida”. Aut. Héctor Coda. www.lanacion.com.ar. Noviembre, 2003.

“Did music help win the First World War?”. Aut. K.A. Wells www.parlorsongs.com. 2004.

“Periphery and Centre: German musicians in the early Cold War”. Aut.  Toby Thaker. University of Wales. www.history.ac.uk. No. 10. 2006.

“September 26th, 1983: The day the world almost died”. Aut. Tony Renell. www.dailymail.com.uk, 2007. 

“The Heterogeneous Impacto f Wa ron Classical Music Composition”. Aut.  Karol Jan Borowiecki.TrinityCollege,Dublin. 2010.


[1] Thaker, Toby. “Periphery and Centre: German musicians in the early Cold War”. www.history.ac.uk 2006.

[2] Wells, K.A. “Did music help win the First World War?”. www.parlorsongs.com 2004.

[3] Cada vez que respires, cada movimiento que hagas, te estaré observando.

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2 Responses to Cuando Ares coquetea con Euterpe : Partituras de guerra

  1. Peter Cooley dice:

    Mi Paty!!!.
    SUBLIME el artículo del día de HOY!!! Qué maravilla!!! Espero con ansias la segunda parte!!!. No dejes de escribir, porque tienes un verdadero Don para plasmar lo que piensas y darlo a entender perfectamente bien!!!. Hasta hoy descubrí que podía comentar en tu espacio, así que aprovecho para AGRADECERTE infinitamente el de Jorge Negrete!!!.
    Tu amigo,
    Peter.

    • Paty Díaz dice:

      Muchísimas gracias mi Peter, me da mucho gusto que te haya agradado el artículo y ya sabes que cualquier sugerencia es más que bienvenida.
      Un abrazo con mucho cariño.
      Paty Díaz.

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