Diego Rivera: El arte de un rey de corazones (I)

 

Alfred Molina como Diego Rivera en la película "Frida" (2002)

Parte I

Por: Patricia Díaz Terés

“La pintura es más fuerte que yo, siempre consigue que haga lo que ella quiere”.

Pablo Picasso

Prueba fehaciente son algunos hombres de que no se necesita ostentar el poder de Enrique VIII o gozar de la agraciada apariencia de Lord Byron, para conquistar el corazón de infinidad de damas y vivir con ellas apasionados romances, ejemplo de ello es el muralista mexicano Diego Rivera, quien durante su existencia –si bien disfrutó en ocasiones de una holgada posición económica- no tuvo grandes riquezas, ni presentó un físico destacable, pero tenía un don irresistible a los ojos de las féminas: era un artista.

Sin embargo ese hombre grueso y de penetrante mirada a quien sus padres María del Pilar Barrientos y Diego Rivera, nombraron como José Diego María de la Concepción Juan Nepomuceno Estanislao Rivera y Barrientos Acosta y Rodríguez era uno de los gemelos que nacieron en la ciudad de Guanajuato aquel 8 de diciembre de 1886, llamándose al segundo José Carlos María quien murió tan solo dos años después, hecho que provocó un ataque de nervios a la madre quien optó por encargar al sobreviviente Diego con su nana Antonia, una mujer indígena que profesaba fiel cariño por el infante.

En 1893 la familia Rivera decidió trasladarse a la capital, lo cual trajo varios beneficios al niño que ya mostraba interés por el dibujo. María del Pilar, atenta al desarrollo de su hijo lo inscribió en la Escuela de Bellas Artes, antigua Academia de San Carlos, en donde recibió educación académica por parte de profesores como José María Velasco y Santiago Rebull. Sobre su destino en este lugar las fuentes resultan contradictorias ya que mientras algunos señalan que se graduó con honores[i] en 1906 conservando la técnica clásica, otras referencias afirman que fue expulsado en 1902 por haber tomado parte en algunas revueltas estudiantiles[ii] o bien que abandonó voluntariamente la institución al estar en desacuerdo con las técnicas que se le enseñaban, ya que resentía la falta de libertad para elaborar sus obras[iii].

Sea como fuere, el asunto es que tras su estancia en San Carlos –y después de haber trabajado con el artista José Guadalupe Posada– se ganó una beca para estudiar en la Academia de San Fernando en Madrid –aquí podrían complementarse las versiones sobre la causa de este apoyo ya que existen quienes lo atribuyen a la exposición individual que organizó con la ayuda del promotor, pintor y vulcanólogo Gerardo Murillo “Dr. Atl”; mientras que otros indican que le fue otorgada en realidad gracias a que su padre mostró al gobernador de Veracruz, Teodoro A. Dehesa, algunos bocetos realizados por el joven-, donde pudo acercarse a las creaciones de El Greco, Goya y Brueghel albergadas en el Museo del Prado.

Durante sus andanzas por Europa visitó varios países entre los cuales se encontraron Francia, Inglaterra, Bélgica e Italia; en tan fascinantes escenarios pudo establecer relación con importantes personajes del mundo de la bohemia artística como Claude Monet, Camille Pissarro, Pierre Auguste Renoir, Paul Cézanne y Pablo Picasso –ejerciendo el español gran influencia en la obra posterior de Rivera, aunque la hija de este, Guadalupe Rivera, señaló en una conferencia impartida en 2008 que su padre había acusado al cubista de haber copiado las obras de sus colegas[iv] (incluyendo una del propio Diego), eliminándose así la originalidad de su trabajo-, trabando una especial amistad con Amedeo Modigliani, en quien el mexicano reconocía un gran talento, aunque admitía que este era vejado por las varias adicciones del italiano.

Pero el suelo mexicano llamaba a Diego, por lo que volvió a su país en 1910 con la finalidad de montar una exhibición dentro de las celebraciones del Centenario de la Independencia, organizadas por el entonces presidente Porfirio Díaz; la muestra fue inaugurada el 20 de noviembre por la primera dama Carmen Romero Rubio de Díaz coincidiendo con la fecha en que Francisco I. Madero hacía un llamado para que el pueblo se levantase en armas y con esto se iniciara la Revolución Mexicana.

No obstante por ese entonces el pintor no estaba demasiado interesado en la política por lo que en abril del año siguiente decidió regresar a Europa para continuar con su trabajo –sería en París donde tendría uno de los encuentros más importantes de su vida al toparse con David Alfaro Siqueiros en 1919-, retornando a su nación diez años después en 1921, momento en que fue invitado a participar en el movimiento muralista –cuyo propósito original era reforzar el programa educativo por medio de las imágenes, según explica la Dra. Julieta Ortiz Gaitán del Instituto de Investigaciones Estéticas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en un momento en que pocos mexicanos sabían leer y otros muchos ni siquiera hablaban el español- del cual habían establecido las bases artistas como Roberto Montenegro, Xavier Guerrero, Gerardo Murillo y Fermín Revueltas, entre otros.

De este modo –y habiéndose para él abierto la posibilidad de utilizar los muros como lienzos al observar los frescos renacentistas en Italia– la primera obra de Rivera en esta corriente –impulsada por el secretario de Educación Pública, José Vasconcelos-, de la cual con el tiempo se convertiría en máximo exponente junto con David Alfaro Siqueiros y José Clemente Orozco, se tituló La Creación (1921) y fue pintada en los muros del Anfiteatro Bolívar de la Escuela Nacional Preparatoria –antiguo colegio jesuita de San Ildefonso-.

Siendo ateo y habiendo estado fuertemente influenciado por las ideas revolucionarias –tanto mexicanas como rusas- pronto se descubrió a Rivera como un marxista[v] redomado, condición que lo llevó a expresar en sus murales temáticas sociales y políticas que muchas veces le acarrearon fuertes críticas. Dos de los conflictos más representativos que le fueron originados por sus obras fueron en primer lugar la inclusión del retrato de Lenin en su mural titulado El Hombre en una Encrucijada (1932-1934), mismo que pintó nada más y nada menos que en el lobby del edificio RCA –construcción principal del conjunto arquitectónico que conformaba el Rockefeller Center en Nueva York-, hecho que despertó la ira del empresario John D. Rockefeller de quien se dice que la emprendió a mazazos contra la obra del mexicano; y la segunda fue la conmoción causada por la leyenda “Dios no existe” que deliberadamente escribió en el mural titulado Sueño de una Tarde Dominical en la Alameda Central (1948) que pintó en el comedor del Hotel del Prado del Distrito Federal.

A pesar de estos episodios, no todas las creaciones de Diego fueron tan controversiales. De esta forma pintó en las paredes de la Secretaría de Educación Pública los logros de la Revolución Mexicana, mientras que en el Palacio Nacional optó por realizar un pictórico recorrido desde la época precolombina hasta la década de los 30, haciendo al indígena protagonista de este muro; mientras que se considera como su obra máxima la pintura que elaboró en la Escuela Nacional de Agricultura de Chapingo, donde mostró la perspectiva de Emiliano Zapata, su lucha por la tierra y el trabajo de los obreros.

Ahora bien, el gran escritor francés Alejandro Dumas dijo en cierta ocasión que “el arte necesita o soledad, o miseria, o pasión. Es una flor de roca, que requiere el viento áspero y el terreno duro”, por lo que nos es factible decir que tan solo hemos llegado a descubrir una de las tres cuestiones importantes en la vida de Diego Rivera, teniendo que dejar para la próxima entrega dos intrincados tópicos que requieren del espacio suficiente para ser explicados –y solo tal vez comprendidos-: las damas y la política, aspectos que tuvieron en su existencia casi tanta relevancia como su único “verdadero amor”: la pintura

FUENTES:

“Diego Rivera y sus peleas con Picasso”. www.cnnexpansion.com. Roma, septiembre 2008.

“Reivindican a muralistas Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros y José Clemente Orozco”. Periódico La Jornada. Junio 2010.

“Diego Rivera, 53 años de ausencia”. Notimex. www.eluniversal.com.mx. Noviembre 2010.

“El Muralismo Olvidado”. Aut. Sonia Sierra. www.eluniversal.com.mx. Noviembre 2010..

“Los amores de Diego Rivera”. Aut. Alejandro Pohls. www.am.com.mx Diciembre 2010.

“Diego Rivera”. Aut. Anicia Muñoz. www.americaviva.cl  

“El juicio de Diego Rivera desde la ficción”. Aut.  Claudia Macías de Yoon. Universidad Nacional de Seúl. http://sincronia.cucsh.udg.mx/maciassummer2010.htm

“La Epopeya Revolucionaria en los Murales de Diego Rivera”. Aut. Luz Elena Mainero del Castillo. www.inehrm.gob.mx


[i] Mainero del Castillo, Luz Elena. “La Epopeya Revolucionaria en los Murales de Diego”. http://www.inehrm.gob.mx

[ii] Muñoz, Anicia. “Diego Rivera”. http://www.americaviva.cl

[iii] “Diego Rivera, 53 años de ausencia”. Notimex. www.eluniversal.com.mx

[iv] “Diego Rivera y sus peleas con Picasso”. http://www.cnnexpansion.com

[v] Marxismo: Corriente de pensamiento económico que se basa en los trabajos de Karl Marx, en especial en su obra El Capital, en la que sostiene que la ganancia empresarial (plusvalía) derivaba de la explotación de los trabajadores por parte de los capitalistas. www.eumed.net  

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