Arte ¿maldito?

 
Macbeth del director Charles Fee

Por: Patricia Díaz Terés
“La superstición trae mala suerte”.
Umberto Eco

¿Qué tienen en común un salero, un gato, una escalera, un espejo y un paraguas? A primera vista la respuesta debería ser “nada”; sin embargo si se tiene algún conocimiento de la cultura popular de países como México, encontraremos que todos estos elementos son el objeto de arraigadas supersticiones, según las cuales, si no se contrarrestan los nefandos efectos con los rituales adecuados, una persona puede llegar a romper una amistad, enfrentar catástrofes o simplemente experimentar varios años de mala suerte (?).

Ahora bien, estas mágicas características a lo largo de la historia han llegado a adjudicarse no sólo a objetos, sino también a ciertos productos del arte como obras de teatro –cuyo ámbito está de por sí lleno de supersticiones como la referida a los infortunios ocasionados por el empleo de dinero o joyas reales en el escenario o bien la que menciona al 23 de noviembre, como día en que supuestamente cualquier teatro puede ser víctima de las “diabluras” cometidas por el espíritu de Thepsis a quien, precisamente en este día, se atribuye haber dicho la primera línea individual en la Grecia del 534 A.C.-, pinturas o películas, surgiendo en torno a ellas un sinnúmero de leyendas que les proporcionan un aura de mal agüero.

En estas condiciones podemos encontrar uno de los más famosos ejemplos en la obra teatral Macbeth –también conocida como “la Escocesa”-, escrita por el británico William Shakespeare en 1606 , cuyo montaje al parecer ha sido el blanco de alguna maldición ya que a lo largo de los años se han suscitado en él extraños accidentes. De este modo, la primera producción de la que se tiene conocimiento tuvo lugar en el año mismo de su creación, realizada esta para el rey Jaime I, para posteriormente haber sido abandonada hasta 1667 año en que se reinventó en un musical de carácter ligero cuya intención era retirar del contexto la “malignidad” implicada en el texto original, teniéndose como resultado un trío de brujas cantantes y un ballet aéreo (!).

Para 1707, durante la severa represión puritana, se hizo una producción similar a la anterior coincidiendo este hecho con la peor tormenta que ha pasado por Inglaterra, en la cual fallecieron 500 marineros, el poblado de Bristol fue destruido y la capital severamente dañada; por supuesto esta conjunción en los hechos llevó a los recalcitrantes conservadores a decir que había sido la ira de Dios, despertada por el montaje shakesperiano, la que había caído sobre los británicos.

En la producción realizada en 1794 en Drury Lane, donde estuvo involucrado el actor John Philip Kemble, varios de los intérpretes fueron heridos por las armas reales que se emplearon en los combates escénicos, perdiendo el personaje de Macduff ambos pulgares.

Fue en 1848 cuando sucedió uno de los mayores desastres asociados con Macbeth, cuando durante la puesta en escena protagonizada por William Charles Macready se produjo un disturbio en la Astor Place Opera House que tuvo como consecuencia la muerte de 23 personas.

Sin embargo, a pesar de conocerse tales hechos, productores y directores han existido quienes descartan los acontecimientos como fruto de coincidencias fortuitas. De esta manera llegamos al siglo XX en donde podemos encontrar a La Escocesa protagonizada por Sir Laurence Olivier, durante cuya producción el director casi falleció en un accidente automovilístico, Olivier perdió la voz cayéndole también un peso –utilizado en las luces- encima que por poco y lo mata; mientras que en la fecha del estreno la dueña del teatro fue víctima de un ataque cardiaco fatal. Posteriormente en 1948, Diane Wynyard quien interpretaba a Lady Macbeth cayó desde una altura de 4.5 metros hacia el foso, mientras representaba una escena en la que caminaba dormida; a pesar del golpe la dama quiso seguir con la función.

Continuamos así con otros accidentes como el sufrido por el actor Charlton Heston (Ben Hur ) en en Fort St. Catherine, Bermuda, donde la persona encargada de la lavandería del vestuario sumergió por error las mallas del actor –que interpretaba a Macbeth– en keroseno, mismo que reaccionó con el calor del ambiente y el sudor del caballo que montaba Heston, ocasionándole así severas quemaduras; sin mencionar la huída despavorida del público poco después, provocada por unos trozos de escenografía, intencionalmente incendiados, que volaron hacia el público tras ser arrastrados por un inesperado viento.

No obstante sean tal vez las heridas inflingidas por las armas y las caídas los percances más comunes en Macbeth. Ante estas situaciones los más escépticos explican que es perfectamente normal que sucediesen los inconvenientes ya que La Escocesa es una obra que se sitúa en la noche –lo que conlleva una escasa iluminación- y bravos combates en los que resulta fácil terminar herido; mentes más ingeniosas han fabricado una alternativa según la cual Shakespeare utilizó palabras empleadas en la magia negra real para su texto, convocando así perversas influencias –otros prefieren decir que fueron los nigromantes auténticos quienes echaron su maldición al guión al ver sus secretos revelados en el escenario-.

Ahora bien no solo las artes escénicas se han visto afectadas por las pretendidas maldiciones. En el caso de las artes plásticas existen dos relatos destacados, ambos originados en el siglo XX, según los cuales rondan por ahí ciertas pinturas que causan severos contratiempos a sus dueños. El primer caso es el de la obra The Hands Resist Him de Bill Stoneham, en la cual se muestra al artista a la edad de cinco años parado frente a una puerta de cristal en la que se aprecian varias docenas de manos pegadas al vidrio, mientras es acompañado por una tétrica muñeca de tamaño real. Se habla de que cuando el objeto fue adquirido por una pareja californiana, la familia decidió que el lugar adecuado para la imagen sería el cuarto de su hija de cuatro años, quien a la mañana siguiente se quejó de que los niños de la pintura no habían dejado de pelear en toda la noche (!) –también se acusa a la pintura de haber suscitado la muerte del actor Jack Woltz (El Padrino ), del dueño de una galería y de un crítico del periódico Los Angeles Times-.

The Hands Resist Him

Otro caso es el de la pintura The Crying Boy –que se atribuye tanto al español Bruno Amadio alias Giovanni Bragolin como a la escocesa Anna Zinkeisen– la cual presuntamente ocasiona que el sitio donde se aloja estalle en llamas de manera “inexplicable”; el primer caso reportado fue el de Ron y May Hall quienes perdieron todas sus pertenencias al incendiarse su residencia quedando incólume únicamente la imagen del niño llorando, después de atender la emergencia el bombero Alan Wilkinson reportó que se acordaba de varios siniestros en los cuales solo había sobrevivido el triste infante –sobre la identidad del chiquillo ha sido mencionada una versión que indica que se trata de Don Bonillo, un pilluelo de Madrid y a quien el barrio conocía como “El Diablo”, quien fuese además hipotéticamente adoptado por Amadio-. 

The Crying Boy

Esta historia fue explotada por el periódico The Sun y particularmente por su editor Kevin Mackenzie quien adjudicó una abrasadora maldición a la obra de arte –en realidad en todas las ocasiones pudo darse una explicación perfectamente comprensible a los infortunios-, creando toda una superstición a su alrededor e incluso llegando a ofrecer a sus lectores la destrucción de las peligrosas imágenes, obteniendo de tal convocatoria un total de dos mil quinientas piezas que fueron quemadas un 31 de octubre.

Verdades malévolas o casualidades inexplicables, lo cierto es que un aura de misterio rodea a estas obras literarias y pictóricas, habiéndose trazado ya genuinas leyendas urbanas que tienen fervientes creyentes que seguramente comprenderían al dramaturgo William Shakespeare cuando dijo: “Por el cosquilleo de mis pulgares, algo maligno viene hacia mí”.

FUENTES:
“The curse of the Crying Boy”. Aut. David Clarke http://www.forteantimes.com Jul. 2008
“The Curse of Shakespeare’s Scottish Play Macbeth”. Aut. Patrick Bernauw. writinghood.com. Nov. 2008
“Will the curse of the Scottish play strike again?” Aut. Lucy Powell. Times Online. Abr. 2010.
“Urban legends: Haunted paintings”. Aut. Paul Campobasso http://www.suite101.com Dic. 2010.

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