El arte en el detalle: Johannes Vermeer

Colin Firth como Johannes Vermeer en la película "La joven con el arete de perla" de Peter Webber

Por: Patricia Díaz Terés

“Una pintura es un poema sin palabras”.

Quinto Horacio Flaco

No es el genio ni tampoco la habilidad de un artista lo que dicta la manera en que se desarrolla su particular existencia en este planeta, por el contrario ciertos ejemplos parecieran decirnos que son los caprichos del destino los que dictan los hechos de su camino. De esta manera, mientras algunos de ellos han sido reconocidos en vida, como es el caso de Miguel Ángel o Leonardo Da Vinci, otros tuvieron que esperar muchos años –y a veces siglos- en sus tumbas para que su talento fuese finalmente apreciado.

Este es el caso del más representativo artista de la escuela de Delft, Johannes Vermeer –también referido como Jan o Johannes van der Meer-, cuyas pinturas actualmente alcanzan precios calculados en millones de euros; sufriendo sin embargo en vida penurias económicas que fueron probablemente las causantes de su prematura muerte.

Nieto de un relojero y falsificador de monedas de nombre Balthasar Claesz Gerrits, Vermeer fue hijo de Reyner Janzoon Vos –nacido en 1591– y Digna Baltens, quienes tras desposarse decidieron trasladarse a la ciudad de Delft –población ubicada entre Rotterdam y La Haya en Holanda– en donde comenzaron un negocio con la hostería Vos, trabajo que el esposo combinaba con el tejido de telas y el comercio autorizado de objetos de arte. Sin apreciarse claramente en registro alguno el momento exacto en que el apellido de la familia Vermeer fue modificado, se sabe que ya empleaban este patronímico para 1625, de manera que fue utilizado cuando el 31 de octubre de 1632 el pequeño Jan fue bautizado, siendo el menor de dos hermanos.

Nueve años después sus padres decidieron adquirir la hospedería Mechelen, la cual se encontraba en una buena zona de la ciudad, de manera que su clientela estaba compuesta por burgueses destacados. En este ambiente crecía el joven Johannes, quien muy pronto descubrió su inquietud por la pintura.

Por otra parte, casi todo gran artista contó en algún momento con la ayuda de algún mentor; en este sentido salen a relucir los nombres de Leonaert Bramer –aunque sus estilos son demasiado diferentes para aceptar esta hipótesis- y Carel Fabritius, alumno de Rembrandt quien llegó a Delft en 1650. En aquellos tiempos dictaba la ley que un hombre debía pasar seis años en algún taller para poder ingresar en el importante gremio –o cofradía- de San Lucas –del que fue síndico en 1662-, conformado por pintores y artesanos, por lo que Johannes ingresó en él hasta que cumplió 21 años en 1653.

Ese mismo año se casó con la señorita Catharina Bolnes –cabe mencionar que la imagen presentada de ellos en la película La joven con el arete de perla dirigida por Peter Webber en 2003 no les hace justicia en modo alguno-, quien era miembro de una acomodada familia y a cuya madre, Maria Thins– el enlace no entusiasmó de particular manera debido, probablemente, a que el artista no gozaba de una posición económica desahogada, además de que profesaba la religión protestante, mientras que los Bolnes eran católicos –se dice, más no se documenta, que Vermeer se convirtió al catolicismo tras el enlace-.

Catharina, viniendo de un pasado lleno de turbulencias –su padre era un violento hombre que acostumbraba a golpear, insultar y degradar a su mujer en cada oportunidad que se presentaba, llegando la pequeña en una ocasión a llegar pidiendo auxilio a gritos a la casa de sus vecinos-, se desposó con Johannes probablemente llevada solo por el amor que por él sentía, viéndolo siempre como un refugio de los tormentos de su niñez y adolescencia. Engendrando 15 hijos la pareja –cuatro de los cuales fallecieron a muy tierna edad-, Jan y Catharina tuvieron que arreglárselas para proveer casa, vestido y sustento a su numerosa progenie, hecho que llevó al artista a buscar clientes adinerados que estuvieran dispuestos a pagar el alto costo de sus obras. Tal ayuda encontró en Pieter van Ruijven, un cervecero millonario que estableció –junto con su esposa- buena amistad con los Vermeer.

Sin embargo las decisiones de la pareja no fueron siempre muy oportunas, por ejemplo, su traslado al barrio católico de la ciudad Oude Langendijk -donde se situaba la casa de Maria Thins, quien decidió finalmente ayudarles- le cerró las puertas a Vermeer en una ciudad eminentemente calvinista.

Pero Johannes no se desanimó. Recibiendo pictóricas influencias por parte de Gérard Dou, Gerard ter Borch y Pieter de Hooch, logró estructurar un estilo propio centrado principalmente en el detalle de la escena que creaba –se especializó en escenas domésticas protagonizadas por damas que parecen ajenas al ojo del anónimo observador-; su dominio de la iluminación hace de sus composiciones piezas exquisitas, ante las cuales el espectador queda cautivado al percibir la intensidad de las expresiones y acciones de los personajes –su obra más célebre es La joven de la perla, también conocida como la Gioconda del norte-; y que fueron gratamente admiradas en su época –aunque la minuciosidad en el trabajo provocaba que cada pintura tomara al artista demasiado tiempo, sin mencionar que elevaba el precio de manera considerable-.

La producción del holandés fue escasa a comparación de sus contemporáneos, contándose así con el registro de 35 obras, de las cuales solo La alcahueta (1656), El astrónomo (1668) y El geógrafo (1669) aparecen fechadas. Así, las características de la obra provocaron que solamente en tiempo de bonanza sus trabajos fueran adquiridos –estas circunstancias hacen pensar que el caballero tenía alguna fuente alternativa de ingresos-, de forma que cuando llegó la crisis generada por la invasión de los franceses en 1672, se provocó un cambio absoluto en las prioridades, dejando al arte en el último escalafón. Sin poder soportar la falta de recursos Vermeer, enfermó gravemente un día y murió al siguiente el 15 de diciembre de 1675, dejando a su esposa en una desesperada situación que la obligó a renunciar a su herencia para pagar a los acreedores, recibiendo ayuda exclusivamente de su madre; solo 12 años sobrevivió Catharina sin su amado Johannes, siguiéndolo al más allá en 1688 habiendo defendido encarnizadamente varias de las obras del difunto entre las que se encontraba El arte de la pintura.

Olvidado en los siglos subsiguientes, Vermeer fue “rescatado” por el crítico e historiador francés Théophile Thoré cuando escribió una monografía sobre él en 1866, con lo cual sus cuadros fueron completamente apreciados, a tal grado que en 1935 Adolph Hitler se obsesionó con El arte de la pintura ofreciendo millonarias cifras al conde Jaromir Czernin de Chudenitz y Morzin, consiguiéndolo finalmente en 1940 cuando el noble decidió ceder a la oferta de 1.5 millones de marcos a cambio de la libertad de su esposa Alix-May y su familia, quienes eran judíos; al terminar la Segunda Guerra Mundial el lienzo fue recuperado por las tropas norteamericanas en una mina de sal ubicada en Altaussee (Austria).

Ironía de la vida fue entonces cómo habiendo muerto el genio Johannes Vermeer debido a la aflicción ocasionada por monetarias dificultades, una sola de sus obras fue suficiente para aplacar el ansia de pureza racial del mismísimo Führer –al menos con respecto a unos pocos individuos-; y aceptándose su calidad a grado tal que sus piezas han sido objeto de ingeniosas falsificaciones, como las elaboradas por Han van Meegeren, quien utilizó lienzos y marcos del siglo XVII para hacer por ejemplo el “Cristo y la adúltera”. Tal vez si Vermeer hubiera aguantado solo un poco más de tiempo, hubiese podido recuperar la tranquilidad financiera, pero como dijo el político alemán y Premio Nobel de la Paz (1977), Willy Brandt: “Una situación se convierte en desesperada cuando empiezas a pensar que es desesperada”. 

FUENTES:

“Vermeer: La sublimación de lo cotidiano”. Aut. Rafael Bladé. Revista Historia y Vida. No. 459. 

“Vermeer y el interior holandés”. Aut. Alejandro Vergara. Revista Clío. No. 19. Mayo 2003.

“Vermeer el pintor de las mujeres” Aut. Laura Manzanero. Revista Clío. No. 30. Abril 2004.

“El ‘vermeer’ favorito de Hitler a juicio”. Aut. Gloria Torrijos. www.elpais.com. Marzo 2010.

 “Vermeer” y “Vermeer y los pintores de género”. Aut. Luis Sanguino Arias. www.artehistoria.jcyl.es  

  “Artist in 60 seconds: Johannes Vermeer”. Aut. Shelley Esaak. www.about.com

“Did Vermeer ever paint his wife Catharina?” www.essentialvermeer.com

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: