Un ambicioso talento vanidoso: Hans Christian Andersen

Hans Christian Andersen

Por: Patricia Díaz Terés

 “El destino es el que baraja las cartas, pero nosotros somos los que jugamos”.

William Shakespeare

Una sirenita que quiere ser humana, un patito feo que se siente fuera de lugar, una princesa herida por un guisante, un soldadito de plomo enamorado sin esperanza de una delicada bailarina, una tierna y solitaria chiquilla tratando de vender sus cerillas durante el más crudo de los inviernos… Todas ellas, para muchos de nosotros, se han convertido en imágenes que nos remiten a esas apacibles tardes en las cuales pasábamos el tiempo escuchando de boca de nuestra abuela, famosos cuentos de hadas que nos hacían viajar a otros mundos, mientras disfrutábamos de una deliciosa taza de chocolate caliente.

Pero tales estampas de nuestra niñez, ciertamente no hubiesen sido posibles sin la fabulosa imaginación de un hombre cuya existencia estuvo plagada de la misma tristeza y melancolía, que inundaban las versiones originales de los cuentos escritos por el puño y letra de Hans Christian Andersen.

La vida de Hans inició un 2 de abril de 1805, en una humilde familia conformada por un zapatero de 22 años y una lavandera protestante, quienes vivían en una pequeña habitación en la isla de Fionia, en Odense (Dinamarca); sin embargo, a pesar de que el dinero no abundaba en su hogar y les alcanzaba escasamente para cubrir las más básicas necesidades, coexistían en un ambiente de armonía donde el niño se sentía amado por sus padres, particularmente por su progenitor quien pasaba con Hans tanto tiempo como su trabajo le permitía, contándole historias y jugando con él. Por su parte, su madre lo llevaba con ella cuando acudía al asilo psiquiátrico a trabajar, lo que le permitió escuchar de boca de las ancianas que ahí residían, gran cantidad de historias del folklore danés que más tarde emplearía como referente.

Poco a poco Andersen fue creciendo y al llegar a la edad en que debía ingresar en la escuela, tuvo que hacerlo en la Poor School; mientras que el jefe de la familia  decidió ingresar en el ejército napoleónico para obtener mayores recursos económicos, resultando muerto cuando su vástago tenía 11 años, dejando a su esposa e hijo en tal estado de necesidad que la Sra. Andersen decidió contraer un nuevo matrimonio.

Habiéndose despertado en Hans la inquietud por la escritura desde muy pequeño y con un espíritu aventurero bastante acentuado, cuando cumplió 14 años decidió partir hacia la capital, Copenhague, sin un quinto en el bolsillo pero con la determinación de transformarse en un gran cantante, bailarín o actor -en su tierra natal había tenido cierto éxito cantando en las cenas de las personas adineradas-.

Con el descaro propio de quien no conoce los protocolos sociales, el adolescente decidió presentarse ante el director del Royal Theater, quien le recomendó que volviese a su casa; no obstante, Andersen no se rindió y acudió a otros personajes de renombre en el mundo artístico, obteniendo por parte de ellos respuestas similares a la primera. Sin dejarse vencer por las negativas, llegó a instalarse en la entrada de la residencia de Giuseppe Siboni, director de la Royal Choir School, lugar en donde la suerte finalmente le sonrió cuando un invitado de la familia, el compositor Ernst Friedrich Weyse tuvo compasión y se dio a la tarea de ayudarle, consiguiendo para él una suma que le permitió rentar una habitación decente y acudir a clases en institución dirigida por Siboni, además de tomar clases de baile y actuación.

A los 17 años Hans descubrió que su físico –era un joven alto y desgarbado, con una cabellera rubia abundante y una nariz prominente- no era el idóneo para el ballet, sin lograr tampoco destacar en el teatro, pero siendo sin embargo descubierto como un individuo de gran talento por el director financiero del Royal Theater, Jonas Collin, quien lo persuadió para cursar el bachillerato en el pueblo de Slagelse.

En este lugar Andersen vivió una pesadilla durante cuatro años, siendo víctima del desprecio que le profesaba el director del lugar, quien se divertía humillando al muchacho so pretexto de que era necesario rebajar su orgullo y soberbia, para enseñarle su “lugar en el mundo”; por si esto fuera poco, el académico prohibió a Hans toda actividad creativa, lo que le generó una gran frustración.

Desesperado, el jovencito escribía a Collin, quien descartaba las misivas pensando que el chico exageraba la situación; resultó sin embargo que las vejaciones que sufrió el escritor se quedaron grabadas en su memoria por el resto de su vida, hecho que probablemente provocó su ansia de reconocimiento durante su madurez. Sin embargo, el carácter ya forjado de un hombre de 21 años le permitió a Andersen vengarse de una manera elegante al escribir El niño moribundo (1827), texto que fue descartado por el director como basura pero aclamado en el resto del mundo como una pieza literaria de gran valía.

A partir de entonces, Hans Christian se dio cuenta de que su elemento era la literatura y se enfocó en ello, logrando a lo largo de su vida escribir seis novelas, cinco diarios de viaje, tres autobiografías, doscientos diez cuentos –que le catapultaron a la cima- e incontables obras teatrales y poemas.

Habiendo alcanzado con su pluma tanto dinero –consiguió una beca de por vida otorgada por el rey de Dinamarca- y fama como pudo haber imaginado jamás –esto a la edad de 33 años-, Andersen sin embargo, no era feliz, y es que tenía grandes complejos sobre su físico que lo hacían poco diestro en el ámbito social, aun cuando había logrado introducirse en los círculos más elitistas de la época; asimismo tenía que lidiar con una sociedad de clases, en donde era relegado por su humilde origen, incluso por sus “amigos”.  

Queriéndose comer el mundo a pedazos, el literato encontró solaz para su alma en los viajes, visitando así 29 países, entre los que se encontraron Suiza, Inglaterra, Alemania y España; durante estas travesías conoció a otros grandes escritores como Balzac, Víctor Hugo, los hermanos Grimm y Charles Dickens. Siendo un hombre leal en sus afectos, Andersen también se manifestaba como una amistad demasiado demandante, como lo demuestra su relación con el mayor de los Collin, Edvard, y sobre todo con Charles Dickens, quien acabó dando gracias a todos los santos cuando el danés abandonó su casa ubicada en el condado de Kent –tras cinco semanas de visita-, ya que el cuentista se había exhibido como un hombre sumamente quisquilloso, lo cual vino a desquiciar al ya de por sí atribulado matrimonio Dickens.

Así Hans Christian se nos presenta como un personaje de carácter complicado: era egocéntrico, susceptible y bastante vanidoso; estas características provocaron en buena medida sus repetidos fracasos con las damas –aunque hay quien asegura que esto se debía más bien a su homosexualidad-, teniendo dos amores en su vida –ambos platónicos- la primera de nombre Riborg Voigt -1830-, quien estaba ya comprometida y la segunda la soprano Jenny Lind, también conocida como el Ruiseñor Sueco –a quien dedicó su cuento El ruiseñor-, ella sabiendo lo que el escritor sentía le ofreció su más sincera amistad, de modo que cuando volvieron a encontrarse años después la mujer estaba ya desposada y tenía una hija.

Teniendo actualmente innumerables adaptaciones de su obra en el cine, televisión y teatro; entre las cuales se encuentran famosas caricaturas de Disney como La sirenita (1989), El patito feo (1939) o El soldadito de plomo (Fantasía 2000); así como representaciones de su biografía en películas como la poco precisa Hans Christian Andersen (1952) dirigida por Charles Vidor o en obras musicales como My fairy tale –estrenada en agosto de 2011-, con música y letras de Stephen SchwartzWicked (2003)- y libreto de Phillip La ZebnikPocahontas (1995) y Mulan (1998)-; Hans Christian Andersen ha pasado a la historia como un hombre con características excepcionales, tanto admirables como detestables, pero que en conjunto han logrado colocarlo para siempre en la memoria de chicos y grandes durante más de cien años.

Para conocer:

El patito feo (1939): http://www.youtube.com/watch?v=jYI5Pflots0

El soldadito de plomo (Fantasía 2000): http://www.youtube.com/watch?v=LjFYd_-0lgA 

 FUENTES:

“Andersen y Madrid”. Aut. Lupe P. Cernuda. Revista Historia y vida No. 390. Febrero, 2000.

“Andersen, el hombre que contaba cuentos”. Aut. Manuela Citoler. Revista La aventura de la historia No. 81.

 “My Fairytale”. Aut. Kenneth Jones. www.playbill.com 30 de mayo 2010.  

“Hans Christian Andersen: Father of the Modern Fairy Tale”. Aut. Terri Windling. www.endicott-studio.com    

 “The romantic life of Hans Christian Andersen”. Aut. Juliana Hanford. www.literarytraveler.com

 

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