La historia del jazzista errante: Louis Armstrong I

Louis Armstrong

Parte I

Por: Patricia Díaz

“La fama es un trozo de nada que el artista agarra al vuelo sin saber por qué”.

Fernando Arrabal

Las grandes figuras de la música suelen llegar a nuestra mente con imágenes, por lo regular, muy definidas. De este modo mientras Beethoven se nos aparece como un hombre de gesto adusto y melena desordenada, otros se nos presentan como el pulcro y severo Johann Sebastian Bach o la elegante María Callas; sin embargo, solo un puñado de personajes se han transformado en íconos no solo por su trabajo con las partituras, sino que se han convertido en una verdadera representación gráfica del estilo musical que dominaban como es el caso del gran Louis Armstrong, maestro del jazz.

Euterpe[1] ha demostrado a lo largo de la historia ser una musa que no hace distinción entre clases, razas o personalidades, regalando sus dones de manera indistinta a todo tipo de personas por igual; así, no debe sorprendernos, en la historia que aquí nos compete, encontrar que nuestro protagonista correteaba por las calles de los barrios bajos de Nueva Orleáns, siendo como era hijo de una prostituta llamada Mary Albert Armstrong y un irresponsable William Armstrong, quien abandonó a su familia sin consideración alguna.

Viéndose en una situación desesperada Mary decidió que lo mejor sería dejar a sus dos pequeños, Louis Daniel y Beatrice, al cuidado de su suegra Josephine Armstrong. Contando con una escasa o nula instrucción en materia académica, en los albores del siglo XX –pues Louis había nacido un 4 de agosto de 1901 aunque posteriormente le gustase asegurar que había llegado al mundo un significativo 4 de julio de 1900-, el chiquillo tuvo que darse mañana para conseguir algo de dinero y con ello ayudar a su paupérrima parentela, encontrando en su gusto por la música una digna manera de ganar unos cuantos centavos, por lo que formó un cuarteto vocal junto con algunos rapazuelos con quienes cantaba en las calles

Desde tierna edad Arsmtrong encontró diversos benefactores, siendo los primeros los Karnofsky, una familia de inmigrantes rusos judíos que le dieron un modesto trabajo; no obstante, también fueron tal vez quienes percibieron por vez primera, con claridad, la vena musical incrustada en el jovencito ya que le prestaron dinero para que comprase su primera corneta, hecho que el músico agradeció simbólicamente durante toda su vida usando siempre una Estrella de David.

Era el Año Nuevo de 1913 cuando el niño descubrió que a veces en la vida existen errores que, no obstante, se convierten por azares del destino en grandes oportunidades. En su infantil inocencia, aquella noche en que se despedía la Noche Vieja de 1912 sencillo y divertido debió haberle parecido lanzar un tiro al aire con una pistola que había obtenido quién sabe de dónde; tan simple hecho derivó en su detención por parte de la policía, procediendo el sistema judicial a confinarlo en el Hogar para Niños de Color AbandonadosColored Waif’s Home-, en donde no solo encontró un lugar seguro para vivir, sino que también dio con un maestro de música que lo ayudó a sentar las bases de su conocimiento en esta materia.

Seguramente de gran corazón, el director de la banda del hogar, Peter Davis, le enseñó de muy buen grado a tocar en forma la corneta, mientras le instruía en los principios básicos de la lectura musical. Demostrando su innato talento, Armstrong pronto se convirtió en el líder de la juvenil agrupación.

Con trece años contaba cuando dejó para siempre el asilo estatal, para pasar una breve temporada con su padre, y posteriormente acomodarse de nuevo con su progenitora y su hermana.

Ávido seguidor de las bandas de música locales, dio con la dirigida por Joe Oliver, uno de los mejores trompetistas de Louisiana, quien con el tiempo se convirtió en su mentor, maestro y figura paterna. Tocando su corneta por las noches con cuanta agrupación le daba oportunidad, por las mañanas se dedicaba a entregar carbón y vender periódicos para ganar algunos dólares.

Inquieto con las damas desde adolescente, el cornetista tuvo a bien casarse con una prostituta de nombre Daisy Parker, adoptando junto con ella a Clarence –hijo de una fallecida prima de Louis-, un pequeño que presentó después un retraso mental ocasionado por un fuerte golpe en la cabeza, pero con quien el muchacho se encariñó en gran medida y a quien cuidó durante el resto de su existencia.

Quedándole chica Nueva Orleáns para el desarrollo de su música, Joe Oliver decidió trasladarse a Chicago, dejándole su lugar en la banda Kid Ory a Armstrong, cuando ya el grupo era el más importante de la ciudad en cuanto al swing se refería. Poco después Louis trabajó con Fate Marable tocando en los barcos de vapor que navegaban el Mississippi, logró ahí desarrollar su habilidad para elaborar arreglos escritos, mientras ejercitaba su improvisación.

Cuando cumplió la mayoría de edad -21 años- se separó de Daisy –falleciendo ella poco después-, y se trasladó a Chicago en pos de Joe “King” Oliver, cuya banda Creole Jazz Band amenizaba los bailes en el salón Lincoln Gardens, haciendo con ellos su primera grabación a la vez que se enamoraba perdidamente de la pianista Lillian Hardin.

Dama de gran talento y perspicacia, Lil Hardin también pareció flecharse con el “provinciano” Armstrong, aún cuando ella estaba casada con el cantante Jimmy Johnson, por lo que habiéndose ambos divorciado de sus respectivas parejas, contrajeron nuevo enlace en 1924. Ambiciosa y sabedora del gran talento que tenía su nuevo y flamante marido, Hardin lo convenció de abandonar a Oliver para buscar su propio lugar en el mundo musical.

Es así como Louis Armstrong llegó ahora a Nueva York, ciudad en la que se unió a la orquesta dirigida por Fletcher Henderson en sus presentaciones en el salón de baile Roseland, siendo ahí precisamente donde decidió cambiar a su entrañable corneta por la legendaria trompeta, cuyo objetivo primigenio fue empatar de mejor manera con la sección de metales de la banda neoyorkina.

Para 1925 nuestro músico regresó a Chicago, donde grabó con la disquera Okeh Records compartiendo créditos con las bandas Hot Five y Hot Seven; al año siguiente grabó West End Blues, la cual significó un genuino parteaguas para el jazz, destacándose el trompetista por su extraordinaria habilidad interpretativa, inigualable capacidad de improvisación y la desbordante pasión que destilaba durante sus actuaciones.

Y así comenzó a surgir una estrella cuya luz no se ha apagado después de más de medio siglo. Regresando a Nueva York para trabajar con Carroll Dickerson en el Sunset Cafe, logró subirse incluso a los escenarios de Broadway participando en el espectáculo Hot Chocolates (1929) dirigido por Leonard Harper y con música de Thomas “Fats” Waller y Harry Brooks.

Mientras su fama se elevaba cual espuma, realizó giras durante las cuales se presentó en Chicago, Detroit, Pittsburgh y Washington, llegando hasta el sur de los Estados Unidos al escenario del afamado Cotton Club en California; mientras tanto, intercaló las presentaciones con la realización de grabaciones en conjunto con otros astros musicales como Jimmie Rodgers, a quien se conoce como el padre del country.

Tan completo como era en su faceta de artista, Louis Armstrong destacó no solo en la música, pero acerca de esto y de su llegada a la cima ya hablaremos más a fondo en la siguiente entrega. 

FUENTES:

“Louis Armstrong”. Aut. Conti González Báez. En las redes del tiempo. Grupo Radio Centro. Nov. 2007 .

“Louis Armstrong: A Cultural Legacy”. Libro reseñado por Krin Gabbard. Stony Brook.

“Se cumplen 40 años de la muerte de Louis Armstrong”. Aut. Sergio Pujo. Revista Ñ. Diario Clarín de Argentina.

www.history-timelines.org.uk

 


 

[1] Musa griega de la Música.

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