La audacia de la insensatez: Alexine Tinne I

Grabado de Alexine Tinne

Parte I

Por: Patricia Díaz

“Demasiado poco valor es cobardía y demasiado valor es temeridad”.
Aristóteles

Dicen por ahí que la línea que separa a la locura de la excentricidad es meramente el dinero con el que cuenta el sujeto en cuestión, de modo que a veces aquellas conductas que en una persona de recursos limitados le garantizarían un pase directo a la institución psiquiátrica más cercana, en los individuos cuya cuenta bancaria es un poco más nutrida no pasan de ser “sellos” característicos del peculiar millonario.

Uno de estos casos lo encontramos en una extraordinaria dama decimonónica que respondía al nombre de Alexine –o AlexandrineTinne, una holandesa de armas tomar que ante la mirada atónita de su parentela y amigos la emprendió junto con su madre y su tía –ya mayores- rumbo al África.

El gusto por los viajes es paulatinamente adquirido, y Ali –como llamaban a Alexine de cariño- tuvo esta oportunidad desde que su padre Philip Tinne y su madre Harriet van Capellen decidieron que su hija debía recibir la educación más refinada que se pudiese encontrar en Europa, de manera que sus amigos del colegio la invitaban a pasar los veranos en sus lujosas residencias situadas en Londres o París; estas experiencias le permitieron a la jovencita descubrir su talento natural para los idiomas –aprendió inglés y francés-, habilidad que le sería de suma utilidad en sus posteriores travesías.

Alexine había nacido en La Haya –Holanda- en 1835 heredando sin duda el espíritu aventurero de su padre, quien si bien era un acaudalado hombre de negocios, también disfrutaba con sus viajes –poseía plantaciones de azúcar-, mismos que relataba detalladamente a su familia en las noches que pasaban al calor de la chimenea. Sin embargo, fue durante unas vacaciones que pasaban en familia en Italia cuando al Sr. Tinne lo sorprendió repentinamente la muerte durante su estancia en Roma.

Habiendo fallecido su padre, Alexine se transformó en una niña muy acaudalada –contaba con tan solo nueve años y sesenta y nueve mil libras-, bajo la estricta supervisión de su madre. Pero poco o nada pudieron hacer los colegios europeos y los cuidados de Harriet ante el indomable carácter de la chiquilla, quien poco a poco se transformaba en una bella y resuelta señorita que era seguida por una gran cantidad de insulsos –al menos para su gusto- pretendientes.

No obstante, como toda muchachita, también Ali encontró un caballero que le permitió formarse románticas fantasías. Tratábase así de un atractivo oficial destinado en Sajonia, que tenía fortuna y abolengo, pero que sin embargo no llenó por completo las expectativas de su damisela, ya que esta un buen día regresó a casa asegurando que no quería ver de nuevo al interfecto.

Pensando en que alejar a su hija de La Haya la ayudaría a superar su amoroso conflicto, Harriet la llevó a recorrer las capitales europeas, enamorándose su hija del pasatiempo de viajar. Ahora bien, en este sentido Alexine desarrolló una singular dualidad, ya que mientras gustaba de aventurarse en inhóspitos terrenos –cruzó a caballo los Pirineos aun ante las enérgicas protestas de su progenitora-, también le gustaba tener a mano durante estas azarosas jornadas, todas las comodidades de su hogar.

Cuando cumplió los 19 años Tinne convenció a su madre de que la acompañara en una excursión por Egipto y el medio oriente; de esta manera, pasaban las temporadas invernales en el grandioso hotel Shepheards, migrando hacia el monasterio de Sainte Roc, en Palestina, durante el verano; dentro de este itinerario incluyeron visitas a Tierra Santa, Líbano y el Mar Rojo, haciendo además numerosos recorridos a lo largo del Nilo acompañadas por sirvientes, camareros, guías y un intérprete –que permanecería con ellas en adelante- de nombre Osman Aga.

Para 1857 las Tinne regresaron a Holanda, donde obtuvieron una gran bienvenida por parte de sus amigos y familiares. Una vez en casa Harriet se dispuso a disfrutar de su hogar y a organizar veladas en las cuales ella y su hija narrarían las grandiosas aventuras vividas en las lejanas tierras; con lo que no contaba la dama era con que Alexandrine estaba ya elucubrando grandes planes para otra travesía, esta vez no con fines recreativos sino de exploración, ya que la chica había decidido ver las fuentes del río Nilo con sus propios ojos.

Demasiado peligroso resultaba el plan a los ojos de personas experimentadas, ya que si bien ya recorrían el continente negro personajes como Samuel Baker, John Speke y James Grant, entre muchos otros, el modo de viajar de Tinne incluía mayores esfuerzos ya que la cantidad de equipaje que cargaban era monumental, lo cual dificultaba el traslado en gran medida.

Sin tener en cuenta las voces de aviso que se alzaban a su alrededor, Alexine, Harriet y Adriana –la tía Addy, quien habíase enamorado apasionadamente del zar Alejandro II de Rusia mientras se encontraba al servicio de la reina madre de Holanda, Anna Paulowna y sin querer acabar como su concubina decidió encontrar “refugio” con su familia- empacaron más de treinta y seis maletas, tomaron a sus fieles mascotas, entre las que se encontraba la perra afgana Matruka y embalaron gran cantidad de mobiliario el cual incluía camas, bañeras, sillones y hasta un piano (!), partiendo a continuación hacia Marsella para embarcarse después rumbo a Egipto.

Sin ser las únicas féminas que por entonces habían sentido el llamado africano, sí eran las únicas que viajaban con todos los lujos del hogar, ya que mientras Mary Kingsley a duras penas cargaba un cepillo y Florence Baker se enfrentaba a porteadores sublevados con un rifle de doble cañón que pertenecía a su adorado Samuel, Alexine se bañaba cómodamente y cenaba vestida de gala en medio de traicioneros terrenos.

Pero cada quien emprende la aventura como mejor le parece y Alexine hizo de lado las cuestiones monetarias, ya que su fortuna le permitió contratar a las personas requeridas que trasladarían sus pertenencias de un lado para el otro, así como una escolta de soldados armados que las protegerían de ladrones, negreros y nativos.

La Reina del Ecuador –como los egipcios bautizaron a Ali– tenía entonces el propósito de remontar el Nilo Azul[i], para explorar así el territorio etiope, teniendo como expectativa para la partida el mes de enero de 1858. Haciendo efectivos sus planes, las tres damas y sus vastos acompañantes partieron hacia Jartum, a donde llegaron después de tres meses ya que hubo algunos pormenores que no se habían dignado a considerar, como el hecho de que fuese necesario jalar las embarcaciones por una parte del recorrido, para lo cual tuvieron que contratar animales de tiro y varios hombres; de igual manera algunas cataratas fueron sorteadas tan solo cuando las embarcaciones fueron sacadas del río, desarmadas –en algunos casos- y cargadas hasta otra parte, como fue el caso en Philae[ii].

Tan extraordinario esfuerzo merecía una justa recompensa, misma que Alexine dio a sus ayudantes en forma de una fiesta para la cual contrató músicos y bailarines, proporcionando así a toda la comitiva un merecido esparcimiento que fue disfrutado por todos excepto por la tía Addy, quien taciturna se sentó en un rincón negándose terminantemente a participar del convite.

Pero hasta aquí el viaje de las Tinne ha sido afortunado, circunstancia que no prevaleció en las siguientes etapas de la aventura, como podremos observar en la siguiente entrega, en la cual leeremos sobre las desgracias que acaecieron a nuestras protagonistas. 

FUENTES:

“Las reinas de África”. Aut. Cristina Morató. Ed. Plaza y Janés. España 2003.

“Alexine and the Nile”. Aut. Leo Hamalian. Saudi Aramco World. Enero-febrero 1983 www.saudiaromcoworld.com

“Alexis Tinné”. W3.mujeresviajeras.com .

“Alexine Tinne”. www.nationalgeographic.de


[i] Río de 1606 km que nace en Etiopía, pasa por Sudán y se une al Nilo Blanco en Jartum.

[ii] Isla situada en el río Nilo a 11 km de Asuán.

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