De Vlad Dracul a Edward Cullen: Vampiros, el mito cambiante I

Vlad Dracul (derecha) y Bela Lugosi personificando a Drácula (1931)

Parte I

Por: Patricia Díaz

“La crueldad, como cualquier otro vicio, no requiere ningún motivo para ser practicada, apenas oportunidad”.

George Eliot

Elegantes caballeros de impecable presencia, monstruos voraces con ojos inyectados de sangre, jovencitos apuestos que cautivan a cuanta adolescente los contempla, son algunas de las diferentes visiones que, de los vampiros, la literatura, el cine y la televisión nos han regalado.

Modificadas de acuerdo al tiempo en que aparece el mito de los chupasangre, las imágenes que de ellos se presentan son tan contrastantes como los autores que los retratan; sin embargo, en un principio se trataba de monstruos maléficos que vagaban por el mundo asediando hermosas doncellas y aterrorizando a humildes villanos (habitantes de las villas).

Existiendo estos mitológicos seres desde hace ya varios siglos, fue el escritor irlandés Abraham Stoker quien les dio un giro particular que los estacionó en el escalafón de lo imperecedero, creando la figura de Drácula en su novela homónima publicada en 1897 –aunque en realidad el novelista había ya manejado el tópico en su libro Draculas Gast, mismo que publicado en 1912-.

Sin tenerse la certeza sobre la precisión de los conocimientos de Abraham sobre el histórico Vlad TepesVlad Dracul (Drácula o Draculea)-, lo cierto es que en su famoso texto se encuentran algunas similitudes entre el personaje real y el ficticio que resultan difíciles de omitir –como las referencias del conde a su linaje-, ya que fue probablemente el profesor Hermann Arminius Vambery, un historiador húngaro que hizo amistad con el irlandés, quien por primera vez le mencionó a Vlad III.

Pero ¿quién fue este hombre a quien el folklore popular y la leyenda han dotado con capacidades tan terroríficas como sobrehumanas? Resulta que si el conde Drácula que hemos visto en las películas y leído en los libros nos causa cierto estremecimiento, el caballero renacentista probablemente le hubiera “puesto los pelos de punta” al mismísimo Satanás.

En una época en que la lucha por los territorios y sobre todo el combate contra los musulmanes se encontraba en una de sus etapas más cruentas, aparece la figura del voivoda (príncipe de Valaquia[i]) Vlad II, quien fue miembro de la Orden del Dragón –cuya indumentaria incluía una capa negra con forro interior rojo-, una agrupación que se encargaba de combatir a los “infieles”, y que por tanto adoptó el nombre de Dracul (dragón o demonio), llamándose por consiguiente sus vástagos Drácula (hijo del dragón o demonio). Siendo tres los hermanos Drácula: Vlad Tepes, Mircea y Radu, la familia vivió un tiempo en Sighiosoara (Transilvania), trasladándose en 1436 –cuando Tepes tenía cinco años- a Tirgoviste. Existiendo una situación por demás complicada con referencia a los turcos, el voivoda tuvo que negociar con el Sultán, quien vio necesario exigir una garantía que le procurase la lealtad del rumano para lo cual mantuvo como rehenes a Vlad y a Radu durante siete años.

Distintos en carácter y aficiones los jovencitos tomaron diferentes elementos de la cultura en la cual pasaron su adolescencia, de modo que mientras Radu se acostumbró a las bondades de las costumbres otomanas, Vlad aprovechó para aprender sus estrategias y artes marciales -se cuenta de que ya desde entonces este chico causaba temor entre sus carceleros ya que encontraba sádico entretenimiento en el empalamiento de insectos, ratones, gatos y perros-.

En 1448 el Sultán liberó a los muchachos, permaneciendo Radu en Turquía y emprendiendo Vlad camino hacia su hogar, donde le esperaba una trágica noticia: su padre había muerto, asesinado a golpes en las proximidades de Bucarest y Mircea había sido enterrado vivo por los mismos malhechores boyardos[ii]. Resulta entonces probable que tan funestas condiciones llenaran de ira y resentimiento el ya de por sí turbado corazón del joven, quien además tenía gran ansia de poder. Pero la suerte quiso que pronto tuviera la oportunidad de ver cumplido sus deseos ya que habiendo pasado poco tiempo desde la muerte de Vlad II, el gobernador de Transilvania, Johan Hunyadi, decidió enfrentar al Sultán siendo por completo derrotado; este hecho coincidió también con la ausencia del voivoda Vladislao II, por lo que Tepes se hizo con el poder por breve tiempo.

Trasladándose Drácula, tras la reconquista de Vladislao de su “legítimo” puesto, a Estambul y luego a Moldavia, no cejó en su intento de derrocar al gobernante en turno, lo que logró gracias al apoyo de Hunyadi, quien le permitió entrar en Valaquia para que pudiera deshacerse por fin de su enemigo a quien ejecutó, muriendo poco después el propio Johan debido a la peste.

Ahora bien, si es cierto que Tepes era un hombre cruel y violento, no por eso era menos inteligente. Con el odio carcomiéndole las entrañas, se “alió” con los boyardos para establecerse en el poder; no obstante, el nuevo príncipe pasó tres años planeando la venganza que llevó a cabo de una manera fría y atroz. Para tal efecto invitó a sus enemigos a un gran banquete en donde los obsequió con deliciosas viandas; una vez que los observó satisfechos y desprevenidos, hizo traer a sus guardias quienes apresaron a las mujeres, niños y ancianos y los empalaron en el acto. Por su parte, los sobrevivientes fueron obligados a recorrer unos ochenta kilómetros a pie para llegar al lugar donde Vlad tenía proyectado levantar su castillo, siendo los prisioneros obligados a trabajar en la edificación del mismo, sin descanso, agua o comida, por lo que poco a poco murieron de agotamiento e inanición.

La crueldad de Drácula pronto se hizo famosa en todos sus dominios, teniéndole sus súbditos un reverente pánico –aunque también se sabe que la tradición rumana lo recuerda como un príncipe severo pero justo-. Se dice incluso que si iba cabalgando en el campo y atisbaba a un campesino harapiento, mandaba empalar a su esposa por cuidar mal de su marido; de igual forma, conocía de tal manera su poder que dejaba una copa de oro afuera de su palacio en Tirgoviste para que los viajeros sedientos aliviaran su pesar. Por supuesto ese tesoro jamás fue hurtado.

Así, tal vez el episodio más aterrador sea el que vivió el sultán Mehmed II quien en 1462 invadió Valaquia para aniquilar a Tepes; ni tardo ni perezoso Vlad le presentó batalla con una estrategia de ataques y retiradas que eventualmente llevaron la lucha a la capital, en donde Drácula había preparado un “espectáculo” para su enemigo, dejando en la ciudad a veinte mil valacos empalados, traidores “todos”, entre los que se encontraban numerosos bebés, niños y mujeres. El turco al ver esto pensó que su adversario era el mismísimo diablo pero lo persiguió para detenerlo. En esta persecución Vlad salió huyendo, dejando atrás a su esposa –que se suicidó efectivamente lanzándose al vacío, como muestra la película de Francis Ford Coppola-, y obteniendo la ayuda del rey húngaro Matías Corvino, pero terminando temporalmente como su prisionero y finalmente como soldado en su ejército, ya que el soberano emprendió un ataque contra Esteban el Grande de Moldavia, aprovechando Drácula para entrar en Valaquia y derrotar al voivoda Laiota Basarab, victoria que le duró tan solo un mes ya que el vapuleado Basarab no se rindió y regresó con más tropas para derrocar a Vlad Dracul, logrando atraparlo en un oscuro bosque, donde le dio muerte[iii] y enviando posteriormente su cabeza a Constantinopla, donde fue mostrada con orgullo y júbilo en la plaza principal.  

Vlad Tepes, Drácula, no fue un mito y sus sanguinarias acciones no han sido registradas por una novela sino por la historia misma, haciéndonos dudar sobre si temerle a los hombres o a los monstruos porque como dijo el escritor romano Plinio el Joven: “El mayor número de males que sufre el hombre, proviene del hombre mismo”

FUENTES:

“Drácula: El conde maldito”. Aut. Juan Jacinto Muñoz Rengel. Revista Clío no. 26. Diciembre 2003.

“Vlad el empalador: El Drácula histórico”. Aut. Covadonga Valdaliso. Historia National Geographic no. 46. Diciembre 2007.

“Drácula: El dragón del diablo”. Aut. Fernando Martínez Laínez. Revista Historia y vida no. 418.


[i] Antiguo principado rumano que se ubicaba al norte del Danubio y al sur de los Montes Cárpatos.

[ii] Nobles.

[iii] Existen varias versiones de la muerte de Drácula ya que en otra se menciona que fue asesinado por traidores boyardos, mientras otros determinan que su fallecimiento fue causado por una herida accidental infligida por uno de sus propios hombres.

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