De Vlad Dracul a Edward Cullen: Vampiros, el mito cambiante II

Kiefer Sutherland en Lost Boys (izq.) y Robert Pattinson en Eclipse (der.)

Parte II

Por: Patricia Díaz

“La imaginación tiene sobre nosotros mucho más imperio que la realidad”.

Jean de la Fontaine

Por más terrorífica que sea la imagen que se tiene del vampiro en sus más espeluznantes concepciones, de acuerdo con lo que hemos visto, ninguna podría compararse con la maldad que emana del personaje real que presuntamente inspiró al personaje del conde Drácula de Bram Stoker; sin embargo, la idea –y el temor por estos personajes- sobre el vampiro no data por supuesto del surgimiento del mítico conde transilvano en la literatura decimonónica, sino que por el contrario estos monstruos estuvieron ya presentes en muchas de las culturas del mundo antiguo.

De esta forma cabe mencionar que, si bien las criaturas que aquí nos competen pueden no alimentarse de sangre humana, sí se alimentan del imaginario popular, donde la superstición –y actualmente la moda- han provocado cambios en el mito que responden, de acuerdo con los expertos, a la propia transformación de la sociedad.  

Hablemos por ejemplo de la Edad Media, esa complicada época histórica en la cual los temores hacia lo sobrenatural se unían con el horror de una realidad que incluía la temible peste bubónica. En esta etapa la creencia en la existencia de los vampiros se extendió por toda Europa, debido a que en ese entonces las personas tenían que encontrar una causa para esa enfermedad que mataba sin piedad a niños, mujeres o bravos guerreros por igual. Sin voltear a ver a los verdaderos culpables –los parásitos que se alojaban en el sucio pelaje de los roedores que circulaban por las calles y las casas-, la gente comenzó a pensar que era obra del demonio y de sus vampíricos engendros. Tal situación ha salido a la luz gracias –entre otras cosas- al descubrimiento de un “vampiro” en la isla de Lazzaretto Vecchio en Venecia, donde se desenterró el cadáver de una mujer a la que se le había incrustado en la boca un ladrillo –según la tradición era un eficaz remedio para mantener en su tumba al no-muerto-.

Con todo, no es plausible que los descubridores de tal “horror” se asustasen demasiado con su hallazgo, ya que hoy en día se sabe que la velocidad con la que los sujetos morían a causa de la peste era tal que los enterradores se veían imposibilitados para cumplir su piadoso deber de manera adecuada, de modo que crearon fosas comunes que eran constantemente reabiertas con la finalidad de tener las ciudades libres de cadáveres; así, la forma en que estos se descomponían, según la causa de la muerte, coincidían con las descripciones folclóricas de los vampiros –sangre en la boca y en la nariz (que no era tal, sino un fluido oscuro) por ejemplo-, los cuales a la sazón eran descritos como monstruos espantosos que vestían harapientos trapos rojos y blancos, cuyo rostro estaba tinto de escarlata –bastante diferente como podemos percibir, del pálido noble que amenazaba a Lucy Westenra-.

Así, como mencionamos anteriormente el parteaguas del mito del vampiro surgió con la novela Drácula (1897), pero fue el surgimiento del cine en los albores del siglo XX el que realmente promovió la evolución del ancestral monstruo, transformándose así tantas veces como guionistas, directores y actores decidieron emplearlo para la realización de los filmes.

Friedrich Wilhelm Murnau fue uno de los directores que dio a Drácula un toque diferente en su película muda Nosferatu (1922), con la cual el cineasta tuvo que embarcarse en una batalla –que perdió- con la viuda de Stoker por los derechos de los nombres que aparecían en el libro, de tal suerte que tuvo que nombrar al tenebroso protagonista –personificado por Max Schreck– como Conde Orlok, sumando a la historia ciertos elementos como el hecho de que la luz solar tenía el poder de destruir al demoniaco ser; curiosamente la propia historia de la filmación de la película se convirtió en el tema central de la cinta La sombra del vampiro (2000), ya que existen diversas leyendas en torno al propio Schreck, quien de acuerdo con la cinta protagonizada por Willem Dafoe era un verdadero vampiro.

Un ícono surgido en la primera mitad del siglo XX fue el Drácula del actor húngaro Béla Lugosi, quien después del filme que dirigiera Tod Browning en 1931 se posesionó de tal manera del personaje del conde transilvano que pidió ser enterrado tras su muerte con el disfraz que lo catapultara a la fama.

A partir de entonces se han tenido muy diversas variantes del vampiro, yendo las películas de lo cómico a lo macabro, pasando por lo grotesco y ridículo. De esta manera encontramos comedias como Amor al primer mordisco (1979) protagonizada por George Hamilton o Drácula, un muerto muy contento y feliz (1995) con Leslie Nielsen; mientras que en los setenta se relaciona al vampiro con la sexualidad, surgiendo impresionantes vampiresas como Ingrid Pitt (Vampiros amantes, 1970) o Yutte Stensgaard (Lujuria para un vampiro, 1971).

En la extravagante comicidad se sitúa el director Roman Polanski con El baile de los vampiros (1967), después de que Terence Fischer lograra rehacer el personaje interpretado por Lugosi con Christopher Lee en su Drácula de 1958 –repitiendo el actor este papel en varias cintas a lo largo de su carrera-. Asimismo los escritores de horror no evitaron al personaje empleándolo Stephen King en Salem’s Lot, cuya adaptación a la televisión resultó en una miniserie homónima de gran éxito.

Pero fue en los ochenta cuando comenzó a surgir la concepción del vampiro como el joven inadaptado pero ocasionalmente con buenos valores y sentimientos, el chupasangre ya no es entonces un monstruo sino alguien que se siente apartado de la sociedad, que busca a seres similares para hacer una nueva familia en la cual la lealtad es siempre el ingrediente principal, como ejemplo podemos mencionar a Los muchachos perdidos (1987) en la que Kiefer Sutherland personificó al líder (David) de una vampírica pandilla a la cual se enfrentan Michael (Jason Patrick) y Sam (Corey Haim).

Mereciendo especial mención la cinta Drácula de Bram Stoker dirigida por Francis Ford Coppola en 1992 –en la cual se incluyó en la trama una historia de amor entre Mina y Drácula, inexistente en el libro-, es realmente en el nuevo milenio cuando se tiene un nuevo boom de los vampiros, observándose dos vertientes: los vampiros vistos como adolescentes –o adultos- atractivos y ejemplares –a veces-, cuya belleza y valores hacen que cualquiera quiera ser –o estar con- un no-muerto; o bien los que indignados ante esta nueva perspectiva del mito han tratado por todos los medios de retomar sus sanguinarios orígenes. Ejemplo de lo primero son la saga –Crepúsculo, Luna Nueva, Eclipse y Amanecer– escrita por Stephenie Meyer y protagonizada en cine por Robert Pattinson (Edward Cullen) y Kristen Stewart (Bella Swan), o la serie televisiva Vampire Diaries en la que los hermanos Salvatore (Paul Wesley e Ian Somerhalder) arrancan suspiros a las jovencitas.

En el lado opuesto encontramos cintas como 30 días de noche (2007), dirigida por David Slade basada en los comics de Steve Niles y Ben Templesmith, en la cual un grupo de abominables vampiros arrasa con los habitantes de un pueblito en Alaska, aprovechando treinta días de oscuridad; en la misma tónica se sitúa la saga literaria de Guillermo del Toro y Chuck Hogan, en cuyos títulos Nocturna y Oscura –los dos primeros de la Trilogía de la Oscuridad– hemos podido observar a los vampiros como monstruos –generados por un virus, a manera de enfermedad- que acechan a los habitantes de la ciudad de Nueva York y sus suburbios.

Teniendo ya poco o nada que ver el terrible Vlad Dracul –o en su defecto su versión ficticia, Drácula– con los atractivos vampiros de la familia Cullen, lo cierto es que los chupasangre siguen ejerciendo la misma fascinación en el imaginario colectivo de hoy que en el del siglo XIX, cuando la gente todavía se espantaba con un monstruoso ser que podía arrancarte la vida mientras dormías.

PARA CONOCER:

Nosferatu (1922): http://www.youtube.com/watch?v=N-DrKgjit4I

La sombra del vampiro (2000): http://www.youtube.com/watch?v=T8YyC1PhVLs

Drácula (1931): http://www.youtube.com/watch?v=UehobGtSnOk

Drácula de Bram Stoker (1992): http://www.youtube.com/watch?v=PlDbxogHPao&feature=related

Amantes vampiro (1979): http://www.youtube.com/watch?v=StTTfl8SU5k

El baile de los vampiros (1967): http://www.youtube.com/watch?v=1q-sukI-ZpU

Muchachos perdidos (1987): http://www.youtube.com/watch?v=hsv_NQFbQzo

30 días de noche (2007): http://www.youtube.com/watch?v=ao07d8seX1g

 FUENTES:

“Vampiros en el cine y en serie”. Aut. José Luis Urraca Casal. www.unmundodecine.com. Sep. 2008.

“How vampires got all touchy-feely”. Aut. Brendan O’Neill. http://newsbbc.co..uk 19 de diciembre 2008.

“Vampiros ¿existen de verdad?”. Aut. Luis Miguel Ariza. Periódico El País, 23 de mayo 2009.

“Vampires are the New Sexy – From Bela Lugosi to Alexander Skarsgard”. Aut. Robyn Good. http://technorati.com 22 de agosto 2010.

2 respuestas a De Vlad Dracul a Edward Cullen: Vampiros, el mito cambiante II

  1. webpositer dice:

    You know thus considerably in relation to this subject, made me for my part imagine it from so many varied angles. Its like women and men are not fascinated unless it is something to accomplish with Woman gaga! Your personal stuffs outstanding. All the time care for it up!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: