Un genial artífice: Orson Welles II

Orson Welles

Parte II

Por: Patricia Díaz Terés

“Lo que más vale en el hombre es su capacidad de insatisfacción”.

José Ortega y Gasset

Ambicioso, brillante, activo y con una insaciable necesidad de crear, así era el joven Orson Welles cuando en la década de los 30 comenzó a dejar sus huellas en la historia de las artes. Había para entonces formado ya el Mercury Theatre of the Air, en alianza con la CBS Radio, cuando en su programa transmitido el 31 de octubre de 1938 realizó la más escalofriante adaptación de la novela de ciencia ficción La guerra de los mundos de H.G. Wells, que se haya escuchado jamás.

La imaginación de Welles – junto con Howard Koch y John Houseman- lo llevó a elaborar una dramatización a manera de noticiario en la cual un aterrorizado locutor narraba paso a paso la llegada de naves espaciales que transportaban alienígenas cuya intención era acabar con la humanidad y tomar posesión del planeta Tierra. Por supuesto que Orson incluyó la presentación de su programa, pero muchos de sus oyentes se perdieron ese vital segmento que les refería el contenido como ficción, por lo que un gran número de personas se lanzó a las calles gritando que el fin del mundo había arribado.

Este curioso hecho le ganó la estima de los empresarios, ya que a pesar de que se consideraba anteriormente que el programa tenía una audiencia escasa, la conmoción causada por aquella transmisión de la Noche de Brujas fue contundente, de manera que Campbell’s Soup se convirtió en patrocinador de Welles surgiendo Campbell’s Playhouse cuya esencia era la misma que la del Mercury pero con un presupuesto mucho más holgado que permitió al director invitar a las más grandes estrellas del momento para compartir sus micrófonos, apareciendo entonces en las transmisiones íconos como Katherine Hepburn o Sir Laurence Olivier.

Al año siguiente el panorama mundial se transformó al estallar la Segunda Guerra Mundial. Con un notable sentido patriótico Orson trató de enrolarse en el ejército, siendo rechazado a causa de su pie plano; no obstante, nuestro tenaz genio decidió que era el momento para dedicar un tiempo a una pasión largamente reprimida: la magia, de manera que realizó una gira con la European Theater of Operation montando un acto en el que lograba partir por la mitad a la legendaria Marlene Dietrich.

Pero la radio y el teatro no le proporcionaban al genio todas las herramientas que su imaginación requería para manifestarse, de manera que decidió probar suerte en el séptimo arte, cuyas herramientas le vinieron como “anillo al dedo”. Así, en 1941 dirigió y protagonizó su primer filme, Citizen Kane con RKO Pictures, resultando en un rotundo fracaso en taquilla –el estudio perdió 150 mil dólares en la aventura- pero con tal éxito con la crítica que le valió después el título de la mejor película jamás filmada, según los expertos.

Experimentando de manera magistral con perspectivas innovadoras, claroscuros y otros elementos cinematográficos Welles captó la atención de sus colegas realizadores; sin embargo también provocó la ira del magnate William Randolph Hearst, quien vio su persona reflejada en el personaje de Charles Foster Kane, tratando entonces el millonario de frenar al director –llegó a ofrecer un millón de dólares para que se quemasen los negativos- sin lograr amedrentarlo ni siquiera con amenazas legales.

Continuando la exploración de diversos caminos para dar rienda suelta a sus propuestas, realizó un viaje por México y Brasil en 1942 por expreso encargo del entonces presidente Franklin D. Roosevelt para que elaborar un filme que pusiera en evidencia la “política de buena vecindad” que Estados Unidos estaba estructurando con aquellas naciones –en este mismo proyecto participó después Walt Disney produciendo Saludos amigos (1942) y Los tres caballeros (1944)-. Esta travesía no resultó como había planeado el mandatario norteamericano ya que el documental It’s all true quedó inconcluso, hecho que los detractores del cineasta aprovecharon para acusarlo de haber malgastado el tiempo y el presupuesto en fiestas y chicas, en la cautivadora ciudad de Río de Janeiro.

Ahora bien, los trabajos inconclusos no son precisamente ajenos a la historia de nuestro protagonista –en 1955 comenzó el rodaje de Don Quixote en México y París, tomando el director también el papel de protagonista haciéndose acompañar por el actor Akim Tamiroff, pero sin llegar a concluir la obra, misma que logró ver la luz gracias al trabajo llevado a cabo décadas después (1992) por Jesús Franco y Patxi Irigoyen, con la finalidad de estrenar el filme en la Exposición Universal de Sevilla ’92-, sin haber tenido esto nada que ver con desidia o ineptitud, sino con un afán de perfección extralimitado que llevaba a Orson a querer controlar –al igual que su colega Alfred Hitchcock– cada uno de los aspectos de los filmes que dirigía, tornándose entonces el proceso sumamente largo y costoso. En este sentido se puede ubicar de igual manera a Welles escribiendo el guión, modificando las luces, guiando a los actores, trabajando codo a codo con los intérpretes en escena o en la sala de edición supervisando cada uno de los cuadros que aparecerían en la gran pantalla.

Ni qué decir se tiene que este proceder le retribuyó con obras maestras que lo han entronizado como uno de los mejores directores cinematográficos de toda la historia, pero que en su momento le llevaron literalmente años en el rodaje como su Othello (1956) que fue filmado entre 1949 y 1952 logrando después la Palma de Oro en el Festival de Cannes.

Y es así como podemos afirmar que las películas con el toque Welles eran oro para la crítica y los festivales pero repelentes en taquilla. Aun cuando películas como A Touch of Evil (1958) obtuvo un premio en la Feria Mundial de Bruselas en 1958 sus ingresos fueron deplorables, mismo caso de otras producciones como The Magnificent Ambersons (1942) o Chimes at Midnight (1965).

Por otro lado Orson Welles no era una persona precisamente equilibrada ya que toda la constancia y disciplina que tenía para la elaboración de sus cintas, parecía perderla a la hora de cuidar de su persona –tanto en el sentido físico como emocional-. Así, tras haberse divorciado de Virginia Nicholson, en 1943 contrajo matrimonio con la despampanante Rita Hayworth a quien había conocido durante la filmación de The Lady from Shanghai (1947) –con quien procreó a su hija Rebecca– separándose cinco años después, para volver a contraer nupcias en sus andares por Europa –tras haber sufrido la persecución del Comité de Actividades Antiamericanas, decidió viajar a lo largo y ancho del mundo filmando en donde y como se lo permitiesen- con la actriz italiana Paola Mori con quien tuvo a su hija Beatrice.

Habiendo luchado toda su vida por conseguir el dinero que eventualmente le permitiese realizar sus sueños, Orson Welles se ha erigido como una figura controvertida, misteriosa y a la vez magnífica ya que resultó casi una broma del destino cómo aquel a quien un osado crítico del periódico The New York Herald Tribune llamado Walter Kerr tildó de bufón –después de que Welles actuase en silla de ruedas durante una presentación de King Lear debido a un tobillo fracturado-, recibió en 1971 un Óscar por los logros de una vida, siendo reconocido después tanto por la American Film Institute como por la Directors Guild of America –otorgándole esta última su máxima presea, el premio D.W. Griffith-.

Pero a pesar de todos sus logros un ser humano debe responder finalmente a su naturaleza, por lo que siendo Orson un hombre grande –medía 1.90 m- y grueso que tendía a excederse en el trabajo y despreciar el cuidado de su alimentación, el día 10 de octubre de 1985 mientras trabajaba en un guión que filmaría más tarde, sufrió un infarto que lo mató al instante, concluyendo así una vida que sigue marcado aún hoy la existencia de miles de cineastas alrededor del orbe, descansando pacíficamente las cenizas de sus restos mortales en una hacienda en la provincia de Málaga (España).

 

FUENTES:

“Orson Welles is Dead at 70, Innovator of Film and Stage”. Obituario www.nytimes.com. Octubre, 1985.

 “El genio de la lámpara”. Aut. José María Aresté. www.decine21.com Octubre, 2002.

“Condenados a la eternidad: George Orson Welles”. Aut. Gustavo Rubén Giorgi. Revista Letralia No. 231. Mayo, 2010.

“Orson Welles: El ilusionista”. Aut. Federico Lisica. www.almamagazine.com. Febrero, 2011.

“Cuestiones teóricas sobre el cine de Orson Welles”. Aut. Pedro García Cueto. www.cinecritic.biz Septiembre, 2011.

“Orson Welles”.  Aut. Enrique Martínez-Salanova Sánchez. www.uhu.es

www.thebiographychannel.co.uk

http://www.mercurytheatre.info/history

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