La soberbia de un genio innovador: Gertrude Stein I

Retrato de Gertrude Stein realizado por Pablo Picasso. Metropolitan Museum of Art (Nueva York)

Parte I

Por: Patricia Díaz Terés

“La soberbia es el vicio más frecuentemente castigado, y, sin embargo, el más difícil de curar”.

Nicolás Tommaseo

En un mundo donde la popularidad ha parecido serlo todo para un escritor, difícil se ha planteado para ellos el panorama de la innovación. Existiendo desde centurias atrás fórmulas que funcionan perfectamente para vender ejemplares como si de pan caliente se tratase, aquellos valientes creadores que se han dado a la tarea de quebrar los paradigmas del ámbito literario se han enfrentado a la crítica inmisericorde y las bajas ventas de obras que en la posteridad han sido consideradas como ejemplos de genialidad.  

Así, mientras leer la saga de Harry Potter escrita por J.K. Rowling resulta un gancho casi infalible para adentrar a los niños en el asombroso mundo de la lectura, otros autores que si bien son considerados mucho más profundos y a veces hasta magníficos, escribieron libros que para el común de los mortales han resultado incomprensibles, por lo que en muchas ocasiones pasan a ser parte obligada de una biblioteca que se precie de serlo, pero que rara vez –fuera del entorno académico- son removidos de sus estanterías con el propósito de ser disfrutados.

De este modo las obras de Gertrude Stein han sido consideradas desde hace varias décadas como productos del genio puro de la aguerrida escritora, pero también han sido vilipendiados por otros críticos –tal vez menos entendidos en materia o bien con gustos literarios específicos donde la innovación no tiene cabida-; y es que nuestra rebelde protagonista transgredió cuantas normas de la sintaxis le fue posible, con la finalidad de encontrar una “forma lingüística” propia que a la vez de darle una identidad como literata, le proporcionase la libertad suficiente para expresar sus ideas.

Norteamericana de origen, Stein nació en Allegheny, Pennsylvania, en la segunda mitad del siglo XIX (1874), dentro del seno de la familia originada por Amelia Keyser y Daniel Stein, quienes engendraron a Michael, Simon, Bertha, Leo y a la pequeña Gertrude, que desde la escasa edad de 6 meses inició sus correrías por el mundo cuando su familia se mudó a Viena y posteriormente a París, para regresar a su patria en 1880 instalándose primero en Oakland y luego en San Francisco (Ca).

Las vicisitudes en la vida de la joven Stein comenzaron desde la adolescencia, cuando su madre falleció en 1888 a causa del cáncer, siguiéndole su padre en 1891. Necesitados de una guía, Michael se hizo cargo de la familia, optando Bertha y Gertrude por mudarse a Baltimore, donde vivieron con algunos parientes; si bien los chicos habíanse quedado sin progenitores, no pasó igual con su fortuna, ya que la herencia era suficiente para que todos pudiesen vivir cómodamente.

Con un intelecto sumamente inquieto, la postrer escritora optó por asistir al Harvard Annex –después llamado Radcliffe College-, sitio en el que encontró la tutela del acreditado psicólogo William James, graduándose la muchacha con los máximos honores en 1898 y habiendo publicado su primer texto en la Psychological Review en 1896. Le tocó entonces el turno de aventurarse en la medicina, nada menos que en la prestigiada universidad Johns Hopkins, pero a pesar de que invirtió en ello cuatro años, abandonó la carrera sin concluirla, situando algunas fuentes la causa de la deserción en la reprobación de ciertas asignaturas; mientras que otros tantos lo atribuyen a una decepción amorosa sufrida en una supuesta relación con una persona de nombre May Booksaver.

Pero lo cierto era que su hermano favorito, Leo, había ya partido a Europa para establecer su residencia permanente en Francia, por lo que Gertude se embarcó lo más pronto que le fue posible con el fin de alcanzarlo, realizando tal travesía en 1903.

Llegando a París, la chica se sintió inmediatamente como pez en el agua ya que comía, respiraba y vivía arte, posibilidad que la cautivó desde el primer instante. Siendo toda la familia de similar talante artístico, Leo y Gertrude pronto se lanzaron en búsqueda de obras pictóricas interesantes, topándose –la escritora indica como descubridor a su hermano- en la tiendita de un antiguo payaso de nombre Sagot, con las pinturas de dos españoles uno de los cuales se llamaba Pablo Picasso.

Fue así como en 1905 adquirieron su primer Picasso: La joven con la canasta de flores, conociendo poco después los hermanos Stein al artista, encuentro que estuvo marcado por el surgimiento inmediato de una química especial entre Gertrude y Pablo que los llevó a una entrañable –y un poco caótica- amistad que duraría muchos años. Tal fue la fascinación del cubista por la dama que elaboró su retrato al año siguiente, invitando a la escritora a posar en la Rue de Ravignon.

El año de 1907 trajo con él un acontecimiento que marcaría la vida de la treintañera literata, el momento en que conoció a Alice Babette Toklas, -una judía procedente de California quien a su vez poseía holgados recursos monetarios- que con el paso del tiempo se convertiría en su compañera de vida, secretaria y acérrima defensora, quien además fue prácticamente la única persona que aceptó cada una de las extravagancias existentes en el carácter de la conocida como “madre del modernismo”.

Gertrude ha sido descrita por sus diversos amigos como una mujer de carácter agradable, divertida, que usaba su melodiosa voz para descargar las críticas más severas –pero en su mayoría justas- a la vez que se reía sin reparo de ella misma. No obstante, el sentido del humor de Stein no eliminaba el egocentrismo y a veces incluso del narcisismo; aun cuando ella se permitía burlarse de sí misma, no le toleraba esto por parte de sus allegados, ya que siempre se percibió como la protectora, mecenas y descubridora de los grandes artistas del momento.

Ahora bien, la autoalabanza suele ser una de esas expresiones que pueden ser interpretadas de acuerdo al individuo que las profiere y a las circunstancias en las que se refieren, de tal suerte que diferente resulta la situación cuando estas salen de la boca de un simple y timorato fanfarrón, que cuando las articula alguien con el talento –y el valor- de Stein; resultando del primero chocante y fastidiosa, mientras que en el segundo caso se  pudo considerar como una actitud tolerable y hasta comprensible -hecho demostrado (en parte) por la gran cantidad de noveles literatos y pintores que se acercaban a Gertrude para pedir su consejo, mecenazgo y aliento-.

Sin embargo, la familia de la señorita Stein no consideraba a la fémina en los mismos términos que sus amigos Ernest Hemingway, Henri Matisse o Francis Scott Fitzgerald –quienes profesaron por ella verdadera admiración. Leo Stein había trabajado incansablemente para convertirse en un crítico de arte, habiendo radicado en Florencia para introducirse en el arte renacentista, conoció posteriormente a Paul Cezánne y estructuró una teoría estética crítica original; dicho logro teórico iba unido a la experiencia práctica, misma que adquiría durante las lecciones que tomaba en la academia Julian. Todos estos factores lograron que el que el joven Stein adquiriese un gusto refinado que le permitía realizar críticas respetables; de igual manera, se casó con una dama dedicada a la pintura, Sarah Samuels -a quien llamaban de cariño Sally, quien tuvo una considerable intervención en la recopilación de las obras que con el tiempo conformaron el más importante patrimonio de los Stein.

Por supuesto una dama tan extraordinaria como Gertrude Stein tuvo grandes altibajos en su vida: peleas, encuentros, desencuentros, actos de sobrevivencia y por supuesto revoluciones literarias. Pero todo ello requiere un poco más de espacio para relatarse como es debido, por lo que dejaremos estos temas para la próxima entrega de esta columna.

 

FUENTES:

“París era una mujer: Gertude Stein, las expatriadas y las expatriadas y la eclosión de las artes”. Aut. Eulalia Piñero Gil. www.ciudaddemujeres.com. Marzo, 2007.

“La colección de Stein y el mito de Gertrude”. Aut. Roberto Ponce. www.proceso.com.mx Enero 2012.

 “Gertrude Stein y Pablo Picasso. Letras españolas, letras extranjeras XV””. Aut. Margarita Garbisu Buesa. Cvc.cervantes.es/elrinconete 

“Gertrude Stein Biography”. Aut. Jone Johnson Lewis. About.com 

“La diferencia idéntica. Gertrude Stein escribiendo”. Aut. Heriberto Yépez. www.cabrasola.com

“Picasso, Stein y los años jóvenes”. Claude Grimal. www.lanacion.com.ar

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5 Responses to La soberbia de un genio innovador: Gertrude Stein I

  1. Solemne, la palabra

    Laguarditanuevadelbaño

    El traje que no te saco

    La novia en el blanco

    Solemne, postura; Solemne mueca.

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