La soberbia de un genio innovador: Gertrude Stein II

Kathy Bates como Gertrude Stein en la película Midnight in Paris (2011)

Parte II

Por: Patricia Díaz Terés

“El hombre que escribe bien, escribe, no como los demás, sino como él mismo”.

Charles Louis de Secondat

Famosas eran las tertulias en las que los grandes artistas que pululaban por las calles parisienses durante la primera mitad del siglo XX, se sentaban para discutir sus respectivas ideas y visiones del arte en la sala del número 27 de la rue de Fleurus, hogar de la peculiar Gertrude Stein.

Así mientras Ernest Hemingway y Francis Scott Fitzgerald discutían sobre literatura, Henri Matisse y Pablo Picasso evaluaban y comentaban sus respectivos lienzos, interactuando todos ellos bajo la inquisitiva mirada de la dama que bautizó a los escritores pertenecientes a tan singular grupo como la “generación perdida”, ampliándose posteriormente dicho término hasta abarcar a aquellos que fueron francos “enemigos” –o al menos “no-amigos”- de Gertrude como James Joyce o Ezra Pound.

Y es que no resultaba demasiado difícil tener enfrentamientos o abiertas enemistades con la señorita Stein. Su hermano, por ejemplo, se “separó” de ella definitivamente en 1913, despreciando sus propuestas y su arte, lo que llevó a la familia a repartirse la invaluable colección pictórica que poseía, quedando los Picasso en manos de Gertrude, los Renoir y Matisse en las de Leo y dividiendo equitativamente los Cézanne.

Ahora bien, una vez perdida la venia de esta innovadora literata, era muy complicado recuperarla como bien se dio cuenta su querido amigo Pablo Picasso, con quien llegó a enfadarse por dejar a su esposa Olga, hecho que no competía en modo alguno a Stein –aunque también es necesario señalar que el pintor vio con malos ojos la costumbre que tenía su amiga de adquirir obras que él consideraba detestables, hábito surgido tras la imposibilidad de la escritora de comprar las obras del español por su elevado precio-; o la editora Sylvia Beach, con quien mantuvo una entrañable amistad hasta que a la dueña de la librería Shakespeare & Company se le ocurrió publicar el libro Ulises de James Joyce –competencia de Stein-, hecho que Gertrude consideró como alta traición.

Asimismo, tuvo conflictos graves con otros autores como Ezra Pound, pero nuestra protagonista siempre se empeñó en no evidenciar las razones verdaderas para estos enfrentamientos, en este caso específico la fémina especificó que no se trató de una diferencia literaria o ideológica lo que marcó el distanciamiento, sino que Pound en cierta ocasión que visitó la residencia de Stein y Toklas tuvo a bien sentarse con demasiada enjundia en una silla muy preciada y valiosa, estropeándola al instante. La dueña del preciado objeto montó en cólera y nunca más permitió la entrada a su residencia al poeta, procediendo entonces la dama a reparar la silla y tapizarla con lienzos de Picasso.

No obstante, independientemente de su complejo carácter, Stein realizó obras que marcaron una pauta –o al menos referencia- para la literatura del siglo pasado, destacando de entre sus escritos Three Lives (1909) y The Making of Americans (1925), o los más complejos How to Write (1931) y Stanzas in Meditation (1932); pero para muchos la lectura de los textos de Gertude ha resultado un reto imposible, ya que la escritora no empleaba argumentos o diálogos en sus obras, estructurándolas de una manera totalmente excepcional, pero difícil de asimilar.

Estas características hicieron que su obra más “normal” se convirtiese en la más leída: The Autobiography of Alice B. Toklas (1932) -la cual sobra decir que no estaba escrita por Alice– en una prosa que gustó mucho al público lector de su tiempo; por otro lado, cabe mencionar que los escritos de “la madre del modernismo” no eran precisamente de la predilección de los editores, por lo que muchas veces ella misma tuvo que financiar sus proyectos, lo cual deja entrever que ella no buscaba la fortuna tanto como la fama.

Para 1935 la ya célebre escritora fue invitada a su patria para dar una serie de conferencias y asistir a la puesta en escena de una de las óperas de Virgil Thompson, para la cual ella había elaborado el libreto: Four Saints in Three Acts, evento que se llevó a cabo en el Wadsworth Atheneum en Hartford. Por fin en su país su obra era valorada, los asistentes a las conferencias apreciaban sus palabras y atesoraban sus consejos, aun cuando ella “soltaba” uno que otro comentario que mostraba su ego irreverente, como cuando ante un auditorio abarrotado de universitarios se atrevió a decir que ella no alegaba ser mejor que Shakespeare, porque el dramaturgo había fallecido hacía ya muchos siglos y por lo tanto no podía defenderse (!).

Claramente nuestra tenaz novelista y poeta tenía una idea precisa de sus capacidades, pero podía caer fácilmente en la elocuencia imprudente si no se cuidaba. Esta actitud con el tiempo le acarreó ciertos sinsabores, ya que algunos de los artistas a quienes ella en su momento alentó posteriormente se manifestaron contra ella, como fue el caso de Matisse quien en 1935 secundó una edición especial de la revista Transition en la que Eugéne Jolas, en su escrito Testimonio contra Gertrude Stein, demostró cómo varios artistas “desmintieron” la versión de Stein en la que ella había sido la verdadera “artífice” de los artistas[i].

El tiempo pasó y en 1939 estalló la Segunda Guerra Mundial, etapa en la que Gertrude y Alice optaron por trasladarse a la provincia de Le Bugey, en donde recibieron la inesperada ayuda de Bernard Faÿ, quien tradujo las obras de Stein al francés y a la sazón había sido nombrado como director de la Biblioteca Nacional (1940). Este hombre admiraba a la norteamericana y por lo tanto habló a su favor ante el Jefe de Estado de la Francia ocupada, el mariscal Philippe Pétain. Respetando la opinión del intelectual, el militar escribió al subprefecto de Belley (capital de Le Bugey) indicándole que debía dar trato preferencial a las dos damas, por lo que le recomendaba supervisar que no les faltase calefacción, doble ración de carne y mantequilla, elementos que eran un verdadero lujo en tan caótica época. No obstante, las carencias en nada mermaron la capacidad creativa de la literata, por lo que en este periodo escribió Ida, a novel (1941) y luego Reflections on the atomb bomb (1945); sobreviviendo tan solo un año más ya que falleció el 27 de julio de 1946 en Neuilly-sur-Seine (París), siendo sus restos enterrados en el cementerio Pere Lachaise.

El crítico inglés de arte John Ruskin alguna vez dijo “cada vez que las facultades humanas alcanzan su plenitud, necesariamente se expresan mediante el arte”; y esto es precisamente lo que hizo Gertrude, conocedora de su capacidad de innovación y de su genio, la fémina no se amilanó ante las crueles reseñas que recibía por parte de los críticos a quienes escapaba la verdadera intención de la escritora; por el contrario, empleó una peligrosa estrategia que podría conocerse como “el círculo de la eterna alabanza”, es decir, recibía en casa únicamente a aquellos artistas que reconocían en ella a un genio puro capaz de ayudarles, evitando a toda costa a cualquiera que se arriesgase a expresar una crítica destructiva sobre sus escritos u opiniones.

Pero es justo decir que fue precisamente este autoconocimiento rayano en la megalomanía lo que le permitió salir avante en una época en la que las innovaciones, si bien se encontraban a la orden del día, eran aceptadas solo paulatinamente por la sociedad menos conocedora. De esta manera Gertrude Stein se alza no únicamente como referencia literaria obligada del siglo XX –aunque aun hoy en día no es aceptada por todos-, sino como una mujer que supo defender su forma de ser y pensar a pesar de todo y de todos, trascendiendo –como siempre lo quiso- en los anales de la historia del arte gracias a su innegable talento y su peculiar estilo.

 

FUENTES:

“París era una mujer: Gertude Stein, las expatriadas y las expatriadas y la eclosión de las artes”. Aut. Eulalia Piñero Gil. www.ciudaddemujeres.com. Marzo, 2007.

“La colección de Stein y el mito de Gertrude”. Aut. Roberto Ponce. www.proceso.com.mx Enero 2012.

 “Las guerras de Gertrude y Alice”. Aut. Iker Seisdedos. www.elpais.com. Abril, 2009. 

“Gertrude Stein Biography”. Aut. Jone Johnson Lewis. About.com 

“La diferencia idéntica. Gertrude Stein escribiendo”. Aut. Heriberto Yépez. www.cabrasola.com

“Picasso, Stein y los años jóvenes”. Claude Grimal. www.lanacion.com.ar

“Gertrude Stein”. www.poetryfoundation.org   


[i] Esto es refereido por Valérie Loth en el álbum oficial de la exposición “Matisse, Cézanne, Picasso… L’aventure des Steins”, del Palais de Paris y colocada en el Metropolitan Museum of Art en febrero de 2012.

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