El león no es como lo pintan: William Dampier, el pirata científico I

William Dampier

Parte I

Por: Patricia Díaz Terés

“El deseo de conocimiento, como la sed de riqueza, aumenta a medida que se va adquiriendo”.

Laurence Sterne

Cuando pensamos en los piratas –entendidos como aventureros que se hacen a la mar-, hoy en día casi siempre se presentan dos imágenes en nuestra mente, la del extravagante Jack Sparrow de la saga de películas de Disney, Piratas del Caribe; o bien rememoramos los dibujos incluidos en aquellos libros leídos en la infancia o la juventud como La isla del tesoro de Robert Louis Stevenson, en donde aparecía un feroz Long John Silver, normalmente presentando una “pata” de palo y con un perico al hombro. No obstante, cualquiera de las dos presentaciones implica a un sujeto ignorante, rudo y cruel, normalmente dado al alcohol y las mujeres, que dedicaba su vida a asaltar a cuanto barco –normalmente cargado de asombrosas riquezas- atravesase su camino.

No se puede negar que muchos de los piratas que han pasado a la historia cumplen con al menos parte de este estereotipo, caracterizándose estos individuos por sus actividades criminales; pero también existieron otros hombres que con un perfil más de aventureros que de malandrines, cruzaron los siete mares combinando la ciencia y la piratería, siendo uno de estos peculiares personajes William Dampier.

Dampier nació en East Coker, Inglaterra, el 5 de septiembre de 1651 –algunas fuentes establecen la fecha, aunque con imprecisión, en 1652-, como fruto del matrimonio entre un granjero de nombre George Dampier y su esposa Ann. Aún no terminaba William la escuela primaria, cuando el destino decidió arrebatarle a sus padres lo que provocó que el terrateniente William Heylar se hiciese cargo de él, decidiendo el chiquillo hacerse a la mar, siendo consentida la decisión por su tutor.

De este modo el avispado jovencito se enroló en la marina, llevando consigo no más que su gran capacidad de observación, su insaciable curiosidad y gusto desmedido por la naturaleza. En este periodo (1673) participó en un par de batallas durante la Tercera Guerra Anglo Holandesa, en una embarcación comandada por Sir Edward Sprague, hasta que cayó enfermo y tuvo que desembarcar.

Posteriormente y después de navegar en algunos barcos de comercio, el muchacho resolvió probar suerte en otras actividades y aceptó el ofrecimiento de Heylar para ser ayudante en la administración de una plantación de azúcar en Jamaica. Detectando Dampier inmediatamente que los menesteres de oficina no eran su ocupación preferida, se lanzó nuevamente a la aventura esta vez en una nave que comerciaba suministros de Palo de Campeche[i].

De este modo el chico permaneció en la Nueva España un tiempo, tomando nota de la naturaleza que lo rodeaba y de las costumbres de los taladores; pero desde el punto de vista práctico esta tarea no fue redituable, el clima caótico le impedía cumplir su cometido, siendo orillado a elegir la piratería como medio de sustento, lo cual al principio tampoco funcionó. Regresando a Inglaterra en busca de un poco de solaz, se enamoró de Judith, una chica al servicio de la duquesa de Grafton, y contrajeron matrimonio.

Su nueva situación le requería encontrar una manera para sostenerse, de manera que se embarcó nuevamente hacia Jamaica y probó suerte en la actividad comercial asociándose con un hombre de apellido Hoby, quien pretendía establecer intercambios con los indios mosquito de Honduras y Nicaragua, desertando Dampier aun antes de comenzar. Optó entonces por unirse a la flota comandada por los capitanes John Sharp y Bartholomew Watling, cuyos ataques e incursiones se encontraban tan mal organizados que provocaron la muerte de Watling en Arica –Chile-, huyendo muchos de los bucaneros hacia el istmo de Darien, incluidos Dampier y su amigo el doctor Lionel Wafer.

En esta travesía tuvieron que enfrentar numerosos obstáculos, pero recibieron la ayuda de una tribu indígena, los cuna, quienes particularmente prestaron su ayuda a Wafer cuando este tuvo un grave accidente al estallar un montón de pólvora que le despedazó la rodilla. Al principio el inválido no fue bien recibido por la comunidad, situación que se modificó cuando el herido logró a su vez curar la fiebre que padecía la esposa principal del jefe, ganándose así el favor de sus anfitriones.

Siendo la cultura y la sapiencia dos cualidades excepcionales en los bucaneros, destacan con ellas algunos hombres como Basil Ringrose, Lionel Wafer, Richard Gopson y William Dampier –quien, cabe mencionar, no había sido empujado hacia la vida en alta mar tanto por su interés en fascinantes descubrimientos, como por la historia del capitán Thomas Cavendish quien en 1587 había logrado capturar un galeón de Manila llamado Santa Ana, asalto que le redituó en varios miles de pesos en oro, además de gran cantidad de joyas-, entre quienes surgió una camaradería particular animada por el interés de todos ellos en la ciencia, sus abundantes lecturas y afán por la escritura. Por supuesto en el difícil oficio del pirata, una sociedad como esta se vio rápidamente disuelta por los intereses monetarios, eligiendo cada quien tomar su propio rumbo –excepto Gopson, quien falleció-.

William decidió entonces ir a Virginia, donde permaneció un año en el cual halló la prosperidad tan pronto como la perdió. La desaparición de sus recursos lo hizo unirse a la tripulación del capitán John Cook, quien a bordo del Revenge partió hacia África. El primer éxito de la misión lo tuvieron cerca de Cabo Verde, en donde capturaron un barco negrero holandés que se dirigía a Virginia; continuando con sus victorias al capturar en las proximidades de Sierra Leona un barco danés de 36 cañones al cual bautizaron como Batchelor’s Delight y que se convirtió en el barco insignia.

Dirigiéronse entonces a la isla Juan Fernández donde rescataron de manera impremeditada a William, un indio mosquito que había sido olvidado en este lugar tres años atrás. Continuaron entonces hacia las islas Galápagos, las cuales hicieron la delicia del afán científico de Dampier, quien se dedicó a registrar minuciosamente todos los detalles sobre la vegetación, la fauna y otros elementos –tales anotaciones captaron años después la atención de Charles Darwin hacia este sitio particular-. Siguieron de esta manera su camino a El Salvador, falleciendo repentinamente el capitán Cook y sucediéndole en el mando Edward Davis quien ordenó desembarcar en la isla Ampolla, donde fueron recibidos por unos amistosos indígenas que los invitaron a una folklórica cena. Poco les duró la paz a los piratas al concluir abruptamente el banquete, cuando alguien de la tripulación tuvo a bien disparar accidentalmente al único nativo que hablaba su idioma. Los invitados se vieron forzados entonces a poner pies en polvorosa, saliendo a toda la velocidad que el Batchelor’s Delight fue capaz de alcanzar.

Tras el infortunado incidente pusieron rumbo hacia Ecuador, encontrando así al capitán Charles Swan a bordo del Cygnet a cuya tripulación se unió Dampier como como oficial de navegación. Habiendo tenido algunas empresas exitosas, un ataque malogrado hizo que Charles y Edward se enemistaran, lo que separó sus fuerzas, encaminándose entonces el Cygnet con el propósito de interceptar un galeón de Manila –con lo cual Dampier esperaba cumplir finalmente su sueño-, que transportaba valiosos artículos de Filipinas a Acapulco.  

Carácter curioso tenía nuestro protagonista, un hombre que en su azaroso recorrido por el istmo de Darien, luchando por su vida, hizo meticulosas anotaciones en unos diarios que guardaba como preciados tesoros, dentro de tubos de bambú taponados con cera en ambos extremos. Pero las aventuras de nuestro letrado pirata no han concluido aún, por lo que en la próxima entrega relataremos cómo un excéntrico pirata se convirtió en una referencia casi obligada para los hombres de ciencia de los siglos venideros.   

FUENTES:

“La fuerza y el viento: La piratería en los mares de la Nueva España”. Aut. Marita Martínez del Río de Redo. Ed. México Desconocido. México, 2002. 

“Los piratas de las islas británicas”. Aut. Joel Baer. Grupo editorial Tomo. México, 2007.

“The English reprise: Fenton and Cavendish en The Spanish Lake. The Pacific Since Maguellan, volume I”. Aut. Oskar Hermann Khristian Spate. http://epress.anu.edu.au 

“William Dampier”. http://gutenberg.net.au

“William Dampier”. www.nndb.com   

  


[i] Planta de la cual se obtenía un tinte muy valorado en el siglo XVII.

Una respuesta a El león no es como lo pintan: William Dampier, el pirata científico I

  1. Homepage dice:

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