El león no es como lo pintan: William Dampier, el pirata científico II

William Dampier

Parte II

Por: Patricia Díaz Terés

“El talento se cultiva en calma; el carácter se forma en las tempestuosas oleadas del mundo”.

Johann Wolfgang von Goethe

Piratas, corsarios, bucaneros y filibusteros, todos ellos fueron bravos y temibles hombres que cruzaron los siete mares en busca de riquezas –y a veces gloria-, desafiando a los gobiernos y la justicia –aunque no en el caso de los corsarios que tenían el consentimiento de su gobierno para efectuar actos de piratería-, enfrentándose posiblemente a la horca si eran atrapados y juzgados.

Concibiéndose normalmente a este tipo de personas como asesinos o ladrones que en cuanto podían se empinaban una botella de ron, difícil resulta comprender a un personaje como William Dampier, quien si bien participó en numerosos pillajes, también tenía una extraordinaria sensibilidad para el registro de datos científicos –sobre los vientos y las corrientes del Pacífico-, mismos que han sido utilizados hasta el día de hoy por meteorólogos, geógrafos y otros expertos en disciplinas similares.

Junto con el descubrimiento de tierras ignotas, el mayor sueño de Dampier era participar en la captura de un galeón de Manila cargado de inimaginables tesoros; no obstante tal empresa resultaba bastante complicada, ya que tales embarcaciones eran increíblemente escurridizas y la mayor parte de las veces contaban con mejor suerte que los aguerridos piratas.

En busca de tan magnífica presa, la tripulación del Cygnet –en el que navegaba William– comenzó a sufrir los rigores del hambre por no haberse abastecido adecuadamente. Tras haber tenido estrepitosos fracasos en poblaciones como Santa Pecaque -al noroeste de Guadalajara- donde murieron cincuenta hombres –entre los que se encontraba Basil Ringrose-; el capitán Charles Swan lo único que anhelaba era llegar a su patria, mientras que su navegante Dampier deseaba continuar con sus expediciones en las islas Filipinas. A punto de sucumbir por inanición, los fieros marineros comenzaron a fraguar un macabro plan que consistía en cocinar como plato principal a su famélico capitán, obteniendo así una ración de carne (!) como la que no habían comido en meses. Poco faltó para que tan espeluznante proyecto se llevase a cabo, salvando al líder el grito de “¡tierra a la vista!” cuando por fin, el 2 de mayo de 1686, apareció en el horizonte la isla de Guam, en donde obtuvieron suministros entre los que se incluían cocos, limas y los frutos del árbol del pan.

Después de varios meses tratando de atrapar un galeón de Manila, John Read –capitán del Cygnet tras haber ocurrido un motín contra Swan y  haber sido destituido su sucesor Josiah Teat– optó por atracar durante un mes en las islas Condore, para continuar hacia las islas Célebes, donde fueron agasajados por los locales. Para 1688 llegaron al lugar más olvidado del planeta Tierra –o al menos así parecía a los ojos de Dampier-, King Sound –o tal vez Collier Bay-, un sitio cuyos habitantes no tenían aparente medio de supervivencia al escasear la caza y ser imposible la agricultura. Abandonaron este inhóspito sitio y partieron hacia el mar de Arabia, siendo desviados en el camino hacia Sumatra.

William, inquieto ya por la situación y los constantes periodos de inactividad, comenzó a pensar en desertar; pero hábilmente Read leyó sus intenciones, temiendo de inmediato que el rebelde pudiese revelar a oídos inconvenientes los planes del Cygnet. Fue por esto que el capitán agradeció la petición de Dampier para quedarse en la isla de Nicobar, que los piratas abandonaron el 6 de mayo de 1688.

Ahora bien, Dampier parecía pensar que la exploración de territorios desconocidos era tan sencilla como abrir las páginas de un libro. Con desagradable sorpresa se encontró, cuando al poco tiempo de haberse embarcado él y sus compañeros –siete en total- en una canoa con rumbo a Malaya, fueron atrapados por una violenta tormenta que rápidamente los apartó de su rumbo original. Enfermos y agotados, los aventureros tras haber logrado corregir su trayectoria, fueron rescatados por pescadores malayos que vivían en las proximidades de Achin, siendo trasladados a este último sitio al ver la gravedad de los síntomas. Sintiéndose morir, William tomó dócilmente los remedios que les proporcionó un médico –o tal vez curandero-, los cuales a poco estuvieron de matarlo.

Para julio de 1688 nuestro protagonista, teniendo ya gran cantidad de valiosas anotaciones en sus preciados diarios, optó por servir en cuanto barco pudo, dirigiéndose a sitios como Vietnam, Camboya y la India. Seguramente harto ya de aventuras malogradas, Dampier decidió regresar a casa, tocando puerto el 16 de septiembre de 1691, breve ocasión que aprovechó para saludar a su esposa. Pero al parecer nuestro buen navegante tenía un pésimo tino para elegir sus empresas, embarcándose ahora en el Dove, cuya tripulación se amotinó en Coruña, permaneciendo William en la región española. Seis años después, tras haber tenido el tiempo suficiente para poner sus notas en orden, nuestro letrado pirata publicó el libro Un viaje alrededor del mundo –que alcanzó su cuarta edición en tan solo dos años-, con cuya aparición fue inmediatamente aceptado en las élites científicas –ya que se encontraba escrito con precisión y era ameno en su lectura-, “lavándose” –al menos de la memoria de sus nuevos colegas- de inmediato sus anteriores faltas y crímenes en altamar.

Reconociendo su extraordinaria habilidad para navegar, el Almirantazgo cometió un error garrafal, cediéndole el mando de una embarcación llamada HMS Roebuck, con el cual Dampier debía explorar la Terra Australis, es decir, le dieron recursos para cumplir con el otro sueño de su vida. Con lo que no contaban sus empleadores era con que William tenía tanto cerebro como pocas cualidades para mandar sobre marineros veteranos, por lo que en un santiamén comenzó a cometer error tras error, siendo el más terrible la designación de su antiguo conocido George Fisher como lugarteniente, para que posteriormente la vergonzosa conducta de este hiciese que el novel capitán lo agrediese y abandonase en Bahía –Brasil-, hecho que le acarreó a Dampier una corte marcial, en la cual se le designó como incapaz de capitanear un barco de Su Majestad; tan infortunado final tal vez valió la pena para nuestro héroe, ya que había ya logrado llegar a Shark’s Bay en la costa oeste de Australia, al Archipiélago Dampier y descubrir las islas de Nueva Bretaña y Nueva Irlanda-. No obstante, cuando de corsarios se trataba la cosa cambiaba, por lo que volvió a dirigir las tripulaciones del St. George y el Cinque Ports, con el fin de pelear contra franceses y españoles; igualmente intentó sin éxito asaltar al Rosario –galeón de Manila-. Tras haber logrado capturar un solo barco español y habiéndolo abandonado la mayor parte de su tripulación –que se marchó en el Cinque Ports– volvió a Inglaterra.

Liberado por fin del –para él- odioso mando, regresó a su legítimo puesto como navegante  bajo las órdenes de un caballero íntegro e intrépido corsario de nombre Woodes Rogers, en las embarcaciones Duke y Duchess, con quien participó en el imprevisto rescate de Alexander Selkirk en la isla Juan Fernández, en donde el desdichado llevaba viviendo solo cuatro o cinco años,-historia que inspiró a Daniel Dafoe para que escribiese su novela Robinson Crusoe (1719)-; y por fin capturó –gracias a la tenacidad y valentía de su líder- (1709) a un galeón de Manila llamado Nuestra Señora de la Encarnación y Desengaño, sufriendo Rogers en el ataque severas heridas en la cara y la pierna, pero logrando su cometido.

1715 fue el año que marcó el final de la existencia de William Dampier, un hombre que si bien no murió rodeado de riquezas, sí falleció con la satisfacción de haber obtenido el reconocimiento de  honorables científicos y también habiendo cumplido su sueño pirata, complaciendo esa tan inusual mezcla de su espíritu reflexivo y aventurero, aunque tal vez también podría ser un ejemplo de las palabras de Diógenes Laercio: “La cultura es un adorno en la prosperidad y un refugio en la adversidad”

FUENTES:

“Piratas del Pacífico”. Aut. Antonio Martín-Nieto. Ediciones Moreton S.A. Bilbao, España, 1968. 

“Los intrépidos: Aventura y triunfo de los grandes exploradores”. Selecciones Reader’s Digest. México, 1979. 

“La fuerza y el viento: La piratería en los mares de la Nueva España”. Aut. Marita Martínez del Río de Redo. Ed. México Desconocido. México, 2002. 

 “Los piratas de las islas británicas”. Aut. Joel Baer. Grupo editorial Tomo. México, 2007.

 “William Dampier”. http://gutenberg.net.au

“William Dampier”. www.nndb.com   

  

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