Una ninfa sofocada por el destino: Isadora Duncan

Isadora Duncan

Por: Patricia Díaz Terés

“La libertad es la obediencia a la ley que uno mismo se ha trazado”.

Jean Jacques Rosseau

Ignotos designios del destino han parecido atar las vidas de aquellos individuos quienes han sido acogidos por las musas, con las más espantosas desgracias. Sin poder hacer de esta condición una generalidad, en la historia de las artes muchos de sus protagonistas han tenido existencias verdaderamente caóticas, siendo golpeados en repetidas ocasiones por funestos acontecimientos, reaccionando cada uno de los afectados de manera diferente, pudiendo optar por perfeccionar su quehacer creativo, dejándose atropellar por la calamidad o bien volcándose a una vida de vicios.

Ejemplo de tan infortunados artistas es una mujer que ha sido reconocida como la revolucionaria de la danza, a la vez que es considerada como la precursora de la danza moderna, dama rebelde e ingobernable que tuvo a bien enfrentarse contra todo el mundo siguiendo el camino que ella misma se había trazado.

Dora Ángela Duncan, quien pasaría a la historia con el nombre que tomó a los cinco años, Isadora Duncan, nació en la ciudad de San Francisco en 1877, hija de Mary Dora Grey y Joseph Charles Duncan, vivió en un hogar con padre ausente, debido a que su progenitor fue acusado por fraude bancario y fue a dar a la cárcel, dejando a su mujer y cuatro hijos solos, que no desamparados, gracias a que la madre no se dejó vencer por la separación y muy por el contrario, decidió que lo más oportuno era tramitar el divorcio y comenzó a dar clases de piano de sol a sombra para poder dar de comer a sus vástagos.

La familia Duncan se hizo entonces consciente de su situación y por tanto todos sus miembros cooperaron por igual con su madre, de tal suerte que con tan solo seis años, Isadora comenzó a dar clases de baile a las niñas de su vecindario, volviéndose rápidamente populares; asimismo todos sus hermanos mostraron cierta inclinación a las artes, ya que uno de ellos gustaba de recitar a Shakespeare, el otro de dar conferencias, mientras su hermana danzaba al igual que ella.

Pero sin duda la que tenía mayor determinación de todos los Duncan era por supuesto Isadora, quien a los diez años sintió la ineludible llamada de Terpsícore y renunció a la escuela para consagrar su existencia a la danza. Por este tiempo ella acostumbraba a dar largos paseos por la playa, en los que observaba detenidamente las olas de las cuales copiaba los sinuosos movimientos para trasladarlos a su propio cuerpo –lo mismo hacía prácticamente con cualquier elemento natural, como los árboles-.    

Al tiempo que desarrollaba su gusto y habilidad en la danza, también absorbía incesantemente las ideas feministas de Mary Dora, las cuales unidas a su ya de por sí indómito espíritu forjaron el carácter férreo y descarado que la caracterizó durante toda su vida. Con insaciables ansias de triunfo y gran tenacidad, consiguió que su familia se trasladase a Chicago en donde perdieron todo a causa de un incendio. Por otra parte, Isadora consiguió un papel en Madame Pygmalion y tuvo que pedir prestado dinero para sufragar sus gastos en la grandiosa ciudad de Nueva York –donde vivió la familia-.

Inconforme con los convencionalismos, aprendió la técnica del ballet clásico pero despreció la rigidez de sus formas, optando ella por un nuevo estilo de danza que ofendió a los puristas, pero que la satisfizo enormemente, proponiendo así nuevos vestuarios que consistían en etéreas túnicas que se movían en perfecta sincronía con su cuerpo, embelesando al público menos conservador con los movimientos de su cabello suelto, sus pies descalzos –o vestidos con finas sandalias-, su delicada figura y natural rostro carente de maquillaje.

Como a todo innovador, sus acérrimos detractores le hicieron la vida imposible a través de implacables críticas, por lo que convenció a su familia para trasladarse a Europa, donde esperaba encontrar un ambiente más libre que le permitiese desarrollar su arte a su antojo.

Así lo hicieron y se mudaron a Londres, en donde ella encontró una inagotable fuente de inspiración para sus coreografías en las imágenes plasmadas en antiguos jarrones griegos y orientales, así como en las pinturas de Boticelli que se albergaban en el British Museum –esta costumbre de visitar los museos la llevó también al Louvre, la National Gallery y el Museo de Rodin-. Estudiando a la par la historia del arte y la literatura, Isadora era una fémina culta y propositiva, que transgredió también los cánones musicales de la danza al emplear piezas no compuestas específicamente para tal fin, como las melodías de Franz Schubert o de Federico Chopin. Con el devenir del tiempo, se convirtió en una figura destacada y respetada por personajes como el director Konstantin Stanislavsky o la actriz Eleonora Duse.

Atravesando con su fama las fronteras, viajó y se presentó por toda Europa, fundando escuelas en varios países como Alemania y Rusia, teniendo particular preferencia por este último debido a que empataba con las ideas revolucionarias del momento, hecho que a su vez le trajo varios sinsabores al despertar la ira de algunos empresarios capitalistas que le negaron en adelante su apoyo.

Ahora bien, tan singular mujer tuvo una vida romántica tormentosa –que inició con el joven actor Oskar Bergei-, relacionándosele con un gran número de hombres y mujeres, de entre los cuales destacan los presuntos padres de sus dos hijos: Edward Gordon Craig, escenógrafo y teórico del teatro –quien engendró a Deirdre– y el millonario Paris Singer –a quien llamaba Lohengrin, porque lo consideraba como el héroe de la leyenda-, heredero de la gran empresa de máquinas de coser –padre de Patrick– y quien eventualmente financió sus actividades artísticas durante largo tiempo hasta que él se cansó de esperar a que ella aceptara su propuesta de matrimonio. El siguiente personaje que aparece en su vida es el caótico Sergei Esenin, de 26 años –ella tenía 44-, con quien se casó para que el pudiese escapar de la U.R.S.S., regresando la pareja a los Estados Unidos en donde él se volvió un hombre violento y celoso que acabó por abandonar a Isadora, volviendo a su lugar de origen tan solo para ser confinado en un hospital psiquiátrico en donde se suicidó en 1925.

Para colmo de males, Isadora sufrió un infame golpe del destino cuando sus hijos se ahogaron junto con su niñera (1913), cuando el automóvil en el que viajaban –a causa de un descuido del chofer, quien al bajar del vehículo para arreglar un desperfecto olvidó activar el freno de mano- cayó en el río Sena. Esta desventura marcó hondamente el alma de la ninfa, quien se retiró de los escenarios y se dedicó a montar coreografías y dar clases, regresando en escasas ocasiones a los teatros en los que tan solo cosechó fracasos.

La profunda tristeza hizo que la diva buscara varios escapes, llegando a pensar en el suicidio, dejándose llevar por una vida de excesos y desenfrenos, misma que concluyó en tragedia cuando el mecánico italiano Benoît Falchetto –a quien ella llamaba Bugatti– la invitó a correr por el Paseo de los Ingleses en Niza, a bordo de su automóvil Amilcar modelo G5, el 14 de septiembre de 1927. Quiso entonces la fatalidad alcanzarla cuando su vaporoso chal rojo –pintado por el ruso Roman Chatlov– se enredó en el eje de una de las llantas traseras, lo que provocó que la bailarina cayera violentamente al piso desde el coche en movimiento, cediendo su cuello con el golpe, ocasionándole la muerte.

Dama rebelde, bailarina incansable y mujer de buen corazón –siempre se ocupó de las niñas más necesitadas-, Isadora Duncan se presenta como un multifacético personaje que marcó la historia de la danza mientras defendía sus ideas, siendo un ejemplo de las palabras del político francés León Blum: “El hombre libre es el que no teme ir hasta el final de su pensamiento”. 

 

FUENTES:

“Isadora Duncan: El baile de la transgresión”. Aut. Begoña García. Revista Historia y Vida. No. 445. 

“Isadora Duncan, el espíritu de la danza”. Aut. Maggie Iglesias. Febrero, 2010. Suite101.com   

“Página negra: Isadora Duncan, la diosa de la danza moderna”. Aut. Jorge Hernández S. Abril, 2012. www.lanacion.com   

“Isadora Duncan – dancer- Brief Article”. Aut. Iris Fanger. Dance Magazine.  

4 respuestas a Una ninfa sofocada por el destino: Isadora Duncan

  1. pekeclub dice:

    muy interesante

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