De la rotativa al carrete: Billy Wilder I

Billy Wilder

Parte I

Por: Patricia Díaz Terés

“Un pesimista es un optimista bien informado”.

Antonio Mingote

Plagado está el séptimo arte de nombres convertidos en leyenda, así hombres como Alfred Hitchcock, Orson Welles, Fritz Lang o William Wyler han logrado grabarse en la memoria de los cinéfilos por haber dirigido películas como Psicosis, El ciudadano Kane, Metrópolis o La señora Miniver. Junto a tales personajes se erige un peculiar caballero quien teniendo grandes dotes de escritor, pasó a la historia como cineasta magistral, hablamos de Billy Wilder.

Nacido en una pequeña comunidad llamada Sucha Beskidza, en Polonia –entonces parte del Imperio Austrohúngaro- el 22 de junio de 1906, Samuel Wilder creció en una familia sencilla, en la que el padre –Max– era un empresario que poseía una popular pastelería ubicada en la estación de trenes, mientras que su madre –Eugenie– se dedicaba al cuidado del hogar y de sus dos hijos –el mayor de nombre Wilhelm-. Habiendo provocado los Estados Unidos una favorable impresión en la señora Wilder y quedando fascinada particularmente por un espectáculo sobre Buffalo Bill, de regreso a su hogar decidió poner como sobrenombre a su pequeño hijo Samuel, Billy, con el cual trascendería en la historia cinematográfica.

En 1909 los Wilder se trasladaron a la capital austríaca, pasando una difícil temporada durante la Primera Guerra Mundial en la que los niños vieron cómo la gente se formaba durante largas horas bajo la lluvia para conseguir un poco de comida –hecho que posteriormente Wilder reflejó en alguno de sus filmes-, a la vez que asistieron al fastuoso servicio luctuoso realizado por la muerte del emperador Francisco José en 1916, evento donde Billy vio por primera vez a Otto de Habsburgo quien a la sazón tenía tan solo cuatro años y montaba audazmente vestido con el uniforme blanco de los húsares[i] de Hovend en un corcel–muchos años después en 1941, volvieron a encontrarse cara a cara en Hollywood, donde el director no tuvo la menor idea de cómo dirigirse apropiadamente a su real visitante-.

Siendo un vivaracho jovencito de doce años, Wilder no podía contener su ansia por conocer todo lo que pudiera en materia de libros, cine, coches, teatro, jazz y deportes. Con marcadas tendencias artísticas mostradas en sus pasatiempos, sus padres sin embargo decidieron que sería oportuno inscribirlo en la universidad para que estudiase leyes, profesión que no llamaba la atención del joven.

Jugando la suerte un importante papel en la vida de Billy, decidió abandonar sus estudios superiores para convertirse en periodista, queriendo el destino que en 1925 encontrase en incómoda situación al crítico de teatro del rotativo en el que trabajaba, lo cual le ganó el puesto de asistente del libertino individuo –de tal anécdota no se tiene más que la palabra del propio Wilder para corroborarla-.

Así, poco a poco se fueron incluyendo sus escritos en la prensa, escribiendo nuestro vivaz protagonista sobre todo lo que le permitían: realizaba críticas, hacía artículos y elaboraba reportajes, siéndole encargada en una ocasión por el diario Die Stunde una serie de entrevistas a personajes relevantes sobre la figura de Mussolini, fue así como tuvo la oportunidad de conocer al compositor Richard Strauss, al psiquiatra Alfred Adler y al dramaturgo Arthur Snichtzler, quienes lo recibieron de buen grado, mientras que el famoso Sigmund Freud se limitó a señalarle la salida, ya que detestaba a los periodistas. 

Muchacho ambicioso y trabajador, Billy sintió que Viena no era suficiente para él, por lo que vio una gran oportunidad cuando entrevistó al jazzista Paul Whiteman, quien tenía en puerta una gira por la capital alemana, por lo que el escritor le ofreció la publicación de un artículo a cambio de que le permitiese acompañarlo, corría el año de 1926. El trato quedó cerrado y Billy se despidió de su familia.

Sintiendo la tinta prácticamente correr por sus venas, Wilder se dedicó en cuerpo y alma a su profesión, llegando incluso al extremo de tomar empleos temporales para poder elaborar alguna pieza con la mayor veracidad posible, es así como se le conoció el oficio de bailarín-gigoló del Hotel Eden. Pero el chico era talentoso y un par de años después de haber llegado a Berlín ya colaboraba con cuatro impresos locales: Berliner Zeitung am Mittag, Tempo, Der Börsen-Kurier y Die Nachtsausgabe.

Se ganaba la vida como reportero independiente, siempre al acecho de la noticia y en busca de personajes interesantes a quienes entrevistar; de esta manera conoció al cardenal Eugenio Maria Giuseppe Giovanni Pacelli, quien posteriormente sería el papa Pío XII, al traficante de armas Basil Zaharoff, el hombre más rico de su época y al príncipe Félix Féliksovich Yusúpov, quien encabezara el grupo que asesinó al enigmático Rasputín. 

1929 se marcó en la vida del reportero como escenario para su primera incursión cinematográfica, ya que colaboró con el director Ernst Lasmmle como guionista de Der Tenfels Reporter (El reportero del diablo), continuando en tal actividad con el filme Gente en domingo (1930) de los hermanos Curt y Robert Siodmak; tales intervenciones le granjearon la simpatía –y contrato- de la Universum Film Aktiengesellschaft (UFA), sociedad de producción y distribución cinematográfica.

Cinco años después Wilder vivía cómodamente de su trabajo como guionista –principalmente de películas comerciales-, llevando una existencia un tanto disipada ya que le daba por jugar al póquer y ser mujeriego, aunque sus ingresos también le permitían ser un coleccionista de arte.

No obstante tal tranquilidad no podía durar, ya que el 27 de febrero de 1933 el edificio del Reichstag –parlamento alemán- fue incendiado, tras lo cual Adolph Hitler se adjudicó poderes especiales. Siendo judío, Billy Wilder captó de inmediato el peligro inminente ante el que se encontraba, su carácter pesimista le hizo prever –y con razón- lo peor, por lo que rápidamente vendió todas sus posesiones y marchó rumbo a Francia acompañado de su novia.

En París se encontró con una comunidad de artistas inmigrantes alemanes, entre los cuales estaba el actor Peter Lorre y los músicos Franz Waxman y Frederik Hollander, teniendo ellos tres más oportunidades de trabajo que Wilder; empero, este logra dirigir –junto con el periodista y cineasta húngaro Alexander Esway– su primer filme titulado Curvas peligrosas (1934) cuyo argumento giraba en torno a las actividades de un grupo de ladrones de coches.

Para 1934 decidió abandonar Europa y embarcarse con rumbo a América, en donde otros cineastas extranjeros habían encontrado buen cobijo –como Wilhelm Murnau o Ernst Lubitsch-, encontrando un alojamiento compartido con su amigo Peter Lorre. Ahora bien, el talento como escritor que poseía Wilder de poco le servía en este complejo momento, ya que desconocía por completo el idioma inglés –se sabe que hizo algunos trabajos con ciertos compatriotas como Ernst L. Frank, Joe May y Wilhelm Thiele, quienes lo contrataban como guionista de apoyo-, por lo que su primera tarea fue aprenderlo para poder trabajar.

De este modo, durante cierto tiempo Billy se dedicó a estudiar la lengua y costumbres norteamericanas, con el fin de poder crear historias que agradasen a los dueños de los estudios o a los directores cinematográficos. Por este tiempo volvió brevemente a Alemania para ver a su madre, advirtiendo con horror el poder adquirido por los nazis, hecho que resaltó ante sus parientes quienes parecieron optar por una fatídica y optimista posición, que los decidió a permanecer en el territorio germano a pesar de su origen judío. Sería la última vez que Wilder abrazara a su madre.

Las peripecias de tan dinámica leyenda están todavía por comenzar, pero sus andanzas por los años dorados hollywoodenses las conoceremos con detalle en la próxima entrega.  

 

FUENTES:

“Maestros del cine: Billy Wilder”. Aut. Noël Simsolo. Ed. Cahiers du cinéma. China, 2011. 

“Un creador genial”. Aut. Pablo de Santiago. Mayo, 2002. www.decine21.com

“Billy Wilder”. Aut. José Luis Martínez. www.avizora.com    

“Billy Wilder”. Aut. Shawn Dwyer. www.tcm.com   

“Billy Wilder, reportero”. Aut. Javier Muñoz. www.elcorreo.com    

“Billy Wilder, uno de los dioses del cine”. Marzo, 2012. http://esenciacine.com     


[i] Unidad de caballería originada en Hungría.

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