Lealtad y libertad: Mariana Pineda I

Mariana Pineda

Parte I

Por: Patricia Díaz Terés

“Uno tiene honor si mantiene un ideal de conducta aunque sea incómodo, improductivo o peligroso de seguir”.

Walter Lipmann

Diversos son los atributos que necesita una persona que se compromete con una causa a cualquier precio, de manera que pueda darse una combinación de características que permitan a la persona llevar a cabo acciones que lo favorezcan en el seguimiento de sus ideales; no obstante, el desprecio por el bienestar propio en pro de un bien mayor es absolutamente elemental para el líder comprometido.

Teniendo a bien el destino dar a tan grandiosos personajes los más diversos orígenes, desde el más humilde hasta el más rancio abolengo, ha ubicado a algunos de ellos justo en el intermedio, en ese extraño punto donde dos líneas que supuestamente deberían extenderse en forma paralela, se cruzan a causa del amor y la pasión.

De esta manera, los hados confabularon aquel día en que el capitán de navío de la Real Armada y caballero de la Orden de Calatrava, Mariano Pineda y Ramírez, hombre de noble cuna, nacido en Guatemala, posó sus ojos en la sencilla –procedía de una honrada familia de labradores de Lucena, Córdoba- pero hermosísima María Dolores Muñoz y Bueno –algunas fuentes mencionan el primer apellido como Mufloz-, una damisela treinta años menor que él y la cual le resultaba tan codiciable como la manzana prohibida, ya que su clase social le impedía –por ley- contraer matrimonio con tan humilde aunque encantadora criatura.

La pareja se enamoró irremediablemente, por lo que decidieron huir hacia Sevilla, donde tuvieron a su primera hija Luisa Rafaela, quien falleció, engendrando después a nuestra protagonista –que nació el 1 de septiembre de 1804- a quien bautizaron con el nombre de: Mariana, Rafaela, Gila, Judas Tadea, Francisca de Paula, Benita, Bernarda, Cecilia de Pineda, quien pasaría a la historia como Mariana Pineda –o de Pineda-.

Trastocada la relación de María Dolores y Mariano por diversas dificultades, la dama decidió escapar del hogar, no sin que antes su otrora amante le arrebatase de los brazos a la pequeña Mariana que contaba con cuatro meses de edad. El caballero pronto falleció, dejando a su hija como heredera universal y a cargo de su hermano José Pineda, quien era ciego de nacimiento y privó a su pequeña sobrina del dinero que le correspondía; asimismo se deshizo de la niña en cuanto contrajo matrimonio con la terrible Tomasita Guiral, quien se negó rotundamente a cuidar de la hija de Mariano.

No obstante, el destino le sonrió a la chiquilla cuando cayó en manos de una pareja de buenas personas conformada por José de Mesa y Úrsula de la Presa, prósperos comerciantes –se dice que fueron confiteros-, quienes recibieron felizmente a la chiquilla y la criaron como si fuera su propia hija, dándole una apropiada educación en el Colegio de Niñas Nobles de Granada.

Con el paso de los años, Mariana se convirtió en una bella adolescente de ensortijado y dorado cabello, con ojos del color del cielo y nívea piel, que captaba la mirada de cuanto caballero se cruzaba en su camino, sin haber sido la excepción todos aquellos individuos que asistían a las reuniones liberales clandestinas que se llevaban a cabo en su hogar. Uno de estos hombres fue quien capturó el inocente corazón de la señorita -que a la sazón tenía tan solo catorce años-, este llevaba orgullosamente el nombre de Manuel de Peralta y Valte –originario de Huéscar, Granada-, un gallardo –aunque enfermizo- militar, con quien contrajo nupcias el 9 de octubre de 1819.

A los pocos meses de haberse realizado la ceremonia nació el primer hijo de la pareja, José María, el 31 de marzo de 1820, al que siguió una niña a quien pusieron por nombre Úrsula María. Fueron sin embargo tan solo tres años de felicidad al lado del hombre que amaba, ya que Manuel murió en 1822, cuando su esposa tenía dieciocho años.

Ahora bien, la historia de nuestra dama carece de sentido si no se contemplan algunos hechos históricos de gran relevancia. El primero es el Trienio Liberal, el cual se llevó a cabo de 1820 a 1823, periodo de libertad temporal en el largo reinado de Fernando VII, tiempo en el que posiblemente se despertó en Mariana su afiliación liberal gracias por supuesto a la influencia de su flamante marido. Asimismo, en Granada existía una gran variedad de sociedades secretas que confabulaban –o al menos disentían de él- en contra del monarca, de modo que aparecen en los registros la Confederación de Comuneros, la Asociación Carbonaria, la Sociedad del Anillo, el Ángel Exterminador y la Federación de Realistas Puros, entre otras; convirtiéndose así esta provincia en lugar idóneo para que se exacerbasen los ánimos liberales.

Elevados ideales tenía pues la joven Pineda cuando su esposo falleció, de modo que buscó refugio entre aquellos que eran de pensamiento similar al suyo, encontrándolo en la casa de los condes de Teba, padres de Eugenia de Montijo, quienes se habían tenido que trasladar de Galicia a Granada por sus ideas políticas. Para entonces había comenzado ya la Década Ominosa -1823 a 1833-, durante la cual Fernando VII con el apoyo de Los Cien Mil Hijos de San Luis –tropas francesas- retomó el mando del gobierno y emprendió una infame campaña en contra de sus enemigos, atropellando sin miramientos los derechos de su “amado” pueblo.

Mariana para entonces si bien tenía ya dos infantes, no por ello había mermado en algo su hermosura, por lo que cautivó sin remedio al marqués de Salamanca quien no pudo ver cumplidas sus ilusiones ya que la joven se prendó –en 1824- del militar maltés Casimiro Brodett, quien no pudo licenciarse debido a que era un liberal convencido, situación que impidió el matrimonio de la pareja.

Cuatro años después, la ilustre viuda comenzó a tomar parte activa en las conspiraciones liberales, desempeñando un importante papel en la vida de los reos que habían ido a dar con sus huesos en la cárcel por su participación en distintas acciones liberales. De esta manera, en tan penosa situación se encontraba el tío de Pineda, el presbítero Pedro García de la Serrana, quien compartía suerte con su sobrino Fernando Álvarez de Sotomayor –primo de Mariana-. Habiendo sido Álvarez condenado a muerte por el papel que había desempeñado en la sublevación de Riego en 1820, la valiente jovencita se dio a la tarea de liberarlo.

De este modo, mientras consolaba a las familias de los liberales sirviendo ella misma como mensajera y gestionando mejores condiciones para los prisioneros, a la vez que tramitaba escritos para solicitar indultos; logró introducir en la cárcel, pieza por pieza, un hábito de monje capuchino el cual complementaría con una barba falsa. Ataviado con tales ropas, Fernando logró salvar su vida a finales de octubre de 1828 al atravesar tranquilamente la puerta de su encierro, confundiéndose con la gran cantidad de religiosos que asistían frecuentemente al lugar para aliviar los sufrimientos de los proscritos.

Mariana se nos presenta entonces no solo como una joven inteligente sino comprometida con su causa; no obstante aún quedan varios hechos por relatar, los cuales están revestidos de un valor extraordinario y una astucia que la hizo digna conspiradora y pieza clave del movimiento que luchó en pro de la libertad, en un momento en el cual pensar diferente equivalía a ser traidor a la patria; pero de tan extraordinarios sucesos hablaremos extensamente en la próxima entrega.

 

FUENTES:

“Mariana Pineda”. Aut. Carlos Blanco Fernández. Revista Historia y Vida no. 41. Julio 2007.  

“Mariana Pineda. Libertad.”. Aut. Antonia Rodrigo. Revista La Aventura de la Historia no. 67.

“Mariana Pineda: La libertad en el cadalso”. El Mundo, 19 de octubre 1997. www.segundarepublica.com

“Mariana Pineda”. Aut. María Dolores Mirón. www.andalucia.cc    

“Mariana Pineda”. www.granadaenlared.com

“Mariana Pineda”. www.solonosotras.com  

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