Lealtad y libertad: Mariana Pineda II

Mariana Pineda

Parte II

Por: Patricia Díaz Terés

“Juro por Dios, juro por mis padres y juro por mi honor que no descansaré mientras viva hasta que haya liberado a mi patria”.

Simón Bolívar

A través de los siglos, la lucha por la libertad no ha sido cosa fácil, ni en los procesos de independencia ni cuando un grupo de valientes individuos se ha enfrentado a un régimen que acostumbre atropellar los derechos de sus gobernados; de tal forma el compromiso con la causa se ha convertido en ocasiones en cuestión de vida o muerte.

Tal fue el escenario que rodeó a los liberales que enfrentaron al monarca absolutista Fernando VII en la España del siglo XIX, teniendo esta situación como resultado una gran cantidad de encarcelados por distintos cargos en los que el ingrediente principal eran las acciones subversivas, así como el traslado de un buen número de personas a Gibraltar en calidad de exiliados.

Entre tales grupos se movía nuestra heroína, Mariana Pineda, quien sin temor entraba y salía de la cárcel para llevar mensajes de esperanza a los familiares de los presos y condenados; a la vez que servía como correo con aquellos que se encontraban en el exilio, quienes sobra decir que tenían en alta estima a la valerosa viuda, deshaciéndose en elogios cada vez que la ocasión se presentaba.

Tales comentarios llegaron a oídos erróneos y el revolucionario Romero Tejada, quien había sido apresado en Málaga, confesó la opinión que los expatriados tenían de Pineda. Inmediatamente la policía se dio a la tarea de descubrir a la dama en flagrante delito, para lo cual optaron por interceptar sus misivas; no obstante, aun teniendo la intención de lograr una contundente acusación, únicamente consiguieron demostrar que Mariana comunicaba información sobre la situación de los prisioneros o bien les ayudaba a llevar sus quejas sobre la parcialidad de los jueces y los turbios procesos legales ante Su Majestad. La acusada pidió entonces la ayuda del abogado José María Escalera, quien fue capaz de que la condena de su defendida fuera únicamente el arresto domiciliario, alegando que la fémina se encontraba muy enferma; aunque posteriormente alcanzó la cancelación total del castigo.

Por otra parte, el 8 de enero de 1825 había entrado en escena un malévolo personaje de nombre Ramón Pedrosa y Andrade, con el nombramiento de Alcalde del Crimen de la Chancillería de Granada, hombre intolerante que servía perfectamente para los fines represivos de Fernando VII. Tan solo once días le tomó al funesto varón descubrir el primer complot, en una logia de siete miembros que se reunían en un sitio clandestino cercano a la Alhambra; ni tardo ni perezoso el nuevo “paladín de la justicia” mandó encarcelar y ejecutar a los culpables.

Bajo el acecho de tan terrible enemigo, Mariana no cejó en sus actividades libertarias; pero tampoco descuidó su corazón. Mal tino tuvo la mujer cuando entregó sus afectos a José Peña y Aguayo, doctorado en Leyes por la Universidad de Granada, quien abandonó a la joven cuando aún estaba embarazada ya que se encontraba comprometido con una acaudalada heredera.

Sin dejarse abatir por la desesperación Pineda dio a luz a una pequeña –a quien reconoció como hija natural otorgándole sus apellidos- el 8 de enero de 1829 y optó por entregarla, a pesar del dolor que esto le ocasionó, a una casa cuna tras lo cual la chiquilla fue llevada con un amable matrimonio formado por Teresa Pedregosa y Miguel Martín -cabe destacar que el padre nunca tuvo mayor interés por el destino de su retoño, sino hasta después de que murió su otrora amante, quien para entonces había sido ya reconocida como mártir del liberalismo, momento en que decidió adoptar a la niña a quien reconoció como propia únicamente en su testamento-.

En enero de 1831 la tensión llegó a su clímax y estalló un levantamiento liderado por el general José María Torrijos y Uriarte, la cual fue implacablemente aplastada por el gobierno, huyendo el militar a Gibraltar. Los realistas, inquietos por la presencia rebelde en las ciudades españolas, comenzaron a buscar a los involucrados y cómplices. Habríase salvado Mariana de las sospechas si su “gente de confianza” hubiese podido mantener la boca cerrada.

Resulta que nuestra dama se había dado a la tarea de confeccionar una bandera liberal. Siendo imperfectas sus cualidades como costurera, decidió solicitar el apoyo de un par de hermanas que residían en el barrio de Albaycín. La mala fortuna determinó que una de ellas, suelta de lengua, sostuviera ilícita relación con un cura a quien le refirió el encargo hecho por Mariana; este licencioso caballero tuvo a bien comentar la situación con su padre, Julián Herrera, quien a su vez fue a dar con las autoridades para denunciar el hecho.

Pero con la bandera en manos de las costureras y no de Mariana, Ramón Pedrosa –quien se dice que estuvo enamorado de Pineda que presuntamente lo rechazó- no tenía pruebas en contra de la acusada. Ordenó pues que se desembolsaran 400 reales y se intimidase a las bordadoras para que entregaran el lienzo a la revolucionaria. Así, una vez que las telas incriminatorias se encontraran en el domicilio conveniente, se realizaría un registro en el que surgirían las tan ansiadas pruebas.

Mariana, ignorante de la situación recibió su bandera en la que se veían a medio bordar las palabras “Libertad, igualdad, ley”, llegando a su casa casi inmediatamente la policía. De inteligencia viva e ingenio despierto, la señora escondió el envoltorio dentro de una hornilla –aunque existen otras fuentes que destacan que la insurrecta alegó que la costura se encontraba en un baúl que un deudor había dejado como prenda, ignorando ella la existencia de tal objeto-; sin embargo esto no fue obstáculo para sus perseguidores, ya que encontraron el trozo de tafetán morado centrado por un triángulo verde en el que se leían los “ofensivos” vocablos antes mencionados –los colores pertenecían a una logia-.

Por supuesto la presencia del paño no era prueba suficiente contra la viuda, hecho que Pedrosa pasó por alto, por lo que la colocó nuevamente bajo arresto domiciliario el 13 de marzo de 1831. La rebelde no se dejaría vencer tan fácilmente, por lo que planeó su fuga disfrazándose de anciana, pero al descolgarse por una de las ventanas de su casa se topó con su celador, quien la regresó a su residencia. Tan indómito espíritu obligó al cruel Ramón a encerrar a su supuesta amada en el beaterio de Santa María Egipcíaca, también llamado Convento de las Arrecogidas.

Pedrosa esperaba obtener una valiosa información por parte de Mariana, por lo que mandó que la interrogasen innumerables veces, negándose la dama en todas las ocasiones a dar uno solo de los nombres de sus compañeros de causa. Viéndose acorralado, el Alcalde del Crimen solicitó al monarca –consiguiéndolo de inmediato- que firmase la condena a muerte de la muchacha, así como un indulto el cual utilizaría en caso de que la condenada diera su brazo a torcer. Esto no sucedió.

Tras un proceso “legal” lleno de inconsistencias, el 24 de mayo de 1831 la valiente y leal revolucionaria fue llevada a la Cárcel Baja, de donde salió dos días más tarde rumbo al Campo del Triunfo, donde sería ejecutada mediante garrote vil. Se dice que su magnífica presencia y absoluta dignidad la acompañaron hasta sus últimos minutos, así, aquella que al conocer su sentencia había dicho que el recuerdo de su sacrificio haría más por su causa “que todas las banderas del mundo” y quien inspirase una obra de Federico García Lorca, subió tranquilamente al cadalso portando un vestido azul con flores de azucena, para pronunciar sus últimas palabras: “Prefiero sin vacilar una muerte gloriosa a cubrirme de oprobio delatando a persona viviente”.

Así nuestra notable Mariana Pineda falleció con entereza y honor el 26 de mayo de 1831, dejando tras de sí una estela que avivó el espíritu de sus amigos y que ha inspirado durante generaciones a aquellos que luchan por la libertad.

 

FUENTES:

“Mariana Pineda”. Aut. Carlos Blanco Fernández. Revista Historia y Vida no. 41. Julio 2007.  

“Mariana Pineda. Libertad.”. Aut. Antonia Rodrigo. Revista La Aventura de la Historia no. 67.

“Mariana Pineda: La libertad en el cadalso”. El Mundo, 19 de octubre 1997. www.segundarepublica.com

“Mariana Pineda”. Aut. María Dolores Mirón. www.andalucia.cc    

 “Mariana Pineda”. www.solonosotras.com  

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