Del arrabal al salón, el tango: música, pasión e historia I

Love of Tango de Fabián Pérez

Parte I

Por: Patricia Díaz Terés

Sólo hay dos maneras de resumir la música: o es buena o es mala. Si es buena no le das más vueltas, simplemente la disfrutas”.

Louis Armstrong

Es el final de la década de los 70s, varios comensales se encuentran degustando las delicias culinarias argentinas que ofrece un exclusivo restaurante ubicado en una famosa colonia de la hermosa ciudad de Buenos Aires, cada grupo de personas se encuentra envuelto en amena y privada conversación cuando de pronto de una de las mesas se levanta un elegante caballero de distinguido porte, que ofrece su brazo a una joven y atractiva dama que exhibe un maravilloso vestido de exquisita confección aderezado con magníficas piezas de joyería elaboradas con oro y diamantes; la silenciosa y digna pareja se dirige hacia el centro del local donde se encuentra una pista de baile vacía, al lado de la cual una orquesta interpreta un tango. Cuando llegan al punto adecuado ambos se acomodan para dar inicio a su danza captando las miradas de todos los presentes, quienes a continuación tienen la oportunidad de admirar la extraordinaria ejecución, con gran maestría y pasión, de una coreografía de tango. Lo interesante es que tal espectáculo no ha sido planeado por el bienquisto comedor, de modo que aquellos bailarines que han mostrado habilidades profesionales siendo largamente aplaudidos al final de la pieza, son tan solo un par de enamorados que seguramente han decidido festejar algún aniversario durante aquella velada.

Tal anécdota me fue narrada por mi padre, quien era uno de los comensales que presenció la asombrosa danza en uno de sus múltiples viajes a Sudamérica. Sin embargo aquella escena hubiese sido impensable e incluso imposible en los inicios del tango allá por la segunda mitad del siglo XIX, cuando este ritmo era considerado como la música del bajo mundo, apta únicamente para los facinerosos y las “alegres damitas de la noche”.

Dejando un poco de lado la eterna discusión sobre el lugar geográfico que vio nacer al tango -debido a que este es disputado tanto por Argentina como por Uruguay-, remontémonos a aquellos días en los que se trataba de una música poco conocida que luchaba por hacerse un lugar en los gustos de alguien. Habiéndose discutido en demasía sobre el verdadero origen del tango, se ha explicado que en realidad surgió –como tantos otros- de una mezcla de distintos géneros entre los que se encontraba la milonga, que le aportó la coreografía, el candombé el ritmo y la habanera que le proporcionó tanto las melodías sentimentales como la fuerza emotiva; cabe destacar también que la preferencia por los ritmos negros que se había presentado, particularmente en Argentina, desde 1870 estuvo estrechamente vinculada con el surgimiento del tango, ya que la gente escuchaba por entonces las guajiras flamencas y cubanas, los fandangos y los tangos flamenco o andaluz.

Diez años después, en 1880, se puede hablar de la aparición de los primeros tangos como El Queco, Señora casera, Al salir los nazarenos, Bartolo, El palmar, Dame la lata, El tero y Andáte a la recoleta –algunos de los nombres de los primeros tangos tuvieron que ser “adecentados” al momento de difundirse ya que se consideraban demasiado explícitos sobre temáticas de carácter sexual-, considerándose –en determinadas fuentes- a un tal Juan Pérez como el supuesto primer autor de este estilo musical; mientras que el baile presuntamente comenzó a desarrollarse en Cuba, antes que en Argentina, aunque fue en la capital de esta última donde se abrió paso hacia las salas de baile.

Continuando con la cuestión de la música, los grupos –duetos, trío y posteriormente cuartetos y quintetos- que ejecutaban su música en los prostíbulos y cafés de poca monta estaban por lo general conformados por una flauta, un violín y la guitarra, sumándose el bandoneón  y el contrabajo casi en los albores del siglo XX, recordándose en ciertos sitios que la primera de estas agrupaciones estuvo conformada por Sinforoso que se encargaba del clarinete y Casimiro Alcorta del violín; no obstante los músicos de tales equipos se veían en tan severas dificultades económicas que a veces tenían que improvisar algunos instrumentos empleando objetos de uso común como fueron los peines, los cuales eran convertidos en artefactos de viento –o aliento- gracias a la utilización de un trozo de papel de fumar, y con los que los hábiles sopladores eran capaces de llevar el ritmo durante la interpretación.  

Ahora bien, en la segunda parte del siglo XIX la ciudad de Buenos Aires albergaba a una gran cantidad de extranjeros –se dice que hasta el cincuenta por ciento de la población llegó a ser de tal origen- de modo que paupérrimos y solitarios hombres procedentes de España, Francia, Italia, Alemania, Polonia, etc., deambulaban por los arrabales bonaerenses, en donde por las noches buscaban la compañía de las jóvenes de la vida galante en lupanares y otros sitios de la misma calaña. Así, en tales salonsuchos buscaban el contacto físico con las féminas disponibles y una manera para lograrlo era bailando el tango, cuya coreografía implicaba la necesidad de una cercanía considerable entre los dos participantes, desbordándose así una efímera pasión durante la danza.

Estas características unidas con las primeras letras, las cuales lejos de consistir en hermosos y melancólicos poemas eran groseras referencias al acto sexual, encajonaron al tango como una música exclusiva de los individuos poco deseables que pululaban por la sociedad porteña; asimismo, poco podían hacer los músicos para incrementar el prestigio de sus melodías, ya que ellos mismos eran personas que contaban con escasa educación –musicalmente hablando eran absolutamente analfabetas- y medios económicos extremadamente limitados, lo cual se unía además a los constantes cambios a los que se veían sometidas tales agrupaciones, que se debían a su vez a la inestabilidad de sus empleos –los burdeles y cafés los contrataban a conveniencia, sin contrato- por lo que la consolidación era prácticamente imposible.

Pero poco a poco el tango fue progresando con grandes esfuerzos hasta que pudo considerarse como un arte musical, sobre todo con algunas composiciones como El talar (1893) creado por Prudencio Aragón, El enterriano(1897) de Rosendo Mendizábal, Don Juan (1898) compuesto por Ernesto Ponzio o El sargento Cabral (1899) de Manuel Campoamor; en este desarrollo, la improvisación tuvo un lugar especial, ya que muchas veces los intérpretes del tango modificaban las melodías o bien sin tener en claro lo que iban a tocar, se dejaban llevar por el ambiente y las notas creándose así infinidad de piezas que nunca llegaron a tener un nombre ni a registrarse en la memoria de los tangueros.

Por otro lado, los primeros tangos registrados por escrito muchas veces fueron acreditados no por el verdadero creador, sino por aquel músico que había tenido los conocimientos suficientes como para crear la partitura correspondiente, la cual era vendida por el plagiador con la finalidad de obtener algún dinero.

Pioneros en tan joven género fueron músicos como el Pardo Canevari, el Ciego Roseti, Gabino Navas o Gabino Gardizabal, además de algunos expertos en determinado instrumento como los flautistas Juan Firpo, Francisco Ramos o Lorenzo Capurro, el contrabajista Andrés Espinosa o los bandoneonistas Domingo Santa Cruz, Pedro Ávila o el Pardo Sebastián, entre muchos otros.

A pesar de tan escabrosos inicios, el tango logró abrirse paso hasta llegar a ser un arte consistente en poesía, música y baile que conquistó al público de todos los estratos sociales, llegando a tener adeptos en diversos países del mundo; sin embargo de tan azarosa travesía hablaremos con mayor detalle en la próxima entrega.

*Este par de artículos los dedico a mi sobrino Erick, quien disfruta del tango en las bellísimas tierras queretanas.

 

FUENTES:

 “Breve historia del Tango”. Aut. Andrés Carreto. Portal del Libro.    

“El tango, apunte histórico”. Aut. J. Alberto Mariñas. www.esto.es   

“El origen del tango”. www.oni.escuels.edu.ar   

 

   

4 respuestas a Del arrabal al salón, el tango: música, pasión e historia I

  1. anipoesia dice:

    Reblogged this on anipoesia and commented:
    Es grato saber que existe el buen gusto , indiscutiblemente Tango

  2. My Homepage dice:

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