Verdades enterradas por las arenas de los mitos: Hatshepsut II

Imagen de Hatshepsut en el templo de Deir el-Bahari

Parte II

Por: Patricia Díaz Terés

“La historia es la novela de los hechos, y la novela es la historia de los sentimientos”.

Claude Adrien Helvétius

Cuando un gobernante ha necesitado legitimar su puesto, históricamente ha recurrido a cualquier cantidad de razones, teorías o explicaciones sobre el poder que ostenta, siendo la más común -más o menos hasta la Revolución Francesa- la del poder otorgado por Dios mismo. Este argumento esgrimido a diestra y siniestra por los reyes absolutistas, también sirvió como justificación para el dominio de los faraones egipcios, quienes se percibían como hijos espirituales de Amón. Un paso más allá fue Hatshepsut entonces, cuando afirmó que era la hija carnal de la divinidad mencionada, de modo que su situación fuese prácticamente incontestable.

Ahora bien, en el mundo terrenal la conservación del poder requiere de herramientas adicionales a las explicaciones metafísicas, por lo que la presencia cercana de una figura de gran sabiduría siempre fue esencial para los monarcas egipcios, teniendo cada uno de ellos un consejero de confianza que le ayudaba a soportar la pesada carga del reino. En el caso de Hatshepsut tal papel fue desempeñado por un hombre llamado Sen-en-Mut.

Tan enigmático caballero tuvo un ascenso relativamente rápido en la corte ya que habiendo nacido en la ciudad de Iuny (Hermontis) y posiblemente tras haber sido soldado en los ejércitos de Amenhotep I y Tutmosis I, optó por la vida de palacio ganándose la confianza de este último faraón y logrando que se le nombrara como preceptor de la hermosa princesa Hatshepsut.

De esta manera, la princesa pudo hacerse –y conservar- con el trono egipcio en buena parte por la labor de Sen-en-Mut, quien además de arquitecto fue una suerte de asesor principal de la soberana, haciéndose de noventa y dos títulos tanto religiosos como administrativos; siendo sin embargo su labor primordial la edificación de impresionantes templos y monumentos que ayudasen a su reina a pasar a la posteridad, algunos de los cuales fueron el Speos Artemidos, templo levantado en honor a la diosa Pakhet; el templo de Satet en Elefantina y sobre todo el Dyeser Dyeseru (Djeser Djeseru) o “Maravilla de maravillas”, el Templo de Millones de Años construido en Deir el-Bahari en honor a la faraón.

Así erigiendo tan portentosa obra, elaborada con bloques de piedra caliza blanca –destacando del resto de las construcciones que estaban estructuradas con gres egipcio rojizo-, Sen-en-Mut y Hatshepsut pusieron a trabajar a los más talentosos escultores y artistas de su época, con la finalidad de que narraran en los muros del sagrado recinto la magnífica y única historia de la monarca; esto sucedió el mismo año –el séptimo del reinado de Tutmosis III– en que el consejero fue ascendido a Mayordomo de Amón, título que además de gran prestigio y relevancia le consiguió una considerable fortuna.

Por otra parte, además de Mayordomo de Amón, Sen-en-Mut era preceptor de la princesa Neferura y tenía una cercanía inusual con la reina, a tal grado que se jactaba de su poder al decir que podía escuchar todo lo que en el palacio se decía, teniendo a su vez el derecho de ser escuchado y admirado; tamaño ego no pudo surgir de la nada, por lo que probablemente contase con la venia de Hatshepsut. En este punto cabe destacar que existe una hipótesis que relaciona a estos dos personajes en una esfera mucho más íntima que la política, llegándose a considerar la posibilidad de que hubiesen establecido amorosos lazos, como parecen indicar algunos graffiti eróticos encontrados en una tumba inconclusa ubicada en Deir el-Bahari, los cuales muestran a la reina con su consejero –quien cabe mencionar que nunca se casó ni tuvo descendencia conocida- en reveladoras situaciones; asimismo estas especulaciones podrían ser apoyadas por el hecho de que Hatshepsut donó al ilustre cortesano una tumba para sus padres y un sarcófago hecho con cuarcita que tenía como propósito albergar los restos mortales de Sen-en-Mut, quien además excavó secretamente una segunda tumba bajo el Templo de los Millones de Años, en la cual hizo representar su efigie adorando los nombres de la soberana, ocultando de los ojos profanos tales imágenes tras una puerta.

Incluso se ha planteado la posibilidad de que esta singular pareja hubiese tenido un descendiente, esto se ha pensado debido a un sarcófago que fue encontrado en el Valle de los Reyes por el arqueólogo Victor Loret en 1889. El investigador ubicó el nombre del habitante del fúnebre receptáculo como Mahirpra, a quien se describía en los textos funerarios como un chico educado en el palacio, quien probablemente se había convertido en un importante militar debido a las armas que se encontraron acompañando a la momia; asimismo el finado soldado llevaba en el cuello una insignia de lino que mostraba el nombre real Maatkaré; aunque por supuesto nada de esto se ha tomado como prueba concluyente de la existencia de un vástago de Sen-en-Mut y Hatshepsut.

Veintidós años duró entonces el gobierno del faraón Hatshepsut en compañía de su fiel Sen-en-Mut. No se tiene mayor noticia sobre el final de su reinado o de su vida, aunque algunos descubrimientos recientes han permitido proponer la posibilidad de que falleciera a causa de una infección en un diente, la cual pudiera haber sido agravada por un cáncer de hueso avanzado y el padecimiento de diabetes. Lo que sí se sabe es que tras su fallecimiento Tutmosis III pudo reinar con absoluta libertad, emprendiendo en el ocaso de su vida una cruzada en contra de la memoria de la antigua faraón dándose a la tarea de eliminar todos los registros que de ella existían, haciendo que sus escultores eliminaran de muros, columnas y cualquier otra superficie las referencias sobre la reina empleando un cincel; además los textos que aparecían en los monumentales obeliscos que Hatshepsut había mandado construir en el templo del dios Amón en Karnak fueron cubiertos con piedra para ocultarlos, acción que irónicamente sirvió con el tiempo para conservar las inscripciones.

Por otro lado, la identificación de la momia de Hathepsut tomó una gran cantidad de tiempo, iniciando esta con el descubrimiento realizado por el egiptólogo Howard Carter en 1903, quien halló un par de momias femeninas en una tumba catalogada como KV60, una de las cuales fue reconocida como la Dama Sat-Ra, nodriza de la reina, que fue transportada entonces al Museo de El Cairo, abandonándose los demás restos. En junio de 1989 otro egiptólogo de nombre Donald P.Ryan, profesor de la Pacific Lutheran University en Tacoma, Washington, estudió de nuevo la momia desconocida, observando entonces que la mujer había sido colocada con el brazo derecho cruzado sobre su pecho, lo cual la identificaba como una reina perteneciente a la dinastía XVIII; en este tiempo la investigadora Elizabeth Thomas desarrolló la hipótesis de que esta dama era Hatshepsut –incapaz de marcharse dejando el cuerpo en el suelo, el arqueólogo mandó a hacer un sencillo ataúd de madera para proteger los restos-, hecho que fue corroborado gracias a los trabajos de Zahi Hawass, director del Egyptian Mummy Project y secretario general del Consejo Supremo de Antigüedades en 2005, cuyo equipo logró identificar positivamente a Hatshepsut en los restos catalogados como KV60A gracias a un diente.

Así, Hatshepsut se aprecia ahora como una mujer que supo dirigir a su reino y engrandecerlo, de modo que sin importar los recovecos de su vida personal o incluso las odiseas que atravesaron sus restos mortales para fungir como testigos de su paso por este mundo, la historia de esta peculiar fémina y el tratamiento que se le dio luego a su memoria, bien pueden ilustrar las palabras de Charles Louis de Secondat, barón de la Brède y de Montesquieu: “La verdad en un tiempo es error en otro”.

 

FUENTES:

 “Señora de Egipto”. Aut. Francisco J. Martín Valentín y Teresa Bedman. Revista Aventura de la Historia no. 106.   

 “La reina que fue rey: Hatshepsut”. Aut. Rafael Bladé. Revista Historia y Vida no. 428.    

“Hatshepsut: La reina faraón”. Aut. Cristina Gil. Revista Historia y Vida no. 445.     

“Sen-en-Mut, favorito de la reina Hatshepsut”. Aut. Francisco Martín Valentín y Teresa Bedman. Revista National Geographic vol. Marzo, 2005.

“Una mujer en el trono de Egipto: Hatshepsut”. Aut. Fernando Estrada Laza. Revista Historia National Geographic no. 40. España, junio 2007.   

“La Reina Hombre de Egipto”. Aut. Chip Brown. Revista National Geographic vol. 24 no. 4. Abril 2009.

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2 Responses to Verdades enterradas por las arenas de los mitos: Hatshepsut II

  1. Laura A dice:

    Que te puedo decir respecto a este tema, muchas son las teorías en relación a la vida de Hatshepsut, desde mi punto de vista una de las mas importantes mujeres de la historia, en cuyo periodo Egipto vivió uno de sus mejores momentos. Pero bueno, dejare de escribir sobre Hatshepsut, lo cual es difícil para mi ya que es algo que me gusta hacer. Solo basta decir que la belleza del templo de Deir-el-Bahari es inigualable. Por cierto la segunda esfinge mas grande de Egipto se trata de una esfinge de Hatshepsut, la cual se encuentra en la zona de Menfis.

    • Paty Díaz dice:

      Mi querida amiga gracias por tomarte el tiempo para leer el artículo, no sabes cómo me acordé de ti cuando lo estaba escribiendo =) Te mando un gran abrazo.

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