El optimista creador defensor de los autores: Charles Dickens I

Charles Dickens

Parte I

Por: Patricia Díaz Terés

“Los niños han de tener mucha tolerancia con los adultos”.

Antoine de Saint-Exupéry

La vida de un artista invariablemente interviene, ya sea de manera directa o indirecta, en su obra; sin embargo existen algunos que plasman en sus creaciones pasajes completos de su existencia, enriqueciéndose así el arte con la experiencia. Para lograr esto, el individuo en cuestión debe forzosamente tener una gran capacidad tanto para observar como para analizar, siendo este caso particular el de cierto escritor de nombre Charles Dickens quien logró rescatar de su memoria rasgos de personas que cruzaron por su camino, trasladándolos así a sus magníficos e inolvidables personajes, a la vez que situaba las acciones en lugares reales, los cuales describía de manera inequívoca de tal suerte que el lector podía descubrir cada uno de los detalles captados por el autor.

Ahora bien, de acuerdo con muchos biógrafos y estudiosos de la literatura dickensiana, el periodo que marcó los escritos de este hombre fue su infancia, la cual estuvo plagada de adversidades que fueron enfrentadas por Charles con gran valentía. Fue así el segundo hijo del matrimonio conformado por John Dickens y Elizabeth Barrow, quienes ya para la fecha de nacimiento del chico -7 de febrero de 1812- habían engendrado a la pequeña Fanny.

Singular carácter poseía Mr. John, ya que mientras algunos como Luis Rutiaga lo describen como “afable pero despreocupado”, otros han sido mucho más severos al juzgar su carácter, como es el caso de José Méndez Herrera en su ensayo biográfico “Un viaje por el mar de Dickens” quien lo detalla como “descuidado y fanfarrón, hablador y manirroto”; no obstante, dejando de lado las palabras que retratan al caballero, lo cierto es que se trataba de un escribiente que cuando nació su segundo vástago trabajaba como escribiente en la Pagaduría de la Armada, ubicado en el arsenal[i] de Portsmouth ganando un modesto salario de doscientas libras al año.

Sin ser tal suma una cantidad ostentosa, se considera que con ella una familia normal podía vivir, si no desahogadamente, sí por lo menos sin preocupaciones; el problema de los Dickens era que su jefe era muy dado a gastar más de lo que ganaba, lo cual lo colocaba en una posición de deudor que se agravó con el paso de los años.

De este modo el pequeño Charles John Huffam Dickens comenzó su vida en un entorno donde las preocupaciones por las cuestiones monetarias se dejaban sentir de manera irremediable, sin que tal situación afectase en lo más mínimo su despabilado intelecto. Ya desde tierna infancia nuestro protagonista sintió un afán insaciable por conocerlo y saberlo todo, de modo que gran regocijo le causó el que su progenitor lo inscribiese en la escuela de Clover Lane dirigida por Williams Giles, hecho que fue favorecido por el traslado de Mr. Dickens a Chatham.

Muy pronto se dio cuenta Giles de las extraordinarias capacidades de su nuevo pupilo y decidió apoyarle cuanto le fuera posible. Pero esta primera etapa escolar fue truncada por la reubicación del padre a Londres, a donde llegaron acompañados por James Lamert, hijo del segundo esposo de una hermana de Elizabeth. Este joven trabó buena amistad con Charles, a quien introdujo al mundo del teatro, cautivándose el chico inmediatamente.

Por otra parte, cabe destacar que se sabe que la educación de Dickens, al no tener la continuidad o la calidad adecuadas para un intelecto de tal envergadura, se dio de manera autodidacta, ya que al jovencito no había cosa que satisficiera en mayor medida que un libro, de modo que por su cuenta fue conociendo autores como Daniel Defoe, Miguel de Cervantes o Henry Fielding, haciéndose personajes como Robinson Crusoe, Don Quijote o Tom Jones, sus mejores amigos.

Pero bien dice el dicho popular “primero el deber y luego la devoción”, ya que Charles tuvo que dejar de lado sus literarias pasiones para dedicarse a sus labores, ya que debía ayudar a sus padres en un hogar para entonces aumentado en seis integrantes, que se albergaba en uno de los barrios más humildes de la capital inglesa. Indignación y gran enojo fue entonces lo que sintió el joven Dickens cuando John y Elizabeth acordaron con George Lamert –primo y cuñado de James– que trabajaría en una fábrica de betún que había montado Lamert en Hungerford Stairs, cerca de Charing Cross –sobre este episodio muchos años después Dickens confesaría a su amigo y biógrafo John Forster que recordaba con tristeza “esa época de su infancia cuando se había sentido humillado y pesaroso[ii]-.

Comenzó entonces Charles su vida laboral a sus recién cumplidos doce años –ingresó en la factoría el 9 de febrero de 1824- en un entorno hostil y físicamente demandante, ya que sus jornadas se alargaban hasta por diez horas, teniendo un breve intermedio para consumir sus alimentos, obteniendo un modesto salario de seis o siete chelines a la semana –aproximadamente quinientos pesos actuales-.

Sintiéndose abatido y desgraciado el muchachito cumplía diariamente con su trabajo, pero sus condiciones empeoraron aún más cuando su padre fue apresado ese mismo año por no haber cubierto sus deudas. Terrible golpe sufrió Elizabeth cuando su marido fue puesto tras las rejas, superando momentáneamente la crisis con el empeño de muchos objetos y decidiendo finalmente que mejor sería trasladar a su familia a la cárcel de Marshelsea para vivir con su cónyuge (!) -lo cual era permitido en la Inglaterra decimonónica-, quedando dos miembros de los Dickens fuera de tan extraña vivienda: Charles, quien se alojó en la pensión de la señora Roylance en Little College Street, y Fanny que a la sazón estudiaba en el Real Conservatorio de Música en donde era una alumna destacada.

Resintiendo siempre el escritor el trato radicalmente opuesto que prodigaban sus padres a él y a su hermana, no guardó sin embargo rencor a su hermana, de modo que todos los domingos ellos se reunían para visitar a su “familia encarcelada”. Por estos tiempos fue cuando el futuro autor de Nicholas Nickleby sintió los embates del orgullo –aunque no en su sentido más terrible-, como lo demuestra la anécdota en la que se cuenta cómo un buen día la mala alimentación del jovencito hizo mella en su salud, provocándole un espantoso dolor de estómago en plena jornada laboral. Sin causar esto preocupación en la mayoría de los trabajadores, había uno que sí sentía simpatía por el enfermo, Bob Fagin, quien después de una leve mejoría de Dickens insistió en acompañarle a su casa. Dispuesto a todo excepto a que sus compañeros se enterasen de que su familia residía en una prisión, el pobre paciente zafóse de repente del brazo de su amigo para, tras despedirse brevemente, entrar presuroso en el portal de un edificio hasta entonces para él desconocido, el cual pretendió que era su hogar.

No obstante el destino comenzó a ser más benévolo con la familia tras la muerte de la madre de John Dickens, siendo este suceso el que los rescatase de su horrenda situación, ya que la dama había legado parte de su herencia a su irresponsable hijo, quien además obtuvo ayuda de su hermano William para salir de Marshelsea. Tras este terrible episodio John pareció querer sentar cabeza, de manera que habló con su cuñado J.H. Barrow, quien a la sazón dirigía el periódico Mirror of Parliament, para obtener un trabajo, convirtiéndose así en reportero oficial de la British Press en enero de 1825 ganándose –tal vez por primera ocasión- la admiración de su hijo fascinado por las letras, quien a pesar de los desengaños sufridos siempre describió a su padre como “hombre bondadoso y generoso”.

Pero aún faltan muchas cosas por relatar en la vida de quien es hasta la fecha uno de los más importantes autores de la literatura universal, pero de tales aventuras hablaremos en la próxima entrega. 

FUENTES:

“Un viaje por el mar de Dickens”. Aut. José Méndez Herrera. Obras completas de Charles Dickens tomo I. Ed. Aguilar. Madrid, 1960.

 “Tres maestros: Balzac, Dickens, Dostoiewski”. Aut. Stefan Zweig. Ed. Porrúa. México, 2001.   

 Prólogo de “Canción de Navidad y otros cuentos de Charles Dickens”. Aut. Luis Rutiaga. Grupo Editorial Tomo S.A. de C.V. México, 2003.  

“Vida y genio”. Aut. Guillermo Altares y “Dickens contra la piratería” Aut. Matthew Pearl. Sección Babelia, periódico El País. España, 21 de enero 2012.    

  


[i] Establecimiento militar o particular en que se construyen, reparan y conservan las embarcaciones, y se guardan los pertrechos y géneros necesarios para equiparlas. (Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española).

[ii] “Vida y genio”. Aut. Guillermo Altares. Sección Babelia, diario El País, España. 21 de enero 2012.

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