La diva de las mil caras: Marilyn Monroe II

Marilyn Monroe

Parte II

Por: Patricia Díaz Terés

La ambición es como un torrente: no mira nunca hacia atrás”.

Benjamin Jonson

Inquieta, ávida de las miradas y admiración de sus semejantes, así era ya Norma Jeane Baker antes de transformarse en la legendaria Marilyn Monroe; pero cuando su esposo Jim Dougherty partió hacia Australia durante la Segunda Guerra Mundial nunca se imaginó que al volver se encontraría no con la dulce esposa que había dejado al cuidado de sus padres, sino con una mujer ambiciosa de fama a quien se le acababa de presentar la oportunidad de saltar delante de los reflectores.

Resulta que en 1944, estando Norma Jeane trabajando en una fábrica de paracaídas llegó al lugar un fotógrafo de la revista Yank llamado David Conover, quien se encontraba realizando un reportaje sobre las mujeres que laboraban en la industria bélica. Después de dar varias vueltas por la nave encontró a una deslumbrante joven que exudaba coquetería, por lo que decidió que ella sería su modelo para las imágenes. Gustosamente la chica accedió a la petición. Impresionado por los resultados, Conover la recomendó con su amigo Potter Hewet quien le hizo un estudio fotográfico a color que fue mostrado a Emmeline Snively, directora de la agencia de modelos Blue Book.

Cuando Snively observó las fotografías mandó llamar a la muchacha que en ellas aparecía, para decirle que estaba desperdiciando su belleza encerrada en una fábrica; sin embargo, comprendiendo que Norma necesitaba un medio de sustento –cabe mencionar que nada dijo la chica sobre su estado civil, dejando que la empresaria pensase que era soltera-, le recomendó que se inscribiera en un curso nocturno de modelaje. Así lo hizo.

Muy modestos fueron pues los inicios de quien fuera llamada por los japoneses “la honorable dama de las nalgas bamboleantes”, ya que sus primeros trabajos consistieron en “adornar” algunos eventos en los que sirvió como edecán; no obstante ni que decir se tiene que donde ella se colocaba era el sitio que más llamaba la atención. De este modo la entonces Mrs. Dougherty logró acomodar todas sus actividades de tal manera que cuando su marido regresó de ultramar la encontró llena de trabajo e instalada en casa de su amiga Ana Lower y no con sus suegros como él lo había dispuesto.

Jim que retornaba de un ambiente hostil, esperaba encontrar a su amada y sumisa cónyuge, aunque le fue imposible encontrarla por ningún lado ya que para este momento Norma Jeane había descubierto que los reflectores y cualquier tipo de escenario le resultaban mucho más tentadores que la perspectiva de formar una verdadera familia; sabiendo además que en el medio las modelos casadas eran las menos cotizadas, decidió pedir a Dougherty el divorcio, mismo que se llevó a cabo en 1946.

Tras la separación comenzó la verdadera ruta de Norma Jeane hacia el éxito-catástrofe que sería su vida de ahí en adelante. Así, cuando regresó a Los Ángeles conquistó la imaginación del extravagante magnate Howard Hughes, este hecho influyó a Emmeline para poner en contacto a su pupila con Helen Ainsworth, que trabajaba en la National Concert Artists Corporation, quien logró que la modelo fuese recibida por Harry Lipton, un agente artístico con quien Baker firmó un contrato.

Habiéndose ya descubierto que Norma Jeane y las cámaras tenían un incomprensible y maravilloso idilio –en su carrera como modelo apareció en la portada de 33 famosas publicaciones-, Lipton logró convencer a los ejecutivos de la Fox para que le dieran una oportunidad. El encanto de la mujer persuadió a Ben Lyon, quien a su vez solicitó al director Walter Lang que rodara algunos metros de película. La prueba fue un éxito y Darryl Zanuck, jefe de producción de la 20th Century Fox le dio entrada en algunos filmes.

Norma Jeane estaba fascinada, pero entonces Lipton se dio cuenta de que este nombre no era lo suficientemente glamuroso para su nuevo papel en la vida, por lo que juntos desarrollaron la idea de su nombre artístico, sobre cuyo origen hay varias hipótesis siendo una de ellas la mezcla del apellido de su madre con el nombre de la actriz Marilyn Miller, sea como fuere llegaron a la conclusión de que Marilyn Monroe sería lo suficientemente atractivo y sofisticado. No les faltaba razón.

Así comenzó Monroe su carrera en el séptimo arte, aceptando cuanto trabajillo le llegaba, participando entonces en cintas como The Shocking Miss Pilgrim (1947) de George Seaton, Dangerous Years (1947) de Arthur Pearson o Scudda Hoo! Scudda Hay! (1948) de F. Hugh Herbert. Pero la Fox no vio en su nueva adquisición mucho potencial, por lo que decidió cancelar su contrato. Esta situación constituyó un pequeño revés para la actriz, quien optó por inscribirse en la escuela de arte dramático Actors Lab, dirigida por Morris Carnovsky y su esposa Phoebe Brand, quienes probablemente sintiesen lástima por su nueva alumna, ya que no creían que pudiese lograr algo relevante en el mundo del teatro o el cine -después entraría en funciones su maestra Natasha Lytess que la ayudaría mucho-.

Pero si algo tenía Marilyn además de sex-appeal eran amigos, por lo que el productor ejecutivo Joseph M. Schenck la contactó con Harry Cohn, jefe de los estudios Columbia Pictures, encontrando la intérprete un lugar en el reparto de la comedia Love Happy (1949) de David Miller, con los hermanos Marx (Groucho, Harpo y Chico) como protagonistas. Posteriormente trabajó con el cineasta John Huston en The Asphalt Jungle (1950) y con Joseph L. Mankiewicz en All About Eve (1950), ambos roles fueron de carácter meramente secundario. En el ínter de estos filmes Marilyn cambió de representante artístico, encargándose de tal función un hombre llamado Johnny Hyde, quien para no variar se enamoró perdidamente de ella proponiéndole matrimonio. Ella se negó pero siguieron trabajando juntos hasta la muerte de Hyde en 1950, recomendándole él poco antes de fallecer que se hiciera una cirugía plástica, la cual, según el moribundo, ayudaría a la actriz para conquistar el estrellato.

No fue sino hasta 1953 cuando el director Henry Hathaway notó que la despampanante rubia podía hacer algo más que servir como decorado, cuando le dio el papel de Rose Loomis en Niagara (1953), donde realmente destacó no solo por su cuerpo sino también por su actuación. Rodó luego Gentlemen Prefer Blondes (1953) bajo la batuta de Howard Hawks y acompañada en pantalla por Jane Russell. El personaje de Lorelei Lee cautivó rápidamente al público, particularmente al masculino, por lo que a partir de entonces Marilyn Monroe logró convertirse en una estrella sumamente demandada, invitándosele a realizar las cintas How to Marry a Millionaire (1953) de Jean Negulesco o River of No Return (1954) de Otto Preminger.

Pero aun cuando los directores sabían que incluir a Marilyn en el reparto significaba jugosas ganancias en taquilla, lo pensaban dos veces antes de contratarla, ya que la antigua dócil muchachita se había convertido en una fiera –aunque insegura- diva, que manejaba a su antojo los tiempos de filmación. De este modo, Billy Wilder -quien tuvo gran intervención en la inmortalización de la imagen de Marilyn cuando se le ocurrió en The Seven Year Itch (1955) que la rubia se vería bien en un vaporoso vestido blanco que se alzase por el viento surgido de un respiradero del metro en Nueva York-, también concluyó que si filmaba una vez más con Monroe terminaría en el manicomio, ya que las producciones con ella eran demasiado complicadas por sus constantes retrasos y olvidos del guion.

Sin haber sido el único cineasta en quejarse de los estados de ánimo y actitudes de la actriz, todavía falta ver cómo esta mítica dama llevó al borde de la locura a muchos hombres, siendo tres –en materia personal y en profesional muchos más- los que sufrieron en carne propia los suplicios ocasionados por la fenomenal Marilyn Monroe, de lo que hablaremos en la próxima entrega.

FUENTES:

“El Cine”. Ed. Larousse. Barcelona 2002.

 “Marilyn Monroe”. Colección: Los Grandes.  Aut. María Eustolia Samaniego. Grupo Editorial Tomo S.A. de C.V. México, 2005.  

“Marilyn y JFK”. Aut. François Forestier. Ed. Aguilar. México, 2010.    

“Un amor disparejo: Marilyn Monroe y Arthur Miller”. Aut. Guadalupe Loaeza. Periódico Reforma. 17 de agosto 2003.

 “El sexo sentido de Marilyn Monroe”. Aut. Hugo Chaparro Valderrama. 4 de agosto 2012. www.elespectador.com  

 “Marilyn oculta”. Aut. Elsa Fernández Santos. 3 de octubre 2010. www.elpais.com

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