La diva de las mil caras: Marilyn Monroe III

 

Parte III

Por: Patricia Díaz Terés

El deseo y la felicidad no pueden vivir juntos”.

Epicteto

Decir que Marilyn Monroe volvía locos a los hombres sería hacer honor a la verdad en más de un sentido, ya que la sensual rubia además de despertar las más sublimes –o bajas- fantasías, logró también que consumados cineastas se comieran las hojas del guion –George Cukor en el rodaje de Let’s Make Love (1960)- ante sus constantes retrasos; o bien sugiriesen que la Academia de cine debería concederles una medalla como héroes de guerra por haber sobrevivido a la filmación de dos cintas con ella –Billy Wilder después de The Seven Year Itch (1955)-.

Por otro lado, siendo muy amplia la lista de hombres que gozaron del “privilegio” de dormir en las mismas sábanas que la actriz, solo dos de ellos formalizaron tan excitante relación, en ambas ocasiones con funestos resultados. De este modo el primer valiente fue Joseph Paul “Joe” DiMaggio, un beisbolista retirado de los Yankees de Nueva York, quien conoció a Marilyn en abril de 1952, pensando por alguna extraña razón el deportista que la estrella de cine podría ser su esposa soñada, a la cual vislumbraba como recatada, abnegada y dedicada al hogar (!). ¿Qué pasó por la cabeza de Joe para convencerse de que ella era así? Esa es una pregunta que quedará por siempre sin respuesta.

Se unieron entonces en matrimonio el 14 de enero de 1954, casándose alegremente DiMaggio con la falsa ilusión que tenía de Monroe y recibiendo como regalo de bodas unas fotografías bastante reveladoras que le había hecho a su mujer el fotógrafo Tom Kelly con la finalidad de elaborar un calendario –por el cual presuntamente la dama recibió tan solo cincuenta dólares-. Sin que esto diese al conservador caballero una luz sobre quién era realmente su señora, al poco tiempo del enlace el hombre ardía en las llamas de los celos con demasiada frecuencia, ya que a Marilyn la sortija nupcial no le incomodaba para entablar íntimas relaciones con otros sujetos.

El límite de la paciencia del beisbolista fue alcanzado cuando el pobre y cornudo marido vio horrorizado cómo miles de hombres posaban su libidinosa mirada sobre su amada durante el rodaje de la famosa escena del vestido blanco levantado por el viento enfrente del Trans-Lux Theatre –The Seven Year Itch (1955)-. Sin esperar a que concluyese la filmación el furioso consorte se fue a su hotel donde fue acumulando más y más ira conforme las horas pasaban, de modo que cuando Marilyn agotada llegó a su habitación estalló una pelea descomunal que desembocó en el divorcio que firmaron a finales del mismo año de haber prometido permanecer juntos hasta que la muerte los separase.

Sin que esto significase la ruptura de la amistad que unía a Joe con Marilyn –las últimas palabras del beisbolista en 1999 fueron “ahora voy a encontrarme con Marilyn”-, ella encontró a otro marido en el taciturno dramaturgo Arthur Miller -quien se separó de su esposa Mary Slattery en 1956-.

Siendo para Marilyn totalmente ajena y desconocida la esfera dominada por su nueva conquista, ella se sentía insegura ante los intelectuales que rodeaban a Miller –aunque recientemente la capacidad intelectual reflejada en la anécdota narrada por Enzo Biagi en su libro “Amori”[i] (1990) en la que Robert Mitchum que filmó con ella River of No Return (1954) vio a su coprotagonista pasearse por el set con un voluminoso libro bajo el brazo, al inquirir él sobre el tema del escrito ella respondió que se trataba de un diccionario de psicoanálisis, aclarando la dama que este le permitiría tener una conversación más fluida e inteligente (?); ha sido puesta en duda por la publicación de un libro titulado “Marilyn Monroe: Fragmentos” editado en 2010 por Bernard Comment y Stanley Buchtal, en el cual se especifica que aquella que tiene la fama de ser la mujer más sexy que ha posado sus pies sobre la faz de la tierra, también era un dechado de inteligencia que tomó cursos especializados en literatura en la UCLA y cuyos escritores favoritos eran, entre otros, Walt Whitman y Samuel Beckett, conteniendo así la publicación entre otras cosas cartas y poesías presuntamente escritos por la actriz-.

Pero si Marilyn era una brillante fémina Miller no se dio cuenta del particular, ya que constantemente su novia le reclamaba porque percibía que su adorado sentíase avergonzado de ella delante de sus versados compinches. Esto no impidió que el escritor contrajera matrimonio con la mujer de la que posteriormente afirmaría que tenía una “absoluta, irremediable, a veces intolerable, capacidad para mentir”, efectuándose el enlace el 29 de junio de 1956. Resultando en un principio muy benéfica la relación, ya que Monroe hacía lo posible por llevar una relación adecuada tanto con sus suegros como con sus hijastros, la pasiva vida de Arthur pronto comenzó a exasperarla. Sintiéndose además Marilyn acosada por la propia fama que tanto había deseado, con una incapacidad casi patológica para cumplir con los horarios impuestos en los rodajes y una vida que consideraba aburrida, el estrés con el que vivía su vida era cada vez mayor, situación que era empeorada en gran medida por su desmedida afición al champán, particularmente al Dom Perignon, y a toda clase de pastillas entre las cuales se encontraban el Nembutal, Demerol, pentotal, fenobarbital, Amytal y otras varias.

Observando Miller espantado los estados anímicos tan exacerbados como cambiantes de su mujer, el pobre escritor limitábase a tratar de sobrevivir y de salvar a su esposa en cuanto la dosis de sus numerosas píldoras se pasaba de lo “normal”; asimismo trataba de consolarla por no poder obtener lo que ella tanto deseaba, un hijo –aunque se habla de que tuvo tres abortos, mencionando algunas fuentes incluso la cifra de trece[ii]-. Pronto la situación los rebasó y solicitaron el divorcio, hecho que se vio aderezado tanto por las declaraciones que leyó Marilyn en el diario de Arthur sobre la decepción sufrida por su esposo con respecto a ella, como –posiblemente- por el conocimiento que tenía él de las numerosas infidelidades cometidas por su flamante mujer con “caballeros” como John y Robert Kennedy o el actor francés Yves Montand.

Llegamos entonces a la tórrida relación de Marilyn con el presidente John F. Kennedy. Habiéndose conocido en una fiesta en casa de Charles K. Feldman en 1954, pronto el entonces senador inició una relación con la chispeante actriz. Siendo este romance objeto de particular interés para J. Edgar Hoover[iii], la pareja era monitoreada, seguida, grabada y demás por los más sofisticados aparatos del FBI. Pero aun siendo John un hombre de rápidas, fáciles y numerosísimas conquistas, la Monroe presentaba un peligro particular porque era una chica de altos vuelos, que había llegado a imaginarse como Primera Dama. Colérica ante tal afrenta, Jacqueline Kennedy optó por dar a su marido un ultimátum –debía terminar con la diva si quería tener esposa para competir nuevamente por la presidencia de E.U. en 1964- en 1962 tras la memorable escena en la que Marilyn enfundada en un provocativo y ultra-ceñido vestido diseñado por Jean-Louis –que se rompió dos veces durante la actuación-, cantó un meloso “Happy Birthday” a su ilustre amante –que cumplía 45 años- ante una audiencia de 15 mil demócratas. Este evento fue el principio del fin para nuestra protagonista quien al poco tiempo fue despachada por el caprichoso mandatario cayendo ella en una terrible depresión.

 Así en la madrugada del 4 al 5 de agosto de 1962 en misteriosas circunstancias falleció la inigualable Marilyn Monroe en su casa, siendo encontrada por su ama de llaves Eunice Murray y su psiquiatra Ralph Greenson, desnuda en su cama y con el auricular del teléfono en su mano. Achacándose su muerte a una sobredosis, nada extraño en ella, hay quien asegura que fue “eliminada” -ya sea por la Mafia, por orden de Hoover o por alguna facción ultrasecreta del gobierno, según la versión-. Lo cierto es que el funeral de aquella que fue aclamada por las masas, fue un pequeño homenaje en el cual su amado Joe DiMaggio y unos pocos amigos cercanos se despidieron de ella, dejándola descansar para siempre en el Westwood Memorial Park en Los Ángeles, California.  

 

 

FUENTES:

“El Cine”. Ed. Larousse. Barcelona 2002.

 “Marilyn Monroe”. Colección: Los Grandes.  Aut. María Eustolia Samaniego. Grupo Editorial Tomo S.A. de C.V. México, 2005.  

“Marilyn y JFK”. Aut. François Forestier. Ed. Aguilar. México, 2010.    

“Un amor disparejo: Marilyn Monroe y Arthur Miller”. Aut. Guadalupe Loaeza. Periódico Reforma. 17 de agosto 2003.

 “El sexo sentido de Marilyn Monroe”. Aut. Hugo Chaparro Valderrama. 4 de agosto 2012. www.elespectador.com  

 “Marilyn oculta”. Aut. Elsa Fernández Santos. 3 de octubre 2010. www.elpais.com

 


[i] “Un amor disparejo: Marilyn Monroe y Arthur Miller”. Aut. Guadalupe Loaeza. Periódico Reforma. 17 de agosto 2003.

[ii] Forestier, François. “Marilyn y JFK”. Ed. Aguilar. México, 2010.

[iii] Director del FBI (Federal Bureau of Investigation).

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